El guitarrista andaluz celebra sus cuatro décadas en la música con una gira que concibe como un agradecimiento al público y que le llevará hasta el Nuevo Teatro Alcalá el próximo 17 de noviembre
Vicente Amigo:
“La guitarra y la música son un camino infinito, no se deja de aprender nunca”
Desde leyendas de la guitarra como Paco de Lucía o Pat Metheny, hasta ilustres del mundo de la cultura como Rafael Alberti. El reconocimiento en relación a la aportación de Vicente Amigo al campo de la música es unánime, tanto que escuchando su música uno podría llegar a creer que el artista de Guadalcanal (Sevilla) ha convertido su amado instrumento en un apéndice más de su cuerpo. Aferrado a la guitarra nos habla de este momento tan destacado dentro de su carrera.
¿Qué se va a encontrar la gente en este espectáculo?
Para mí es una gira de celebración de todos estos años, pero también de agradecimiento al público por haber hecho posible este camino. Al fin y al cabo ellos son los que van a verte, quienes pagan la entrada. Mi idea es, dependiendo de cómo me encuentre, hacer un repertorio u otro, quizá retomar temas de otros discos, no solo del último, sino hacer un recorrido: tocar dos temas de cada disco, algo así.
Ha pisado muchos escenarios de diferentes países a lo largo de su trayectoria. ¿Hay alguna fecha de esta gira que le haga especial ilusión?
Todas. Cada vez que salgo a tocar, la ilusión es estar a la altura de la gente que va a verme y de sus expectativas, que se vayan a su casa con un recuerdo bonito de haber estado un rato compartiendo conmigo esas emociones.
Cuando tenía ocho años le regalaron su primera guitarra española. ¿Fue el momento en el que empezó a cambiar su vida y a quedar claro qué camino iba a seguir?
Desde luego, fue un momento clave. Considero que es tener mucha suerte que, cuando eres un niño, algo te llame la atención y estés dispuesto a darle tu tiempo, a jugar a eso, porque yo jugaba a tocar la guitarra. En vez de irme a jugar al fútbol con mis amigos, iba con mi guitarra y me sentaba por allí. Eso me iba alimentando, me llamaba mucho. Se ve que lo de la música es algo que, desde que nací, venía conmigo.
Manolo Sanlúcar, El Tomate, El Merengue... Ha podido trabajar con algunos de los grandes maestros. ¿Qué aprendió de todos ellos?
Cómo entendían la guitarra. La guitarra y la música son un camino infinito. De todos he tratado de quedarme con lo que he podido y de llevarlo a mi terreno, a mi forma de sentir la guitarra. En esa búsqueda de tu personalidad, hay que estar agradecido siempre a la enseñanza de los maestros. Aquí no se acaba de aprender nunca. Antes eran los mayores que tú, los maestros; cuando llegan los jóvenes, también hay que estar pendiente por si alguno tiene un mensaje que te alimente para seguir haciendo música.
Jugando con el título de su último disco, ‘Los andenes del tiempo’, ¿qué visión tiene de este viaje de 40 años?
Un viaje tal y como es la vida, de muchos momentos de felicidad, de gratitud con el público, de esfuerzo, del deporte que hacemos los guitarristas, de estar sentados machacándonos la espalda y la mente. Ha habido momentos amargos también, claro, pero eso es la vida. Todo eso lo he llevado a la música. Como mejor puedes conocer a un músico, creo, es escuchando sus creaciones.
Una de sus frases más célebres es que “te puedes acercar a todas las músicas desde el rigor, el conocimiento y el respeto”. ¿Son tres ingredientes innegociables para usted?
Totalmente. Hay que tener muchísimo respeto a la música y no llamar a las cosas como no le corresponde. Decirle flamenco a algo que no lo es, sin haber profundizado en ello, me parece una falta de respeto a todo el trabajo y toda la dedicación de tantos años y de tanta gente. Por eso a mi música no le quiero poner etiquetas, ni siquiera, en un momento dado, la de flamenco, por si alguien se puede molestar. Pero yo, desde luego, en la música en la que he profundizado es en el flamenco. Lo que busco es esa libertad de expresión artística que quizá no tenga etiquetas.
La crítica destaca de su música la honestidad artística. ¿Es uno de sus mayores orgullos?
Siempre es una deuda pendiente con uno mismo. Es como que acabas de subir una montaña que querías subir y ya estás pensando en la otra. Sí que estoy muy agradecido a esas palabras porque creo que van con mi compromiso como persona que pasa los cuatro días que vamos a estar aquí en el mundo. Mi compromiso es hacer las cosas como más o menos las siento. Ahí no tiene nada que ver el dinero. Si a mí no me gusta cómo lo veo, no lo voy a hacer.
Uno de los primeros hitos en su carrera fue el Festival del Cante de las Minas en 1988. ¿Lo considera el primer gran punto de inflexión?Totalmente. Ese fue el primer punto de reconocimiento que tuvo trascendencia. Para eso están los concursos. Si por mí hubiera sido, no iría a ningún concurso, porque se pasa muy mal, te dan el premio a ti y se lo dejan de dar a otro. A mí no me gustan los concursos. Pero el sistema es así y yo estuve ahí; estuve en Córdoba también.
Un poco más adelante, en 1991, estuvo en Sevilla dentro del festival ‘Leyendas de la guitarra’. ¿Qué sintió al estar junto a nombres como Paco de Lucía?
Imagínate. Estaba yo ahí, me sentía como un pez en la tierra, pero tuve que apechugar con el momento. Y fue bonito. Al final, esos sufrimientos que se pasan también dan su fruto.
Estas cuatro décadas han dado para muchos discos y canciones, pero, ¿ha habido algún momento de sequía creativa que le preocupase especialmente?
No, creo que no. Si te soy sincero, creo que no. Siempre digo que no me quiero morir hasta que no diga todo lo que tengo que decir con mi música. Algunas veces, cuando estoy a punto de terminar un disco y veo que está bien, digo: “Ahora no me quiero morir. Luego ya veremos” (entre risas). Es bonito porque te alimenta otra vez para seguir rebuscándote. Claro, hay veces que salen más cosas, salen más detalles o quizás la música sale más rápido, pero tampoco hay que tener tanta prisa. Esto no es una carrera para ver quién hace más discos, yo me lo planteo que, cuando salga, cale entre los seguidores; que a quienes les gusta mi forma de hacer música, les toque, y que a quienes les guste mi mensaje, también. La música puede gustar por tu concepto, tu forma y tu fondo, tanto para profesionales como para los que no lo son, porque no hay obligación de saber de todo, como yo supongo que tampoco tengo obligación de saber de arquitectura o de medicina.
Son muchas las actuaciones que tiene a sus espaldas, pero en esta gira tan importante, ¿va a haber más hormigueo en el estómago?
Ya lo hay desde antes. Eso no se quita. Se ve que eso va en el paquete.