Personajes

Elisabeth Anglarill:

“La Historia la escribe quien tiene el poder de ser escuchado”

La periodista y escritora debuta en la ficción literaria con con una novela sobre memoria y expolio arqueológico, combinando elementos del género negro e histórico

No hace falta recurrir a firmas nórdicas para leer una buena novela negra. Son muchos/as los/as autores/as que en los últimos años están llenando de argumentos al género patrio, aunque Elisabeth Anglarill ha querido ir un paso más allá con ‘Los malos muertos’ (Siruela).

Había publicado anteriormente otros libros, pero esta es su primera novela de ficción. ¿Cómo ha sido la experiencia?

Muy gratificante y muy esforzada. Tampoco me he sentido en algunos momentos tan alejada de la no ficción, al menos en la parte previa, que es la de documentación e investigación, un trabajo previo a la escritura que tanto en la ficción como en la no ficción tienen muchos puntos en común y al que, quizás por mi deformación como periodista, le echo muchas ganas, mucho tiempo y mucha dedicación.

A la hora de lanzarte a la ficción, hay algo de libertad, no estás constreñida por la realidad. Tienes que ser verosímil, pero no tienes que ser testimonial, eso te permite esa libertad de hacer volar la imaginación, que en mi caso ha sido algo que he disfrutado absolutamente.

En 'Los malos muertos' las localizaciones también jugaban un papel clave. ¿Por qué la elección de las excavaciones de Empúries?
Porque es un lugar fascinante en el que todo estaba por hacer en 1912, el momento de una de las dos tramas del libro. Solo cuatro años antes se habían iniciado allí de una forma institucional las excavaciones. Era un momento en el que no se sabía bien qué iba a salir de esas ruinas y era casi como descubrir una civilización nueva. No es así, evidentemente, porque los vestigios griegos y romanos son conocidos en la península desde mucho tiempo atrás, pero sí estaba conformando la identidad y una concienciación de la historia que nos precedía, una especie de sacudida identitaria y de reconocimiento que era muy interesante.

Además, era un momento en el que la ciencia estaba avanzando a pasos agigantados y se iban incorporando constantemente nuevas técnicas de excavación, como la estratigrafía. Es un lugar en el que, además, se presenta la codicia, lo que surge de ahí en ocasiones tiene valor, pueden ser joyas, pueden ser ánforas, que en el mercado de antigüedades tenían un precio alto, eran codiciadas por millonarios y por gente que quería tenerlas en sus casas. Con lo cual, ahí se mezcla la luz del descubrimiento con la sombra de la codicia de una forma muy tentadora para hacer una novela negra.

No es casual que la novela se ubique en ese lugar, una población costera del Mediterráneo, porque quería que fuera una novela con mucha luz y que, a la vez, hubiera esta oscuridad que implica la corrupción a principios del siglo XX, también el mundo del crimen, y que pudieran compaginar ambas cosas en una contradicción. Normalmente, cuando tenemos novela negra, estamos en lugares oscuros, hay una serie de tópicos y estereotipos. He querido huir del cliché, no ser una novela canónica, y jugar con el poder de la naturaleza: que si hace tramuntana, los hechos se aceleran; ysi cae el bochorno, el tiempo se dilata.

Ya en el fajín del libro se nos dice que hay novela negra y también novela histórica. ¿Es una decisión que venía dada desde el principio o es algo que, una vez que va tejiendo la trama, se da cuenta de que se combinan ambos géneros?
E
l arranque fue una trama histórica, con una historia de misterio. Al principio pensaba quedarme únicamente con la trama inicial, la de 1912, pero quise traer también esa historia a la realidad. Me gustaba ver cuáles eran las consecuencias que eso tenía en la actualidad, que es la segunda trama de la novela, con lo cual ahí se cerraba el círculo. Por todo ello, en el momento de la escritura sí que ya tenía claro que iban a ser estas dos tramas.



¿Qué juego literario le ha dado ese paralelismo entre la investigación policial y la excavación arqueológica?
Se parecen mucho. De hecho, Jérôme Tolbert, el arqueólogo que colabora con la protagonista, ve que se cierra su etapa como policía quiere continuar investigando y se decide por la arqueología. Se convierte en un arqueólogo aficionado, camino de profesionalizarse, porque, ya que no puede investigar la actualidad, quiere hacerlo con la Historia. Están muy relacionados, en un caso, en la arqueología, estás investigando lo que sucedió siglos atrás y en el otro es algo mucho más perentorio y más importante para nosotros, como es lo que está pasando en nuestro día a día cuando ocurre un crimen o cualquier otro delito.



Aunque no sea uno de las tramas centrales de la novela, hablemos de Alex Sabell. ¿Qué peso tiene la elección de que sea una mujer?

Considero que en la novela negra, aunque ya hay protagonistas femeninas como agentes, policías... aún faltan muchas referentes. Tenía claro que en esta historia quería ir de la mano de una agente, que fuera ella la que liderara, no la investigación, pero sí la trama y estuviera empujando constantemente para descubrir cuáles son los misterios y los secretos que entrañan esos cadáveres que aparecen en su población, L’Escala.




En esa mirada al pasado, concretamente a 1912, Mateu Mercader debe enfrentarse a un potente dilema moral. ¿Pierde demasiadas veces la batalla el idealismo frente a las presiones del poder?
Si hablamos de la actualidad, parece que sí, pero yo quiero confiar, con todas las reservas, que los gritos que generan los corruptos, los mentirosos y los estafadores, en cualquier ámbito de nuestra sociedad, resuenan mucho pero que, afortunadamente, hay una gran mayoría que conserva el idealismo, que conserva los principios, que tiene líneas rojas y que es la que realmente sostiene la sociedad.

En los últimos años se ha puesto el foco en la importancia de manejar el relato. ¿La Historia es lo que nos han decidido contar?
E
xactamente. La Historia no la escribe todo el mundo, sino quien tiene el poder de ser escuchado y de difundirla. En la novela se ve claramente que el relato va de la mano de quien quiere construir una historia determinada, porque la realidad no le conviene, le perjudica mucho. Quien avance en la lectura va a darse cuenta de que allí hay una historia que no es la verdadera y eso es contra lo que quiere luchar Alex Sabell, la protagonista.

Hay una parte que se cuenta a lo largo de la Historia y hay otra también que se deja de contar. No sé si la novela también tiene un punto de denuncia sobre los saqueos en las excavaciones arqueológicas.

Absolutamente. En lugares que están viviendo tristemente un conflicto bélico o que tienen un gobierno que no es fuerte, no se pueden ocupar de catalogar piezas, de conservar, preservar, acotar espacios que son yacimientos arqueológicos, dando pie a un expolio y un tráfico de antigüedades que está a la orden del día. Pero añadiría otra cosa. Incluso en nuestro país, que nos consideramos que tenemos muchas más herramientas, a día de hoy, te puedo decir que continúa habiendo expolios, igual no del calibre que podemos imaginar, pero un hallazgo de unas monedas romanas en una tierra arada se vende en el mercado negro de antigüedades y eso también es tráfico de obras de arte o de antigüedades. Quería plantear en la novela que, a principios del siglo XX, no estaba catalogado como un delito; hay un debate sobre de quién es eso que encontramos en la tierra, los tesoros y las huellas que deja la Historia. Quería que el lector o la lectora, cuando cerrara el libro, además de saber o sentir que ha resuelto el misterio, se le abran algunas incógnitas.

Muchas veces remover el pasado, ya sea nuestro interior o en otros ámbitos puede ser peligroso. Aun así, ¿merece la pena?

Si tapamos el pasado y lo ocultamos, no vamos a entender mucho de nuestro presente y nos vamos a despistar mucho a la hora de saber hacia dónde queremos ir. Corremos el riesgo de que repitamos la Historia en sus fases más negativas, porque nos hemos olvidado de cosas malas que sucedieron en el pasado y que, si las tuviéramos más presentes, podríamos neutralizarlas en el futuro. Por lo tanto, considero que, aunque sea doloroso a nivel personal y colectivo, sí que tenemos que enfrentarnos a nuestro pasado, mirarlo a la cara y asumirlo.

Ha mencionado anteriormente a otro de los protagonistas, a Jérôme Tolbert. ¿Hay un deseo de mostrar que, aunque nos jubilemos, la vocación profesional sigue arraigada en nosotros?
S
í. A esa vocación profesional añadiría la ilusión y la curiosidad por tener proyectos vitales de futuro a la edad que se tenga. Jérôme Tolbert es una persona que podría acomodarse y, en cambio, elige la vida de continuar aprendiendo e ilusionándose, porque es lo que nos mantiene vivos y lo que nos hace estar presentes en la sociedad, no tener la sensación de que nos ha expulsado, sino de que formamos parte de ella.



¿Qué poso le gustaría que dejara esta novela entre los lectores?
Q
uizás ya lo he mencionado, pero me gustaría que, además de entretenerse en una novela en la que yo le he retado a que averiguara de dónde surgían esos cadáveres y por qué, se hayan abierto otras puertas, porque hay en este caso misterios respecto a cadáveres, pero también respecto a los vivos. Me gustaría abrir algún interrogante y alguna reflexión sobre cómo se construye el relato a través de la Historia, cómo construimos la memoria o qué hacemos con esos hallazgos que encontramos en la tierra y que son patrimonio de todos. Todas estas preguntas, sin atreverme a dar respuestas, me gustaría que alguna de ellas quedara como un runrún en la cabeza de los lectores, además de haber disfrutado y haber pasado un buen rato, que para eso está la novela negra también.

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