Rafael Amargo:
“Quiero cerrar una etapa en el baile con un aplauso, no con una bofetada”
Ha vivido unos años complicados a causa de un proceso judicial en el que ha acabado siendo declarado inocente. Ahora, Rafael Amargo vuelve al sitio donde se siente verdaderamente feliz, sobre el escenario, para presentar ‘ALÁ! IRÉ’, un espectáculo que se podrá ver los días 27, 28 y 29 de julio en el Rooftop del Teatro Calderón.
El próximo mes de julio vuelve a los escenarios con un nuevo espectáculo. Si nos remontamos al pasado noviembre, cuando publicó el disco 'Flamencograma' junto a Dany Cohiba, ¿la idea de este montaje nació entonces o ya la tenía antes en mente?
Tenía que hacer un espectáculo para volver, aunque no sabía muy bien cuál. Ya tenía esta música hecha y pensé que podía aprovecharla para que la autoría musical también fuera nuestra. El 90% de la música está en 'Flamencograma'. Son temas muy reconocibles, como 'Balada para un loco' de Piazzolla y Goyeneche, pero llevados a ritmos electrónicos.
Hasta hace una semana tenía otro espectáculo completamente distinto en la cabeza. Quería hacer algo mucho más autobiográfico, pero rompí con esa idea. Pensé: ¿para qué contar una pena y regodearme en todo lo que me ha pasado? El que lo quiera entender lo va a entender igual. He sufrido demasiado y decidí dejar atrás todo eso.
Sin embargo, parece inevitable que parte de esa experiencia personal acabe apareciendo en escena.
Sí, porque no puedo evitarlo. Aunque el espectáculo no pretende ser autobiográfico, vengo de un lugar de mucho sufrimiento y eso inevitablemente aparece. Hay textos de Lorca, Alberti, Benedetti, Alejandra Pizarnik, algunos textos míos y otros de Rafael Moraira. Al final siempre cuentas algo de ti, pero intento que no sea algo que le ocurre únicamente a Rafael Amargo, sino algo que pueda pasarle a cualquier persona.
¿Cómo definiría el espectáculo?
Es un espectáculo pensado para el verano, para disfrutarlo al aire libre, viendo las estrellas de Madrid. Tiene mucha danza, mucho soporte audiovisual y una estructura compuesta por unas dieciséis piezas cortas que forman un conjunto de alrededor de una hora y media.
Tiene el formato que siempre me ha gustado hacer: algo generoso para el público, con un componente comercial, pero también con un mensaje más profundo y referencias culturales. No es un espectáculo turístico ni una propuesta puramente experimental. Está en un punto intermedio que creo que siempre ha definido mi trabajo.
Este regreso llega después de seis años muy complicados. ¿Es este espectáculo más especial por el hecho de suponer su vuelta?
No sé si lo hace más especial, pero sí más insólito. Es un renacer. Aunque tampoco quiero que sea un renacer para brillar dos días y ya está. Por mí, sinceramente, quizá no habría vuelto a bailar. Me he perdonado a mí mismo, he asumido todo lo que ha pasado. Pero siento que se lo debo al público que me quiere y a mis padres. Además, no podía volver de cualquier manera. Seis años sin bailar son muchos años. Dejé de bailar con 46 y vuelvo con 51, hay una generación, como la gente que tiene la edad de mi hijo, que no me ha visto bailar. Tengo que hacerlo bien, porque si no puedo hacerlo bien, mejor no volver. Quiero darme el gusto de cerrar una etapa en el baile por lo menos con un aplauso, no con una bofetada.
¿Cómo ha sido reencontrarse con tu cuerpo después de tanto tiempo?
Muy duro. Es como volver a entrenar desde cero. Luchar todos los días contra el cuerpo, contra el espejo, contra las limitaciones físicas. Hay mucho esfuerzo detrás. No sé si merecerá la pena, pero necesitaba quitarme esa espina. Quiero cerrar esta etapa con un aplauso, no con una bofetada.
Durante la entrevista ha mencionado varias veces del sufrimiento vivido durante estos años. ¿Sigue estando muy presente?
Porque ha sido terrible. No me merezco todo el daño que he pasado. Han sido seis años sin hacer nada de lo que he hecho toda mi vida. De repente te cortan el grifo. Te cierran puertas. Los promotores dejan de llamarte. Los festivales desaparecen. Se paraliza todo. Y lo peor es que mucha gente desconfiaba de mí simplemente por lo que leía. Incluso personas cercanas.
Después de todo el proceso judicial, ¿siente que se ha reparado el daño?
No. La justicia me ha dado la razón. ¿Y ahora qué? Yo he ganado. ¿Y el que ha perdido qué? Porque el daño ya está hecho. Nadie me devuelve estos años. Nadie me devuelve los trabajos perdidos. Nadie me devuelve el tiempo. Por ejemplo, antes de que saliera todo esto, tenía entre manos un proyecto en Bollywood. Vinieron promotores de India buscando bailarines, hicieron varios castings a los que se presentó mucha gente, pero me eligieron a mí. Ellos estaban dispuestos a esperar, pero el proceso judicial no avanzaba y encima me quitaron el pasaporte, algo que fue otra forma de ahogarme económicamente: si tampoco podía trabajar fuera de España, ¿cómo iba a tener ingresos?
Tras ese duro episodio, ¿siente que está siendo víctima de la cultura de la cancelación?
Sí. Yo creo que después de todo lo ocurrido, y habiéndose demostrado lo que se ha demostrado, podrían haberme ayudado un poco más a nivel institucional. Por ejemplo, incluirme dentro de ciertos circuitos culturales como los Veranos de la Villa, creo que es algo que no le costaría nada a nadie. No pido privilegios. Pido normalidad. Agradezco mucho la ayuda que me ha dado la Comunidad de Madrid, porque me han cedido espacios para ensayar y eso lo valoro muchísimo. Pero es evidente que ha habido muchas puertas que siguen cerradas.
¿Le ha dolido también la reacción de parte de la profesión?
Muchísimo. He perdido amigos. Gente a la que yo apoyé cuando tuvo problemas y que luego no estuvo cuando yo lo necesité. Muy poca gente se acercó a preguntarme simplemente cómo estaba. Eso duele. Aun así, ha habido personas, como Antonio Canales, que sí han estado ahí y me han llamado para preocuparse por cómo estaba.
¿Cree que este espectáculo puede abrirle nuevas puertas?
No lo sé. Lo que sí sé es que el mundo es muy grande. Si una puerta no se abre aquí, se abrirá en otro sitio. Ahora estoy haciendo entrevistas como cuando empecé. Atiendo a todo el mundo. A medios grandes y pequeños. Porque tengo que volver a construir desde abajo. Y lo hago encantado.
Aunque aún falta prácticamente un mes para esas tres citas en el Teatro Calderón, ¿cómo está respondiendo el público?
La venta va bien. Llevamos poco tiempo y queda todavía más de un mes para el estreno. Pero claro, tengo miedo. Porque no sé exactamente dónde estoy ahora mismo. Antes anunciaba un espectáculo y las entradas salían durante meses. Ahora tengo que volver a medir la reacción del público. Y eso genera incertidumbre.
Para terminar, ¿qué le diría al público?
Que necesito que vengan a verme. Lo digo de corazón. Necesito que vengan. No lo pido por caridad. Lo pido porque creo que van a disfrutar de un espectáculo bonito y hecho con mucho esfuerzo. Pero también porque necesito sentir ese apoyo. Lo pido como quien tiene hambre y pide de comer. Nunca se me dio bien pedir, porque gracias a Dios nunca tuve que hacerlo, de hecho nunca he vivido de subvenciones, más bien al contrario, he salido a buscarme la vida y a apostar por producciones de grandes presupuestos. Pero ahora sí pido que vengan a verme el 27, 28 y 29 de julio, porque después de todo lo que ha pasado, necesito cerrar esta etapa bailando.