Personajes

Guille Galván:

“Intento no ser nostálgico, pero también trato de ser cuidadoso con la memoria”

‘Nadie con ese nombre vive aquí’ es el primer disco en solitario del artista madrileño. Son 11 canciones íntimas y emocionales gestadas en un momento familiar difícil

Hasta hace poco asociábamos el talento de Guille Galván exclusivamente a la música de Vetusta Morla. Ahora, el artista madrileño reivindica la calma, la memoria y las canciones desnudas como espacio de refugio y verdad en ‘Nadie con ese nombre vive aquí’, su primer disco en solitario.

Unos días desde el lanzamiento de este álbum, primero suyo en solitario y ahora que ya hay un poco de perspectiva con este paso de tiempo, ¿qué sensaciones tiene?
Una sensación de paz y de calma, unida al cansancio también desde la semana de promoción. Tengo la sensación de que estoy contando el disco y cómo ha sido, que la gente lo está recibiendo con mucho cariño. Me están llegando mensajes muy bonitos, tanto de gente que no conozco como de gente cercana. Con esa sensación que se tiene cuando sacas algo y que deja de ser un poco tuyo.

Ha contado que el inicio fue un poemario, 'El libro de los adioses'. ¿Cómo de necesario fue hacer ese trabajo previo para pasar de aquellos versos a estas letras?

Cuando mi padre enfermó y nos dijeron su situación, que no había posibilidad de cura, la cabeza se coloca en una encrucijada de la que tiene que salir. No sabía si prepararme para un duelo, para una despedida, o agarrarme a una esperanza. Fue un periodo largo, casi cuatro años, que hace que tengas todo tipo de necesidades, a veces de recolocar cosas de tu pasado, otras de celebrar a los que tienes al lado mientras estén, de poner en valor a todos los que nos cuidan también. Fui priorizando.

Todas las necesidades que tenía al principio de ubicar todo ese desconcierto, ese dolor, se fueron colocando en un lugar que pensaba que no merecía la pena desarrollar demasiado, que me iba a ayudar más convertir todo ese sufrimiento en un espacio íntimo desde el que valorar lo que tenía. Ahí fue surgiendo la necesidad de hacer el disco, de cantarlo y también de hacerlo como lo hice, en casa, en un entorno controlable, donde pudiera ir manejando los tiempos según fuera pasando todo y, sobre todo, muy alejado de lo que venía haciendo, de los grandes escenarios y los festivales. Necesitaba cortar un poco con todo eso y arrancar casi desde cero.

¿Va a ver en algún momento la luz ese poemario?
No. Lo tengo ahí, sin terminar. Gracias a cosas inconclusas a veces se llega a otras que merecen la pena. Siempre he defendido el espacio de creación de los pintores, el taller donde están las obras que nadie sabe que existen, pero que han ocupado horas y que han hecho que el pintor vaya desarrollando técnicas e ideas. No todo lo que hacemos tiene que ser público.

A través del proceso emocional en la composición de canciones como 'Túnel de la M-30', ¿en algún momento ha sentido pudor por lo que cuenta en ellas?
Sí. Soy una persona bastante pudorosa, tímida, no quería hacer exhibicionismo en ningún momento. Tenía la sensación de que había cosas que debía contar para que se entendiera el contexto. Siempre creo que las obras tienen que sostenerse por sí mismas, independientemente de que sepas si el autor estaba de una determinada manera. El relato de las obras apoya, pero no tiene que ser una condición sine qua non. Mi objetivo ha sido que sea un disco que se sostenga por sí mismo, más allá de que haga entrevistas o no y cuente de dónde venga. He intentado que lo que contaba tuviera que ver con la canción y lo que creía que podía defender. He trabajado con canciones dedicadas a mis hijos, algo que nunca había hecho, con cosas concretas. A ellos les he preguntado siempre si querían o no que eso viera la luz, creo que cuando cuentas o construyes con material que no es tuyo, siempre debe haber consentimiento por parte del otro. Por ejemplo, en el vídeo que he hecho de 'Túnel de la M-30' hay mucho material familiar que había ido recopilando los últimos meses, así que me fui poniendo en contacto con la gente para ver si les importaba estar ahí.

Hablando de 'Túnel de la M-30', ¿qué le gustaría que recordaran sus hijos cuando la escuchen pasados unos años?
Un poco lo que dice el tema, que merece la pena hacerse mayor y que, pase lo que pase, lo que han hecho otras personas en nuestra vida forma parte de nosotros. También que si sus hijos en algún momento zozobran o les cuentan de qué iba todo esto, tengan argumentos sentidos. De todas maneras, lo que les preocupa ahora es cuántas reproducciones en Spotify (entre risas). Hablando en serio, están muy contentos, la verdad es que les hizo mucha ilusión porque al principio, cuando hice la canción, se la enseñé y me preguntaron si iba a ser para Vetusta Morla.

Ha mencionado esa mirada al pasado en el videoclip. ¿Cómo se lleva con la nostalgia?

Intento no ser nostálgico porque creo que te deja en un territorio un poco empalagoso, pero intento ser cuidadoso con la memoria. El pasado es extenso y muy rico, no solo en inspiración, sino también en sabiduría para saber de dónde venimos y adónde queremos ir. Sí que trato de tenerlo todo lo presente que puedo, pero sin caer en romanticismos de que fuera mejor o peor que lo que hay ahora, porque todo recuerdo al final carece contexto.

El primer adelanto fue '¿En qué momento dudé de ti?'. Viendo la acogida que estaba teniendo la canción, ¿le dio un poco más de calma de cara al lanzamiento del disco?
Quise salir con esa canción, que era solo guitarra y voz, para desmarcarme un poco y que la gente supiera que no había montado una banda ni iba a subirme a enormes escenarios. Quería que se viviera desde un lugar radicalmente diferente. Es verdad que la noche anterior de sacarlo me entró un poco el miedo. El objetivo también era que la gente entendiera de qué iba el proyecto sin tener que explicarlo demasiado, creo que tanto la canción como el vídeo te colocan en un lugar que es desde donde nace el disco. Se ha entendido bien. Estoy recibiendo muchísimo cariño.

Esa atmósfera íntima que hay en casi todas las canciones también se ha trasladado a la producción. ¿Buscaba coherencia con el proyecto?
Sí, quería arrancar con guitarra y voz para saber cuál era el lugar en el que colocaba mi voz y la manera en la que cantaba. No tenía mucho sentido luego abigarrarlo a nivel de producción porque esa intimidad se iba a perder. Quise contar con gente que intuía que eso lo iban a saber hacer. Fue bonito, porque fue una especie de juego de normas, les dije a todos que no quería que metieran una banda en la habitación, sino que la decorasen, que decidieran el color de las paredes, con la idea de que pensaran que había algo muy concreto: alguien con una guitarra cantando. Les pedía cierta abstracción, cierta cinematografía alrededor. Quería que cada canción tuviera lo que necesitaba. Me preocupaba también la parte rítmica, porque muchas veces condiciona mucho, si te vas con batería, ya vas a una cosa, y si vas con electrónica, vas a otra. En lugar de ritmo hablábamos de pulso, que a veces te lo dan instrumentos de percusión, pero otras veces no y lo encuentras en el bajo o en un piano.

El tema que cierra el disco es 'Canción muralla', en la que hay una alusión directa al hospital. ¿Surgió en un momento difícil asociado al proceso con tu padre?
En todas las canciones se cuelan flashes de lo que estás viviendo. Esta canción habla de muchas cosas, de ese anhelo que tenemos quienes hacemos canciones de que esto sirva para algo cuando ves que no eres capaz de solucionar las cosas. Sí, ha habido muchos hospitales en los últimos años y probablemente viene de ahí la frase.

Sobre la posible presentación en directo, en otras entrevistas ha comentado que está planificándolo bien, que no quiere hacerlo corriendo. ¿Ha habido algún cambio?

Estoy todo el mes de mayo presentando el disco. No es un trabajo que entre dentro del concepto del circuito de festivales. Además, en octubre tengo dos meses de gira con Vetusta Morla, así que lo normal es que las presentaciones del disco sean a partir de entonces, para invierno.

Este disco invita a escucharlo de forma reposada. ¿Siente que va un poco a contracorriente con la tendencia actual?
Es justo lo que más me apetecía de hacer un disco así, completamente alejado de lo normativo, de la playlist o lo radiable. Creía que si me olvidaba de todo eso y de que tuviera que sonar de madrugada en un festival, podía encontrar cosas que a lo mejor no veía de otra forma.

The Buggles cantaba 'Video Killed the Radio Star'. ¿Tenemos que empezar a pensar en algo que mate esta dictadura de las reproducciones y las cifras en plataformas?

Es terrible. Muchas veces, y más en la gente joven, antes de saber nada de nadie lo que hacen es ir a YouTube o a Spotify y ver los seguidores que tienen o las escuchas. Eso ya te condiciona incluso antes de haber escuchado una nota de todo, ya te haces un prejuicio sobre lo que son las cosas por la cantidad de reproducciones que tengan, que a veces son reales pero otras veces son fruto de campañas o de sabe Dios qué. El que aparezcan las reproducciones o los views al lado de las canciones es algo que ha hecho muchísimo daño a la música y que lo que hace es perpetuar la ley del más fuerte, evidentemente.

Comentaba anteriormente ese regreso con Vetusta. ¿Le ha servido este tiempo para limpiar la mente y trabajar en creaciones más personales?

Durante el parón de Vetusta he hecho la banda sonora de 'Madrid, Ext' y he hecho este disco, con lo cual me he podido relacionar con la música desde otros lugares. La banda sonora me ha permitido jugar mucho, probar cosas que se alejan de lo que es una canción de tres minutos a nivel de instrumentación, de collage sonoro, de cómo relacionarme con la música también. Supongo que cuando vuelva con Vetusta, llegaré desde otro lugar. Entiendo que esto también me ha dado el oxígeno que necesitaba después de tanto escenario grande y tanta gira, que cuando vuelva a los escenarios grandes entiendo que tendré esa parte satisfecha.

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