Personajes

María Parra:

“Colaborar no te hace perder identidad; lo que nos frena es el ego”

La pianista, compositora y productora abre una nueva etapa con ‘Open heart’, un sencillo en el que pone voz su hija, Luna Wagner, quien debuta como cantante

La búsqueda de nuevos horizontes es una constante muy palpable en la carrera artística de María Parra, una dinámica que se vuelve a demostrar con ‘Open heart’, un sencillo con tintes familiares que verá la luz el próximo 9 de octubre.

El 9 de octubre publica ‘Open heart’. ¿Cómo está viviendo la cuenta atrás?
Con mucha emoción. Supone una vuelta de tuerca más a todo lo que llevo haciendo. Comencé como intérprete clásica, llegué a crear y dirigir festivales muy eclécticos, empecé a componer y a mostrar mi propia obra sobre el escenario, y después di otro paso con un trío de jazz.

Más tarde decidí estudiar producción y en mayo publiqué ‘Transition’, un disco con una sonoridad mucho más cinematográfica. En parte surgió porque el público me decía que mi música evocaba imágenes. Pensé que quizá podía interesar al mundo del cine, pero la música para piano solo no siempre es suficiente en ese ámbito: tenía que hibridarla con otras sonoridades.

Me puse a estudiar producción en una escuela, rodeada de veinteañeros y siendo una alumna más. También fui perdiendo el miedo a las etiquetas, porque la gente es muy propensa a etiquetarlo todo, especialmente en este país. Ahora estoy inmersa en el proceso de consideración de los Grammy y veo artistas capaces de presentar desde un audiolibro narrado hasta una canción pop o una pieza new age. Las fronteras se difuminan.

Pensé: “¿Y si hago una canción pop, pero con mi música?”. Podría cantar, pero no tan bien como quienes participan en ella. He tenido el lujo de contar con mi hija, que acababa de terminar sus estudios en la Escuela Superior de Música Creativa, y con un joven productor al que conocí durante mi formación. Él me ayudó en la parte sonora más próxima al mainstream.

‘Open heart’ parte de ‘Corazón abierto’, una de las composiciones de ‘Transition’. ¿Por qué esa elección?
Cuando decidí dar otro de esos saltos de fe, lo primero que surgió fue precisamente ‘Open heart’. Los títulos de ‘Transition’ están todos en inglés salvo ‘Corazón abierto’. Hay un pequeño secreto detrás: ‘Open heart’ ya había nacido como idea y la canción iba a estar en inglés, así que la pieza instrumental no podía conservar ese mismo título.

La composición surgió a borbotones, de una manera muy sencilla y sin necesidad de hacer una segunda o tercera toma. Cuando le enseñé a mi amigo productor Max Timothy lo que había estado esbozando, le pregunté con qué pieza le apetecería colaborar. Eligió esta sin ninguna duda. Le expliqué que ya iba a incluirla en el disco, que tenía nombre y que su temática no podía ser otra.

‘Open heart’ habla del miedo que supone abrirse al otro y mostrarse vulnerable. Podemos estar muy encerrados en nosotros mismos, pero vivir implica abrirse y apostar por los demás, aunque luego puedan decepcionarnos. Debemos mantener una actitud abierta porque nos reflejamos continuamente en otras personas. Aprendemos mucho más sobre nosotros al contrastarnos con los demás que encerrándonos en reflexiones que a veces resultan estériles.

La canción invita a dejar de darle tantas vueltas a la cabeza, porque eso termina agotándonos, y a dirigir una mirada amorosa hacia el otro. Puede sorprendernos la respuesta que recibimos. Esta fue mi primera aventura como productora y enseguida vi con claridad que la composición podía convertirse en una canción.

¿Hasta qué punto habla la letra de su propio proceso artístico?
Podría hablar perfectamente de él. Muchos pianistas somos muy solitarios: pasamos muchas horas solos y rara vez nos abrimos a colaborar. Parece que al hacerlo vas a perder tu identidad o una parte de tu autonomía. Creo que muchas veces se trata más bien de ego.

En realidad, colaborar es muy enriquecedor. La participación de otras personas en un proyecto no te hace perder autonomía. Muy pocas cosas se consiguen haciéndolas completamente en soledad. Por supuesto que existe un trabajo individual imprescindible para descubrir quién eres y qué puedes aportar, pero la mirada de los demás enriquece. Creo que acompañado se llega más rápido y más lejos.

¿Cuándo tuvo claro que su hija, Luna Wagner, sería quien pondría la voz femenina a la canción?
La letra se prestaba a un diálogo. No tenía que ser necesariamente un diálogo amoroso o sentimental, porque habla del encuentro entre dos personas cualesquiera. Pensé que estaría bien incorporar una voz femenina y tuve clarísimo que debía ser la de mi hija. Dije: “Si tiene que haber una voz femenina, será ella; no me propongas a nadie más”.

Luna aceptó con mucha timidez y algo a regañadientes. En las escuelas de música creativa enseñan que puedes asumir diferentes funciones: compositor, intérprete, productor o arreglista. A veces te corresponde desempeñar una y otras veces, otra. Creo que la gente joven tiene las parcelas muy delimitadas. Con la edad he descubierto que esa separación puede ser estéril. Está muy bien tener tu propio espacio, pero también hay que colaborar y abrirse.

Lo compruebo ahora durante este proceso relacionado con los Grammy, que aparentemente podría parecer algo muy ligado al ego, a postularte y querer que el premio sea para ti. Sin embargo, en las altas esferas veo muchas sinergias: gente que descubre el talento de otra persona y quiere sumarlo para que un proyecto sea mucho más potente de lo que podría conseguir en solitario. Eso me está dando mucha alegría.

La voz de Luna combina sensibilidad e intensidad. ¿Es eso lo que la hace peculiar?
Tiene un color de voz muy bonito, pero debe creer más en sí misma. Posee algo que emociona. Recuerdo que apenas había comenzado sus estudios de canto cuando yo cerré el festival FeminaJazz en 2021. Su directora le preguntó por qué no cantaba una canción conmigo y con mi trío. Mi hija se quedó paralizada y pensé que diría que no, pero aceptó.

Era muy inexperta y nunca había actuado sobre un escenario. Además, tuvo la mala suerte de que el micrófono se acopló durante unos treinta segundos. Todo el mundo esperaba para ver cómo reaccionaba. Podría haberse desmoronado y haberse negado a continuar, pero se recompuso y cantó con nosotros. Alguien que estaba allí grabó aquel momento y después lo subió a YouTube. Es un vídeo testimonial muy bonito.

Ya se apreciaba que tenía una gran capacidad para emocionar. Además de cantar bien, transmite mucho. Eso tiene que ver con su forma de ser. Es una persona muy generosa con los afectos, empática y preocupada por el bienestar de los demás. Supongo que lo habrá aprendido de alguien, aunque no sé de quién. Cuando esa entrega es excesiva también puede resultar complicada, porque cuesta poner límites, pero forma parte de la firma de la casa.

Al trabajar juntas, ¿ha descubierto alguna faceta nueva de ella?
A Luna le interesa todo lo relacionado con la belleza, la estética y la moda. Ahora mismo quizá se siente más cómoda buscando una estabilidad laboral en ese ámbito. Tiene muy buen gusto y la música está presente en su vida, aunque se acerca a ella con muchísimo respeto porque conoce la enorme competencia que existe.

Es más sencillo que te contraten para realizar una tarea concreta y después puedas volver a casa que implicar tu alma, tu lucha y tu energía para decir: “Esta es mi voz”. Quiero pensar que esta oportunidad le permitirá contemplarse desde otro lugar.

No es alguien que vaya diciendo que está colaborando con su madre. En sus redes sociales no aparece mostrando el proyecto. No se debe a que reniegue de él, sino a que siente que está exponiendo su alma. Como artista siempre tienes miedo al rechazo y a no ser valorado, pero, si no te muestras, nunca sabrás qué puede suceder. Y, si lo que has hecho es auténtico, también debes aprender a aceptar lo que ocurra después.

La portada del sencillo parece minimalista, pero encierra distintos significados. ¿Qué quería transmitir con ella?
Los elementos de la naturaleza (el agua, el aire, el fuego y la tierra) siempre han estado ligados a las emociones. Imagina a una persona muy encerrada en sí misma, atravesando una depresión, una tristeza, una inseguridad o una falta de autoestima. Si recibe una onda afectiva de apoyo, un “estoy contigo” o un “ya verás como no será tan grave”, ese estímulo externo genera una onda expansiva.

Esa era mi idea. Cuando lanzamos una piedra al agua, se crean círculos que se van expandiendo. ‘Open heart’ debía representar algo expansivo. Podríamos haber elegido muchas otras portadas, pero esta me pareció muy apropiada.

También está presente el componente cinematográfico. Mi música va a orientarse cada vez más hacia ese terreno. La imagen debía ser sintética, decir mucho con pocos elementos y poseer ese matiz cinematográfico que ahora quiero imprimir a mi obra.

Ha explicado que ‘Transition’ marcó un antes y un después en su carrera. La elección del título no parece casual.
En todos mis discos busco una palabra que sintetice el estado de ánimo del momento en el que aparecen. Si observas los títulos, se aprecia una evolución.

Hay un disco que no figura ahora mismo en mi perfil de Spotify porque lo publiqué con mis dos apellidos y quedó un poco perdido. Se llama ‘Rêverie’, que significa ensoñación. Ahí comienza todo lo relacionado con la intención: imaginas cómo te gustaría que fuera tu vida.

Después llegó ‘Mouvement’, porque ninguna idea puede avanzar si no la acompañas con una acción. Más tarde comprendí que la creación propia podía ser el aspecto más importante de mi carrera, por encima de mi faceta de intérprete. En un momento en el que la Tierra se tambaleaba por la covid apareció ‘Intuition’, cuando introduje mi trío en la ecuación de mi obra.

También está ‘Ethereal’, porque la música no deja de ser algo intangible. Finalmente, ‘Transition’ recoge todo lo anterior y lo lleva a otro lugar. Por eso actúa como una bisagra o una transición.

Mi intención íntima es que mi relación con el escenario adopte otra forma. A partir de esa idea que tantas veces me ha transmitido el público, que mi música es muy visual y provoca imágenes, he descubierto un espacio en el que me siento muy cómoda. Quiero llevarla al cine y al ámbito audiovisual.

Además de intérprete y compositora, ha asumido el papel de productora. ¿Ha sido complejo incorporar esa faceta?
Me resistí muchísimo. Todo comenzó en 2021, cuando puse en marcha el trío, algo que ya supuso una gran apuesta y un riesgo. Entonces recibí un correo de la SGAE anunciando un curso de música para cine dirigido a socios. Había un proceso de selección, envié mi currículo y decidí probar. Se presentaron cien candidatos, eligieron a diez y yo fui una de ellos.

Tuve la suerte de entrar en ese mundo acompañada por las personas adecuadas y por compañeros que ya lo dominaban. Yo no tenía ni idea de lo que iba a encontrarme. Los oía preguntar: “¿Con qué DAW trabajas?”. Y yo pensaba: “¿Qué es un DAW?”. Se trata del programa con el que trabajas digitalmente. Mi respuesta era: “Yo trabajo con 88 teclas; eso es todo lo que tengo”.

Para mí fue abrumador pensar que tenía que aprender a manejar todas esas herramientas. El ordenador que tenía ni siquiera me servía y tuve que comprar otro. Empecé a trastear con Logic, pero me parecía complicadísimo. Además, tenía muchos conciertos con el trío, así que fui posponiéndolo.

En 2023 me dije que debía matricularme en una escuela y volver al colegio, porque de otra manera nunca encontraría el momento. Entré en Microfusa y allí conocí a compañeros estupendos, entre ellos Max, que después participó en ‘Open heart’ tanto en la letra como con su voz.

Empecé a hacer mis primeros trabajos y ‘Transition’ fue, en realidad, mi proyecto de fin de curso.

Si ‘Transition’ fuese la banda sonora de una película, ¿qué tipo de historia acompañaría?
Una película emocional y de autor. No estoy pensando en una producción de Netflix o de Hollywood, sino en un director sensible que conecte fundamentalmente con las emociones. Quizá también en un documental con una estética muy cuidada. En cualquier caso, sería una obra en la que se valoraran la belleza, la estética y la emoción.

Si repasamos su trayectoria, desde el conservatorio y la interpretación clásica hasta María Parra Trío y esta etapa de constante evolución, ¿qué visión tiene de su recorrido?
Una de las cosas que debemos asumir en la vida es que no tenemos ni idea de lo que nos ocurrirá mañana. Ni siquiera podemos decir que nos conocemos y que sabemos exactamente lo que queremos hacer. No tenemos nada claro si realmente deseamos avanzar y evolucionar.

Puedes quedarte en tu sitio y pensar que más vale lo malo conocido que lo bueno por conocer. Pero, si estás en una búsqueda constante y, cuando alcanzas un reto, no te acomodas porque empiezas a aburrirte, las oportunidades aparecen desde lugares inesperados. Puede ser aquel correo que recibí o un comentario del público diciéndome que mi música suena muy cinematográfica. Entonces empiezo a pensar qué puedo hacer para llevarla a ese nuevo lugar. Así estoy constantemente.

Si miro hacia atrás, recuerdo una etapa muy larga en la que estaba completamente enrocada: “Soy intérprete clásica y no quiero que me hablen de nada más”. Permanecía petrificada ahí. Un día descubres que no eres del todo feliz, que tampoco estás aportando demasiado y que existen miles de intérpretes como tú.

España tampoco es un país con una gran cantera de artistas reconocidos internacionalmente, aunque eso no significa que no tengamos músicos excelentes. Existe el prejuicio de asociar lo español únicamente con la música española y el flamenco. Cuesta muchísimo desprenderse de esa carga, especialmente cuando te dedicas a la música culta, porque siempre se valora más la tradición centroeuropea. Parece lógico que un alemán, un francés, un polaco o un inglés toque música clásica, pero resulta más extraño si lo hace un español.

Yo estudié música española durante muchos años con Alicia de Larrocha, que era una eminencia, e interpreté a Falla, Albéniz y Granados. Pensaba que podría diferenciarme por ahí, pero no te diferencias por buscarlo deliberadamente. Sin pretenderlo, acabas descubriendo que tienes una voz propia y que eso ya te distingue. Cuando te escuchas a ti mismo comprendes que tienes algo particular que decir. Esa voz propia proporciona mucha más satisfacción que limitarte a reproducir lo que han hecho otros.

Lo que sí parece haber estado siempre presente en su carrera es la apuesta por la fusión.
Sí, la fusión, el maridaje y la conexión entre el pasado, el presente y el futuro. Me gusta mucho el término alquimia, porque consiste en mezclar elementos. Los antiguos decían que era posible convertir el plomo en oro. Se trata de tomar algo que todavía no tiene forma y dársela haciendo magia: coger un poco de aquí y otro poco de allá hasta obtener algo que tenga sentido hoy, al menos para ti.

Después puedes comprobar si esa creación encaja como una piedra dentro del contexto evolutivo de lo que está sucediendo musicalmente. Creo que todavía no he llegado del todo a ese punto.

Ahora mismo estoy muy expectante ante lo que pueda ocurrir con mi creatividad. Si hace cinco años me hubieran dicho que iba a hacer una canción pop, me habría rasgado las vestiduras. Pero, si seis o siete años atrás me hubieran dicho que formaría un trío de jazz, también me habría llevado las manos a la cabeza. Ya no tengo límites ni fronteras. Me atrevo con todo.

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