Tras un parón veraniego provocado por un problema de salud, la actriz madrileña regresa a los escenarios con la segunda temporada de ‘Victoria’. El texto pone el foco en los sueños heredados y la necesidad de equivocarse
Amparo Larrañaga:
“Lejos de lo que la gente suele creer, los actores trabajamos como bestias”
Septiembre es un mes de estrenos culturales, pero también de renovaciones, de obras teatrales que se han ganado una nueva temporada. ‘Victoria’ es una de ellas. Sobre las tablas del Teatro Fígaro se puede ver a un elenco del que sigue formando parte Amparo Larrañaga tras un paréntesis obligado.
¿Cómo afrontan esta segunda temporada después de este descanso veraniego?
Lo afrontamos siempre con miedo de que el público venga o no. En el teatro dependemos mucho de que nos quieran, las últimas funciones que he hecho ya no tienden a durar tantos años como antes. Tenemos que hacer temporadas más cortas, e incluso es más complicado hacer giras. Siempre se afronta con ilusión y también con miedo. Esperamos que, con la fiebre del Mundial de este año, como tratamos un tema futbolero, la gente venga a vernos.
Precisamente sobre esto quería preguntarle, porque no hace tanto que hemos vivido ese éxito de la selección. ¿Puede ser un banderín de enganche para que haya más interés en venir a ver la obra?
En el teatro siempre hay un deseo de que gane España y, a la vez, convivimos con la certeza de que el fútbol nos vacía el teatro. Creía que era una cosa de antes, cuando el fútbol hacía que la gente no fuera al teatro los domingos, pero es que ahora hay partidos todos los días, además de que lo puedes ver en diferentes sitios a través de aplicaciones.
Cuando España ganó el Mundial dijimos: “Qué pena no haber aprovechado este tirón”. Ahora ya no sé si esto servirá como un reclamo, porque la gente se olvida rápido de todo.
Se han tomado un descanso durante el verano. Se suele hablar de la necesidad de las vacaciones en el ámbito laboral, pero en el mundo actoral no siempre es posible.
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o, no siempre es posible, pero el mes de julio solemos tomarlo de vacaciones. Yo este año me he tomado más tiempo porque me operaron de un quiste que tenía en una cuerda vocal. Dentro del placer, el gusto y la maravilla de hacer 'Victoria', para mí fue una temporada dura, porque me quedaba sin voz y no sabía qué me pasaba, hasta que me puse en manos de un gran otorrino y una excelente logopeda. Te puedo asegurar que ha sido durísimo. Se tarda lo mismo en recuperar la voz para poder estar en un escenario, aunque sea una operación relativamente sencilla, que cuando me operaron del corazón: dos meses hasta que vuelves a poder hablar bien durante hora y media. Estoy en rehabilitación porque puede parecer una tontería, pero, claro, la voz es mi herramienta.
Hay veces que es imposible coger vacaciones. Mira, yo trabajo once meses al año, cinco o seis días, dependiendo del tamaño del teatro, sin puentes, sin vacaciones de Semana Santa, sin Navidades: nada. Solamente descansamos los lunes y, en ocasiones, los martes. Nosotros trabajamos cuando la gente tiene vacaciones o descansa. Por eso el sábado hay doble función. Es un trabajo similar a una sesión de CrossFit en cuanto a energía. Sin embargo, en televisión y en el cine trabajas aún más horas. La gente cree que estamos en un spa, cuando, por ejemplo, cuando estuve en 'Los hombres de Paco', ya estaba en un plató maquillada y vestida a las 7:30 de la mañana. Entre el transporte, maquillarte, peinarte, vestirte, etcétera, me tenía que levantar a las 4:30. Terminaba a las cuatro de la tarde, después de doce horas, y luego me ponía a estudiar las secuencias del día siguiente. Trabajamos como bestias. Es así, pero la gente no se imagina que trabajamos tanto, tantísimas horas.
¿Cómo está tras esa operación?
Bien. Estoy contentísima porque la operación salió fenomenal. Estoy con la rehabilitación. Cuando hay una cirugía, es evidente que se requiere una profesional que trabaje no solamente con la voz profesional. Al principio no podía hablar, pero estoy muy bien. Entre lo de la válvula del corazón y ahora esto, llevo varios años de hospitales, así que las vacaciones me las tiro recuperándome de cosas. Lo más importante, y creo que para todos cuando vamos cumpliendo años, es la salud.
¿Cómo es ese trabajo previo antes de que el público vuelva a sentarse en las butacas? No sé si hay que volver a poner la maquinaria en funcionamiento.
Cuando más se prepara es antes del estreno, hay seis o siete semanas de ensayo y luego dos semanas de torpeza absoluta, de estar escuchando, ver qué funciona y qué no. Se necesita una especie de acoplamiento, por eso creo que las funcionesestán bien al mes de estrenarlas. Por eso es clave salir antes de gira. Ahí vamos probando con distintos públicos, porque aquello de lo que se ríen en Bilbao a lo mejor no se ríen en Huesca. El día que reestrenamos, solo hacemos un pase de texto; ya ni siquiera tenemos que recordar los movimientos. Claro, trabajas con profesionales y, además, todos ellos llevan muchos años.
¿Hay algún aspecto de su personaje que, ahora que ya lo ha interpretado varias veces, haya ido descubriendo?
Siempre vas descubriendo cosas y vas añadiendo. Lo que tienes que ser es honesta. Me pasó en 'FitzRoy', donde me tocó una tía que va a su pedo, que vende a cualquiera, ambiciosa. Cuanto más de verdad lo hagas, mejor. Yo no disfrazo. Si tengo un personaje cabrón, intento hacer reír con el látigo. Creo que es muy de mi familia ese humor un poco sarcástico y a mí se me da bien.
Cuando ya ha pasado un tiempo es más difícil descubrir cosas, somos bastante respetuosos con el texto. Eso sí, no hay que caer en la mecanización. En el teatro no hay monotonía, porque cada día el público es distinto y los actores estamos distintos cada día. Yo salgo durante hora y media a divertirme con un público que un día me dice una cosa y al siguiente otra diferente; pasan cosas que, de pronto, no esperas.
A mí lo que me cuesta es arrancar, salir de mi casa, pero, una vez que estás aquí, se me olvida eso y vengo a disfrutar, aunque este año haya disfrutado menos por el tema de la voz. No podía parar y operarme antes porque no puedes dejar un teatro cerrado y vacío en plena temporada. Y aguantamos lo que nos echen.
¿Qué teme más su personaje: que fracase su hijo o que realmente haya un reproche en el futuro?
Yo creo que el personaje, y lo acaba confesando, teme el reproche. Con los hijos siempre hay miedo. Yo tengo un hijo de 27 años que ha cogido un coche y se ha ido a Málaga y, hasta que no llega, me muero de miedo. Tener hijos es estar en pánico prácticamente todo el tiempo: si en el colegio no triunfan, si les hacen 'bullying', si son felices o no son felices, si cuando se enamoran les funciona... Todo el rato es así.
En el caso de la obra, la historia no es que Martín se haya enamorado y se quiera ir, ni que sea una de esas personas que no son constantes. No. Es que no soporta la presión que supone el fútbol: ganar partidos, el entrenador que se mete contigo, que te regaña y que incluso llega a las manos... Esa presión no le mola, no le compensa.
Esa presión y esas expectativas están muy presentes en el fútbol, pero usted también empezó siendo adolescente en el mundo actoral. ¿Se parece en algo?
En mi caso era que “soy hija de”, “nieta de”, “sobrina de”... Entonces tienes que demostrar por ti misma que vales para esto. La prueba más grande es que llevo 48 años aquí y la gente viene a verme. Pero, al principio, había frases del estilo: “Bueno, tú porque lo has tenido fácil”, “qué fácil es ser la hija de...”. Me he encontrado con el rechazo permanente y constante de mis propios compañeros, más que de la gente. Poco a poco vas triunfando o vas ganando tiempo, sobre todo haciendo cosas, y se dan cuenta de que, si estás ahí tantos años, no es porque seas hija de nadie: es porque funcionas en esto, gustas, la gente te quiere y viene a verte. No eres mejor ni peor que nadie; sencillamente, funcionas.
En otras entrevistas con motivo de 'Victoria' y ha aludido varias veces, de manera explícita, a que la comedia es dificilísima. ¿Es más difícil ahora?
La comedia requiere una respuesta inmediata. Si estás viendo una película, te puedes reír mucho, pero el actor no sabe si te ríes o no. Todo se basa en un resultado económico: va más gente, la ha visto más gente en las plataformas, se ha amortizado lo que ha costado la película... Pero el actor no lo vive. La comedia depende de muchas cosas: de un director que sepa dirigir, de un autor que sepa escribir comedia y de un actor que entienda lo que implica. La comedia es verdad. Luego, en el teatro, se requiere la respuesta. Si la gente no se ríe, sientes que has fracasado.
También es verdad que la gente tiene muchas ganas de reír. Entre sus vidas, sus movidas y sus historias, esa hora y media... Da igual que esté leyendo un libro que le gusta, vaya a un museo, a la ópera, al teatro, al cine o al fútbol. Si durante esa hora y media consigues atraparla, que esa es la dificultad de la comedia, que no mire el reloj ni piense en otras cosas, la gente lo agradece mucho.
Y luego ten en cuenta los premios: no premian casi nunca las comedias, aunque es uno de los géneros más difíciles de hacer.
Dentro de una agenda cultural tan cargada como la que tiene Madrid, ¿es una victoria tener una segunda temporada de esta obra?
Sí, es una victoria. La gente también tiene la oferta en casa. La gente de fuera antes venía mucho a Madrid capital y ahora es verdad que le cuesta más. Además, tienes muchos tipos de espectáculos a nivel local, cuando antes era A, B y C.
Por otro lado, en el teatro seguimos al mismo precio, no se renueva, mientras en otras ciudades, como París, tienes las entradas más baratas a 58 euros. Aquí no hay leyes de mecenazgo, no ves a un político hablando de cultura. Es lamentable. En Países Bajos quisieron subir el IVA y fue un clamor popular. La gente salió a la calle, tuvieron que recular y lo dejaron en un 6 %. A nosotros no nos lo bajan del 21 %.