Aitor Martín:
“Dilapidar un imperio es de auténticos zoquetes”
En 2020 dejó su tarjeta de presentación literaria con ‘Conspiración Vermú’. Ahora, seis años después, Aitor Martín presenta ‘Será por dinero’, una novela donde vuelve a mezclar dos ingredientes, intriga y sátira, que le han valido comparaciones con Valle-Inclán y Eduardo Mendoza.
¿Cuál fue la idea original de la que partió para dar forma a ''Será por dinero''?
E l principio fue prácticamente una reflexión que estaba haciendo en la ducha. Soy muy fan de la novela policial y estaba dándole vueltas a la idea de cuántos detectives hay que se saltan todas las normas y que se basan en sus propios códigos morales para hacer lo que les da la gana. Ahí se me encendió la bombilla. Entonces pensé que quizás lo mejor era hacer justo lo contrario, un detective que no puede saltarse ninguna norma, que vive completamente sometido a cualquier tipo de regla, ya sea del código civil o del de circulación. Normalmente los detectives siempre van destrozando todo, por lo que me surgía la pregunta sobre qué sucedería si, en ese mismo entorno pusiera a un alguien completamente ético, ¿se va a sembrar el caos también a su alrededor o no? Además, que el crimen se hubiera cometido en una familia de ricos me parecía el contrapunto perfecto.
Es su segunda novela tras 'Conspiración vermú'. ¿Qué puntos cree que unen a las dos tramas?
Sobre todo, creo que el tono de la novela. La primera era un poco más alocada y mucho más fantasiosa, con la conspiración para resucitar a Franco del Valle de los Caídos el día de la coronación de Felipe VI, sin embargo, el tono humorístico, la ironía y el darle una vuelta a algunos temas de actualidad están presentes en las dos novelas. También los protagonistas, que son un poco desastre en ambos casos, aunque siempre intento abordarlos desde una perspectiva de cierto cariño, a pesar de ponerlos en situaciones a veces un tanto crueles.
En el fajín del libro, Juan Carlos Galindo dice que es “un tono inédito en el género”. ¿Lo toma como un halago?
M e parece una pasada que lo diga Juan Carlos, que es un gran experto y además muy buen escritor. Desde luego, me hace mucha ilusión que diga eso. Es un orgullo.
También aquí se menciona a Valle-Inclán y el humor de Mendoza. ¿Hasta qué punto son inspiradores esos dos autores para usted?
Esos dos y muchos más, pero es verdad que Valle-Inclán juega en otra liga, francamente. La mirada de Valle-Inclán me interesa mucho, aunque no llegue a ese punto, me parece interesante esa perspectiva de ver las cosas desde los espejos deformados y hacer un poco de ironía del mundo y de la sociedad que nos toca vivir. Cuando descubrí a Mendoza, lo flipé, así que es una lectura que siempre me ha acompañado. Es imposible que no se te filtre algo de todo ello.
A la hora de hablar de sus novelas es básico hacerlo de los nombres de los personajes. Si en 'Conspiración Vermú' está Víctor Vaporús, aquí aparecen Pascual Cordero o Paz Carnal. ¿Cómo afronta esa parte del trabajo?
Me surge de forma bastante improvisada, algunos de una forma absolutamente accidental. Por ejemplo Ramón Glasé viene de que mi mujer, que tiene unos toque de dislexia geniales, dijo en un momento “yo nunca he probado los Ramón Glasé”, así que me lo apropié. Otros surgen jugando. Cuando encuentro el nombre, me ayuda muchísimo a describir al personaje y a ponerlo en situación dentro de la novela. Empecé con Víctor Vaporús y me apetece convertirlo en una seña de identidad.
¿Cree que también ayuda al lector? Porque además de darle un punto distendido a la novela, también es más fácil de recordar un nombre tan peculiar.
Claro, porque si uno se llama Julián Martínez o Juan González, al final dudas sobre qué personaje era en concreto. Sí, a mí también me sirven.
En las primeras páginas hay recogida una frase de Émile Zola y su novela 'El dinero'. ¿Qué es el dinero para usted?
Desgraciadamente, una necesidad. Aun así, es una cosa que tampoco me quita el sueño. Todos necesitamos el dinero, pero fundamentalmente tiene que servir para permitirte disfrutar de las cosas, no para amasarlo ni para volverte loco con él ni obsesionarte, sino para tener un mínimo de independencia para disfrutar de las cosas y de la vida.
¿Podemos considerar a Pascual Cordero un antihéroe?
Creo que no, creo que es un héroe. En otros tiempos, igual hubiera sido un antihéroe, pero en este momento, en el que parece que lo que manda es ir haciendo las cosas “porque yo lo valgo”, considero que, en el fondo, es un héroe. Un tío que es capaz de ir por el mundo con el sacrificio que supone tirar adelante sometido al cumplimiento casi atávico de las normas, me parece que más un héroe que un antihéroe.
¿Sería el mundo un lugar mejor con más gente como Pascual Cordero?
T
odo tiene un límite. Un mundo así sería muy aburrido. De la misma manera que hace falta un Pascual Cordero, hace falta una familia Glasé para poner el contrapunto. Si todos fuéramos así, casi como los escandinavos, la vida sería mucho más aburrida.
Comentaba anteriormente que Pascual Cordero respeta de forma escrupulosa las normas, incluso conduciendo, algo que suele poner de los nervios al resto de conductores. ¿Quién está equivocado, el propio Cordero o el que le increpa por cumplir todo a rajatabla?
S
i te digo la verdad, no tengo carné de conducir, así que no sabría decirte. Hay que tener un poco más de cintura de la que tiene Pascual Cordero, aunque si todo el mundo cumpliera las normas quizás todo iría mejor. Eso sí, digo esto desde la acera y como un simple peatón.
Dentro de los diferentes temas que trata en la novela, ¿qué papel juega el clasismo?
Sí, aparece el clasismo, pero sobre todo la desigualdad, dos asuntos que van bastante unidos. Me parece importante hablar de ello en esta sociedad actual, en la que parece que vamos a marchas aceleradas hacia una mayor desigualdad. Efectivamente, como sucede en otros países, esa realidad hace que la sociedad cada vez esté más dividida, a que los ricos se encierren en sus guetos y cada vez exista menos comunicación entre unos y otros. Y eso tampoco es bueno.
¿Quién se comporta peor, el rico de cuna o un hombre hecho a sí mismo, como Ramón Glasé, que se salta varias líneas éticas a nivel familiar?
S
egún el punto de vista. El hecho de nacer pobre y acabar siendo muy rico, debe tener mucho mérito. Eso o ser un gran delincuente. Se ha llegado a decir que una gran fortuna siempre tiene cadáveres los armarios. Me interesa en la novela plantear casos en los que alguien construye un imperio para que los hijos lo destruyan. De cara a 'Será por dinero' me interesaba especialmente tanto la herencia de los pobres como la de los ricos. Me parece que tiene más mérito el que crea el imperio que el que lo hereda, entre otras cosas porque muchas veces acaba destruyéndolo o vendiéndolo de cualquier manera. Quienes dilapidan un imperio me parecen unos auténticos zoquetes.
Más allá de la herencia económica, también está la parte de defraudar las expectativas de los padres. En el caso de Pascual Cordero es muy evidente. ¿Era un tema que tenía claro desde el principio?
No, es algo que surgió intentando reflexionar sobre la relación de Pascual con su padre. Ahí me planteé también la relación que yo mismo tuve con mi padre. Afortunadamente creo que no le defraudé. De alguna manera, sí que me sirvió luego para contar la historia de Pascual y su padre.
¿Cuántos periodistas se pueden sentir identificados con Camilo Soria?
A
lguno, supongo. Yo no voy a señalar, pero alguno se me viene a la cabeza. Tengo un amigo que me decía: “No te metas con los periodistas, que bastante mala fama nos están poniendo ya”. A mí me parece, desde la visión que tengo de la profesión, que sí hay que alertar acerca de algunos que han perdido hace tiempo el sentido de lo que era el periodismo.
¿Qué poso le gustaría dejar en el lector?
S
obre todo me gusta cuando me dicen que han terminado la novela y se han quedado con dos cosas: una sonrisa y una cierta sensación de satisfacción por cómo finaliza la trama.
¿Nos tomamos la literatura y la vida demasiado en serio?
Y
o lo he intentado. Antes de esta novela empecé un par más, me puse muy serio intentando escribir y no me salía. Solamente me han aparecido las historias cuando me he puesto a escribir como soy en el fondo, me tomo las cosas con relativa seriedad pero también con cierta ironía, especialmente a la hora de enfrentar los problemas y los disgustos. La literatura me parece una cosa muy seria, pero todo tienes que abordarlo con cierta ironía y cierta distancia, que siempre es bastante sanador.