Personajes

Antonio Banderas:

“El teatro es un espacio para la verdad en tiempos de la inteligencia artificial”

El actor malagueño da un giro de tuerca al musical ‘Godspell’, alejándose de la liturgia para centrarse en el mensaje humano. Se puede ver en el Teatro Pavón

Antonio Banderas presenta una nueva y profundamente personal versión de ‘Godspell’, en la que revisita el musical desde la ligereza, el humor y el juego teatral, alejándose de la liturgia para centrarse en la palabra y el mensaje humano. El actor y director reflexiona sobre intolerancia, espiritualidad, el impacto de la tecnología en la atención y la necesidad de defender la cultura como herramienta de pensamiento crítico en un mundo cada vez más acelerado.

‘Godspell’ se estrenó en el Teatro del Soho en noviembre de 2022. ¿En qué ha cambiado este montaje?
Aquella era la mano y la mirada de Emilio Aragón, y esta es una mirada mía, muy personal. Lo que más se parece es el decorado. Yo no digo cuál es mejor o peor, para nada: son distintos. En este montaje le he dado al grupo una identidad. Antes no se sabía muy bien de dónde partían aquellas personas. Ahora es un grupo de actores que se refugia en medio de un conflicto, en una iglesia en ruinas. Eso lo cambia todo.

¿Qué le permite ese cambio de enfoque?
Me permite jugar continuamente con guiños al público. Aparecen dos personajes enigmáticos, incómodos en algunos momentos, como son Juan Bautista y Judas, son antagónicos, pero ambos entienden que tienen que jugar juntos. Si no lo hacen, no se produce lo que tiene que producirse. Cada uno tiene su símbolo, uno lleva una cruz y el otro acarrea una soga de un lado a otro. Hay un juego constante con el espectador, porque ellos dicen ser actores. La compañía los recibe un poco asustada, surge un conflicto y, de repente, uno dice: “Nosotros somos simplemente actores”, y Jesús responde: “Yo también”.

Habla de una “limpieza” del texto original. ¿A qué se refiere exactamente?
He limpiado mucho todo lo que tiene que ver con la liturgia formal. Por ejemplo, expresiones como “en verdad, en verdad os digo...” se ha sustituido por frases como “chicos, quiero deciros algo”. He pasado un peine enorme al texto para hacer que la obra fuera más ligera, que no tuviera el peso específico eclesiástico, sino de concentrarnos en lo que realmente este hombre dijo: la palabra, el humor, la ligereza. Se puede hablar de humildad, de amor, de esperanza, sin ese peso específico de lo trascendental entendido como algo solemne.

El Jesús que plantea parece muy distinto.
Es un Jesús que permite que este grupo incluso a veces se burle un poco de él, y le hace gracia. Está jugando. De hecho, hay una frase que escribí yo: “Actuar es juego, vivir es juego. Vamos a jugar”. Y ese juego es absolutamente teatral. He acortado, he quitado palabras complicadas, he apretado mucho la obra para que no durara tanto, he apretado mucho los tornillos, he cambiado prácticamente todo. Queda muy poquito del espectáculo de Emilio, básicamente el decorado.

Es un espectáculo con 16 números musicales. ¿Cuántas horas de trabajo hay detrás?
Muchas. Son muchísimas horas que sólo se sostienen con gente muy profesional, a pesar de la juventud. Son chavales que llevan cantando y bailando desde muy jóvenes, desde los siete u ocho años. Tengo aquí artistas que vienen de escuelas como la ESAEM de Málaga. Gente a la que vi hace tres años en una ‘performance’ de final de curso y que ahora están haciendo cosas increíbles, como Paula Díaz, que canta un blues tremendo. Es un tema que en la versión de Emilio se hacía con un ukelele, pero aquí lo he llevado más al blues a piano.

También ha reforzado personajes como Judas.
Sí. Judas hace lo que tiene que hacer, pero es necesario para Jesús, así que los dos funcionan conjuntamente. Para hacer que el mensaje cale, Jesús no puede morir en una cama; necesita ser traicionado y crucificado. Por ello, se necesita un traidor, y ese personaje le ha tocado a Judas. Hay un momento en las Bienaventuranzas en el que Judas le dice a Jesús: “Bienaventurado tú, que te han dado un personaje mejor que el mío”.

“Para hacer que este mensaje cale, Jesús no puede morir en una cama”

‘Godspell’ habla, entre otras cosas, de amor y tolerancia. ¿Qué ha cambiado más desde los años 70, cuando se estrenó el montaje original, hasta hoy?
Creo que somos más intolerantes ahora. Lo que sucede es que, dentro de esa intolerancia, no podemos jugar muy fuerte, antes el mundo se permitía incluso guerras mundiales. Hoy hay más controles, pero también armas mucho más poderosas. Estados Unidos mueve sus piezas, pero no sabemos qué armamento tiene China, por ejemplo. El equilibrio se mantiene por esa tensión de un posible conflicto bélico a gran escala. Las fichas del ajedrez se mueven en países que no son los suyos: Ucrania, Nigeria, Sudán, Yemen, Gaza, Venezuela...Cuesta mucho trabajo que alguien se lance a por todas porque la destrucción sería total.

¿Con qué se queda: con la verdad teatral o con la verdad espiritual?
Creo que van muy unidas. Si lo pensamos bien, el teatro tiene más de mil años más que la historia de Jesucristo. El teatro nace como un hecho casi religioso y espiritual. Por ejemplo, en los teatros romanos y griegos, por sus puertas centrales, entraban los dioses, por allí no accedía la gente normal. El teatro tiene mucho que ver con la unión y especialmente ahora, que con la inteligencia artificial ya no sabemos qué es verdad y qué es mentira; el teatro es un espacio para la verdad. Hay muchas verdades según quien ha escrito la obra y su ideología, pero hay una verdad objetiva: un grupo de personas frente a otro grupo de personas. Eso es irreemplazable y no va a cambiar. En una época donde la inteligencia artificial se lo está comiendo todo, eso tiene un valor precioso. Para eso hay que hacerlo con una cierta dignidad.

En este sentido, en el Teatro del Soho defienden un modelo muy concreto.
Desde el principio, en el Teatro del Soho Caixabank decidimos que nuestra política era clara. No queremos contar con dinero público, trabajamos con inversión privada, algo que aprendí de Estados Unidos. Allí no hay dinero público para las artes, no habrás escuchado hablar jamás, de un teatro nacional o un ballet nacional. Pero esa fórmula funciona, tal y como demuestra Broadway, aunque, eso sí, eso exige excelencia y calidad. Una de las cosas que no permito es que, si se hace un musical, haya algo pregrabado: si la partitura dice once violines, son once violines de verdad. Esto no te garantiza el éxito, ni siquiera te garantiza la aprobación de la gente; es algo personal sobre cómo creo que se deben hacer las cosas. Aquí no hay sintetizadores, hay un factor humano que es muy difícil de reproducir.

Ha hablado del impacto de la tecnología. Estos días se han hecho virales unas declaraciones de Matt Damon sobre los guiones de Netflix para que el público entienda el mensaje a pesar de las distracciones. ¿Tiene en cuenta este factor a la hora de dirigir un espectáculo?
Totalmente. Hay un déficit de atención absoluto. Lo noto especialmente en la gente joven. Voy mucho al teatro, especialmente al mío. Me meto entre el público con una libreta para tomar nota sobre las cosas que no funcionan o que son mejorables. Ahí veo a la gente joven que, a la media hora, no saben cómo colocarse, están incómodos en la butaca. Pero les pasa igual frente a un libro, una sinfonía o un cuadro, no los miran para analizarlo, no se hacen preguntas porque les hemos metido un teléfono en el bolsillo. Están desquiciados. También me pasa a mí, me meto en la cama y paso una hora y media con el móvil viendo vídeos absurdos, cuando tengo un libro al lado que puedo abrir y disfrutar mucho más. Eso es un peligro terrible, porque las personas acaban convirtiéndose en votos, algo que el poder tiene muy en cuenta. Al poder no le interesa la sabiduría, cuando se trata de crear seres no manipulables, gente que lee más allá de las palabras y puede detectar cuándo no se les dice la verdad.

“Deberíamos crear seres no manipuables, gente que lee más allá de las palabras”

Ahí la cultura puede ser una herramienta valiosa...
Claro. Si alguien lee literatura española o música nuestra de todos los tiempos, va a saber qué es España. Si escuchas a Falla o Albéniz, si te metes en la obra de Lorca, Miguel Hernández o Cernuda; si te vas a los cuadros de Picasso o Goya... acabas teniendo una imagen de España y de lo que somos. Eso permite generar una personalidad con potencia que puede enfrentar a quien trata de comprarte. Aunque parece algo básico, no se hace, no se está fomentando desde la escuela. Hay epifanías maravillosas cuando descubres que los orgasmos pueden ser de 25 minutos en un dueto de Tristán e Isolda.

Nosotros llevamos mucho tiempo haciendo coloquios con las escuelas, no solo de danza, música y teatro, sino también a colegios e institutos donde, después de una representación, hablamos de todo esto, y los chicos lo entienden. Para nosotros es fundamental tener ese contacto con la gente joven.

Comentarios