El grupo mexicano presenta su nuevo disco, ‘El amor te hiere como el rayo’, que convierte la música en relato audiovisual
Fakir & Los Psíquicos:
“La música, la gráfica y el cine son parte de un mismo lenguaje y son universales”
‘El amor te hiere como el rayo’ vio la luz el pasado 5 de junio, pero, ¿cuándo comenzaron a trabajar en este álbum?
Creo que la respuesta corta sería: hace unos años. Pero la respuesta verdadera es otra. Este disco empezó cuando era un niño.
Mucho antes de escribir una canción ya dibujaba personajes, inventaba historias, coleccionaba fotografías, veía una y otra vez las películas del cine mexicano de los años cincuenta y escuchaba música imaginando escenas que solo existían en mi cabeza. Sin saberlo, ya estaba construyendo el universo de Fakir y Los Psíquicos.
Con el paso del tiempo esas imágenes comenzaron a convertirse en melodías. Después llegaron los cuadernos llenos de letras, las primeras grabaciones caseras y un bajo eléctrico que terminó cambiando mi forma de entender la música. Desde entonces ese instrumento se convirtió en mi manera natural de escribir. Mientras muchos compositores parten de una guitarra o de un piano, yo siempre he empezado desde el bajo. Eso hace que piense las canciones desde el ritmo, el espacio, el silencio y el peso emocional de cada nota. Creo que buena parte de la identidad de Fakir y Los Psíquicos nace precisamente ahí.
En 1989 grabé una serie de canciones en una vieja grabadora de cuatro pistas, instalada en la azotea de la casa de mis padres, al norte de la Ciudad de México, con el cerro del Tepeyac frente a mí. Nunca imaginé que aquellas cintas terminarían convirtiéndose, más de treinta años después, en el primer capítulo de esta historia.
Hace un par de años decidí rescatar esas grabaciones y publicarlas bajo el título 89. No era un ejercicio de nostalgia. Era una forma de mostrar el origen del proyecto, de enseñarle al público dónde empezó realmente este viaje.
Después llegó El amor te hiere como el rayo. Nunca tuve prisa por terminarlo. No quería hacer un disco condicionado por una tendencia, por un algoritmo o por una fecha de lanzamiento. Quería construir una obra que tuviera sentido de principio a fin, una experiencia que invitara a ser recorrida completa. Escribí, descarté, reescribí y dejé descansar muchas ideas hasta que todas empezaron a dialogar entre sí.
Gran parte del álbum se grabó durante la pandemia. Cada músico trabajó desde un lugar distinto, enviando ideas, arreglos y texturas a la distancia. Lejos de convertirse en una limitación, esa manera de trabajar enriqueció enormemente el disco. Cada colaboración amplió el universo sonoro sin perder la esencia de la obra.
Con el tiempo entendí que El amor te hiere como el rayo no era únicamente un nuevo álbum. Era el punto de encuentro de muchas obsesiones que me han acompañado toda la vida: la música, el cine, la ilustración, la fotografía, la actuación, el diseño gráfico y la narrativa.
Por eso siento que este disco no empezó cuando escribí la primera canción.
Empezó hace más de treinta años, cuando un adolescente grababa cintas de casete en una azotea de la Ciudad de México sin imaginar que, algún día, todas aquellas ideas dispersas terminarían formando parte de la misma historia.
El concepto de ‘disco novela’ estaba desde el origen o fue conformándose a medida que las canciones iban dando forma al LP?Fue un descubrimiento más que una decisión. Empecé escribiendo canciones sin pensar en un concepto general, pero conforme el álbum fue tomando forma entendí que no estaba haciendo una colección de temas independientes. Cada canción parecía necesitar de la anterior para cobrar sentido y, al mismo tiempo, preparaba el camino para la siguiente. Ahí comprendí que estaba construyendo un relato.
Fue entonces cuando apareció la idea de definirlo como una disco novela. Cada pieza está enlazada por pequeñas frases que funcionan como un hilo conductor. Algunas nacieron durante el proceso de escritura y otras son fragmentos tomados del cine mexicano de la Época de Oro, especialmente de películas dirigidas por Luis Buñuel. Son guiños que han permanecido conmigo durante años y que ayudan a crear la sensación de que el disco avanza como una película, escena tras escena.
El término disco novela tampoco es casual. Lo retomé de dos referencias que admiro profundamente: Piporro y Maldita Vecindad, quienes en distintos momentos utilizaron esa expresión para describir una forma de entender la música donde la narrativa es tan importante como las propias canciones. Sentí que esa definición describía muy bien lo que estaba ocurriendo mientras hacía el álbum.
Sin embargo, algo curioso pasó después de publicar El amor te hiere como el rayo. Con la distancia que da el tiempo, empecé a sentir que el disco había crecido más allá de esa definición. Hoy ya no lo veo únicamente como una disco novela. Lo entiendo más como un rompecabezas musical o incluso como un magicuento: una obra en la que las canciones, las frases, las imágenes y los silencios son piezas de un mismo universo. Ninguna explica por completo a la otra; es el oyente quien termina de unirlas y descubrir una historia distinta en cada escucha.
Al final, eso es lo que más me interesa: hacer discos que no se agoten en una sola reproducción, sino que inviten a volver una y otra vez para encontrar nuevos detalles escondidos.
¿Cómo ha sido el trabajo codo a codo con Los Psíquicos?
En realidad, nunca lo he vivido como una colaboración entre dos proyectos. Para mí, Fakir y Los Psíquicos son dos expresiones de una misma visión creativa.
Todo nace del mismo lugar: las canciones, las imágenes, los personajes y las historias. Lo que cambia es el lenguaje con el que cada idea necesita expresarse. Hay composiciones que desde el primer momento me piden convertirse en una canción de Los Psíquicos, porque buscan una energía más directa y un formato más cercano al de una banda de rock. Otras, en cambio, solo encuentran sentido dentro de Fakir, donde la música convive de forma natural con el cine, la fotografía, la ilustración, el diseño gráfico y una narrativa más abierta.
Nunca ha existido una frontera entre ambos. Más bien hay un diálogo permanente. Una idea puede nacer en Fakir y terminar desarrollándose en Los Psíquicos, o hacer el recorrido contrario. Esa libertad ha sido una de las mayores riquezas del proceso creativo y ha permitido que los dos proyectos evolucionen sin perder su identidad.
Con el tiempo comprendí que el público también percibía esa conexión. Por eso muchas veces nos presentamos como Fakir y Los Psíquicos. No porque sean dos bandas haciendo lo mismo, sino porque pertenecen al mismo universo creativo.
La identidad visual es el puente que los une. El cine, la ilustración, la fotografía, el diseño gráfico y ciertos personajes aparecen una y otra vez, creando conexiones que el público va descubriendo poco a poco. Me gusta pensar que cada disco, cada videoclip y cada imagen son piezas de una historia más grande.
Nunca me interesó hacer dos proyectos por tener dos nombres distintos. Lo que necesitaba eran dos lenguajes para contar una misma historia.
Al final, quien escucha a Fakir y quien escucha a Los Psíquicos están entrando en el mismo universo, solo que por puertas diferentes.
Música, cine, narrativa y cultura visual contemporánea. ¿Consideran que es un proyecto ambicioso por el hecho de abarcar tantos ámbitos?
No lo vivimos como una cuestión de ambición, sino de necesidad. Crecí entendiendo la música de la mano del cine, del diseño gráfico, de la fotografía y de la literatura. Cuando compongo, ya estoy imaginando qué dibujo, personajes y atmósferas serán parte de la música. Todo forma parte del mismo lenguaje. Si alguien escucha el disco, ve los vídeos y siente que está entrando en un universo completo, entonces el proyecto ha cumplido su propósito.
La música, la gráfica y el cine son parte de un mismo lenguaje y son universales.
A pesar de haber sido los singles de adelanto, ‘El amor te hiere como el rayo’ y ‘La ley’ son los cortes siete y ocho del disco. ¿A qué se debe esta decisión?
Porque pensamos el álbum como una obra completa y no como una sucesión de sencillos. Esas canciones funcionan muy bien por separado, pero dentro del disco aparecen exactamente en el momento en que la historia las necesita. Cambiar ese orden habría sido como mover escenas importantes dentro de una película que quiero mostrar, aunque también funcionan de manera individual.
El trabajo de Pirotecnia Films con los videoclips, ¿ha colocado estos temas en otra dimensión?
Absolutamente. Desde la primera conversación entendimos que no queríamos hacer videoclips en el sentido tradicional. No nos interesaba ilustrar una canción ni construir un producto promocional. Lo que buscábamos era ampliar el universo del disco y contar una parte de la historia que la música, por sí sola, no podía revelar.
Por eso fue tan importante trabajar con Pirotecnia Films. Su experiencia en cine, publicidad y videoclips les ha dado una mirada narrativa muy sólida. Han colaborado con artistas de géneros muy distintos y, al mismo tiempo, poseen un lenguaje cinematográfico que conectó de inmediato con la esencia de Fakir y Los Psíquicos. Entendieron que El amor te hiere como el rayo debía tratarse como una obra audiovisual, donde cada imagen tuviera el mismo peso que una melodía o una frase.
También fue un privilegio contar con actores como Waldo Facco y Anna Díaz, quienes aportaron una enorme sensibilidad a los personajes. Nunca interpretaron simplemente un papel; entendieron que estaban dando vida a un universo que ya existía desde las canciones. Esa implicación hizo que cada historia adquiriera una profundidad muy especial.
Creo que esa suma de miradas hizo que los videoclips encontraran una identidad propia. No repiten lo que dicen las canciones; las expanden, abren nuevas lecturas y permiten que cada espectador complete el rompecabezas desde su propia experiencia.
En Fakir y Los Psíquicos nunca hemos entendido el videoclip como una herramienta de promoción. Lo concebimos como una escena más de una película que todavía se está escribiendo. La música, el cine, la fotografía, la ilustración y el diseño gráfico son lenguajes distintos, pero todos cuentan la misma historia.
Al final, esa siempre ha sido nuestra intención: no hacer discos que solo se escuchen, sino crear obras que también puedan verse, imaginarse y permanecer en la memoria como lo hacen las películas que nunca terminan cuando aparecen los créditos.
Este disco está concebido para transitar entre las plataformas digitales y los escenarios. ¿Faltan más apuestas así en la música actual, donde quizás se centran más esfuerzos en alcanzar grandes cifras en las plataformas?
Creo que estamos viviendo un momento fascinante para la música. Nunca había sido tan fácil compartir una canción con cualquier persona del mundo y eso ha abierto posibilidades enormes para artistas independientes como nosotros.
Pero también creo que, en ocasiones, corremos el riesgo de confundir la herramienta con el propósito. Las plataformas son extraordinarias para hacer que la música viaje, pero no deberían decidir cómo nace una obra.
El amor te hiere como el rayo nunca fue concebido pensando en un algoritmo ni en la duración ideal de una canción para captar la atención. Desde el principio quise construir una experiencia completa, donde la música, las imágenes, los videoclips y el diseño formaran parte de un mismo relato. Me sigue emocionando la idea de que alguien se siente a escuchar un disco de principio a fin, igual que entra en una sala de cine o abre una novela sin pensar cuánto tardará en terminarla.
Quizá también influye mi propia experiencia. Durante muchos años tuve la oportunidad de conocer la industria musical desde dentro y entendí que los formatos cambian constantemente: cambian los soportes, las tecnologías y la forma de consumir música. Lo que nunca cambia es la necesidad de conectar con las personas. Las canciones que realmente permanecen no lo hacen porque un algoritmo las haya impulsado, sino porque encuentran un lugar en la vida de alguien.
Por eso el escenario sigue siendo fundamental para nosotros. Es el lugar donde las canciones dejan de pertenecernos y empiezan a construir una memoria compartida con el público. Ninguna plataforma puede sustituir esa emoción.
No estamos en contra de la tecnología; al contrario, forma parte de nuestra realidad y de la manera en que compartimos nuestro trabajo con el mundo. Lo importante es no perder de vista que las herramientas deben estar al servicio de las ideas y no al revés.
Las cifras son importantes porque permiten que la música llegue más lejos. Pero las emociones siguen siendo el verdadero destino.
Al final, los algoritmos cambian con el tiempo. Las buenas canciones, las que consiguen acompañarte durante años, permanecen. Nosotros aspiramos a hacer ese tipo de discos: obras que no solo se escuchen, sino que merezcan ser recordadas.
¿Qué expectativas tienen en cuanto a armar una gira para presentar este disco?
Son enormes. Después de tantos años imaginando este proyecto y del tiempo que tomó construir El amor te hiere como el rayo, siento que el escenario es el lugar donde esta historia terminará de cobrar vida.
Nunca pensé en el directo como una simple sucesión de canciones. Queremos que sea una experiencia donde la música dialogue con las imágenes, el cine, la fotografía y la narrativa que acompañan al disco. La idea es que quien asista a un concierto entre durante un rato en el mismo universo que inspiró el álbum.
Estamos trabajando para que las primeras fechas puedan llegar tanto a México como a España. Sería muy emocionante compartir este proyecto en ambos países. México es el lugar donde nacieron estas canciones, pero España siempre ha estado presente en nuestro imaginario a través del cine, la literatura y muchas de las referencias culturales que han alimentado nuestra forma de crear.
Más allá de anunciar una gira, lo que realmente me emociona es el encuentro con el público. Durante mucho tiempo estas canciones solo existieron en mi cabeza, en cuadernos, dibujos, fotografías y grabaciones caseras. Ahora están listas para dejar de pertenecerme y encontrar un significado distinto en cada persona que las escuche.
Creo que ese es el momento más bonito para cualquier artista: cuando una obra deja de ser completamente tuya y comienza a formar parte de la memoria de alguien más.
Tengo mucha curiosidad por descubrir qué emociones despertará este disco en directo. Hasta ahora he convivido con estas historias desde la soledad del proceso creativo; muy pronto empezarán a escribirse de nuevo, pero esta vez junto al público.
Porque, al final, los discos nacen en el estudio... pero su verdadera vida comienza cuando alguien los escucha y decide convertirlos en parte de su propia historia.
También será el inicio de una nueva etapa para Fakir y Los Psíquicos. A partir de esta experiencia, el proyecto comenzará a construirse sobre el escenario junto a Erick Espartacus, quien coprodujo el disco conmigo y participó en el desarrollo y composición de algunos temas, su incorporación aporta una nueva energía creativa a este universo que sigue creciendo de manera natural, veremos como se da esto para el futuro próximo de Fakir y Los Psíquicos.