Personajes
DANI RIBA

Ivan Herzog:

“En la fragilidad y en nuestra facilidad para rayarnos también hay belleza”

El músico defiende a una generación estigmatizada por su sensibilidad, recuerda las presiones que recibió para simplificar sus composiciones y explica la importancia de sus raíces familiares y de la lengua catalana
Francisco Quirós
30 de septiembre de 2026

Ivan Herzog reivindica la fragilidad, la diferencia y la libertad creativa en , su segundo álbum, ‘Disco de cristal’. Tras el impacto de ‘Et prometo’, afronta ahora una nueva gira con un espectáculo concebido como una catarsis colectiva en la que promete no esconder sus emociones. Este sábado 3 actúa en La Sala del Movistar Arena.

Ha pasado prácticamente una semana desde el lanzamiento de su segundo disco, 'Disco de cristal’, que toma el relevo de tu anterior trabajo. ¿Cómo están siendo estos primeros días de vida del álbum?
Increíbles. No me está dando tiempo a escucharlo otra vez porque ha sido muchísimo tiempo trabajándolo y mezclándolo, y estoy un poco intoxicado. Pero estoy viendo la reacción de la gente y eso me está dando el ánimo y las ganas de volver a decir: «Creo que he hecho algo bonito y que, por lo menos, me ha dejado muy pleno».

El título me parece muy elocuente. ¿Se puede apreciar belleza en la fragilidad?
Por supuesto. Creo que es nuestro deber. Este disco es, en gran parte, un recordatorio de eso. El cristal puede tener muchísimas características que pueden llegar a ser peyorativas o considerarse feas, pero nuestro deber es saber que incluso en esa opacidad, en esa fragilidad o en esa facilidad para rayarnos hay belleza y sensibilidad. Hay 50.000 adjetivos que pueden darle la vuelta a esos aspectos negativos.

El cristal se asocia a la fragilidad, pero también es el recipiente de las mejores bebidas. Incluso el cristal de Bohemia es muy caro. No todo tiene por qué ser malo.
Totalmente. Sobre todo, la transparencia me parece maravillosa. Poder mostrarse con esas debilidades y esa transparencia es una de las grandes cualidades del cristal: hacerlo sin ningún tipo de miedo y dejar ver qué hay dentro.

“Generación de cristal” es un concepto sobre el que quizá no nos hemos parado a pensar como sociedad. No nos preguntamos por qué se ha llegado a ese punto o por qué hay una generación sumida en la precariedad y, en cambio, se utiliza como algo peyorativo. ¿Qué opinión tiene?
Me parece que define completamente a quien lo utiliza. Es como señalar haciendo que dos dedos apunten hacia fuera, pero tres hacia dentro. Atribuir de manera peyorativa el hecho de que seas permeable, que puedas ver lo que está pasando y que te afecte es muy cutre. Utilizarlo de una manera negativa habla más de ti que de mí.

Por eso me da por hacer esta protesta, entre comillas, de ', donde hablo de muchísimas cosas que no son positivas ni negativas. Es una enumeración de conceptos que nos afectan. Es un ecosistema en el que nosotros estamos en medio, como monigotes, conviviendo con todo eso. Es el pánico a formar parte del problema sabiendo que nada tiene solución. Desde ahí, hacia delante. No es ni bueno ni malo: son cosas.

Hablemos del trabajo de composición y del estudio. El disco logra un equilibrio: resulta muy potente en una primera escucha, pero también permite descubrir nuevos elementos a medida que se escucha más veces. Imagino que el proceso habrá sido complejo y que habrá tenido que tomar muchas decisiones.
Muchísimas. El proceso es complejo y también habla un poco de lo que a mí me gusta escuchar. Me gusta escuchar trabajos en los que ves a sus autores pegándose cabezazos contra la mesa porque no saben cómo salir del laberinto que ellos mismos se han creado musicalmente.

Este disco, y mi música en general, es un poco eso. Estoy en casa, en el estudio, echándole todas las horas del mundo, haciéndolo todo y buscando las puertas para salir de los líos en los que me meto. Muchas veces, el resultado son 350.000 millones de pistas con 50.000 cosas que quiero que se escuchen porque, para mí, todas son superimportantes.

En una entrevista anterior decía que no le gustaba hacer dos veces la misma canción para no repetirse. ¿Eso explica también la diversidad que hay en este disco?
Puede que se corresponda con mi faceta de mago. Me gusta mucho hacer magia y la primera norma es no repetir el truco. Siempre es lo mismo. Quizá sea eso, pero creo que hay demasiado de lo que hablar como para quedarse haciendo hincapié siempre en lo mismo.

‘Bicho raro’, el segundo corte del disco, es una de las canciones que más me ha llamado la atención. ¿Alguna vez se ha sentido un bicho raro dentro de la música?
Precisamente dentro de la música ha sido la única vez que me he sentido un bicho raro de manera peyorativa. Si habéis escuchado un poco mi música, ya sabréis que a veces me paso de barroco y quiero introducir muchas cosas. Armónicamente también me sucede: me gusta meter muchos acordes porque son muy importantes para mí y pongo mucho el foco en la armonía.

Lo primero que me decían todos los productores, toda la gente que sabe de música y todas las personas con las que al principio creía que necesitaba trabajar —aunque luego se vio que no— era que simplificara mi música; que, en lugar de utilizar 54 acordes, metiera tres. Tiene mucho sentido y a mí me gusta muchísimo la música que es muy sencilla armónicamente, pero acababa sintiéndome como un pez gordo haciendo dieta para no salirse de la pecera.

Pensaba: «No me apetece». Yo conecto con esto y habrá gente que también conectará. Pues será para esa gente y para nosotros. No hace falta más.

¿Podemos concebir esta canción como un himno a la diversidad?
Si alguien quiere tomársela como un himno o, por lo menos, le da fuerza para sentir orgullo por ser diferente, me parece maravilloso. Pero el himno no lo decido yo. Una canción se convierte en himno cuando hay muchísima gente representada en ella. Si eso pasara, sería increíble, pero me parece muy difícil conseguir que todo el mundo conecte con lo mismo.

Voy a decir una barbaridad, pero creo que las únicas cosas en las que coincidimos todos son: «Viva Estopa» y «Puta Renfe». No hay más. En todo lo demás, que represente maravillosamente a quien conecte con ello.

No sé si conecta de algún modo con una canción mítica como 'Creep’, de Radiohead.
Puede ser. Curiosamente —y no me da miedo meterme en estos percales— le tengo mucha manía a esa canción.

En su momento, aunque ahora lo entiendo mucho más, de pequeño era el primer crítico de todo ese concepto de abanderarse de una manera tan triste. Cuando la tristeza me llegó como un vendaval en la boca, dije: «Ah, vale. Igual voy a callarme un poco, ponerme un puntito en la boca y empezar a entender de qué va esta movida». Pero ya se me quedó esa primera impresión y me da cosa.

Otra canción es 'Des de lluny’. ¿Es la que más le toca emocionalmente por el componente familiar que tiene?
Es una canción que me parecía importante. No puedo dejar de lado mi lengua. Estoy orgullosísimo de mi idioma, de hablar, cantar y componer en catalán. Me parece precioso.

Además, lo que sucede en ', a diferencia de ', es que se trata de una canción en catalán, pero musicalmente es muy española. Es rumba catalana, vocalmente “pitinguea” muchísimo y tiene unos coros muy potentes que no se escuchan tanto en la música catalana, pero que siempre me han representado mucho. Se escribe en catalán en su máximo esplendor y se canta como en castellano, aunque la lengua sea el catalán.

¿Hasta qué punto '10 de 100’ representa lo que ha vivido dentro del mundo artístico y de la música?
Cada día. Además, utilizo ese concepto constantemente: todo es un diez de cien. Limpiar mi casa puede ser un diez de cien porque, al principio, todo me parece enorme y eterno, pero cuando empiezo poco a poco termino haciéndolo.

Cuando acabo un concierto, puedo pasarme una hora y 45 minutos dando abrazos a todo el mundo. Evidentemente, quiero pararme, tomarme una cerveza y estar tranquilo, pero también tengo que hacer eso. Al principio se me hace superlargo, pero es diez, diez, diez, diez y diez. Y merece la pena. '10 de 100’ es una filosofía que me enseñó mi padre y que me parece útil para todo.


‘Et prometo’ es una canción que ha conectado muy bien con el público. ¿Le ha sorprendido su impacto?
Mucho. Cualquier impacto que pueda tener algo que hago yo, y que siempre sale de una especie de laboratorio en mi casa, me parece increíble. Solo puedo estar agradecido. Claro que me sorprende; todo me sorprende. Mi reacción es: «Ah, vale, esto es un tema. Qué maravilla. Bienvenido».

Ha mencionado a su padre. ¿Cómo contempla la carrera que está desarrollando?
Tenemos una relación muy bonita. Es una pasada porque mi padre es mi ídolo. Durante toda la vida ha sido mi referente y la persona que yo quería ser. Ahora él me dice: «Tú me has superado», y yo respondo: «Sí, hombre, todavía me faltan muchas sopas».

Él cree que lo he superado creativamente, pero yo veo que, en el plano de la ejecución y como cantante, todavía me queda muchísimo. Jamás tendré la voz, el peso o el tempo que tiene mi padre. Para mí es lo más grande.

¿La música estaba entonces en sus genes?
Lo que estaba era en casa. En casa se respiraba música constantemente. No tanto desde la escucha, porque mis padres no son muy melómanos. Ya se sabe que en casa del herrero, cuchillo de palo. No éramos de escuchar mucha música, pero sí de hacerla constantemente y entenderla desde la artesanía. Es lo que hemos hecho siempre.


Volviendo a 'Et prometo’, ¿cree que mucha gente le ha descubierto gracias a ella y que ese nuevo público puede llegar ahora a sus conciertos?
Sí, y es precioso. Hay mucho público de Cataluña que ha llegado gracias a , pero también hay mucha gente del resto de España que lo ha hecho. Eso me parece increíble. En el final de gira que hice hace ahora un año en Príncipe Pío había 1.200 personas cantando en catalán y en Madrid. Después de eso, ya me puedo morir.

En su canal de YouTube hay una película muy interesante sobre ese concierto, en la que cuenta todo lo que vivió durante aquella jornada: la emoción y los nervios previos. ¿Supuso un antes y un después?
Totalmente, pero quiero dejar siempre muy claro que no voy a falsear nada. Cuando me subo a un escenario, sobre todo si es un concierto mío y no un festival, la gente que me sigue y a la que le gusta mi música va a sentir igual que yo. No voy a esconder nada.

Soy frágil, a veces soy rocambolesco, avanzo, retrocedo, lloro y me río. Todo eso va a suceder de manera orgánica en el escenario. Es mi juguete, así que vamos a jugar juntos.

En relación con esa fragilidad y esa voluntad de mostrarse, ¿cree que en este disco se ha abierto un poco más que en el anterior?
Creo que me he mostrado en la misma proporción y con la misma intensidad, pero quizá había más cosas que mostrar. No lo sé. Me pasa la vida y la música que hago es una consecuencia de ello. De repente, puede que hubiera más que enseñar, pero lo muestro con la misma imprudencia.

Ahora llega otra parte muy bonita: mostrar el disco en directo. ¿Cómo afronta estos conciertos?
Con muchísimas ganas. Me he pasado siete meses haciendo los arreglos del espectáculo. El disco está muy trabajado, pero después hay que trasladarlo al directo. Eso me fascina. Como siempre hago —y la gente que me haya visto alguna vez ya lo sabe—, quiero sacarle todo el jugo posible y ofrecer el máximo. Los arreglos son una auténtica locura.

La semana pasada estrené el espectáculo en Vic ante gente que no me conocía y el público entró. Conectó con la propuesta, y no es lo más fácil del mundo. No es simplemente fiesta y trompetitas. Puede “queenear” un poco a veces o tener algo de Michael Jackson. No es lo más sencillo si vas allí a tu bola, pero la gente conectó. Y, cuando conectas, se produce una catarsis colectiva, casi como un góspel. Es una pasada.

Es más complejo trasladar este disco al directo por todas esas capas que contienen las canciones?
En general, mi música ya es muy compleja. En lugar de simplificarla, la hago compleja de otra manera. Y funciona. Si me das muchas herramientas y muchos colores, te los vas a comer todos. Esa es la cuestión.