Personajes

Nacho Guerreros:

“Creo que si viviera en este 2026, Lorca también tendría perfil en Instagram”

El actor protagoniza, junto a Ana Arias, en el Gran Teatro Pavón ‘Bestseller. La obra que Lorca nunca escribió’, una comedia que señala la obsesión por la viralidad

El gran peso que hemos atribuido a la tecnología ha generado, entre otras cosas, una obsesión por la viralidad y el éxito inmediato. Ese es uno de los ejes de ‘Bestseller. La obra que Lorca nunca escribió’, una comedia que llega al Gran Teatro Pavón bajo la dirección de Gabriel Olivares y en la que un escritor acomodado se pone en manos de una ‘community manager’ dispuesta a darle la visibilidad que necesita. Nacho Guerreros y Ana Arias nos hablan de esta peculiar obra.

¿Cómo afrontan este estreno en el Gran Teatro Pavón?
A
na Arias:
Como es una obra que ya hemos probado con el público y hemos pasado por varias ciudades, hay nervios, pero no esa sensación extrema que se tiene cuando estrenas en Madrid y nadie la ha visto todavía. Los nervios son necesarios, llevo haciendo teatro entre veinte y treinta años y nunca se me han quitado.

Nacho Guerreros: No, eso no se quita. Una cosa son los bolos fuera y otra es enfrentarnos aquí a nuestros compañeros y vecinos. Está muy bien venir a Madrid porque nos da la oportunidad de hacer temporada. Tenemos funciones de miércoles a domingo, seis funciones semanales. Eso hace que quizá le pierdas, no el miedo ni el respeto, pero sí que todo vaya saliendo de manera más orgánica y el engranaje esté mucho más ajustado.

¿Qué ha sido lo más complejo a la hora de encarnar a este escritor y a esa community manager?
A. A.: Para mí, la parte física, porque el director me exigía muchos cambios en ese sentido. El personaje no tiene nada que ver conmigo ni con ningún otro que haya interpretado antes, tanto en la composición física como incluso en la voz. Me pedía cosas muy alejadas de mí. Por ejemplo, tuve que dar clases de voz aparte. Gracias a dios en su día estudié interpretación gestual y he tenido que recuperar muchas cosas que hacía tiempo que no aplicaba.

N. G.: En mi caso, creo que la primera dificultad fue entender y comprender al personaje. En principio, yo había planteado a un hombre que iba por delante de las situaciones que se le presentan y que era mucho más espabilado de lo que realmente es. Es algo que me costó. Parece mentira viniendo de hacer una serie de televisión en la que al personaje le cuesta comprender ciertas cosas. Creo que Gabriel construyó, además con mucho acierto, a este señor que vive en una zona de confort y que es bastante inocente en algunos de los aspectos que se plantean.

El director, Gabriel Olivares, la ha definido como una “alta comedia”. ¿Sería posible plantear esta crítica sin recurrir a este género?
A. A.: Habrá grandes escritores capaces de hacerlo, pero yo no me lo imagino. Es verdad que la comedia es el mejor vehículo, desde mi punto de vista, para criticar sin que duela tanto.

N. G.: También existen series que, curiosamente, se han adelantado a los acontecimientos hablando de las redes sociales y del comportamiento de la sociedad actual, como 'Black Mirror', por ejemplo. Han ido muy por delante al contar de una forma descarnada y muy cruda la sociedad a la que nos íbamos a enfrentar. Creo que resulta mucho más amable y menos deprimente si te lo cuentan de esta forma, a través de un escritor que quiere salir de su zona de confort, necesita ayuda urgentemente y se enfrenta a todas esas situaciones. En realidad es una sátira con muchas cosas bufonescas, eso ayuda mucho a que el público lo digiera de otra forma.

Tenemos a un escritor frustrado cuya mujer le hace ver que tiene un problema de visibilidad y a una community manager que intenta paliar esa deficiencia. ¿Cuál de los dos tiene más razón?

N. G.: No sé si está frustrado, porque ha publicado 16 novelas. Por tanto, tiene una carrera, aunque tampoco aspira a más. Creo que es un escritor que está dentro de la mediocridad. No le va ni bien ni mal, pero necesita un empujón fuerte, económicamente hablando, porque su mujer empieza a estar ya un poco mosqueada. Fíjate, es un escritor que escribe a máquina. Es lo primero que se ve de él y eso define muy bien al personaje. No le queda otra que aceptar, muy a regañadientes, todo lo que la community manager le propone.

En el título de la obra se menciona a Lorca. Estamos en el centenario de su asesinato y muchas veces se utiliza su figura como reclamo. ¿Estamos abusando demasiado de ello?
N
. G.:
“Estamos usando a Lorca de una manera descaradamente oportunista”. Es una frase que dice mi personaje en la obra. El personaje de ella contesta: “Tú no estás al tanto de la cartelera teatral”.

Si Lorca viviera actualmente, en pleno 2026, ¿tendría perfil en Instagram?

N. G.:
Imagino que sí. O lo habría abierto él o se lo llevaría su agencia de prensa, pero creo que sí.

A. A.: Eso me pasó a mí. Yo no tenía Instagram, me lo abrió la agencia de prensa y me vi obligada.

En esta época en la que todo se mide en seguidores y visualizaciones, ¿Lorca sería también un autor de best sellers o escribiría para un público un poco más underground?

A
. A.: A mí Lorca me parece tan sumamente bueno, un genio tan increíble, que creo que sí estaría triunfando. No puedo imaginar un texto de Lorca que no te llegue a las entrañas. Por eso creo que sí. Cuando algo es realmente excelente, traspasa el tiempo y es universal. Lo fue en su momento y creo que también lo sería hoy.

¿Se da también el caso contrario? Es decir, ¿damos demasiada visibilidad a personas que quizá no tienen tanto talento?

N. G.:
Todos los días.

A. A.: Las redes sociales también se encargan un poco de eso. Quizá se opaca el talento y se da mucha visibilidad a algo que es intrascendente.

¿Qué papel jugamos los medios de comunicación en ello? Lo digo entonando el mea culpa, porque estamos muy pendientes de fenómenos virales.

A. A.:
Hay una cuestión muy importante que también aborda nuestra función: qué es lo que vende. Muchas veces no tiene que ver con lo que es importante, ni siquiera con lo que es verdad. Incluso existen medios cuyo relato va en una dirección u otra dependiendo de dónde proceda el dinero. Ahora mismo vivimos un momento en el que resulta difícil confiar. No sé si estoy siendo muy dura.

N. G.: Sí, estoy de acuerdo, aunque es cierto que hay medios en los que hay que captar cierto instante para darle visibilidad y, después, se va desvaneciendo poco a poco. Creo que era Churchill quien decía que las noticias de hoy mañana sirven como papel para envolver pescado. Ahora se consumen incluso antes de que llegue mañana. Ya tenemos que construir otro relato.

A. A.: La paradoja de esta función es que yo interpreto a su mujer, pero en la vida real él es quien me orienta a mí con Instagram: “Esto ya ha caducado”, “no pongas una foto de esta mañana”... Hay que captar ese momento.

¿Cómo llevan esa fugacidad relacionada con su trabajo? Como público rápidamente demandamos la siguiente temporada o película...


N. G.: A mí también me pasa como público, así que puedo entenderlo.

A. A.: A mí también me ocurre como espectadora. Quiero conocer enseguida el desenlace de determinadas historias o llegar al final de un libro. Creo que también es algo muy intrínseco a nuestra sociedad. Vivimos instalados en la rapidez y la inmediatez. Todo tiene que ser ya, no podemos esperar. Estamos en un restaurante y queremos que todo llegue inmediatamente, sin pensar que lo más rico y sabroso se cuece a fuego lento.

Trato de luchar mucho contra eso porque está completamente impregnado en todo. Por ejemplo, cuando educo a mis hijos intento que aprendan a esperar. Intento aplicármelo a mí misma. Me asusta la inmediatez.

N. G.: A mí también. Las obras de teatro tienden a ser cada vez más cortas porque parece que nadie aguanta una hora y media en una sala. Queremos terminarlo todo cuanto antes para empezar inmediatamente otra cosa. En eso tienen muchísimo que ver las redes sociales.

A. A.: Buscamos un impacto inmediato, algo sorprendente que suceda en tres segundos.

N. G.: Exacto. Si no ocurre, la gente pasa al siguiente contenido.

A. A.: La única red social que uso es Instagram y me veo pasando los vídeos rápidamente, casi sin tiempo para verlos. Es exagerado. A este paso nos quedamos sin cerebro.

N. G.: Mira el informe PISA que ha salido esta semana. Estamos perdiendo capacidades. Los alumnos van muy por detrás de donde deberían estar en determinados campos, como la ciencia o la comprensión lectora.

A. A.: ¿Cómo es posible que los padres permitan que los niños pequeños estén con el teléfono solamente para que se callen? Veo a niños en el carrito mirando un teléfono en lugar de observar el mundo y se me cae el alma a los pies. Todos tenemos cierta responsabilidad en la educación de esos niños. A veces hablo con las madres: “Oye, que la corteza prefrontal deja de desarrollarse”. Porque ese niño que está desarrollando únicamente la mitad de su cerebro será quien nos gobierne mañana con medio cerebro. No somos conscientes del brutal problema que se está generando.

Hablando de redes sociales, muchas veces se dice que tendemos a mostrar únicamente las cosas buenas y evitamos hablar de los días malos. ¿En el mundo actoral también existe ese postureo?
A. A.:
De puertas para dentro nos encanta quejarnos. Por ejemplo, vas a maquillaje y, en lugar de contar lo bueno que te ha pasado, todo son quejas.

N. G.: Creo que muchos compañeros no hemos sabido retratar muy bien la profesión a la hora de mostrarla hacia fuera. Siempre enseñamos, no ya lo mejor, sino quizá lo más superficial: una alfombra roja o un estreno. No mostramos el trabajo real de esta profesión, que requiere una disciplina y una concentración enormes. Exige poner el foco muy intensamente en ella porque, si no, no estás.

No solo es difícil llegar, que lo es, sino también mantenerse e intentar encadenar un proyecto tras otro y que eso tenga trascendencia e importancia. Para conseguirlo tienes que estudiar, ensayar, representar, salir de gira y combinarlo con la serie o la película que estés haciendo.

Al mismo tiempo, debes tener ciertas inquietudes culturales. Creo que los actores y las actrices pertenecemos al mundo de la cultura y tenemos que contar con determinadas inquietudes y mostrarlas. Si pertenecemos a este ámbito, debemos poseer unos conocimientos mínimos.

A. A.: Después vas a los Goya, preguntas sobre cine a gente que va a la gala y no saben decirte ni una película.

N. G.: Pertenecemos a una de las profesiones más antiguas del mundo y tenemos que saber constantemente quiénes nos han precedido. Ahora preguntas a muchos compañeros quién fue Rafaela Aparicio, que para mí fue una grandísima actriz, o por Gracita Morales o por Garci, que está vivo, y no saben responderte. Esos referentes son necesarios porque, de alguna forma, también somos ellos.

Volviendo a la obra, ahora que han pasado por diferentes ciudades, normalmente se sabe cuándo un determinado gag va a conectar con el público. ¿Ha habido algún momento de risas que les haya sorprendido?
A. A.:
Las risas cambian dependiendo del público. Hay espectadores que se ríen en un momento determinado y otros de los que esperas una reacción en ese mismo instante, pero la risa aparece después.

N. G.: Sí, es cierto. Creo que también lo iremos comprobando conforme avance la obra y el engranaje se vaya ajustando, porque llevamos pocas funciones. Creo que hemos hecho siete. No está mal para venir a Madrid. Sí hay alguna carcajada general, por ejemplo, en un momento que yo no pensaba que iba a funcionar así, cuando tú me pones esa cosa. La gente siempre se ríe y yo no pensaba que fuera a provocar esa reacción.

A. A.: Desde dentro no eres consciente de lo que estás haciendo, lógicamente. Cuando ensayábamos, yo tenía la necesidad de que viniera gente para ver qué estábamos haciendo, si estábamos metiendo la pata o si íbamos por el buen camino. Confiaba plenamente en el director, aunque había cosas muy locas y me ha exigido mucho.

Nacho, usted también se ha implicado en esta obra como productor. ¿Qué le llevó a dar ese paso?

N
. G.: Comencé en la producción porque quería hacer mis propios proyectos. Desde crío quería ser actor y pertenecer al mundo del espectáculo, pero también quería tener mi propia compañía.

Formé una productora para generar proyectos teatrales y, además, interpretarlos. Quería invertir parte del dinero que ganaba en la serie de televisión y en otros trabajos en mi propia pequeña empresa. Fundé Producciones Rokamboleskas e hicimos 'Juguetes rotos'. Nos fue muy bien porque estuvimos cinco años, hicimos más de cuatro temporadas y recorrimos España. También salimos fuera, a México y Colombia. Eso dio pie a querer hacer otros proyectos curiosos. Yo quería montar mis propios proyectos. Después tuve que crear, por otros motivos, otra productora, Mister Chaise Longue.

La comedia es más fácil de vender. Me interesaba hacer una y por eso puse en marcha esta obra. Había leído el texto, me pareció muy gracioso y actual y pensé que iba a conectar con el público.

Estamos al comienzo de la temporada, lo que significa que habrá muchos estrenos y obras que permanecen en cartel desde el curso anterior. ¿Qué podemos decirle al público para convencerlo de que venga al Teatro Pavón a ver esta obra?

A
. A.: Una de las funciones principales del teatro y del arte consiste en colocar un espejo delante de la sociedad y provocar un debate. Esta función lo hace y eso es fundamental. Sobre todo, plantea un debate acerca del postureo y de qué importa más: la verdad o lo que aparentas. Es algo que está tan a la orden del día que considero necesario hablar de ello.

Además, el público se lo va a pasar muy bien. La obra ofrece varias lecturas porque no habla únicamente de las redes. De repente aparecen comentarios y referencias a cosas mucho más antiguas que quizá desconciertan a los jóvenes, mientras que las personas mayores las reconocen. Es un poco una puya contra todo: la política, el postureo y el mundo de la cultura.

N. G.: Nos gustaría señalar que después tenemos muchísimos bolos por toda España, de momento hasta junio de 2027. Pasaremos por muchos puntos diferentes de la geografía española, así que esperamos que la gente venga a vernos.

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