La banda madrileña presenta ‘Anandamida’, un disco en el que renuevan su sonido manteniendo su identidad. Arrancan nueva gira el 10 de octubre en Barcelona
Sôber:
“Cuando eliminas el miedo, aparece el amor a las personas y a lo que te dedicas”
Cinco años después, Sôber ha vuelto a meterse en el estudio para dar forma a ‘Anandamida’, un disco en el que hablan de la felicidad que encuentran en la música, de los miedos y las traiciones. En esta entrevista nos hablan de ese proceso de trabajo y de una una gira que culminará su primera etapa con dos conciertos en Madrid.
Este viernes ve la luz ‘Anandamida’, su primer disco de estudio desde ‘E-L-E-G-Í-A’. Aunque no han parado durante estos años, ¿cuándo sintieron que había llegado el momento de volver al estudio?
Carlos Escobedo. No fijamos una fecha. Simplemente, cuando las canciones están listas, piensas: “Es el momento de entrar en el estudio y preparar el disco”. Aunque ‘E-L-E-G-Í-A’ se publicó en 2021, realmente estaba terminado en 2019. La pandemia nos mantuvo en una situación de incertidumbre: no sabíamos cuándo publicarlo, la presentación llegó más tarde y la gira se retrasó. En la práctica, desde 2019 hasta 2026 no habíamos creado material nuevo. Ya teníamos ganas y mucha ilusión por enfrentarnos otra vez a ellas y llevarlas al directo.
Han elegido un título peculiar para el álbum. ¿Hasta qué punto está presente la anandamida, conocida como la molécula de la felicidad, en la banda actualmente?
Carlos Escobedo. Lo define muy bien. Establecemos un paralelismo entre esa molécula de la felicidad y lo que sentimos al hacer música, componerla y plasmarla en un directo. Para nosotros, es como un chip. Cuando estás atravesando un momento malo, te pones a tocar o a escuchar una canción y algo cambia. A nosotros nos aporta esa felicidad y queríamos compartir el concepto con quienes nos escuchan. También por eso nos gusta publicar el disco en formato físico. Queremos que alguien encuentre su momento de calma, ponga el álbum y se abstraiga un poco de sus problemas. Que utilice la música para conectar consigo mismo y encontrar cierta felicidad interior.
Hasta llegar al momento actual, la banda ha tenido mucho recorrido. Se han cumplido treinta años de ‘Torcidos’, su primer disco. ¿Cuál es la clave para conservar la energía y la motivación que transmite este nuevo trabajo?
Jorge Escobedo. La propia motivación. Levantarte cada mañana y agradecer lo que haces y todo lo que has conseguido durante estos treinta años da sentido a seguir creando canciones, conciertos y ensayos. Se trata de continuar haciendo aquello que más te gusta y amas.
También ayuda conservar la capacidad de crear y contar con ese ejército de seguidores que acompaña todo lo que haces. Sus reacciones te permiten comprobar que los pasos que vas dando son los adecuados. El público nos transmite esa satisfacción en los conciertos y nos presta un apoyo incondicional año tras año.
En el disco se reconoce el ADN de Sôber, pero también una evolución sonora. ¿Han sentido alguna vez el miedo de instalarse en una zona de confort y repetir la misma fórmula?
Carlos Escobedo. Ese miedo no existe. Lo que sí existe es el deseo de salir de la zona de confort, porque es entonces cuando empiezan a ocurrir cosas muy bonitas. Cuando una banda se estanca, probablemente ya ha dicho todo lo que tenía que decir. A nosotros todavía nos queda mucho recorrido, y hay que aprovecharlo.
En el plano compositivo, Sôber vuelve a demostrar que solo hace un disco cuando tiene algo que contar. En la producción siempre buscamos ese cuarto de vuelta adicional. Aunque el trabajo anterior haya funcionado muy bien, nos preguntamos qué podemos cambiar en el siguiente. Hay que salir de ahí y encontrarse con nuevos elementos.
En este disco hemos contado con un gran amigo y músico que trabaja con sintetizadores y electrónica. Queríamos recuperar una dimensión electrónica que Sôber había dejado algo arrinconada y combinarla con nuestras melodías y nuestros riffs más representativos. También hemos cambiado la manera de grabar las bases y las baterías. Todo eso te lleva a probar, equivocarte y regresar al principio. Creo que ese proceso hace que el disco esté más vivo y resulte más orgánico.
En su canal de YouTube han explicado el proceso de producción, desde las baterías hasta la elección del bajo. ¿Conocer cada pieza permite comprender mejor el conjunto del disco?
Manuel Reyes. Sí. Esos vídeos nacieron para mostrar el proceso. Para experimentar con cosas nuevas tienes que salir de tu zona de confort. Esas pruebas te hacen sentir algo diferente y después debes encontrar la forma de trasladarlo al estudio. Nos parecía importante explicar cómo se grabó el álbum para que el público pudiera comprender mejor la evolución del sonido de Sôber en este trabajo.
El primer adelanto, que se lanzó en junio, fue ‘Indestructible’. Tanto su sonido como su título parecen una declaración de intenciones sobre el momento actual de la banda.
Carlos Escobedo. Lo es. La letra realiza una especie de fotografía de lo que vemos desde el escenario: las primeras filas, las caras del público, su manera de mirarnos y la energía que transmiten. Eso es lo que alimenta a la banda.
Cuando tenemos cerca a nuestro público, la banda se siente indestrutible. Pueden ocurrir mil cosas, pero contar con gente que nos ha acompañado durante tantos años hace mucho más sólidos los cimientos del grupo.
Por eso queríamos que fuese el primer sencillo y lo primero que escuchara nuestro público más cercano, el que sigue nuestro día a día y está pendiente de las redes sociales. La canción está dedicada a esas personas, porque son quienes nos proporcionan el impulso y la respuesta necesarios para continuar.
Otro de los adelantos ha sido ‘Mi refugio’. Se ha cantado mucho al amor y al desamor, pero quizás no tanto a las contradicciones de las relaciones de pareja: la duda entre quedarse o marcharse. ¿Les apetecía explorar ese conflicto?
Carlos Escobedo. Sí, tiene mucho que ver. Las relaciones humanas son una de las cosas más difíciles de la vida. No hablo únicamente de las parejas, sino también de las relaciones dentro de un grupo o de las que surgen cuando pasas tanto tiempo en la carretera.
Las relaciones tienen esa dimensión contradictoria. El estribillo define que hay momentos en los que quieres quedarte y otros en los que deseas marcharte, y ambas decisiones pueden ser igual de válidas dependiendo de cómo te encuentres en cada momento, porque somos seres muy complejos.
Si llevas la reflexión hasta el final, descubres que el refugio eres tú mismo. Consiste en encontrarte, saber qué quieres y aprender a valorarlo. Hay momentos de vendaval, pero, cuando eres firme en tus convicciones, puedes regresar a ese refugio. Todo resulta más sencillo cuando encuentras ese punto de paz.
Los adelantos han estado acompañados por videoclips muy potentes. ¿Tenían claro que el apartado audiovisual debía estar a la altura del disco?
Jorge Escobedo: Esa ha sido siempre una cuestión importante para Sôber, tener esa simbiosis y esa sinergia. Actualmente no tendría sentido hacer un gran disco y una buena producción para después descuidar la imagen con la que se presentan las canciones.
Ambas dimensiones deben caminar de la mano y Sôber siempre ha cuidado esa parte. Prueba de ello son los vídeos que hemos realizado. No nos conformamos con uno, sino que seguimos publicando piezas para enseñar lo que habrá en el disco y lo que después mostraremos en directo.
La estética hoy en día tiene mucha importancia. Se suele decir que una imagen vale más que mil palabras. Mostrar la energía del grupo en esos vídeos permite al público comprobar que Sôber se deja la piel tanto en el estudio como en el escenario.
Grabar puede resultar una parte más tediosa, aunque también más cómoda. Después tienes que salir de gira y permanecer dos horas y media sobre un escenario. Los vídeos actúan como una declaración: estamos aquí, queremos quedarnos mucho tiempo y continuamos entregando todo lo que tenemos.
Jugando con el título de otro de los adelantos, ¿qué le diría Sôber al miedo en este momento de su trayectoria?
Carlos Escobedo. Le diríamos: “Aquí no puedes entrar”. Es una declaración muy personal y una forma de afrontar la vida cuando ya has alcanzado cierta edad y que, de alguna manera, no tienes miedo a fracasar porque ya hemos pasado por altibajos.
‘Dile al miedo’ habla de tener claro qué quieres y comprender que muchos de esos miedos solo existen en tu cabeza. Son esas voces interiores que te frenan. El videoclip lo representa mediante una especie de chamán que entra en tu mente, elimina esos miedos y permite que contemples la vida con mayor claridad.
Cuando apartas aquello que te perturba, comprendes que las cosas no son tan amenazadoras como parecían. Creo que lo contrario del amor es el miedo. Se suele decir que es el odio, pero, cuando eliminas el miedo, aparece el amor a todo, a las personas y a aquello a lo que te dedicas.
A veces pensamos: “No hagamos esto, por si nuestro público no sabe valorarlo”. Cuando te liberas de esa preocupación aparecen muchas cosas buenas. En ocasiones es tu propia mente la que levanta la barrera y no te permite avanzar. Se trata de quitarnos esos miedos y descubrir todo lo que queda por llegar.
Carlos, cuando hablamos en 2021 por ‘E-L-E-G-Í-A’, comentaba que había decidido escribir sin rodeos y emplear letras más directas. ¿Se mantiene esa intención en ‘Anandamida’?
Carlos Escobedo. Sí. La metáfora siempre ha estado presente en Sôber y continúa funcionando, pero una canción como ‘El beso de Judas’, que habla sobre la traición, presenta un mensaje muy directo. Aunque aparezcan algunas metáforas, plasma con claridad lo que ocurre cuando alguien te traiciona.
Conviene sacar esas experiencias al exterior y no guardarlas dentro, porque entonces el mayor perjudicado eres tú. Debes expresarlas y seguir adelante, aceptando que quizá una relación con alguien a quien querías no pudo continuar.
El paralelismo bíblico con el beso de Judas también nos permitió construir la estética del videoclip. Cada canción contiene un pequeño fragmento de nosotros y responde a un momento anímico. Es bueno que en un disco te puedas expresar tal y como eres, sin ser muy rebuscado. El castellano es muy rico y no hace falta utilizarlo de una manera excesivamente metafórica para parecer más intelectual. Creo que eso también hace las delicias del público, porque le llega desde la primera escucha, no necesita darle una cantidad enorme de vueltas para comprenderlo.
Otro ejemplo es ‘Cae el telón’, que retrata lo que siente un músico cuando baja del escenario. Habla de esos momentos oscuros que todos tenemos y de cómo nos encontramos al llegar solos a la habitación del hotel. Es una parte de nuestro trabajo que normalmente no se ve. Cuando cae el telón y termina la función aparecen todas esas emociones. Expresarlas también funciona como una parte de la terapia para sentirse lo mejor posible.
Hablando de esa canción, ¿cómo viven ese instante en el que terminan la actuación, la adrenalina y el contacto con el público y llega cierta soledad?
Manuel Reyes: El cambio es muy fuerte. Después de un momento cargado de energía y adrenalina, no existe una bajada gradual: el concierto termina y pasas de cien a cero. Es algo que debes aprender a asimilar.
No puedes permanecer siempre en la euforia. Igual que tienes que saber afrontar lo que sucede sobre el escenario, cuando termina debes poner los pies en el suelo y volver a ser la persona de todos los días. Mientras actúas puedes sentirte el dueño del mundo, pero después debes regresar a la realidad.
Jorge Escobedo: Es un proceso. Con el tiempo te acostumbras a ello, aunque afortunadamente nunca se convierte por completo en una rutina. Cada día es diferente. Hay ocasiones en las que cae el telón y todo termina, pero otras veces comienza una fase muy bonita: el encuentro con el público.
Hace poco tocamos en Guadalajara y ya había gente cantando las tres o cuatro canciones nuevas. Ese momento posterior también es mágico. No siempre podemos compartirlo por los horarios, las distancias o los desplazamientos, pero, cuando las circunstancias lo permiten, hablamos con los seguidores. También intercambiamos sensaciones en el camerino: comentamos cómo ha ido el concierto, qué ha funcionado, qué no y qué deberíamos cambiar. Lo que ocurre después de cada actuación depende del propio concierto y de su logística.
¿Y antes de que todo comience, esos momentos previos en el camerino?
Jorge Escobedo. El ritual consiste en máxima concentración y máximo respeto por lo que estás a punto de hacer. Tan importante es cómo cae el telón como la manera en la que se abre y apareces ante el público.
Ese proceso previo también tiene algo mágico. A veces el espectador no es consciente de toda la preparación necesaria para ofrecer un concierto. Puedes llegar al destino, hacer una prueba de sonido a las cuatro de la tarde y no actuar hasta las doce de la noche. Son muchas horas esperando a que se abra el telón. Durante ese tiempo debes ser consciente de que lo que vas a hacer requiere concentración y respeto. Necesitas interiorizarlo y prepararte mentalmente para salir al escenario.
¿Hay muchos besos de Judas dentro de la industria musical?
Carlos Escobedo. Y en la vida. La canción nace precisamente de esa reflexión. No me gusta explicar demasiado las canciones porque a veces puedes romper la interpretación personal de quien las escucha. Todo el mundo se ha sentido alguna vez decepcionado, rechazado o traicionado.
Si preguntáramos aquí, en menos de un minuto aparecerían muchas historias: una pareja que te dejó, un jefe que te trató mal, un amigo al que prestaste dinero... Es algo muy presente en nuestras vidas.
En nuestro caso, la canción surgió al recordar lo que ocurrió cuando hicimos ‘Retorcidos’. Pensamos en aquellos primeros productores, en cómo nos engañaron, nos sacaron el dinero y jugaron con nuestros sueños. Ahí se encuentra la esencia. Sufrimos una traición como grupo y hemos trasladado esa experiencia al momento actual.
Dentro del rock también existen personas que juegan con la ilusión y la devoción de quienes quieren dedicarse a la música. Aprovechan esa energía y esas ganas de demostrar lo que vales.
Jorge Escobedo: Esta mañana venía pensando precisamente en ello porque acaba de publicarse el sencillo y ya estaban apareciendo los primeros comentarios. La gente se pregunta si está dedicado a alguien concreto.
Hasta aquel episodio todos habíamos sufrido decepciones personales, aunque quizá no pudieran calificarse como verdaderas traiciones. Lo que nos ocurrió entonces en el ámbito profesional sí lo fue. Aquello te obliga a pensar a quién dedicas tu tiempo. No afecta solo a las parejas, sino también a las amistades y los negocios. Hay que cuidar mucho a quién entregas tu tiempo, tu cariño y tu confianza. Alguien puede estar regalándote los oídos mientras prepara ese beso que después puede causarte mucho daño.
En la industria musical vivimos muchos altibajos emocionales provocados por sus propios cambios. Hemos estado arriba y después hemos tenido que empezar de nuevo. Hemos trabajado con compañías independientes y con multinacionales. En un momento están regalándote los oídos, todo parece maravilloso y haces entrevistas en todas partes; de repente, la situación cambia. Hay que estar preparado para afrontar esos altibajos. La reflexión de la canción encaja perfectamente con esa realidad.
Los días 15 y 16 de enero ofrecerán dos conciertos en Madrid con repertorios diferentes. ¿Por qué han tomado esa decisión?
Manuel Reyes: Después de tantos años de carrera, preparar un repertorio resulta muy complicado. Siempre hay muchas canciones que deseas incluir y otras que inevitablemente deben quedarse fuera. Es una locura.
No se nos ocurre un regalo mejor, tanto para los seguidores como para nosotros, que ofrecer dos noches en Madrid con repertorios distintos. Hemos seleccionado unas 42 o 44 canciones. Eso nos proporciona un abanico mucho más amplio y nos permite recuperar temas que normalmente se quedarían fuera. Serán dos noches muy especiales, cada una con un repertorio completamente diferente.
Para acabar, también han cuidado mucho el formato físico del disco...
Carlos Escobedo: Será muy especial. Llevamos ocho meses trabajando en él. Es un libro forrado en cuero con una pieza de catorce centímetros que representa un escarabajo de la suerte con una simbología importante para nosotros.
En el interior hay más de cincuenta páginas con diseños muy cuidados. Cada canción cuenta con su propia ilustración y las letras aparecen escritas a mano. Es una especie de cuaderno de notas de un científico loco que lleva mucho tiempo trabajando en un experimento.
El vinilo posee un acabado similar a la madera, muy orgánico. La figura de la portada está pintada a mano, así que no existen dos copias idénticas: en una destacará más el dorado del escarabajo y en otra será algo diferente. Cada comprador se llevará una pieza única y limitada.
Siempre hemos querido ofrecer algo especial a nuestros seguidores. Si alguien compra un formato físico, debe recibir un objeto en el que nosotros también hayamos trabajado y que forme parte de la banda. No queríamos limitarlo a encargar un diseño y esperar el resultado; debía ser algo realmente nuestro.