Personajes

Carmen Gallardo:

“Todos los reyes han tenido amantes, y en su nombre no hay coletillas”

Tras años de estudio, Carmen Gallardo presenta ‘Reinas infieles’, un libro que analiza cómo la historia ha construido la imagen de varias monarcas a partir de su vida privada

Tiempo de procesiones y recogimiento espiritual, la Semana Santa también se presenta como un buen momento para disfrutar de la literatura, una ventana en la que, en muchas ocasiones, entretenimiento y aprendizaje caminan de la mano. Un buen ejemplo de ello es ‘Reinas infieles’, un ensayo de divulgación histórica donde Carmen Gallardo revisa la vida de doce monarcas desde una perspectiva crítica con los relatos tradicionales.

‘Reinas infieles’ ya es una realidad, un libro de divulgación histórica con una gran base documental. ¿Cuánto tiempo de trabajo le ha llevado?
Hay mucho trabajo detrás, mucha labor de documentación, mucho contraste de datos. Me ha llevado más de dos años en total. Ha sido un trabajo muy intenso, pero estoy encantada de verlo ahora.

Si echamos la vista atrás, en 2012 publicaba ‘La reina de las lavanderas’, sobre María Victoria del Pozzo. ¿Ahí pusó los cimientos de este nuevo libro?
No, nada que ver. A mí siempre me han interesado las reinas como personajes históricos, eso sí tiene continuidad en ese sentido. Pero María Victoria del Pozzo fue un personaje del que solo conocía su nombre y apellidos, nada más, pero me despertaba mucha curiosidad. Investigué sobre ella, incluso viajé a Italia, y me centré en su historia. Este libro ha sido un proceso natural posterior, pero no están directamente conectados, excepto, insisto, mi interés por los personajes de las reinas.

En ‘Reinas infieles’ aborda 12 figuras. ¿Tuvo ese número claro desde el principio o se quedaron historias fuera?
Al principio eran menos, pero fui encontrando historias que me parecía interesante incluir. Seguramente hay alguna más, pero no muchas, porque las reinas vivían muy protegidas por las camarillas y por las damas, por su entorno, y era muy difícil saltarse ese cerco que las protegía de las miradas masculinas.

A nivel personal, de todas estas historias, ¿cuál le ha fascinado más?
Me gustan todas, es como si fueran un poco hijas. Sí es verdad que hay algunos periodos históricos que me gustan más que otros. Por ejemplo, el periodo de la Loba de Francia me produce escalofríos por lo sanguinario, y a mí me gusta especialmente el siglo XIX. En cuanto a ellas, conocer más a fondo la historia de Juana de Avís me ha gustado mucho, así como defenderla y sacarla de la oscuridad. También la historia de Isabel de Borbón-Parma, que aborda la relación amorosa con su cuñada, y la de Matilde de Dinamarca. Tengo cierta debilidad por esas tres historias, pero todas me parecen muy interesantes y destacables por uno u otro motivo.

Aunque son mujeres de épocas y contextos distintos, ¿por qué cree que, en general, se ha construido una imagen tan negativa de ellas?
Porque la moral de las mujeres se ha utilizado, e incluso se sigue utilizando, como arma, incluso para atacar sistemas políticos. Por ejemplo, en el caso de María Luisa de Borbón-Parma, no hay pruebas concluyentes sobre su supuesta infidelidad, pero en ese momento histórico se atacaba a la monarquía a través de la figura de la reina. No solamente le pasa a ella, también a otras reinas de aquel momento. No es tanto si los adulterios fueron ciertos o no, sino que la moral de la reina se utilizaba como un instrumento de destrucción.

“La moral de las mujeres se ha usado para atacar al sistema político”

En el caso de Urraca, comenta que su imagen está empezando a cambiar gracias a historiadoras y novelistas. ¿Podemos ser optimistas o es una versión demasiado arraigada?
Creo que, al igual que se están recuperando figuras femeninas en otros ámbitos, como escritoras, intelectuales o sufragistas, hay figuras de reinas que también se pueden y se deben recuperar.

Figuras como Isabel de Francia o Catalina la Grande han sido criticadas por su ambición. ¿Cree que esa crítica no se aplica igual a los hombres?
No, claro que no. Catalina la Grande no hizo nada distinto a otros monarcas o los zares. Ansiaba el poder, gobernó, amplió las fronteras de su país porque era una mujer ambiciosa y trabajó por Rusia, aunque era prusiana. No solo eso, sino que también decidió quién entraba en su cama y hasta cuándo, exactamente igual que han hecho los monarcas a lo largo de la Historia. Es verdad que es recordada como Catalina la Grande porque fue una gran estadista, pero lo que sobra es la coletilla en la que se destacan sus amantes; todos los reyes han tenido amantes y detrás de su nombre no aparece esa coletilla de la colección de amantes.

Ha trabajado con fuentes de varios siglos. ¿Ha sido especialmente difícil documentar alguna etapa?
Sí, especialmente los casos de Urraca o la Loba de Francia. En el caso de Urraca, todas las fuentes te llevan a los escritos de los monjes, quienes escriben desde su óptica, denostando absolutamente la figura de la reina por el simple hecho de ser mujer. De hecho dicen que gobernó “tiránica y mujerilmente”, que no sabemos qué significa, o que murió de parto adulterino, cosa que, por otro lado, no es cierta porque se había anulado su matrimonio. Eso es lo que quedó escrito, la revisión actual por parte de historiadores está poniéndola en el lugar que le corresponde, fue una reina que defendió su territorio tal y como hicieron los reyes de los reinos cristianos en aquel momento. Tuvo que pelear contra su propio marido, contra su hijo, contra el obispo y contra los cristianos que contra los reinos de taifas. No deja de ser curioso.

“Catalina La Grande no hizo nada distinto a otros zares o monarcas”

El adulterio se juzga de forma distinta según lo cometa un hombre o una mujer. ¿Qué papel ha jugado el clero en esta visión?
El clero ha tenido una influencia enorme, y no solo en el pasado, también en la actualidad. Durante siglos eran quienes escribían los relatos históricos, así que su visión es perenne, llega hasta hoy.

En el ámbito educativo, ¿cree que se contextualizan suficientemente figuras como Isabel II?
No, no se hace. El caso de Isabel II es especialmente injusto. Se la ha etiquetado de muchas maneras, como ‘la reina ninfómana’. No sé si la gustaba excesivamente intimar con caballeros, pero la realidad es que hay muchos responsables del caos de su reinado y de su propia vida, empezando por su madre, los políticos conservadores y liberales de ese periodo u otros reyes europeos que decidieron con quién se tenía que casar. Se escriben incluso cartas entre el embajador en España y los responsables en Francia sobre la primera menstruación de la reina y que, por tanto, se deben consumar cuanto antes los matrimonios pactados. Yo entiendo que, en aquel momento, el amor romántico no tuviera que ser el principal argumento, pero es bien distinto que las relaciones internacionales y las ambiciones personales influyeran tanto en la vida de una persona como esta niña, que con 13 años le quitaron las muñecas y la sentaron a presidir el Consejo de Ministros. De eso son también responsables quienes no supieron dirigir el país.

Visto desde los ojos del siglo XXI, los matrimonios concertados para conservar el equilibrio geopolítico parecen una aberración.
Lo parece y lo es, porque detrás hay personas. Es cierto que, con la mirada de hoy, todo esto resulta tremendamente injusto, sobre todo que estemos hablando de niñas. La Iglesia castigaba la consanguinidad, es decir, anulaba matrimonios por haber un parentesco familiar y, sin embargo, consentía que un señor mayor mantuviera una relación con una niña que en algunos casos podía tener 7 años. Hay una historia que me parece muy desagradable y que aparece en el capítulo de la reina Margot. Ella se encuentra con su hermana mayor que se ha casado con Felipe II. Fue una boda por poderes y a Felipe II le suplió el Gran Duque de Alba. La descripción sobre la consumación de ese matrimonio es realmente desagradable. Hubo muchas niñas sometidas de esa manera. También es muy dura la descripción de Jorge IV de los dos encuentros íntimos con su mujer, Carolina de Brunswick, lo hace con mucho desprecio. Pactaron esa boda porque ella era rica y necesitaban mantener el nivel de vida que estaba muy por encima de la asignación que él tenía como príncipe de Gales.

“Hay muchos responsables del caos del reinado de Isabel II”

Para terminar, ahora que el libro ya es una realidad, ¿qué poso le gustaría que se llevaran los lectores?
Me gustaría que aprendieran, como he aprendido yo de estas historias. Que miraran a estas reinas de otra manera, porque ellas han sido la cara amable del poder, pero que descubran que bajo sus sedas también había mucho dolor y humillaciones. Que las valoren no a partir de la crónica rosa, sino del papel político que han cumplido.

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