La Comunidad declara el cocido madrileño Bien de Interés Cultural resaltando su papel en la identidad regional

Una receta “arraigada que trasciende lo gastronómico para formar parte de la vida cotidiana de los madrileños desde hace siglos”, señala García Martín

El Consejo de Gobierno de la Comunidad de Madrid ha aprobado en su reunión de este miércoles declarar Bien de Interés Cultural (BIC), en la categoría de Patrimonio Inmaterial, el cocido madrileño, con el objetivo de preservar su legado como unas de las principales expresiones de la identidad regional y de difundir tanto sus características tradicionales como su relevancia social.

Se trata de una receta “arraigada que trasciende lo gastronómico para formar parte de la vida cotidiana de los madrileños desde hace siglos”, ha defendido el consejero de Presidencia, Justicia y Administración Local, Miguel Ángel García Martín, para añadir que tanto en entornos rurales como urbanos, se consolida como “un elemento de convivencia y tradición compartida”.

Con una trayectoria de más de 150 años en la alimentación de los ciudadanos de la Comunidad de Madrid, este plato típico ha pasado de ser menospreciado por determinadas élites a transformarse en un referente tanto en el ámbito familiar como en los mejores restaurantes de la región, han trasladado desde el Gobierno regional.

El cocido madrileño está compuesto por carnes, verduras, embutidos y garbanzos, cuya técnica de elaboración principal es la cocción en agua. Tradicionalmente se sirve en vuelcos, es decir, con la presentación separada de los grupos de alimentos siguiendo el orden en el que deben consumirse.

Pocos platos madrileños están tan extendidos en todos los municipios de la región y con muchas variantes locales. Algunas reciben denominaciones específicas en función de sus particularidades, como el pradeño de Villa del Prado, el corucho de Cenicientos o la olla del segador de Navalcarnero.

Aunque sus orígenes son inciertos, la denominación de cocido madrileño aparece documentada a lo largo del siglo XIX. Desde el XVI se cita el plato olla podrida, que para muchos gastrónomos e historiadores es su predecesor.

Pero es entre mediados del siglo XIX y comienzos del XX es cuando se consolida una elaboración concreta de cocido vinculada al ámbito madrileño, asociando esta receta al territorio donde se cocina.

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