Personajes

Eloi Caldeiro:

“La música es mestizaje; no existe nada puro”

Con más de cuatro décadas de trayectoria y una carrera marcada por la fusión sin complejos, Eloi Caldeiro vuelve a dar una nueva vuelta de tuerca con el último trabajo de Brath, ‘45 Old 1980 -2025’, que presentará el 18 de enero en la Sala Galileo Galilei...

Lejos del purismo y con una mirada profundamente cultural, Eloi Caldeiro reflexiona sobre el mestizaje, la muerte, la emigración, el tiempo y la necesidad de seguir explorando territorios sonoros aunque eso implique incomodar.

Tienen nuevo disco bajo el brazo. Siempre han trabajado desde la fusión del folclore, pero ¿qué les ha llevado a dar este nuevo paso?

En realidad es la consecuencia natural de todo el trabajo anterior. Yo vengo del rock progresivo de los años 70 y desde los 80 mi plan siempre fue mezclar. La música, por definición, es mestizaje. No existe nada puro: ni el flamenco, ni lo celta, ni la música gallega. Todo es fruto de miles de incorporaciones. Este disco es una vuelta de tuerca más dentro de ese camino.

En esta ocasión mezcla música gallega y celta con electrónica y música clásica. ¿Por qué esta combinación?

Porque solo mezclar música gallega con electrónica ya lo está haciendo mucha gente. No iba a innovar ahí. La pregunta fue: ¿cómo puedo ir un paso más allá? La respuesta fue añadir la música clásica a la ecuación. El resultado es un cruce de cuatro vectores que da lugar a un disco ecléctico, abierto a orejas con curiosidad.


En entrevistas anteriores defendía que cualquier género es susceptible de ser fusionado. ¿Eso sigue levantando ampollas entre los puristas?

Muchísimas. Ya en los 80 decían que había destruido la música tradicional por meter batería. Cuarenta y cinco años después, todo el mundo incorporó batería y electrónica. Muy equivocado no estaba. El problema no es fusionar, sino hacerlo sin conocimiento. No se trata de poner cualquier cosa en “chunda chunda”, hay que estudiar la música y saber hasta dónde se puede llegar.

Habla de un “Big Bang” musical en el que todo está conectado.

Claro. Igual que con los idiomas, seguramente hubo un idioma inicial que luego se diversificó. En la música pasa lo mismo. Si te acercas a ese punto cero, ves que todo está relacionado: África, el flamenco, la música gallega... Cuanto más profundizas, más se parece todo. Ahí está el verdadero origen.

El primer single del disco es ‘No pasamento’. Es una canción muy ligada a la muerte. ¿Por qué quería empezar por ahí?

Porque en Galicia la muerte está muy presente, igual que en la cultura atlántica y celta. Inicialmente era un tema casi festivo, pero fue mutando. Pensé que incluso podría sonar en mi funeral. Empieza de forma muy triste, pero va creciendo hasta hacerse explosivo. La muerte no tiene por qué ser triste: el que sufre es el que se queda. Morirse es simplemente desaparecer.


También hay canciones muy ligadas a la emigración gallega.

Sí. Cuento una historia real: la de mi padre y sus compañeros músicos que iban a emigrar a Argentina en los años 40. Todos se fueron menos él. Cuarenta y cinco años después, cuando fuimos a tocar allí, estaban esperándonos. Muchos no pudieron volver jamás. La emigración no es épica: la mayoría no prospera, sobrevive. Eso marca mucho y forma parte de nuestra memoria colectiva.

En el disco participan músicos de distintos países. ¿Cómo se han dado esas colaboraciones?

Llevo más de veinte años trabajando con Alberto Gambino, un arreglista argentino. También hay músicos portugueses, una cantante lírica griega y músicos vascos. Todo viene de proyectos anteriores, especialmente uno financiado por la Unión Europea sobre las cantigas galaico-portuguesas, que nos permitió convivir y crear juntos. De ahí surgieron muchas colaboraciones naturales.

Después de tantos años, ¿cuál ha sido el mayor obstáculo para mantener vivo el proyecto?

La rotación constante de músicos. Vivir de esto es muy difícil. A lo largo de 45 años habrán pasado por el grupo 60 o 70 músicos. Eso implica volver a ensayar, rehacer repertorios... Es un desgaste enorme. El otro gran obstáculo es el idioma: cantar en gallego limita el mercado, aunque la música llegue igualmente.

Recientemente Joaquín Sabina se ha despedido de los escenarios. ¿Se plantea algo similar?

No lo creo. Mi padre murió con 85 años tocando música. A lo mejor llega un momento en el que no puedas viajar igual, pero mientras haya energía, seguiré. Además, ahora con el AVE y sin batería gigante, todo es más fácil.

Tienes varios proyectos en marcha además de este disco.

Sí. Tengo grabados otros dos discos, estoy preparando una revisión de temas antiguos de Brath pasados por este filtro electrónico y clásico, y además estoy terminando un musical sobre los Irmandiños, el primer movimiento social contra los nobles en Europa. Ahora mismo tengo cinco proyectos entre manos.

Para cerrar, ¿en qué punto vital se encuentra?

En un punto de absoluta actividad. Además, gestiono un gran espacio cultural en Lugo con cine, conciertos, teatro y presentaciones. Mientras tenga cosas que contar y energía para hacerlo, seguiré.

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