Personajes
Foto de la autora en Estados Unidos JAVIER OCAÑA

Paloma Sánchez-Garnica:

“La libertad de prensa es necesaria: sin ella, la democracia se apaga”

La escritora publica ‘Un hombre de honor’, novela ambientada en los EEUU de los 60, con la búsqueda de la verdad y la mafia como contrapeso a la libertad
Gente
05 de noviembre de 2026

Con una trayectoria literaria brillante y extensa, Paloma Sánchez-Garnica se ha convertido en una de las autoras más reconocidas de nuestro tiempo, una reputación que también refuerza su última novela: ‘Un hombre de honor’ (Planeta). En ella, la escritora madrileña invita al lector a descubrir la América convulsa de los años 60, a través de una trama donde se dan la mano amor, poder y lealtades enfrentadas.

Se cumplen veinte años de la publicación de 'El gran arcano', su primera novela. Escribir no es un proceso nuevo para usted, pero esta vez venía de ganar el Premio Planeta con 'Victoria'. ¿Ha supuesto algún cambio esto al dar forma a 'Un hombre de honor'?

No, para nada. Ha sido volver a empezar de cero, volver a construir una historia desde la nada. La ambición es la misma que tengo desde la segunda novela, porque con la primera no tuve ninguna responsabilidad ni siquiera la intención de publicar. Simplemente tenía el pálpito de escribir, sin ninguna responsabilidad.

Sin embargo, desde la segunda hasta esta, mi ambición ha sido escribir mi mejor novela. Pensando en que me fascinase, me apasionara y me enriqueciera a mí, como persona y como escritora. No pienso en los lectores ni en si les va a gustar. Es un proceso que me pertenece y es lo mismo ahora que con la segunda.

Para mí, el Premio Planeta no ha supuesto presión. Es un reconocimiento, una alegría, haber entrado en un club muy importante para mí. Pero, a partir de ahí, hay que volver a trabajar exactamente igual que antes.

¿Cuál fue el punto de partida de esta historia: Nicole o ese Estados Unidos de finales de los sesenta, con la guerra de Vietnam, el asesinato de Robert Kennedy y la presencia de la mafia?


El punto de origen fue Sirhan Sirhan. Leí uno de esos artículos que te aparecen en la pantalla: le habían denegado por enésima vez la libertad provisional. Me sorprendió porque pensaba que este hombre ya había muerto, pero seguía en prisión y no le concedían la libertad. Empecé a leer y a ser consciente de las irregularidades de la investigación, de la manipulación de pruebas y de las presiones en las declaraciones de los testigos que no iban en la línea de la versión oficial.

Vi que Sirhan Sirhan seguía manifestando que no recordaba nada. Él sí disparó y no es inocente: podría haber matado a mucha gente y, de hecho, hirió a cinco personas. Pero dice que no recuerda nada.

Cuando lo detuvieron se puso de manifiesto que estaba bajo hipnosis o bajo alguna sustancia, porque tenía las pupilas dilatadas y actuaba de forma muy extraña: unas veces muy sometido y otras muy violento, durante dos horas o dos horas y media. Era un hombre que estaba bajo los efectos de la hipnosis o de alguna sustancia. Entonces apareció el famoso proyecto MK-Ultra y dije: “Aquí puede haber novela”.

¿Qué ha sido lo más difícil al crear al personaje de Nicole?

Nicole forma parte de esa generación de mujeres que empezó a cuestionar el modelo establecido después de la II Guerra Mundial en Estados Unidos. La mujer blanca de clase media alta tenía que conseguir su realización personal construyendo una familia perfecta: ser una esposa perfecta, siempre dispuesta, siempre elegantísima, y una madre perfecta. Y ser feliz pasando el aspirador o haciendo pasteles de manzana.

Ella pertenece a esa generación que surge como consecuencia de la obra de Betty Friedan, 'La mística de la feminidad'. Quiere construir su propia identidad al margen de ser madre o esposa. No renuncia a ello, pero quiere ser algo más.

Quiere ser periodista. A las mujeres no se les prohibía serlo, pero estaban ninguneadas. Era un mundo absolutamente masculino: el poder lo tenían los hombres y las noticias más interesantes y trascendentales se las daban a ellos, aunque hubiera mujeres a su lado mucho más preparadas. De hecho, hacían el trabajo de sus compañeros: investigaban e incluso escribían el artículo, que después se publicaba con el nombre del compañero.

En esa época lo tenían totalmente normalizado. Todavía no eran plenamente conscientes de esa injusticia ni se revolvían contra ella. Todo empieza poco a poco. Entonces estaba muy en boga la lucha por los derechos civiles de la población negra, pero la cuestión feminista, la igualdad de las mujeres, no estalló hasta los años setenta. Estaba creciendo, pero todavía era un tema muy menor.

Nicole quiere cambiar las cosas, pero se encuentra con los designios de su padre, Walter Donaldson, que le marca cierto camino sentimental. Si lo trasladáramos a 2026, ¿sería muy distinto ese pulso entre el amor y la familia?

Totalmente. Nicole pertenece a una familia estructurada. Adora a su padre, lo respeta y acepta la autoridad paterna. También adora a su madre y a su hermano. Tiene un destino trazado prácticamente desde la adolescencia con un buen chico, que se va a colocar bien y que tiene sus devaneos con las drogas, como muchos jóvenes de clase alta. Lo veían normalizado: te ibas a Harlem y estaba la heroína, con la gente tirada por ahí, pero ellos eran los niños ricos de los Hamptons y del Village y consumían marihuana y otras sustancias.

Ese chico representa la seguridad, lo cómodo, la costumbre. Pero de repente se cruza con un hombre que le da la vuelta a su concepto del amor. Para ella se convierte en aventura, en presente, en lo imprevisible.

Empieza a plantearse que esa seguridad que tiene con su prometido, que le han asignado y que ella ha aceptado, puede llevarla a la rutina y a un aburrimiento mortal, como le sucede a su madre. Es una mujer a la que no le falta nada, que lo tiene todo, pero está aburrida.

Creo que en la actualidad sería distinto. A un padre no se le ocurre decirle a su hija que se tiene que casar con un hombre porque le conviene para sus negocios. La mentalidad ha cambiado. Pero tenemos que situarnos en la mentalidad de 1968, en la de una chica de una familia católica que acepta y respeta la autoridad del padre. Ahora una mujer decide sobre su futuro, y más con veinticuatro años. Creo que los padres tampoco la pondrían en ese dilema.

Su padre le comunica esa decisión el día de su cumpleaños. También le ofrece que llame al chófer si vuelve tarde. ¿Cuánto hay de protección y cuánto de control?


Era un límite muy indefinido. La protección suponía control. Ella ya no quiere al chófer porque va a contar absolutamente dónde va, con quién y cómo. Es control envuelto en protección, porque él lo entiende así. Piensa que una mujer como su hija puede encontrarse con muchos peligros si sale sola por la calle. Cuando le advierte que tenga cuidado, ella le responde que también hay buena gente por la noche.

Eso lo he vivido yo también. Tengo 64 años y esa sensación de que la calle estaba llena de peligros para una chica era muy habitual, sobre todo entre los padres que intentaban proteger y al final controlaban: “Tienes que venir antes de las 10 porque a esa hora salen todos los malos”. A las 10 menos cinco no había ninguno. Son esas contradicciones. Había ese control envuelto en protección, que en el fondo también era protección: tenía miedo por su hija. Pero a los hijos hay que dejarlos afrontar la vida y enfrentarse a los peligros. Ella ya era mayorcita, no era una cría.

¿Por qué elegió que Nicole fuera periodista?

Para evidenciar cómo ha evolucionado el mundo del periodismo respecto a las mujeres. Y también porque para mí el periodismo es fundamental en una democracia. La libertad de prensa es necesaria: sin ella, la democracia se apaga.

Creo que siempre, no solamente ahora, cuando hay crisis, lo primero que se ve amenazado es la libertad de prensa. Un periodista tiene la responsabilidad de contar la verdad, pero esa verdad a veces es complicada de explicar, de probar y de contrastar.

Nicole es testigo de algo que ve con sus propios ojos, pero que contradice la versión oficial, y no tiene manera de contrastarlo ni de probarlo. Esa frustración refleja muchas veces la que sentís los periodistas cuando tenéis una exclusiva, una verdad que contar, y no podéis hacerlo porque no conviene, porque no encaja o porque no se puede contrastar.

Siempre puede haber intereses por encima de esa verdad. En Estados Unidos se imponía la versión oficial en nombre de la seguridad nacional. Los grandes periódicos, la prensa en general, asumen las versiones oficiales de la muerte de John Fitzgerald Kennedy con todas sus irregularidades. No las cuestionan, en nombre de la seguridad nacional.

Lo mismo sucede con la muerte de Robert Kennedy y con todo lo que hay detrás. Asumen que hay un tirador único, aunque la autopsia determina que es muy difícil. Según todos los testigos, Sirhan Sirhan estaba frente a Robert Francis Kennedy, a un metro o metro y medio. En el segundo disparo ya le desvían la mano hacia otro lado, él sigue disparando y hiere a cinco personas que están detrás de Kennedy.

Pero la bala que mata a Kennedy entra por detrás de la oreja, a dos centímetros. Otra le entra por la axila y le sale por el pecho, y otra le cruza la chaqueta. Esas balas van a parar a unos paneles que desaparecen al día siguiente. ¿Dónde están? ¿Se destruyen?

Una periodista sabe la verdad y quiere contarla, pero no puede, porque la versión oficial determina desde el primer momento, a la media hora, que el único tirador es Sirhan Sirhan y punto. Todo lo que vaya contra esa versión se anula, se destruye o se presiona. Hubo declaraciones de testigos que señalaban a otro tirador y se les presionó para que las cambiaran o se manipuló su testimonio.

Mirados con los ojos de aquella época, ¿cuál de los obstáculos que afrontan Nicole y Frank en su relación es el que más los aleja? ¿Quizá la religión?

La religión no. Lo que los aleja son las decisiones que tienen que tomar, los dilemas a los que se enfrentan y que chocan entre sí. No podemos contarlo porque sería un spoiler.

Cuando Frank le dice que tiene que elegir, ella le responde que elija él. Él también tiene que hacerlo. Ambos tienen la posibilidad de elegir y ambos tienen algo que perder con esa elección. Es la realidad, la tremenda realidad a la que se enfrentan. La religión no: ella está dispuesta a vivir con él sin casarse. En ese sentido, Nicole es una mujer muy libre. Sus padres son católicos, pero a ella no le importa.

Ni siquiera es la diferencia de edad, que entonces era mucha, ni la diferencia social. Son los dilemas a los que se enfrentan los que pueden llegar a enfrentarlos entre ellos.

Esos dilemas también están presentes en Fabrizio, un personaje vinculado a la mafia. ¿Se aleja del arquetipo del mafioso sin escrúpulos, que actúa sin pensar, al mantener un conflicto consigo mismo?


Sí, hay un conflicto porque afecta a su familia. Fabrizio es víctima de una traición y se le plantea la posibilidad de vivir otra vida, y la acepta. Pero en la mafia se entra vivo y solamente se sale muerto. Podemos decir poquito. Hay que tener mucho cuidado para que el lector ni siquiera intuya lo que puede pasar.

El honor está presente en el título y todos los personajes se enfrentan de algún modo a él. ¿Ha cambiado su significado o lo hemos infravalorado con el tiempo?

Ha cambiado porque los principios morales y las normas sociales cambian. Lo que hace veinte años se veía como normal en una sociedad, que un hombre pudiera maltratar a su mujer por la calle y miráramos hacia otro lado, ahora no lo consentiríamos. Hemos cambiado.

En las organizaciones mafiosas de aquella época, un hombre se convertía en un hombre de honor después de un ritual y de haber pasado por una serie de fases en las que demostraba lealtad, sometimiento y obediencia. Aceptaba perder su libertad individual, pero pasaba a formar parte de una organización. Tenía ese sentimiento de pertenencia, salía de la miseria y se sentía protegido y respetado. Podía montar un negocio legal, un restaurante, una panadería o una tienda de ropa, pero estaba sometido a las normas de esa organización.

Desde la 'omertà', es decir, no colaborar con la justicia ni con las autoridades, hasta no contar absolutamente nada de lo que se hacía ni de los nombres que había dentro. Resolver todos los conflictos en la organización, no sacar nunca los trapos sucios fuera, mantener la lealtad y obedecer a la jerarquía. Se le protegía, pero, si se le pedía algo, tenía que cumplir.

Después está la otra cara del honor, que es un concepto profundamente ambiguo: el honor basado en los principios, en la integridad personal, en tener unos valores que no se está dispuesto a sacrificar, o se intenta no sacrificar, incluso a costa de sufrir un daño personal irreparable.

Son las dos caras de la moneda. Creo que sigue existiendo ese concepto del honor porque sigue habiendo seres humanos con principios, con dignidad y con valores intachables que intentan mantenerlos a pesar de todo lo que hay alrededor. Pero también alguien podría considerar que es honor someterse a una organización que moralmente no defiende esos principios y que tiene otros bastante oscuros.

La mafia ha sido objeto de muchas películas y series. ¿Se ha blanqueado su papel en la sociedad?

La mafia se ha blanqueado. Estamos hablando de los mafiosos italoamericanos, y eso lo hizo Mario Puzo con 'El padrino' y después con la película de Coppola.

Eran criminales que cometían actos violentos, asesinatos, extorsiones y coacciones, y tenían negocios ilegales. Pero también eran hombres de familia, buenos padres, esposos amantísimos que cuidaban de los suyos. Las dos caras del ser humano, la cara y la cruz.

No es solamente que se haya blanqueado. A partir de la declaración de Valachi, en 1963, se conoce la cara y la estructura de la mafia. Se sabe por primera vez que se llamaba Cosa Nostra. El pueblo estadounidense y el mundo en general ven detrás de esa organización criminal a hombres y mujeres.

Por ejemplo, 'Honrarás a tu padre', de Gay Talese, cuenta la historia de los Bonanno. Va contando y ves cómo se pelea con su mujer, cómo mantiene la autoridad de su padre, la vida que llevan, cómo se entierran y el miedo que tienen. Son seres humanos. No solamente los capos, también los soldados. Es una organización constituida por seres humanos con sus virtudes y defectos, además de ser criminales y extorsionadores.

Cuando el lector llegue a la última página, ¿qué poso le gustaría que le dejara 'Un hombre de honor'?

La sensación de que es un buen libro, de que ha merecido la pena el tiempo que ha invertido en leerlo. Que la lectura le haya hecho reflexionar, pensar en algún momento; que lo haya emocionado y que lo haya incomodado. Porque es importante que la literatura nos incomode para hacernos preguntas.