Personajes

Alejo:

“Las canciones no solucionan nada, pero nos ayudan a seguir adelante”

El artista de Tudela transforma una ruptura sentimental en ‘Mundo en ruinas’, su tercer disco, en el que narra un proceso de reconstrucción y regreso a la luz

Hay situaciones dolorosas que pueden marcar un momento vital, pero lejos de quedarse en el resentimiento, Alejo decidió apoyarse en el proceso de duelo por una ruptura sentimental para dar forma a un disco, ‘Mundo en ruinas’, que veía la luz el pasado 25 de septiembre.

El 25 de septiembre era una fecha marcada en rojo desde hacía tiempo. ¿Cómo está viviendo el lanzamiento del disco?
Publicar un disco genera una mezcla de euforia, ganas y nervios. Son canciones que llevas mucho tiempo escribiendo y trabajando. Ahora estoy menos nervioso porque el disco ya está en la calle, veo que está funcionando bien y que está teniendo una buena acogida.

También aparece una extraña sensación de desprendimiento. Hasta ahora era algo tuyo, de tu propiedad, y de repente deja de pertenecerte y pasa a ser de la gente. Tú ya eres solamente la persona que lo ha escrito y lo ha interpretado.

Durante los últimos meses ha publicado varios adelantos, pero ahora podemos escuchar las diez canciones como un conjunto. ¿Qué encontrará quien se acerque a ‘Mundo en ruinas’?
No es un disco conceptual, pero habla de un momento muy concreto de mi vida: una ruptura sentimental. Fui escribiendo durante las diferentes fases que atravesé en ese proceso.

Es un disco sobre la reconstrucción de una persona cuando su vida da un giro. Las canciones han funcionado para mí como una especie de terapia. Hemos tratado de colocarlas en el centro y escribir los textos con mucha cautela y cuidado para después vestirlas en el estudio.

Es un álbum de pop rock en el que he jugado con distintos géneros en los que me siento cómodo, pero el elemento principal siempre es la canción.

Amaro Ferreiro se ha encargado de la producción. ¿Cómo ha sido el trabajo con él?
Ha sido un proceso maravilloso en el que he aprendido muchísimo. Le estoy muy agradecido. Más allá de la faceta profesional, también he ido conociendo a Amaro como persona desde que empezamos el disco. Nos habíamos cruzado un par de veces, pero nunca habíamos convivido tanto. Hemos pasado más de un año trabajando juntos y haciendo viajes a Galicia.

Amaro es un gran autor de canciones y siempre pone el foco en ellas. Para mí era fundamental trabajar con alguien así porque, aunque la canción siempre ha sido lo más importante, en este disco quería realzar aún más lo que estaba contando.

Él lo respetó muchísimo y mimamos cada detalle de las composiciones. Ha sido como realizar un máster en creación de canciones. Además, grabar el disco en Galicia en lugar de hacerlo aquí, en Madrid, aporta un poso y una pausa diferentes. A mí me ha sentado muy bien.

El proceso implicó numerosos viajes entre Tudela y Vigo y muchas horas de carretera. ¿Ha quedado algo de esos trayectos dentro del álbum?
Sí. Además de esos viajes, estábamos en medio de una gira, así que hubo fines de semana bastante catastróficos. Después tenía que regresar a Vigo para seguir grabando.

Yo escribo canciones cuando estoy en movimiento. Necesito que me sucedan cosas. La soledad de las habitaciones de hotel me genera una sensación creativa. En el disco hay mucha soledad y mucha escritura nacida de ella.

La distancia, los viajes y todos esos hoteles situados en puntos intermedios en los que dormía para poder llegar a Vigo también están presentes. Podría decirse que es un disco de carretera.

Ha afirmado que este es el disco en el que se ha expresado con mayor claridad. ¿Se debe a la experiencia de sus dos trabajos anteriores o al momento vital que atravesaba?
A las dos cosas. Cuando publiqué el disco anterior también creía que me estaba expresando de una forma más clara, pero ahora, con cierta distancia, veo que no era así.

Cuantas más canciones escribes, más aprendes de tus errores anteriores y más consigues acercarte a lo que buscas. Durante este proceso también he descubierto que conecto mejor con la gente cuando me comunico con sinceridad, sin tantas metáforas y mostrando mis sentimientos de una forma nítida.

Es más difícil escribir canciones claras y directas, pero conectan mejor con el público. Permiten que unos sentimientos personales terminen convirtiéndose en universales. He limpiado mucho mis vivencias y me he centrado en lo que sentía y veía para conseguir que las canciones llegaran a todo el mundo.

Cuando pasen los años y regrese al disco, ¿con qué fase del duelo cree que se identificará?
Dentro de un tiempo podré identificar mucho mejor todo el proceso porque sucedió de una manera bastante casual. No decidí hacer un álbum sobre una ruptura. Empecé a escribir unas canciones, la relación terminó y continué trabajando en el disco. De manera inevitable, las composiciones comenzaron a hablar de aquello.

Aunque repita muchas veces que nace de una ruptura, el álbum trata realmente sobre la reconstrucción y sobre volver a ver la luz. Creo que con el tiempo lo contemplaré como un disco luminoso. Hay claridad y muchas ganas de seguir avanzando.

No aborda la soledad desde una perspectiva negativa, sino desde el deseo de continuar con tu vida. Algunas de estas canciones quizá me ayuden en el futuro cuando vuelva a atravesar otro estado emocional parecido. Eso me parece bonito. Las canciones no vienen a solucionar nada, pero sí pueden ayudarnos a seguir adelante.

¿También había que evitar caer en el despecho?
Sí. Una de las ideas que Amaro y yo repetíamos durante todo el proceso era que el disco no debía hablar desde el despecho ni desde el resentimiento. Tenía que ser sanador: reconoces que existe un sentimiento, pero quieres continuar.

He evitado ese tipo de canciones porque ya se ha escrito muchísimo sobre el amor y el desamor desde esa perspectiva. La otra persona no siempre es la culpable. Hay una canción titulada ‘Terremoto’ que habla precisamente de eso: tú también puedes ser el malo en la historia de otra persona. Comprenderlo ayuda a avanzar.

El título, ‘Mundo en ruinas’ podría interpretarse como una referencia pesimista del mundo que nos rodea, pero la canción habla de su propio universo interior. ¿Tenía claro que debía ser el primer adelanto?
Sí. Tenía que ser la primera canción para abrir la trama del disco. Desde el momento en el que publicamos el sencillo ya sabía que el álbum se llamaría ‘Mundo en ruinas’. Me divertía jugar con la posibilidad de que el título pareciera anunciar una crítica social y que después el oyente descubriera que habla del universo de una persona cuando todo se le va a la mierda, por decirlo de alguna manera.

Aunque el disco no aborda directamente la situación social, esa imagen también puede remitir involuntariamente al mundo en el que vivimos. Me parecía un juego interesante.

¿Cómo surgió ‘Tóxico’?
Fue una de las primeras canciones que compuse para el disco y una de las últimas que grabamos, porque nos costó bastante llegar a la versión definitiva, especialmente en la producción.

Quería explicar que a veces tú también puedes ser una persona negativa para alguien. Vivimos en una sociedad en la que la palabra “tóxico” se utiliza constantemente para hablar de relaciones o de personas que nos hacen daño. A mí me apetecía admitir que en ocasiones también puedo resultar perjudicial para otra persona.

En la canción le digo a quien tengo delante: “Ten cuidado, porque, si me tocas, te quemas”. Me parecía más honesto hablar de la toxicidad que yo puedo generar que de la que otra persona provoca en mí.

¿A quién está dedicada ‘Gracias por estar ahí’?
A todas las personas que te apoyan cuando las cosas van mal. Las mencionamos muy pocas veces y me parecía bonito hacerlo.

En realidad, no nombro a nadie; simplemente doy las gracias. Creo que quienes han estado cerca de mí pueden sentirse identificados. También es una canción bonita para agradecer al público su presencia cuando la interpretamos en directo. Es una forma de dar las gracias a toda la gente que me rodea.

El disco comienza con ‘Miss Recuerdos’. ¿Cómo se lleva con la nostalgia?
No me considero especialmente nostálgico y la canción habla un poco de eso. A veces echo de menos determinadas cosas, pero las recuerdo desde una perspectiva de celebración.

No sirve de nada retener un momento de tu vida y darle vueltas continuamente a una situación que no volverá a repetirse. La canción viene a decir: “Vamos a brindar por todo lo que nos ha sucedido”.

El segundo corte es ‘Trafalgar’. El título remite inevitablemente a una batalla. En la batalla de la música, ¿se gana más de lo que se pierde?
Sí, siempre. Muchas veces parece que estás perdiendo continuamente, pero en el mundo de la música, especialmente desde una perspectiva creativa, ganas muchísimo. Evidentemente renuncias a otras cosas, pero en mi balanza pesan más las ganancias.

No pensaba tanto en la batalla como una derrota, sino en la inconsciencia con la que los españoles fueron a luchar. Cuando quieres a alguien o estás dentro de una relación también existe mucha inconsciencia. Hay un sentimiento muy puro y una enorme energía, aunque sepas que posiblemente todo terminará mal. Me parecía una comparación bonita.

Jugando con el título de otra de las canciones, ¿cuál es su tirita infalible cuando está pasando un mal momento?
Una está muy clara: escribir y hacer música. Este disco no nació porque decidiera abordar una serie de asuntos y me sentara a componer sobre ellos. Fui escribiendo y después, desde fuera, analicé el resultado. Hacer canciones me ayuda a sanar y ‘Tirita’ habla de eso.

También necesito mantenerme en movimiento. Me gusta mucho salir a correr porque me quita muchos demonios. Cuando estoy mal, me ayuda moverme, cambiar de lugar, correr, pasear y dar vueltas. No quedarme quieto resulta bastante terapéutico para mí.

Ahora llega el momento de presentar el álbum en directo. ¿Hay alguna canción que crea que adquirirá una dimensión mayor delante del público?
Sí, pero ya puedo responder a partir de hechos consumados: ‘Cuando todo explote’. La publicamos como sencillo y la hemos interpretado durante la gira de verano. No esperaba que fuera a generarme una conexión tan fuerte ni que el público reaccionara así. Pensaba que el texto podía conectar de una manera bonita, pero no imaginaba hasta qué punto la gente se engancharía.

Durante este verano he sentido que, cuando la tocamos, tanto el público como nosotros entramos en una especie de catarsis. Me ha sorprendido porque existen otras canciones con un perfil más claro de sencillo, pero con esta aparece una conexión energética especial entre quienes están abajo y nosotros.

Hablamos hace unos años con motivo de su primer disco. ¿En qué ha cambiado el Alejo actual respecto a aquel, desde el punto de vista artístico?
En muchísimo. No ha pasado tanto tiempo, pero siento como si hubiera vivido 365.000 años. No creo que sea más maduro, aunque sí soy más consciente de hacia dónde voy. Cuando hablamos del primer disco no sabía muy bien en qué consistía todo esto. Simplemente quería hacer música.

Ahora creo que conozco mi dirección. He encontrado una forma de expresión y comunicación con la que me identifico y en la que también me reconoce el público. Estoy más encaminado hacia el lugar al que quiero llegar.

Con el paso del tiempo acumulas experiencias y vivencias y puedes tachar algunas cosas de esa lista de objetivos musicales. Todo ello te proporciona mucho impulso para continuar.

¿Quedan muchos objetivos pendientes en esa lista?
Sí, tienen que quedar. De lo contrario, no mantendríamos la misma ilusión. También he cumplido muchos más de los que esperaba. Poder estar hablando contigo cuatro años después, tras haber compuesto unas canciones en mi casa y haber conseguido grabarlas, ya me parece algo irracional. Pero siempre debe quedar un objetivo próximo que te ilusione.

Los artistas y las bandas somos unos eternos ilusos. Necesitamos ilusionarnos continuamente con lo siguiente. Ese es el motor que nos permite seguir haciendo música.

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