El actor y cómico forma parte del elenco de ‘Pero no se lo digas’, una comedia dirigida por Borja Rodríguez. Se puede ver, de martes a domingo, en el Bellas Artes
Agustín Jiménez:
“La comedia también se crea desde las tragedias que les suceden a otros”
Han pasado más de 25 años desde que The Refrescos popularizara una canción, ‘Aquí no hay playa’, cuya letra, en cierto modo, sigue vigente. Es cierto que a la capital le falta costa, pero también que tiene “mil cines, mil teatros, mil museos”, una oferta cultural que refrescará este cálido verano de 2026. Una de las propuestas más sugerentes se puede disfrutar en el Teatro Bellas Artes. Se trata de ‘Pero no se lo digas’, una comedia que llega a Madrid tras conquistar diferentes escenarios de España. Hablamos con uno de los actores, Agustín Jiménez.
Han estado de gira y llevan ya algunas funciones en el Teatro Bellas Artes, pero por si alguien todavía no lo sabe, ¿qué es ‘Pero no se lo digas’?
Es una comedia salvaje. En esa categoría metemos a una pesadilla cómica que vive mi personaje con un matrimonio. Es una especie de secuestro legal y a tiempo real. Son de las actuaciones más difíciles porque mi personaje va sufriendo en vivo, no pasa un tiempo ni hay una transición, y encima se va emborrachando. Esto último es algo que hemos cuidado mucho, es una borrachera in crescendo.
Hay comedia, también una parte de ‘thriller’... ¿Es esa capacidad de sorpresa uno de los puntos fuertes del texto?
La sorpresa es que piensas que vas a ver a unos amigos que te van a acoger y estas personas son deleznables, lo peor sobre la faz de la tierra. A este hombre, en vez de ayudarle, ya que viene de una ruptura amorosa, realmente le están echando encima paladas y paleadas de dolor. Es muy divertido verlo, lo reconozco, desde fuera veo a la gente llevarse las manos a la cabeza y pensando: “No puede ser que le acaben de hacer eso”. Es muy real. Están como una cabra, de hecho hay un momento que mi personaje se lo dice tal cual. Todo eso se ve en la obra.
Su personaje llega devastado por una ruptura amorosa. ¿Se puede pasar de las lágrimas a las risas?
Mi personaje dice, al principio, que está bien, se consuela diciendo que no es el primero ni el último al que dejan. El problema es que se enfrenta a esta situación. Yo creo que ni siquiera una persona que esté bien anímicamente podría soportar este infierno al que le someten. Me parece que al autor le sucedió algo parecido. La gente se ríe mucho viéndome sufrir.
¿Qué ha sido lo más difícil a la hora de meterse en la piel de ese personaje?
Creo que lo más difícil son dos cosas. La primera es el silencio, la escucha, es un personaje que tiene muy poco texto, salvo al final, que tiene una especie de monólogo. La segunda es la borrachera, que siempre supone una asignatura para los actores y actrices porque intentamos que no se quede en clichés. Además, es una borrachera gradual, no es que ese personaje entre el escenario ya con ella incorporada. También tengo que llevar al drama al personaje, y eso me gusta mucho. La comedia también se convierte desde cierta tragedia de otro. Por eso funciona muy bien.
La crítica destaca la buena química que tienen entre los tres actores. ¿Eso se tiene o se puede crear?
Se puede tener, a veces no, pero en este caso concreto hay un director, Borja Rodríguez, que ha creado unas dinámicas de trabajo impresionantes que tienen que ver con la escucha. Se nota que es una persona que sabe dirigir a actores. En este oficio solemos decir que tenemos guardias de tráfico, gente que se limita a decir dónde debes ponerte, pero en este caso tenemos un gran director de actores. Ha sabido a cada una de nuestras personalidades darle un lugar en la función. En mi caso concreto me decía que tenía que escuchar. Le sorprendió bastante, vio que soy una persona que le doy mucho valor a las pausas y a los silencios, algo que está bastante presente en mi carrera como cómico. Mis otros dos compañeros tienen en el escenario unos retos increíbles, eso se tiene que ver y yo tengo que escucharlos y verlos. Esa química se ve en escena.
Los tres actores cuentan con gran experiencia sobre el escenario, conocen muy bien los tiempos que conlleva esa comunión con el público. ¿Les ha hecho más fácil ese conocimiento llevar esta obra a las tablas del teatro?
Al poner ese texto en pie ya había mucho corte, pero que tenía más que ver con la duración de la obra. Los personajes se tenían que mostrar. En mi caso soy el recogedor. El texto ha ayudado mucho porque hay cosas muy disparatadas pero reales, que es algo en lo que hago mucho hincapié, no son marcianadas, son cosas que sí suceden. Ocurre que vas a casa de una pareja que se puede poner a discutir delante tuya, te hacen jugar a cosas que no quieres, incluso te hacen beber cuando no te apetece o no quieres y te cuentan cosas que no quieres escuchar. Todo eso está en el texto y es el gran hallazgo del autor. Me divierte mucho porque lo sufro.
Si vamos al título de la obra, ¿podemos decir que esa frase, “pero no se lo digas”, ha perdido el sentido original?
Sí, creo que sí. Hay una frase que he escuchado en muchas ocasiones: puede más que sepan que sabes un secreto que guardarlo. En la obra hay un momento que el público se ríe porque el marido repite esa frase y yo le digo un “sí, vale, otra vez, ya está bien”. Es un título que está muy bien puesto. Es el prefacio de “te lo voy a contar porque si no reviento”. Que usen a una persona que no ven en tres años para hacer esto no tiene nombre.
Quizás mucha gente se vea reflejada en ese matrimonio de Laura y Paco. Ese hastío y la falta de comunicación que reflejan, ¿es fruto de nuestro tiempo o considera que es algo que se ha dado históricamente en parejas de larga duración?
No, creo que es fruto de nuestro tiempo. Hubo un tiempo, en pandemia, donde muchas parejas se vieron de frente y tuvieron que pasar tiempo juntas, ya que normalmente coincidían muy poco, hacían vida casi aparte. En esta pareja se va a ver reflejada mucha gente. Por ejemplo, en la relación que tienen con los hijos, la que tienen entre ellos mismos, a la hora de hablar el uno del otro, el hastío, la desidia... Hay un momento en el que mi personaje dice “os amáis tanto que os odiáis”.
¿Hay antídoto para el abuso de confianza?
Para el abuso de confianza no hay antídoto porque les has dado la mano y se han tomado el brazo, así que lo mejor es no dar nada, ser un poco egoísta. Es una habilidad social saber cuánto terreno estás cediendo.
Hay gags que se sabe de antemano que van a funcionar, pero quizás hay otros que son más arriesgados. ¿Ha salido al escenario, en alguna ocasión, con el temor a que algo no funcione con el público?Sí, siempre está la duda. La intuición y la técnica ayudan mucho. Saber si algo va a funcionar o no tiene que ver con la intuición y el conocimiento, hay algo que te invita a pensar cómo se tiene que decir algo de una manera concreta. Puede haber dudas cuando hay frases que no has usado nunca o no las has testado anteriormente en público, tienes que ir viendo qué funciona y qué no. Yo ya sé qué gags van a funcionar en esta obra porque ya los hemos testado, pero al principio te sorprende. Detrás de eso hay un trabajo que nosotros llamamos orquestar una comedia. Consiste en orquestar las carcajadas y dejar un espacio justo para que el espectador se dé cuenta de que está disfrutándolo.