El cantante publica ‘Curso de armonía persecutoria’, un álbum trabajado durante tres años que recorre distintos sonidos y emociones
Yorch:
“Un amor reposado aguanta mejor el paso del tiempo”
El cantante y compositor Yorch publica ‘Curso de armonía persecutoria’, un disco que ha tardado casi tres años en tomar forma y que nace de un proceso creativo marcado por la búsqueda musical y personal. En esta entrevista habla sobre la inspiración detrás de sus canciones, la relación entre música y cine en su carrera y el papel que juegan ciudades como Madrid o Sevilla en su forma de escribir.
Ahora que el disco ya es una realidad, ¿qué sensaciones tiene?
Estoy bastante tranquilo, la verdad. No tengo expectativas muy concretas. Sí tengo ganas de que salga, claro, pero es un disco que se ha trabajado durante mucho tiempo y eso me ha permitido reposarlo mucho y estar tranquilo en ese aspecto. Ahora mismo estoy más agobiado por el trabajo de promoción, redes sociales, vídeos... que por el lanzamiento en sí. Al final la recepción del disco es algo bastante incontrolable. Tengo la suerte de contar con un gran equipo que ya está currando y lo va a hacer lo mejor posible, luego ya depende de que a la gente le gusten las canciones. Ha sido un proceso de casi tres años. Está muy pensado y muy trabajado. En el sonido final también ha sido fundamental Jordi Gil, que se encargó de las mezclas.
Uno de los primeros adelantos fue ‘Maldita dinamita’, una canción que casi se queda fuera del álbum.
Sí, porque tenía dudas con ella. Me parecía una canción un poco agresiva y además se compuso muy poco antes de entrar al estudio. Había muchas canciones ya hechas y esta llegó casi al final. Fue Paco Loco, el productor, el que me dijo que tenía que quedarse. Y ahí se quedó.
La letra de esa canción habla desde el dolor. ¿Compone mejor desde esa emoción?
No lo sé. En el dolor necesitas una vía de escape para no volverte loco, y eso permite que de forma más urgente pueda surgir la letra de una canción. Pero también hay canciones, como ‘Fiestas de bailar’, que nacen desde un lugar luminoso, muy alegre y radiante, aunque también habla de una relación en la que dos personas se quieren pero también se cuidan. Las canciones no nacen solo del dolor. Aunque es verdad que escribir desde ahí muchas veces también ayuda a curar una gran parte de la herida, aunque no sea en su totalidad.
Hablando de ‘Fiestas de bailar’, ¿el amor sano es el que se despoja de la locura?
Yo creo que sí. Hay que enloquecer de amor, pero sin perder del todo la cordura. Me interesa más el amor sin locura que con ella. Por supuesto que he amado con locura, como mucha gente, y es muy bonito y, a la vez, muy complicado. Me gusta la idea de un amor en el que no te olvidas de ti mismo; es fácil abandonarse y perderse por culpa de un amor. Un amor tranquilo, reposado, seguramente dura más y aguanta mejor el paso del tiempo. Me gusta tener una relación en la que no haya ansiedad, el amor merece vivirse sin ansiedad.
¿Considera que es la canción más luminosa del álbum?
Sí, probablemente. ‘La décima’ también lo tiene, pero desde una tranquilidad mayor. ‘La décima’ la hemos tocado alguna vez en acústico y es una canción que está como cierre del disco, pero habla de muchas cosas, como de la importancia de no perderse, porque aunque tengas pareja, familia o trabajo, al final eres tú contigo mismo. Ese es el primer paso, respetarte, cuidarte y quererte.
En el disco explora varios caminos sonoros. ¿Era algo premeditado o ha surgido en función de cómo han ido surgiendo las canciones?
El propio título del disco, ‘Curso de armonía persecutoria’, tiene que ver con eso. Después de mi disco anterior, ‘Fabulonia’, entré en una crisis creativa porque sentía que me estaba repitiendo y que me faltaban herramientas. Una amiga me recomendó hacer un curso de composición en la Escuela de Escritores. Allí nos obligaban a escribir una canción cada semana y a buscar letras desde lugares distintos a los que estaba acostumbrado. También trabajábamos mucho la parte armónica. Yo lo pasé fatal porque había gente que sabía mucho de teoría musical y yo no. Pero de ese curso surgieron muchas canciones del disco. El título del disco viene de toda esa experiencia. Me di cuenta de que las canciones que estaban surgiendo pedían un abanico sonoro, que podía haber una sevillana, aunque luego haya acabando sonando a otra cosa, y que conviviera con canciones más electrónicas, pop, folk... Fuimos investigando recorridos sonoros diferentes en cada canción sin perder la coherencia, sin dejar de ser uno mismo.
Jugando con el título del disco, ¿le persiguen las armonías o tiene que salir a buscarlas?
Es un poco como jugar al “pilla-pilla”. A veces te pillan ellas y otras veces tienes que ir tú a buscarlas. Estamos en ese diálogo.
‘Tequila rosa’ ha sido otro de los adelantos del álbum. Pocas canciones habrá que hagan un recorrido tan descriptivo por la noche de Madrid.
Sí, surge de una noche vivida en Madrid y también de un ejercicio que viene del curso del que hablaba antes: escribir una canción que funcionara como un flashback cinematográfico. La historia empieza en un momento concreto, con él despertándose en la cama, y luego retrocede doce horas para contar qué ha pasado. Me parecía muy interesante investigar con ello con la letra, quizás por mi experiencia en el mundo del cine. ‘Tequila rosa’, además, es una secuela, porque hice otra canción, ‘Interior, exterior’, que era un recorrido por Sevilla. Tengo mucho cariño a un tema en el que, además, la participación de Irene Escolar le da un tono muy bonito.
En su persona conviven el cine y la música. ¿Se retroalimentan?
Sí, completamente, están todo el rato conviviendo, por ahora no se molestan demasiado. Sinceramente creo que se retroalimentan. El cine tiene muchos tiempos muertos entre proyectos, rodajes o financiación. En esos momentos la música aparece con más facilidad porque es más inmediata. Aunque este disco haya tardado tres años en hacerse, normalmente puedes ver resultados más rápidos. Yo siempre digo que escribí canciones antes que guiones, así que la música siempre ha estado ahí. Al hacer música, soy más feliz haciendo cine, y viceversa.
Madrid también aparece como protagonista en canciones como ‘Madrid Capital’. ¿Qué significa esta ciudad para ti?
Madrid es muchas cosas, para empezar, una gran contradicción. Madrid es una ciudad a la que, si va todo bien, le rodaremos una película como homenaje muy pronto. Tengo una madre en Sevilla y otra en Madrid, por decirlo así. Es una ciudad donde lo he pasado fatal, me he sentido muy solo, cuando uno siente ansiedad aquí Madrid es dura porque es grande e incómoda; pero me parece una ciudad infinita, he sido y soy muy feliz aquí. Llevo aquí 20 años, he tenido muchas posibilidades de volver a Sevilla, pero al final, por unas cosas u otras, sigo en Madrid, y creo que es así porque es una ciudad que me sigue sorprendiendo: para mí Madrid es la ciudad de las sorpresas, todos los días pasa algo que te sorprende y que quizás no ocurre en otras ciudades. ‘Madrid capital’ habla un poco de eso. Madrid también está muy mal vista fuera, especialmente en ciudades más pequeñas donde todo es un poco más fácil se preguntan cómo es posible vivir aquí. No sé si moriré aquí o no, porque son cosas que uno no puede controlar, pero mi vida sigue estando aquí.
¿Es, entonces, Madrid una fuente constante de inspiración?
Sí, todo el rato. Cuando escribes, ya sean canciones o relatos, todo lo que te pasa influye. Si estoy en Madrid, Madrid aparece en las canciones. Si estoy en Sevilla, aparece Sevilla. Al final escribes desde lo que estás viviendo.
¿Es “Sevillana a mi padre” la canción más emotiva del disco a título particular?
Sí, probablemente es la canción más emotiva del disco. La letra es muy cruda, viene de un sitio muy particular, en ella digo cosas que me dan pudor y que no sé cómo las van a recibir algunas personas de mi familia o amigos de mi padre. Es la primera canción que me pone un poco nervioso en este aspecto. En una entrevista en Radio Nacional la metieron y sonó, por primera vez, con gente extraña a mi alrededor y para mí fue muy emocionante. Es una canción que tiene algo muy especial. Me ha costado mucho volver a escucharla.
¿Se visualiza tocándola en directo?
Sí, aunque necesitamos un muy buen pianista para hacerlo. La producción de esa canción fue idea de Paco Loco, la llevé en bruto. Yo no sabía cómo arreglarla y él propuso llamar al pianista Rafa Foncubierta. El piano le dio una dimensión completamente nueva, suena a copla, a tango, de hecho tiene un compás diferente a una sevillana habitual. También creo que la incorporación de Quentin Gas a la voz fue un acierto porque le ha dado ese punto de flamenco que yo no era capaz de aportar.
¿Qué planes tiene para presentar el disco en directo?
Había una idea inicial de presentarlo ya, en primavera, pero es un disco que necesita presentarse con mucho cuidado y cariño, porque hay vientos, necesitamos un buen pianista, colaboraciones... hay que hacer un buen show, y eso requiere tiempo. Me gustaría hacer una presentación en Madrid y otra en Sevilla, probablemente en otoño. A partir de ahí, si surgen conciertos y gira, estaremos encantados de salir a tocar.