Javier Veiga y Marta Hazas protagonizan ‘Un matrimonio sin filtros’, una obra en la que sus personajes deciden poner fin a 15 años de relación con un escollo importante: la casa que comparten. Ya puede verse en el Teatro Maravillas
Javier Veiga:
“Las peleas de pareja se tienen igual en un palacio que en un piso de 40 m2”
Pareja dentro y fuera de la ficción, Javier Veiga y Marta Hazas vuelven a explorar las relaciones sentimentales en ‘Un matrimonio sin filtros’, una comedia ácida, honesta y profundamente reconocible sobre la vida en pareja, la convivencia y la hiperconectividad que está disponible en el Teatro Maravillas.
Después de un breve paso por Noya, ¿con qué sensaciones vienen a Madrid?
Marta Hazas: Con muchas ganas. Tuvimos la experiencia de poder probar la función en Noya en cuatro funciones y fue un gustazo, fue puro rock and roll escuchar las carcajadas del público. Me apetece mucho traerla a Madrid y volver a hacer teatro.
Javier, ¿cómo nace el texto de ‘Un matrimonio sin filtros?
Javier Veiga: Es casi como un encargo, siempre me pongo a escribir a partir de alguna idea que tengo en la cabeza y que quiero contar, pero en este caso Marta estaba empeñada en que hiciésemos una obra de teatro juntos, mano a mano. Por eso me lo he tomado así, casi como un encargo. A partir de ahí empecé a escribir algo que tuviera que ver con nosotros, con la pareja, con lo cotidiano.
Marta, ¿intervenía durante el proceso de escritura?
Marta Hazas: No, soy muy respetuosa con los guionistas, con la gente que se dedica al noble arte de la escritura. A todos nos encanta y fantaseamos con escribir algo para desarrollar una idea que tenemos, pero al final escribir una ficción de hora y media es un trabajo enorme, supone pasar muchas horas con el culo pegado a una silla. Yo leía lo que Javi iba escribiendo, le daba mi opinión y debatíamos cosas, pero confiando siempre en su trabajo. Teníamos muy claro qué temas queríamos tratar.
¿Qué reacción le produjo la primera lectura completa del texto?
Marta Hazas: Para empezar, como partía de una idea mía, tenía miedo de que no me gustara (entre risas), porque cuando algo no me agrada se me nota mucho en la cara. Pero empecé a leer y me reía sola imaginando las escenas en voz alta. Me encantó, me pareció genial. Eso sí, Javi escribe largo y tuvimos que recortar porque duraba casi una hora y cuarenta y cinco, nos ha dado pena renunciar a ciertas escenas, es un material tan bueno que estoy deseando usarlo, aunque sea para otra cosa. Es una comedia muy ácida, muy divertida. Las parejas suponen un foco de conflicto desde siempre.
Javier, ¿puede haber, por tanto, una secuela?
Javier Veiga: No, una secuela como tal, no. Esto lleva un sello nuestro, es un estilo y una forma de comedia que a mí particularmente me gusta, así que esto no es una secuela de la serie ‘Pequeñas coincidencias’, pero somos un matrimonio con conflictos. Es algo inevitable que esté ese aroma cuando interpretamos a una pareja que vive en una ciudad y de clase media porque se parecerá mucho a nosotros y a aquello que hayamos hecho juntos.
A partir de esa experiencia en Noya, al margen de las risas, ¿hay alguna reacción del público que les haya sorprendido?
Javier Veiga: Más o menos se dio lo esperado, la gente reía donde pensábamos que lo iba a hacer, aunque hay algunas ocasiones en las que no te lo esperas. Sí noté a la gente tocada en el sentido bonito por la historia que contamos, que era algo que, en cierta manera, les había reconfortado.
Marta Hazas: Es cierto, al margen de esa autocrítica, los espectadores nos dijeron que era muy bonito y que había sido un disfrute verlo.
El entretenimiento es una de las patas de la obra, pero, ¿consideran que también da pie a la reflexión?
Marta Hazas: Sí, sin ninguna duda. Todo el mundo que salió de ver la función miró inmediatamente en sus teléfonos móviles los datos del tiempo de uso. Más allá del móvil, a lo que todos somos adictos, te planteas cosas con tu pareja, sobre todo en cómo ves la paja en el ojo ajeno, en este caso el filtro, y no en el tuyo.
Esa crítica al uso abusivo que hacemos del móvil es obvia. ¿Creen que puede acabar con una relación de pareja?
Javier Veiga: No es que vaya acabar por sí mismo con una relación, pero por las personas en que nos estamos convirtiendo, todos, por el uso de las redes sociales y el teléfono móvil se hacen mucho más difíciles las relaciones personales. Tenemos una relación endogámica con la tecnología que dificulta sacar tu lado social.
Marta Hazas: No sé si destruye las relaciones personales, pero, desde luego, sí las enfría, genera una incomunicación.
Aludían anteriormente a la inspiración que supone una relación de pareja para escribir ficción. ¿Consideran que en algún momento se puede agotar esa fuente?
Javier Veiga: Desde los griegos llevamos haciéndolo. El tema principal de todas las comedias y todas las ficciones en general son las relaciones humanas, especialmente en pareja, que son infinitas. Es el ámbito al que más tiempo dedicamos, lo que más nos mueve y motiva. Hablar de ello es lo natural.
Conociendo tan bien a los dos personajes de la obra, ¿cuál de los dos merece quedarse con la casa?
Marta Hazas: Es difícil. A ratos estoy a favor de uno, y a ratos, a favor del otro. No sé quién se merece más quedarse con la casa, la verdad. Esa casa sí merece tener a esas dos personas ahí haciendo hogar, son el uno para el otro.
¿Conocen parejas que, una vez rota la relación, se ven abocadas a continuar bajo el mismo techo por una hipoteca?
Marta Hazas: Yo sí.
Javier Veiga: Por desgracia la vivienda es ahora mismo un drama en España, por lo que separarte supone un problema añadido, porque no sabes dónde ir. Tener una casa a medias te une por dos motivos, por tener un compromiso con la otra persona y por una cuestión meramente económica.
Hay una frase que dio título a un disco de El Último de la Fila: cuando la pobreza entra por la puerta, el amor salta por la ventana. ¿Comparten esa idea?
Javier Veiga: Evidentemente tener dificultades económicas te puede llevar a tener bronca por cosas que, en otra situación más boyante, no tendrías. Pero la gente se ha separado siendo rica y pobre, y las peleas las tienen igual el que vive en un palacio y aquel que comparte un piso de 40 metros cuadrados. No sé si hay estadísticas al respecto, pero estoy convencido de que no habrá grandes diferencias de separaciones entre ricos y pobres, no creo que sea un matiz diferenciador. Otra cosa es que sea una fuente de conflicto peor el agobio de tener que pagar una factura a decidir si me compro un Ferrari o un Porsche.
Dentro del gran abanico de ‘realities’ que hay en televisión, hay alguno que pone el foco en la pareja. ¿Hemos cruzado ya esa línea que se expone en esta obra de teatro?
Marta Hazas: Sí, creo que hemos cruzado la línea de la intimidad. Se han hecho ya tantos ‘realities’ que la gente está resabiada, tanto que ya entran para hacer una ficción, así que ya no lo llamaría telerrealidad, es casi un culebrón improvisado.
Javier Veiga: Hay cantantes, actores y, ahora ya, personajes de ‘realities’; ha pasado a ser un oficio en sí mismo.
¿Ayuda o perjudica el hecho de estar los dos solos en el escenario en esta obra, que no haya un respiro?
Marta Hazas: Ayuda que tenemos unos vídeos con unos cameos audiovisuales sobre los que no quiero hacer ‘spoiler’. Eso ayuda muchísimo a dar aire a la obra. La comedia se pasa muy rápido por las situaciones que plantea. Incluso algunas señoras en Noya nos preguntaron por qué duraba tan poco.
Son pareja en el escenario y fuera de él. ¿Hay algo que hayan descubierto el uno del otro por ese vínculo profesional?
Marta Hazas: Llevamos muchos montajes juntos, en lo audiovisual como en el teatro. He descubierto que Javier es un trabajador incansable, casi adicto, cuida hasta el mínimo detalle.
Javier Veiga: Realmente nos conocimos trabajando, así que más bien ha sido al revés, he descubierto cosas de Marta como persona que no intuía cuando la conocí a nivel profesional.
Un mensaje final para el público.
Javier Veiga: Que vengan a verla. Se van a reír mucho, estoy seguro de que van a pasar un buen rato riéndose, esto es, por encima de todo, una comedia, pero, además, la van a rentabilizar porque van a tener una buena charla después, durante la cena posterior.