Personajes

Mario Vaquerizo:

“Es mejor regodearse en la comedia que en el drama”

El cantante debuta en el teatro musical como maestro de ceremonias de ‘Cabaret’. Como el personaje que encarna, apuesta por celebrar, reivindicar la libertad de ser uno mismo y recurrir al humor ante la adversidad

Después de una primera temporada exitosa, el nuevo montaje de ‘Cabaret’ estrena curso con una nueva ubicación. El Espacio Delicias acoge ahora las funciones de un musical que entre sus grandes reclamos cuenta con la presencia del polifacético Mario Vaquerizo como Emecee, el maestro de ceremonias.

En la presentación han dicho que ha sido para usted un orgullo, pero también que le generó vértigo enfrentarse a este papel en ‘Cabaret’.
Yo nunca había hecho nada de este género. Sí he hecho teatro, tengo un grupo de música, sé lo que es un escenario, sé lo que es recibir a la gente, porque yo soy mucho de hablar, pero sí es cierto que me dio un poquito de vértigo.

Cuando me ofrecen cosas que yo no me he planteado previamente, pienso: “¿Por qué voy a hacer esto?”. No me había planteado, con 52 años, ser actor de un musical, así que inicialmente dije que no. Pero cuando vi esa escenografía en la primera temporada, me di cuenta de que me gustaba muchísimo.

Después, por otro lado, era un musical que es un referente para mí, con una banda sonora que forma parte del imaginario de cualquier persona que tenga un poquito de gusto. Fui a ver la obra y me cautivó, tanto que empecé a plantearme que era capaz de hacerlo.

Entonces perdí ese miedo. Reflexionando en mi casa concluí que soy capaz de cantar, de interpretar y de bailar, así que lo que tenía que hacer era incorporar esas tres disciplinas de forma conjunta. Y hacer un personaje que creo que me representa mucho; tengo mucho de Emecee.

¿Cómo describiría a ese personaje?
Mi papel es el maestro de ceremonias de este cabaret. Esto está inspirado a finales de la década de 1920, cuando empieza a gestarse todo el nazismo. Berlín era la ciudad libre, la ciudad donde podías hacer de todo, como pasaba antiguamente en la época de los 80, cuando tú buscabas un mundo mejor que el que te había tocado vivir. La putada ahora es que el mundo está fatal en todos los lados, con lo cual la gente que quiera irse no va a tener opción.

Emecee es un chico raro, que no se siente pleno y desarrollado en el sitio donde le ha tocado vivir y tiene el valor de irse a un sitio donde va a ser bien recibido: en el cabaret. Este espacio, aplicado a mi ejemplo, es el Arca de Vaquerizo. Todos mis amigos, toda mi gente, toda mi forma de pensar, toda mi forma de comportarme, está en ese Arca, porque somos especies a proteger, no casamos con nadie.

Lo que me une a este Emecee es que, ante la adversidad, el sentido del humor te salva la vida. Aunque eres consciente de que hay un drama, es mejor regodearse en la comedia que en el drama. Soy consciente de la realidad y de las adversidades, pero no me regodeo en la adversidad. Trato de superarla a mi manera: actuando, bailando, riéndome de mí mismo, riéndome de la situación. Lo que pasa es que, a veces, esa situación de la que te ríes se acaba imponiendo y te jode la vida.

“Nunca me había planteado ser actor de musical, por eso dije que no al inicio”

¿Cuál es el reto al que le hace enfrentarse?
No soy alemán y no estoy en aquella época. Ese es el reto: interpretar a un personaje en el que se reconozca Mario, porque es imposible no ser Mario, pero tratar de hacer esa labor interpretativa, que es muy gratificante. Siempre cuento el mismo ejemplo. Concha Velasco me dijo: “Tú tienes una capacidad innata para ser actor, lo que pasa es que tú ni te lo piensas. Luchas por ello y lo haces. Y, sobre todo, si vas a cualquier sitio con el guion aprendido, puedes con todo”.

¿Va en su ADN ser maestro de ceremonias?
Sí, yo soy muy maestro de ceremonias. Me encanta recibir. Incluso invito a personas aunque no sea a mi fiesta. Me gusta mucho compartir y celebrar, que no solamente es la risa o la borrachera; celebrar también es conocer a las personas. Me gusta mucho hablar, no creo en el silencio. Creo que muchas veces, hasta incluso en las conversaciones más banales, acabo descubriendo cosas.

Me gusta querer a la gente y, la verdad, me gusta sentirme querido. Soy muy cristiano: lo que quiero para mí, lo quiero para los demás. Me gusta sentirme bien y me gusta que la gente se sienta bien.

También soy muy controlador, pero eso, como algún arranque de mala leche, es algo que trato de corregir, porque no me representa.

Esta oportunidad le llega después de que en 2024 sufriera una dura caída desde el escenario durante un concierto.
La gente no lo entiende, pero fui muy feliz en el hospital. Me lo pasé bomba. Estaba cuidado. Me di cuenta de muchas cosas, como que muchas veces no tenemos presente que estamos aquí de manera fugaz. Pero no me quedaba en eso, sino en que tenía que salir de ahí. Hasta dejé de fumar. Creo que hubo algo de milagro en todo aquello.

“La reivindicación también puede estar en un lado lúdico, no solo en una pancarta”

Después de aquel accidente, ¿cómo se encuentra actualmente?
Bien. Mira, vivita y coleando. Quería que me pusieran más tacón todavía, pero me han dicho que no. En algunos momentos de los preparativos he estado algo nervioso, pero eso es bueno: es necesario ser consciente de hasta dónde puede uno llegar, aunque con humildad y con respeto a uno mismo y a los demás se puede hacer todo. Con lo cual estoy encantado y me lo estoy pasando muy bien.

¿Aquella experiencia le ha hecho valorar más, si cabe, oportunidades como la que ahora le ofrece el teatro musical con ‘Cabaret’?
Sí, desde luego. De hecho, saco un libro ahora, ‘El cardadismo ilustrado’. La gente cree que es una mariconada porque he inventado una filosofía nueva: el cardado me salvó la vida. El cardado, como el cabaret, no deja de ser una protección. ¿A quién albergas en ese cardado? A la laca que mejor te sienta, que son tus amigos.

El cardado, como el cabaret, te permite aislarte del fundamentalismo, de los malos pensamientos y vivir un poco más en tu mundo. La gente no entiende que muchas veces la reivindicación puede también estar en un lado lúdico, que no solamente se puede manifestar con una pancarta.

Yo, hablando en femenino, estoy reivindicando mucho, y llevo haciéndolo desde hace 25 años. Haciendo un grupo como Nancys Rubias también estoy reivindicando, pero no con la intención de aleccionar, sino de mostrarme tal y como soy, porque la reivindicación empieza en uno mismo. Eso sí, manifiestos no firmo ninguno, porque no todo el mundo me representa; ante una misma causa hay muchos matices. No soy un frívolo por no firmar un manifiesto, al contrario, soy muy serio porque sé lo que conlleva esa firma.

Creo que hay que buscar un poco de coherencia. En estas situaciones en las que estamos, la gente a mí me resulta incoherente, como yo puedo resultarlo también a los demás, pero trato de escuchar, y últimamente no se escucha nada. Yo no creo en los dogmas. Está todo tan dogmatizado últimamente que por eso me vengo al cabaret, porque aquí no hay dogmas. Aquí solo hay una premisa: “Sé tú mismo, con educación y con respeto”. Por eso creo que un cabaret hace mucha falta en estos días.

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