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Alex Conde:

“Llevar la música de Paco de Lucía a una big band es una ocasión única”

El pianista y compositor vuelve el 4 de julio al Albéniz con una interpretación de su homenaje a Paco de Lucía, fusionando el flamenco con el lenguaje de la big band
Francisco Quirós
02 de julio de 2026

Aunque sus raíces estén en Valencia y haya residido buena parte de su vida en Estados Unidos, Alex Conde es, desde hace cuatro años más, un madrileño más. Por eso se puede decir que, de cara a la actuación de este sábado 4 de julio, juega en casa. El Teatro Albéniz acoge el ‘Paco de Lucía. Music for Big Band’, un espectáculo que regresa al mismo lugar en el que tuvo su puesta de largo en nuestro país el pasado 24 de noviembre.

En pocos días vuelve al Teatro Albéniz con este homenaje a Paco de Lucía junto a la big band. ¿Cómo afronta este nuevo concierto?
Más tranquilo que la primera vez porque ya estamos ensayados y ya hemos tenido un directo. Eso ayuda mucho. La banda es exactamente la misma y afrontamos la cita con muchísima ilusión. Es verdad que son fechas más complejas en Madrid porque en verano la gente prefiere los festivales al aire libre, pero el promotor decidió situarlo el 4 de julio y estamos deseando volver. Además, es el primer concierto después de la publicación del disco que de momento está teniendo una recepción espectacular. Tenemos más de 2.000 reproducciones diarias, que en el jazz es un éxito, y los vídeos también están funcionando muy bien. Tenemos muchas ganas de que la gente descubra de qué trata realmente este proyecto.

¿En qué momento decidió rendir un homenaje así a Paco de Lucía?

Todo empezó en 2024, en Nueva York, durante el festival Paco de Lucía Legacy. Actuamos en Carnegie Hall, Symphony Space y otros teatros con la orquesta de Arturo O'Farrill. Yo llevé los arreglos y un grupo de músicos flamencos como Rubem Dantas, Antonio Serrano, Antonio Rey o Chonchi Heredia. Aquello fue el verdadero estreno del proyecto. Cuando regresé a España tenía muchas ganas de traerlo aquí y el Festival de Jazz de Madrid nos dio la oportunidad. Para esta versión incorporamos una base mucho más flamenca, con Israel Suárez 'Piraña', Antonio Sánchez, Joni Jiménez, Alejandro Escalera, Enriquito Rodríguez, Pablo Martín Caminero y una big band completa. En total somos 26 músicos sobre el escenario.

El disco incluye diez piezas. ¿Hubo temas que finalmente se quedaron fuera?

Sí, se quedaron tres fuera porque no cabían. Hemos seleccionado los temas más emblemáticos, pero algunos son muy largos, duran diez o doce minutos incluso después de recortarlos. Por eso hemos seguido una estrategia doble: por un lado están las versiones completas para los amantes del jazz y de la improvisación y, por otro, hemos preparado 'radio edits' mucho más cortos y sin solistas, pensados para las plataformas digitales. Desafortunadamente, las radios no suelen apostar por piezas tan largas y esos formatos están funcionando realmente bien.

Más allá de los clásicos de Paco de Lucía, ¿se ha permitido alguna licencia personal?
Sí. Una de ellas es 'Peroche', unos tanguillos que no suelen interpretarse demasiado y sobre los que imaginé un sonido muy influenciado por McCoy Tyner. También está 'La Barrosa', unas alegrías feroces que adapté para orquesta. Luego hay temas imprescindibles como 'Entre dos aguas', 'Solo quiero caminar', 'Río ancho', 'Zyriab' o 'Canción de amor'. Y 'Zambra gitana', que realmente no es de Paco de Lucía, aunque él la grabó en el que fue su último disco, 'Canción andaluza', junto a Parrita. Aquí la interpreta Rafita de Madrid y buscábamos un sonido que recordara a las grandes orquestas cubanas.

¿Ha sido difícil explorar esos nuevos caminos para estas canciones?
Siempre me ocurre lo mismo cuando escribo para una orquesta. Los primeros arreglos cuestan mucho porque todavía no tengo esa sonoridad en la cabeza. El primer tema para big band puede llevarme una semana, pero el segundo ya sale en tres días y el quinto quizá un solo día. Lo más laborioso fue el trabajo previo de transcribir la obra de Paco de Lucía: armonías, melodías, picados, alzapúas... Todo eso traducido al papel. Ese primer proceso llevo años haciéndolo, de hecho tengo una página de Patreon donde subo transcripciones de guitarra flamenca adaptadas al piano porque la gente quiere aprender piano flamenco y no sabe dónde ir. Si ahí les pica el gusanillo, pueden seguir a grandes maestros como Diego Amador, Chano o Dorantes. Después de esas transcipciones llega la parte bonita, que es imaginar los colores de la orquesta. Además me tomo la libertad de introducir algunas secciones originales, como introducciones, interludios o codas propias.

Es uno de los grandes defensores del piano dentro del flamenco. ¿Cree que ya está plenamente integrado?

Espero que sí. Ya existe una historia y un repertorio importante, desde Arturo Pavón o Campuzano. Ahora bien, dentro del flamenco más tradicional sigue siendo complicado; la guitarra, el cante y las palmas son la base de todo, incluso el cajón es muy nuevo. Ahí estamos todos empujando. Cuando trabajo con un cantaor que nunca ha cantado acompañado por un piano, al principio está completamente asustado. Con el baile ocurre algo parecido. Sin embargo, dentro del flamenco-jazz el piano ya está totalmente establecido como el número uno. De hecho, si miras el Festival del Cante de las Minas, el piano es el instrumento que más premios ha conseguido fuera de la guitarra. Eso demuestra que poco a poco seguimos abriendo camino y nos deja un trecho para la esperanza.

Como músico afincado en Madrid, ¿cómo ve actualmente la escena del jazz en la ciudad?

Soy muy nuevo, soy valenciano, yo llevo aquí desde 2022, después de veinte años viviendo en Estados Unidos. Me instalé en Madrid porque quería estar cerca del flamenco y del ambiente cultural. Para mí es difícil decir cómo era antes la escena del jazz en Madrid. Sé que el Central ha cerrado. Llegué a tocar allí varias veces, ahora han abierto nuevo, aunque con distinta localización. Se siguen abriendo clubes nuevos, como Babylon o Villanos, así que se puede decir que sigue en expansión y esa fusión con el flamenco. El Café Berlín sigue siendo uno de los grandes espacios para la fusión y el mestizaje entre jazz, flamenco y música cubana. Si lo comparo con otras ciudades españolas, Madrid lidera claramente. Barcelona está pasando por una etapa más complicada en cuanto a clubes de jazz, remuneración y oportunidades, mientras que en Valencia el referente sigue siendo el Jimmy Glass, que lleva más de cuarenta años haciendo un trabajo extraordinario y siguen con el club lleno cada noche. Madrid siempre está abierta a músicos nuevos.

A nivel personal, ¿cómo afronta esta cita? Lo digo porque en el Festival de Jazz de 2025 también estuvo programado con otro formato diferente de trío.

Es completamente diferente. En la big band toco menos el piano porque estoy pendiente de dirigir y de que todo el mundo vaya junto. Cuando veo que todo está controlado me siento y toco un poco más. En este concierto sí quiero dar más presencia al piano como solista. En la primera actuación todos estábamos muy concentrados y ahora ya, que hemos ensayado y el disco es una realidad, la gente se puede relajar un poco, así que estoy con la atención a tope para que todo salga bien de nuevo. Fue un concierto memorable, el promotor dice que fue casi histórico, la energía fue increíble, estaba todo el mundo entregado, con el Albéniz. Esa energía increíble quedó perfectamente reflejada en la grabación del disco.

Con tantas responsabilidades durante el concierto, ¿da tiempo a disfrutar de lo que ocurre o es algo que percibió una vez que escuchó la grabación?
No, lo disfruté mucho. Es más una cuestión de estar con el radar para eventos que no estaban en el papel y dar una señal para que todo el mundo entrara a una. Gracias a dios tenemos una banda increíble, desde la sección de saxos, hasta la de trombones, pasando por la de trompetas... Es una banda muy buena que permite estar tranquilo y disfrutar de la música. En muchos momentos era como si estuviera sentado entre el público escuchando el concierto.

Procede de una familia muy vinculada a la música. ¿Cree que, sin ese entorno, igualmente habría acabado dedicándose a esto?

Creo que sí. Desde muy pequeño escuchaba música, entendía lo que sonaba y era capaz de reproducirlo en el piano sin haber estudiado. Eso ya lo llevaba dentro. Evidentemente mi familia me abrió puertas, me apoyó y comprendió perfectamente lo que significaba dedicarte a la música, así que he tenido una suerte enorme. Pero creo que esa pasión ya venía de serie y el oído lo tenía afinado.

Para terminar, ¿qué le diría al público para animarle a asistir al concierto?
Invito a todo el mundo a vivir este evento muy especial. Llevar la música de Paco de Lucía a una big band de jazz es una oportunidad única y difícil de repetir. Les esperamos el próximo 4 de julio en el Teatro Albéniz, dentro del Festival Villanos del Flamenco.