Personajes

Verónica Sanz:

“Aunque no se reconozca, mucha gente aspira a pertenecer a la élite”

La periodista y comunicadora debuta en la ficción literaria con ‘Gente bien’, una novela coral ambientada en los círculos de poder y privilegio de Madrid

Ha dejado su sello profesional en programas de diferentes cadenas como Telemadrid, Cuatro o laSexta, pero el anhelo de Verónica Sanz por contar historias le ha llevado a escribir ‘Gente bien’, una novela en la que cuenta la vida de cuatro mujeres pertenecientes al Madrid más exclusivo.

'Gente bien' supone su debut literario. ¿Hay nervios?
Nervios no, hay vértigo. Durante los tres años que he estado con este proceso me he ido preparando para saltar de un avión. Ahora lo hago y no sé si se va a abrir el paracaídas, esa es la sensación que tengo. He trabajado un montón, tengo muchísimas ganas de vivir la experiencia, sobre todo de que la gente empiece a compartir la historia conmigo y poder hablar de ese universo que he querido generar. Lo más bonito de todo el proceso ha sido ir hablando de la historia con mi editora y con los primeros lectores, que al final son muy cercanos. Quiero que esto se haga más grande.

La novela se ha definido como una mezcla entre 'Big little lies' y 'Mujeres desesperadas'. ¿Qué le parece?

Me gusta que utilicen esos símiles. Creo que es porque tampoco hay tantas historias que se centren de forma tan clara en la vida de mujeres, mujeres que no son la madre de, ni la esposa de, ni la víctima, sino que son ellas las protagonistas, con todas sus luces, con todas sus sombras y con toda su profundidad. Yo quería encontrar y enseñar esa profundidad de los personajes femeninos. En las grandes historias de poder y en las grandes tramas también hay mujeres, aunque no estén en la cúspide del poder.

Yo quería centrarme en mujeres. Por eso aparecen cuatro protagonistas y no quería renunciar a ninguna porque me fascinaba explorar esos personajes. Es una novela muy coral. No se puede decir que hay una única protagonista, hay cuatro, e incluso hay más personajes muy importantes.

Por eso creo que se compara con otras tramas protagonizadas por mujeres, pero por lo demás no tiene nada que ver. 'Mujeres desesperadas' es muy americana y esto es muy español, muy de Madrid. Y 'Big little lies', por supuesto, porque soy muy fan.

Cuatro mujeres que pertenecen a un entorno bastante elitista. ¿Cuánto hay de ficción y cuánto de realidad? ¿Cree que muchas mujeres podrán sentirse identificadas?
Creo que sí. Primero porque pertenecer a la élite es algo a lo que mucha gente aspira, aunque no siempre se reconozca. Todo lo que rodea al lujo, al privilegio y al poder resulta aparentemente apetecible, también por la libertad y la comodidad que da. Por mi trabajo, tanto como periodista como comunicadora, he tenido la oportunidad de conocer a muchas personas con poder económico y empresarial y observar cómo viven. Y sí, la vida se ve distinta desde el poder económico, las preocupaciones y las inquietudes no tienen nada que ver. No es lo mismo preocuparse por cómo pagar el alquiler que estar pendiente de elegir el color del mantel de la comunión de tu hija o de qué tres vestidos te vas a poner. Sin embargo, ellos también viven esas cuestiones con mucha intensidad. Por eso creo que está retratado de una manera bastante realista.

Las apariencias quizá en ese entorno estén más exageradas, pero ¿cree que el deseo de aparentar y el qué dirán es algo que nos afecta a todos?
¡Claro! Yo trabajo en televisión, formo parte de esa contradicción. Nadie me obliga a aparecer de una manera determinada, pero sí me exijo tener una imagen correcta, una imagen que me guste a mí. Las apariencias, por supuesto, existen. Tengo la suerte de que la parte material no me afecta demasiado. He tenido un Seat Ibiza durante 25 años y siempre he presumido de ello. Pero sí veo a mucha gente que necesita proyectar una imagen determinada y que hace sacrificios enormes para mantenerla, como llevar un coche de 100.000 euros. Eso me preocupa y, sobre todo, me alegro de no estar ahí. Eso existe.

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Casi siempre se ha puesto el foco en el éxito de los hombres. En la novela aparecen, pero de manera más lateral. ¿Quería rescatar las historias de estas mujeres?
Sí, por supuesto. Quería una trama en la que viéramos cómo se mueve el poder y los grandes negocios, pero desde la perspectiva de las mujeres que están ahí y cómo ellas van encontrando sus caminos. Sí, tenemos algunas CEO en las grandes empresas, aunque en las del Ibex haya pocas. Ya llegaremos a esas historias, yo quería reflejar a las mujeres que están en ese ámbito, aunque no sean necesariamente las que más mandan. Por ejemplo, una de las protagonistas quiere crear su propia empresa, no vivir de lo que ha generado su padre. Me parece muy legítimo. No son mujeres que quieran ser el florero de nadie. Por supuesto que es una aspiración femenina generar riqueza o crear tu propio negocio. De hecho, en el elenco de protagonistas hay dos empresarias. Además, tenemos una abogada que ha renunciado a su carrera y está pagando las consecuencias, y una periodista que ha sido apartada y lucha por recuperar la influencia que ha perdido.

La felicidad se suele reducir a tres cuestiones: salud, dinero y amor. Salvo en el caso concreto de uno de los personajes, el resto sí las tienen satisfechas. ¿Por qué no son felices?

No son felices porque nunca es suficiente. Elena tiene dinero porque es la heredera de un imperio inmobiliario, se casó con el hombre más guapo y tiene tres hijos que van al mejor colegio. Aun así, yo la entiendo, no es feliz porque lo que tiene le ha venido dado y, en realidad, quiere crear algo. El resto, 100%, no son felices porque les falta la realización profesional. Irina ha dejado atrás su carrera y siente un vacío enorme. Minerva ha sido apartada de la televisión y se enfrenta al abismo de la irrelevancia. Y Betty está construyendo su negocio, pero también busca algo más.

Todas necesitan ese ancla profesional, dejar un legado, no basta con ser madre y/o una buena esposa. Está muy presente en esos cuatro personajes.

¿Considera que el clasismo se ha agravado en los últimos años?
No sé si se ha agravado el clasismo, pero sí creo que las clases sociales están más marcadas. Es paradójico que llamáramos boom inmobiliario a la crisis de 2008, cuando en ese momento tener una casa en la que vivir no era una misión tan imposible como lo es ahora. Ahora no falta trabajo, pero sí hogares; no te falta un ingreso, pero es casi imposible independizarse, y eso incluye la separación de una pareja, porque no puedes pagarte una casa. Una mujer con un hijo tiene enormes dificultades para encontrar vivienda, ya sea en Madrid, en Barcelona, en Valencia o en cualquier ciudad grande. Una persona migrante muchas veces solo puede aspirar a una habitación compartida. Esto, antes de 2008, no era así. Venia mucha gente a España para trabajar y se podía pagar un alquiler con lo que ganaba. Ahora estamos en un capítulo donde eso no sucede. Hemos recuperado niveles de empleo, pero no la capacidad de vivir dignamente. De alguna manera, sí creo que las clases están más marcadas, especialmente entre los que se pueden pagar una casa o la tienen ya en propiedad y los que tienen que pelear por una habitación a 50 kilómetros de su lugar de trabajo.

Viendo su trayectoria en televisión, cuesta pensar que el personaje de Minerva no esté inspirado en situaciones reales.

Me lo he pasado muy bien con Minerva. Es probablemente el personaje que más se acerca a una realidad que conozco bien. La televisión es un lugar donde tienes que asumir que cualquier día puedes dejar de estar delante de la cámara, y más siendo mujer. Hay pocos espacios para mujeres de 50 o 60 años en televisión, quizás un poco más cada vez, pero sigue costando. Desde que empecé, siempre he pensado que debía construir mi camino sin obsesionarme con que todo es estar en un plató. Sí que he visto a gente muy obsesionada con la pantalla, y es ahí donde aparece el reflejo de Minerva. A ella le quitan el programa y se siente apartada, irrelevante, echa de menos la influencia y la popularidad. Eso lo he visto en mi ámbito profesional. Pero Minerva tiene una ambición latente que en un momento dado explota y se desencadena todo.

Minerva se enfrenta a un dilema. ¿Qué pesa más: la profesionalidad o la fidelidad hacia una persona conocida?
Para mí está clarísimo: la lealtad a tu familia y a tu gente está por encima de todo, no me cabe ninguna duda. Cuando he tenido disyuntivas en mi vida que me han puesto ante una decisión parecida, siempre he tenido claro que, para mí, mi familia y mi gente son lo primero. Pero no estoy tan segura de que todo el mundo que trabaja en el sector piense igual.

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Minerva atraviesa la menopausia y se preocupa por su imagen. Es algo que también afecta a otras protagonistas. ¿Cree que algún día conseguiremos como sociedad que ese peso caiga sobre las mujeres?

Yo llevo preocupada por mi aspecto desde que era adolescente. Soy mujer, eso viene escrito desde que nacemos y lo mamamos con la publicidad, con los medios de comunicación y en todas partes, es imposible quitárselo, es una especie de segunda piel que tenemos completamente adherida. Y si encima te dedicas a algo que tiene que ver con la imagen, eso no te lo quitas nunca. La menopausia solo agrava esa situación. Muchas mujeres, seguramente no todas, pero yo reconozco que soy una de ellas, hemos vivido toda la vida pegadas a una imagen que nos gusta y que, por tanto, debemos mantener, ya sea yendo al gimnasio o no tomando el sol. Minerva tiene la suma de todo ello. Ha sido una mujer que ha trabajado en televisión y admirada por su belleza, pero que ahora tiene una edad, ha sido madre muy tarde, está cansada y está pasando la menopausia, con los cambios hormonales correspondientes, así que está peleándose contra el espejo.

Su hermana es una dermatóloga que deja el trabajo en la sanidad pública para inyectar productos que venden esa belleza. Eso es el pan nuestro. Para Betty es un negocio porque las cifras en España así lo reflejan: ahora mismo hay de todo que se puede inyectar para mejorar el aspecto.

¿Por qué la elección de Madrid como escenario principal?

Yo soy de Barcelona, pero llevo quince años viviendo en Madrid y la mayor parte de mi carrera profesional la he desarrollado aquí. Son los escenarios que me vienen a la cabeza de manera natural. Podría haber escrito sobre Barcelona, pero aquí no necesito buscar historias porque las tengo alrededor. Las historias que yo tenía guardadas, que muchas veces están detrás de los titulares, suceden en Madrid. Además, Madrid te permite mostrar tanto a las élites como a la gente que vive en situaciones mucho más vulnerables. Aquí está todo.

Los escritores suelen decir que cuando una novela llega al público deja de pertenecerles. ¿Cómo valora este viaje desde que comenzó a escribir la novela hasta su publicación?

El viaje empieza en 2022, al principio fue un proceso muy solitario. Entonces me acompañaba mi agente, Pablo Álvarez, pero yo me lanzo y empiezo a desarrollar una idea que ya tenía. Hice un excel con personajes y tramas, pero muy en soledad. Cuando aparece Planeta y más concretamente mi editora, empiezo a hablar de la novela. Ese momento es mi maravilloso, me hace sentir realmente como una autora. Hasta entonces me sentí una periodista que estaba escribiendo una historia. Desde ese momento empiezas a construir la novela de una manera mucho más precisa.

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