Tras su debut literario, Isabel Arias regresa con la novela ‘Amigos, nada más’, una historia que pone en el centrola amistad y cuestiona los límites entre esta y el amor
Isabel Arias:
“Se puede concebir la vida sin una relación de pareja, pero no sin amigos”
La historia de la literatura (y la de otras tantas expresiones artísticas, como el cine) está plagada de historias de amor, pero no abundan tantos ejemplos de tramas donde la relación de amistad entre un hombre y una mujer sea la gran protagonista. Ese terreno lo ha explorado Isabel Arias en ‘Amigos, nada más’ (Planeta).
En nuestra última entrevista, con motivo de ‘Cuando volvamos a vernos’, comentaba que quería seguir escribiendo. Podemos decir que el sueño continúa.
La verdad es que sí. Yo creo que una vez que uno empieza, ya no puede parar. Es como comerse una bolsa de pipas, ya no puedes parar. Al final la cabeza está fabricando nuevas ideas e historias sin parar.
‘Amigos, nada más’ es su nueva novela. Ahora que ya es una realidad, ¿cómo se siente?
Con un poco de vértigo, la verdad. La primera fue más inconsciente, porque no sabía muy bien lo que venía, cómo iría y no tenía grandes expectativas porque no tenía nada con lo que comparar. Ahora la he escrito con la misma inconsciencia en el sentido de que he escrito lo que me apetecía, sin presión y sin pensar si venderá más o menos, simplemente he escrito la historia que me gustaba. Pero es verdad que, una vez que se publica, estás a la expectativa de cómo la recibe la gente. Hay nervios.
La historia que dio origen a ‘Cuando volvamos a vernos’ estaba en su cabeza desde hacía tiempo, por lo que, según me comentaba entonces, no le había sido muy difícil el proceso de escritura. ¿Cómo ha sido ese proceso en ‘Amigos, nada más’?
Ha sido bastante similar. El trasfondo de esta historia, la amistad entre hombres y mujeres, las dudas sobre si es posible, si se complica más cuando alguno de los dos tiene pareja, es algo que siempre me ha interesado bastante. No tenía la historia clara, pero sí quería escribir una novela sobre ello. Me pasó como con la primera novela, algo hizo clic y todo fue cobrando forma. Tuve un viaje de trabajo a Chicago hace poco más de un año y, estando con unos compañeros con los que hasta entonces no había tratado mucho, se me encendió la bombilla y encontré la historia. A la vuelta me puse a escribir sin parar hasta terminarla.
La autora se lanzó a escribir esta novela tras un viaje de trabajo a EEUU
El título es bastante elocuente y alude a una frase que, en muchas ocasiones, se da cuando alguien externo pregunta sobre una relación, especialmente con personas de otro sexo. ¿Es esta novela una oda a la amistad?
Me gustaría pensar que sí. Creo que a veces primamos el amor y la relación romántica sobre la amistad, pero hay espacio para los dos. Se puede llegar a concebir una vida sin una relación de pareja, uno puede estar soltero y ser perfectamente feliz, pero es muy difícil concebirla sin amigos. Es una red que siempre debemos tener. Los amigos, en principio, son para toda la vida, pero también es cierto que hay algunas amistades que solo duran un tiempo. Siempre estamos rodeados de un grupo de personas que nos hacen la vida mejor. He intentado destacar el papel tan importante que tiene en nuestra vida la amistad.
Hablemos de la protagonista, de Elena, que comparte rasgos con usted, como el amor por los viajes y la literatura. ¿Cuánto hay de usted en ella?
Elena tiene bastante de mí. La historia es ficción, pero, como siempre que escribimos, la vida real siempre es la mejor inspiración. En el caso de la protagonista, compartimos efectivamente ese amor por viajar y por la literatura. Además, ella llevaba una vida normal trabajando en un Ministerio, pero de repente se ve inmersa en un escándalo sin quererlo. Como consecuencia de ello pierde todo el cabello y se ve obligada a ponerse una peluca, siendo una chica joven. Esto es algo que a mí me pasó años atrás, así que es algo que he podido contar casi en primera persona. No quisiera centrarlo tanto en ese aspecto del cabello sino hacer una oda a toda esa gente que tiene rasgos como una cicatriz muy visible, o unas manchas en las manos que le avergüenzan; todos tenemos alguna ‘tara’, algo que nos acompleja, pero la vida es mucho más que eso. He querido usar ese viaje, en el plano metafórico, de Elena, que empieza distanciándose mucho por este asunto para salir a flote gracias, de nuevo, al poder que tiene la amistad.
Entre Elena y Guillermo surge una conexión muy especial. ¿Se puede dar también el caso de un flechazo?
Totalmente. Soy una firme defensora de acabar con la connotación amorosa de la palabra flechazo porque creo que se puede dar, y se da, en la amistad. Tenemos amigos desde la infancia, pero a veces conoces a alguien en la vida adulta y piensas por qué no lo habías conocido antes. Se crea una conexión muy fuerte sin necesidad de que haya nada más casi de la noche a la mañana. Esto ocurre y puede darse con una persona de tu mismo sexo o del contrario, y que sea simplemente una amistad, ganas de compartir tiempo y conversaciones sin que necesariamente vaya más allá.
“El flechazo también se puede dar, y de hecho se da,
en una amistad”
Su relación se basa en la empatía y la comprensión. ¿Estamos perdiendo esas virtudes?
Sí, y me da mucha pena. La empatía me parece la mejor virtud del ser humano, con diferencia. Esa capacidad de ponerte en el lugar del otro, intentar ayudarle o hacer su vida un poco más feliz... ojalá fuera una virtud que compartiera todo el mundo. En la amistad, afortunadamente, tendemos a rodearnos de personas así, de gente que es capaz de ponerse en nuestro lugar, que nos da buenos consejos, que te animan y te ayudan.
Las conversaciones en la novela son tranquilas y sosegadas. ¿Invitas al lector a vivir con menos urgencias?
Sí. Creo que vivimos en un mundo muy crispado, donde todo el mundo está al límite y esperando cualquier detonante para saltar. Quizás todos deberíamos pisar un poco el freno. Escribo el tipo de libros que me gustaría leer, al igual que me sucede en el cine: no me gustan las historias de grandes sobresaltos, prefiero una novela o una película tranquila, donde quizá no pasan grandes cosas, pero que transmiten calma. Creo que es algo que hemos perdido, sobre todo en las grandes ciudades.
Guillermo oculta su amistad con Elena a su pareja. ¿Qué quería explorar con este planteamiento?
Mientras he estado escribiendo este libro he hablado con mucha gente sobre este tema y las visiones y opiniones son muy curiosas, difieren bastante. Parto de una historia propia: uno de mis mejores amigos, por no decir el mejor, con el que hablo todas las semanas, su pareja no sabe que es amigo mío. Eso me da mucha tristeza. El colmo es vivir una amistad en la clandestinidad. Hablando con la gente, veo que no es un caso único. Hay personas que ocultan amistades por miedo a los celos o a las inseguridades de su pareja. No sé si yo estaría con alguien a quien tuviera que ocultar mis amigos.
La novela plantea una cuestión evidente: ¿cómo de delgada es la línea entre amistad y amor?
Tan delgada como cada uno quiera. Un hombre y una mujer pueden ser amigos, aunque hay gente que defiende que, tarde o temprano, uno de los dos acabará enamorándose. Puede pasar, pero ya está en tus manos que lo dejes ahí o que actúes. Los sentimientos no se controlan, pero sí cómo actúas sobre ellos. También es importante la confianza dentro de la pareja. Prohibir a tu pareja quedar con una amiga por miedo a que se enamore es no tener en cuenta que eso puede darse también con otra persona. El problema no está tanto fuera como dentro.
Como en su anterior libro, hay un mensaje de esperanza. ¿Lo tenía claro desde el inicio o ha ido llevando la historia a ese poso final?
Lo tenía más o menos claro desde el inicio, aunque es cierto que los personajes casi van cobrando vida propia. Me gusta que el lector cierre el libro con una sensación positiva. Por muy difícil que sea una situación, al final siempre amanece. Todos pasamos por momentos complicados, nos enfrentamos a situaciones complicadas, pero conseguimos salir adelante, no nos queda otra. Me gusta transmitir ese optimismo. La vida sin ilusión sería muy triste.
Para terminar, ¿qué le gustaría que aportara esta novela a los lectores?
Me gustaría que ayudara a normalizar la amistad entre hombres y mujeres. Que dejemos atrás esa idea casi infantil de que si un hombre y una mujer comparten tiempo es porque hay algo más. Puede ser simplemente amistad, y creo que es importante abrir ese debate. Si es así, me sentiré más que feliz.