Personajes

NERDIS:

“Un calcetín es humilde, pero también puede ser un símbolo de identidad”

Carlos y Jorge Santigosa, dos hermanos madrileños, revolucionan la industria textil con NERDIS. Aúnan diseño y nostalgia sin generar stock ni desperdicio

Desde un garaje en la Sierra Oeste de Madrid, dos hermanos han puesto en marcha NERDIS, una marca de calcetines que une nostalgia, cultura pop y tecnología de impresión digital bajo demanda. Con un modelo ‘made to order’, producción local y una filosofía de consumo consciente, el proyecto apuesta por personalizar lo cotidiano sin generar stock ni desperdicio. Hablamos con sus fundadores sobre emprendimiento, sostenibilidad, tecnología textil y el reto emocional de crear una empresa desde cero.

NERDIS surge de una conversación entre ustedes, que son hermanos. ¿Cuál fue el punto decisivo para pasar de la idea a la acción?
Carlos Santigosa: Estábamos en un momento vital parecido. Yo estaba en crisis con mi trabajo anterior, no sabía por dónde tirar, y mi hermano también. En una conversación casi filosófica sobre qué hacer con nuestra vida, de repente salió el tema. No recuerdo ni cómo, pero apareció sobre la mesa la idea de aprovechar nuestros conocimientos: redes sociales, diseño, moda, cultura digital... y lanzarnos. Empezamos de forma muy creativa, sin tenerlo del todo claro, desde un logo hasta ideas más concretas, y de repente nos vimos viajando a Portugal para ver fábricas y máquinas.

Jorge Santigosa: Hay un punto importante para contextualizar: vivimos en el campo ahora, y eso lo cambió todo. Nos gustó esa filosofía de vida y pensamos: ¿cómo podemos crear un proyecto desde casa, desde aquí? La idea de montar nuestra propia fábrica en el garaje nace de eso, de fusionar nuestros mundos. Yo ya había tenido una marca de calcetines en 2012 y había trabajado muchos años en moda, incluso en India. De la noche a la mañana regresé porque nuestra madre falleció. Vivíamos en Madrid toda la vida, al lado del Parque Berlín. De repente nos vimos los dos solos en el campo y pensando qué podíamos hacer. Lo más importante de este proyecto es la relación que estamos cultivando como hermanos. Esto nos está uniendo, nos está permitiendo conocernos más y, a la vez, fusionar su andadura profesional con la mía. Fusionar su camino profesional con el mío ha sido sanador. El proyecto va mucho más allá del negocio.

El nombre NERDIS es muy significativo. ¿Qué querían expresar con él?
Jorge: Siempre hemos sido un poco “frikis”, dicho con cariño. Cada uno es friki de lo suyo. Queríamos resignificar eso. Hoy todo el mundo es nerd de algo: de las zapatillas, del cine, de los pájaros, de los cassettes.

Carlos: Ser un friki siempre se ha visto como algo despectivo, pero queremos cambiarlo porque, de un tiempo a esta parte vemos que a todo el mundo le apasiona algo. Queremos celebrar con esta marca que somos nerdis de lo que nos gusta.

Jorge: Comenzamos con otro nombre, pero no nos funcionó muy bien, así que acabamos con Nerdis. Cuando arrancamos queríamos hacer calcetines de toda la vida, pero nos hemos encontrado con que el textil nos ofrecía una nueva tecnología.

¿Por qué el calcetín como soporte?
Jorge: Gracias a la tecnología de impresión digital 360 que usamos, podemos fabricar solo cuando se vende. No hay stock muerto. Diseñamos, se vende y se produce. Eso cambia completamente las reglas del juego. ¿Por qué hacer varios diseños y crear mil pares de cada uno de ellos y luego ver si los vendemos?

Carlos: Montar una marca se puede hacer, mucha gente se embarca en ello, pero irnos a la raíz primaria, a la fabricación y a controlar todo el proceso está siendo tremendo.

¿En qué consiste exactamente su modelo de producción?
Jorge: Trabajamos con calcetines base en crudo y los imprimimos bajo demanda. En 24–48 horas se fabrican y se envían. No hacemos 500 pares “por si acaso”. Si se venden 20, se hacen 20. Si luego se venden más, se repone. Es ‘made to order’ real. Yo empecé a trabajar en este ámbito en 2012 y he visto una proliferación de muchas marcas de calcetines, pero esto ofrece algo nuevo. No solo hacemos diseños basados en la nostalgia como hablábamos antes. Estamos desarrollando una parte de ‘custom socks’, para que alguien pueda entrar en nuestra web y que le hagamos un calcetín en base a sus gustos personales. También a partir de ideas bajo pedido como, por ejemplo, el dibujo que hizo un sobrino y que se puede regalar a toda la familia. Creamos contigo, te acompañamos en el proceso, ya seas un cliente, una empresa o una marca. Juntos hacemos calcetines que antes no existían, solo cuando nos los pides.

Esto conecta directamente con la idea de zero waste.
Carlos: Totalmente. Incidimos mucho en que el calcetín no existe hasta que tú lo pides. Hacemos mucha pedagogía con eso. Queremos fomentar un consumo consciente: mejor comprar menos y mejor. Somos muy afortunados y entendemos que hay mucha gente que no está en nuestra situación, pero desde el lugar privilegiado que tenemos nos podemos ver que comprar un calcetín a dos euros hoy es una locura si te paras a pensar quién lo ha hecho, dónde y cuánto se ha contaminado hasta que llega a tu pie. Cuesta que la gente comprenda este modelo, pero es sentido común.

  • Uno de los diseños de NERDIS

¿Qué tipos de clientes tienen?
Carlos: Muy diferentes. Marcas, artistas, museos, radios, pequeños negocios como una carnicería o una hamburguesería... Podemos hacer muestras en horas, algo impensable en el textil tradicional. No obligamos a nadie a comprar grandes cantidades. Caminamos juntos, viendo qué se vende y qué no. Por ejemplo, recientemente hemos tenido un pedido de un equipo de remo que quería que todos sus miembros fueran con la misma prenda. Estamos democratizando que se pueda adquirir unos calcetines personalizados.

Jorge: Como somos creativos y nos gusta, les proponemos ideas para dárselo fácil. La gente puede plasmar en un calcetín su identidad y hacia allá vamos. Un calcetín es humilde, discreto, pero puede ser un símbolo de identidad. Se trata de personalizar tus pasos. El calcetín es un lienzo.

En esta andadura, ¿hay algún diseño que la gente demande más?Carlos: Han gustado mucho las flores. También hemos hecho un diseño sobre ‘Orgullo y prejuicio’. Diseñamos de una forma un poco abstracta, perseguimos que la gente entienda una referencia, queremos que haya un mensaje, que no sea un merchandising literal ni ponemos logos. Es inspiración artística de la nostalgia, cosas que nos gustan y que tienen que ver con la cultura de consumo de nuestra generación: cine, literatura, juguetes de los 90, cultura pop. Queremos conectar con esa parte de la persona a través del calcetín, que no deja de ser un lienzo donde crear. Ahí hay una capa emocional muy potente.

¿Se plantean ampliar a otras prendas, como por ejemplo las camisetas?
Jorge: Evidentemente queremos, pero hay que ir poco a poco, paso a paso, calcetín a calcetín. La tecnología que tenemos es tubular, así que podríamos hacer otros complementos, pero ahora el foco está claro. Lógicamente eso también conllevaría que tuviéramos que buscar inversores, personas que nos pudieran ayudar con un pulmón financiero. Estamos abiertos a todo, pero ahora mismo lo vemos inviable.

Carlos: El calcetín es nuestro elemento diferenciador. Hay marcas que quizás hacen esto en sudaderas o camisetas, pero en calcetines no lo hemos visto, al menos de esta forma.

Jorge: Yo empecé trabajando con calcetines porque no encontraba unos que me gustaran, por eso nació la idea. Para que te hagas una idea, yo estudié Derecho. Desde esa idea inicial hemos llegado al presente, donde tenemos una máquina que permite imprimir en 4K. En cambio, antes había que hacer una especie de punto de cruz, la definición no era la misma. Consiste en observar el detalle, algo que funciona muy bien para un regalo especial.

Desde dentro de la industria, ¿cómo les ven?
Jorge: España ha sido un país muy calcetero, ha sido una industria muy familiar. Los artesanos de toda la vida nos ven que nos estamos metiendo en un área sin tener familiares ni antepasados relacionados con el mundo textil. Nos dicen que estamos locos. Esta tecnología no requiere una formación como las que exigían las máquinas antiguas de tejeduría. Carlos, que es quien lleva la producción, es muy minucioso, detallista y perfeccionista. Cuando ven la calidad, flipan. La tecnología no elimina lo artesanal: cada calcetín se coloca a mano, uno a uno. Sigue habiendo dos manos detrás de todo.

Somos fabricantes porque, desde la experiencia, sabemos que se puede dar el caso de que el fabricante te deje tirado. El hecho de poder controlar todo el proceso de producción nos permite seguir adelante y no depender de otros. No creemos que los precios sean elevados.

Carlos: Contamos con el apoyo de un artesano que nos asesora en algunas cuestiones. Hacer calcetines también es alquimia, saber cómo se cose, cómo se cierra, cómo la tecnología intenta cubrir una necesidad como puede ser evitar rozaduras en el pie... Todo es muy técnico, muy curioso y apasionante. Planteamos llegar al punto donde este proceso sea similar al de un sastre, tener un calcetín a medida, porque no todos tenemos el mismo pie ni el mismo gemelo, la pisada... No nos quedamos solo en el diseño. Estamos pisando todo el día, se le da muy poca importancia a eso. Por ejemplo, ya hay tejidos que sirven para evitar que el pie sude. Queremos hacer pedagogía también con la idea de que es muy importante aquello que te pones en los pies. El calcetín es más importante de lo que pensamos.

  • “Un calcetín es humilde, pero también puede ser un símbolo de identidad”

Emprender tiene también una cara dura. ¿Cuál ha sido el mayor obstáculo?
Jorge: Cada día sorteamos obstáculos. Emprender sin dinero es muy complicado. Llevo muchos años emprendiendo y he comprobado que hay un punto en común: con dinero se puede hacer más dinero. Hay que sembrar, regar, dar lo mejor de uno mismo... Y ni eso garantiza que la idea prospere. Me cuesta tener que explicar que estamos emprendiendo, que vivimos en la sierra de la Comunidad de Madrid y que empezamos desde cero.

Vivimos en tiempos convulsos de satisfacción instantánea, de ahí que tenga sentido este proyecto, que vaya todo poco a poco. Quizás el mayor obstáculo nos lo hemos quitado: depender de terceros.

Queremos que sea una prenda que se ponga todo el año, pero el del calcetín es un negocio muy estacional, sobre todo en la mente del consumidor, que suele comprar más en invierno.

¿Se han sentido apoyados?
Carlos: Sentimos que estamos solos en la aventura, con lo bueno y con lo malo que ello supone. Hay una romantización excesiva del emprendimiento desde el garaje de tu casa, la película la conocemos, pero el día a día es duro, la incertidumbre existe. A pesar de ello, no nos arrepentimos, asumimos esta realidad. Confiamos el uno en el otro y en el proyecto.

Jorge: Frustra ir a un banco a pedir un crédito de cantidades pequeñas y que te pidan un aval. Si no se ayuda a emprender, cómo se van a tener bienes para avalar. Además de crear, emprender y trabajar, ir al banco para tener que explicar que tienes tu vida puesta en esto para que te aporten 5.000 euros desgasta mucho. Con las líneas de ayudas ocurre parecido. También queremos recalcar que somos socios de la asociación ADI, que aglutina a empresarios de la sierra oeste de Madrid. Nos están ayudando y probablemente tengamos una ayuda ‘leader’ de los fondos Next Generation. Han sido los que más nos han acompañado y los que más se han interesado por nuestro proyecto. Estamos muy agradecidos porque nos están brindando un apoyo y una atención que no hemos encontrado en otras instituciones o empresas privadas.

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