El actor y artista argentino Matías Umpierrez presenta ‘PLAY’, una curiosa propuesta escénica que reflexiona sobre el odio. Se puede ver en Condeduque hasta el sábado 31 de enero
Matías Umpierrez:
“Muchos políticos incitan a seguir trabajando sobre la idea del enemigo”
Una “conferencia performance”, o una “investigación escénica”. Así define Matías Umpierrez ‘PLAY’, la particular propuesta que puede verse hasta este sábado 31 de enero en Condeduque y en la que el actor argentino explora “el atlas del odio”.
Vayamos al origen de ‘PLAY’. ¿Qué le llevó a idear esta obra? ¿Alguna experiencia en primera persona?
Esta obra nació como una necesidad de hablar del odio. Luego de la pandemia hubo una especie de aceleramiento en relación a la tecnología, pero también a cierto resentimiento, se fue generando un malestar en la sociedad y muchos grupos políticos y económicos trataron de allanar ese camino para incitar al odio. Empecé a sentir una necesidad de primero crear un archivo, porque todo mi trabajo investiga distintas cuestiones en la historia del odio en nuestra relación con la ficción. Eso me llevó a pensar un montón sobre cierto odio que heredamos culturalmente y familiarmente. Me parecía entonces interesante poder hacer algo con todo eso, porque evidentemente el odio es algo tan humano como la bondad, aunque es verdad que esto provoca tanto miedo que hay veces que no lo terminamos de comprender o entender, es un sentimiento con el cual tenemos que lidiar. Me parece interesante llevar esas preguntas a escena para poder reflexionar junto al público.
A través de las historias que va contando sobre el escenario, ¿podemos considerar que la incitación al odio no es, por tanto, una práctica que haya surgido con las redes sociales?
En relación a el estudio sobre este archivo pareciera que todas las épocas convivimos con el odio, porque está sujeto a una condición humana. En ese sentido creo que en esta revolución cognitiva que estamos viviendo a través de la tecnología y de la relación entre lo físico y lo virtual los sentimientos quedan mucho más amplificados, sobre todo el del odio, porque, en un momento donde empiezan a aparecer una cantidad de estímulos virtuales que se multiplican constantemente, esas voces se vuelven coros muy fuertes para el día a día. Pero yo no creo que sea diferente a otras épocas, lo que pasa que actualmente los estimula y los hace mucho más presente esta gran revolución cognitiva de la que somos parte y en la que, por momentos, somos víctimas.
Entre otras cuestiones, la obra reflexiona sobre la pulsión de desear el mal a alguien concreto. ¿Se ha acrecentado en los últimos tiempos?
Lamentablemente la historia de los humanos, en una gran parte, se ha construido a través de luchar frente a un espacio de bien común, creando un enemigo. Pareciera que sin esa idea de enemigo hay dificultad para poder unirnos y para poder ir hacia adelante. Ese enemigo se va construyendo cambiando de máscaras a lo largo de las épocas. Creo que no se ha acrecentado en el último tiempo, sino que está más presente justamente por esta revolución cognitiva. Ahora hay una cantidad de mandatarios políticos en distintos lugares del mundo que están incitando constantemente a seguir trabajando sobre la idea de enemigo y que el enemigo pareciera que constantemente está entre nosotros. Eso lleva a una división de la sociedad que es muy complicada, una especie de brecha, de alejamiento y de fragmentación de lo social cuando en realidad lo social tiene que estar unido por la conversación y de unión, no de separación. La obra también viene a cuestionar, de alguna manera, ese modo de dominación para volver a conectar con nosotros como pueblo y entender que el poder lo tiene, precisamente, el pueblo. Es el pueblo el que elige a ese poder político. En estos momentos estamos en una lucha con ese modo de dominación que no es pluralista ni lo suficientemente de construcción colectiva como desearíamos gran parte de la sociedad.
Anima al público a tener sentido crítico respecto a la información que nos llega. ¿A qué cree que se debe que, en plena era de la comunicación, estemos más desinformados que nunca?
Esta era nos genera tanta posibilidad de acceder a la información que termina creando un estado de alienación, también por momentos de apatía frente a todo lo que está pasando y a toda la cantidad de informaciones que estamos recibiendo. Hay una parte de la psiquis que tiende a preservarse y que, en un momento dado ya no pueda absorber más información. Por eso son las artes tienen una gran capacidad en estos momentos distinguiéndose de la cultura del entretenimiento que, a su vez, está trabajando sobre la cultura del aburrimiento, mientras que la cultura del arte está trabajando sobre la historia de la sensibilidad. Incitar a través del espacio de la sensibilidad a un espacio por momentos de recogimiento, un espacio de tranquilidad, mucho más meditativo o inclusive más contemplativo es justamente incitar a un espacio que permita generar sentido crítico frente a la sobreinformación, un sentido crítico que haga que no repitamos constantemente lo que recibimos a partir de ciertos grupos económicos que quieren que pensemos de tal o cual manera para ellos generar más capital económico, sino en realidad preservarnos frente a todo eso y poder entender qué es lo que realmente necesitamos.
¿Nos hace falta más conciencia sobre los discursos de odio que, en algunas ocasiones, nos llegan de forma sibilina?
No sé si nos hace falta más conciencia sobre los discursos de odio, creo que están muy presentes de distintas maneras. Tal vez sí nos hace falta darnos cuenta que los discursos están más presentes de lo que pensamos, no solamente con estos políticos o de empresarios ambiciosos que quieren poder y más desigualdad social, sino que que también hay discursos de odio en muchas otras estructuras. Por ejemplo, aparecen en la industria del entretenimiento, a veces en la música y en distintas cuestiones en donde aparece una necesidad constante de rivalidad, en vez de un espacio de conversación, de intercambio que nos termine fortaleciendo. De alguna manera el ejercicio que hacemos en 'PLAY' ES demostrar que esa forma se despliega a distintas maneras, no solamente a través del discurso tradicional que entendemos de odio.
Play en inglés tiene diversos significados. ¿Se presta esta obra también a jugar sobre el escenario?
Sí, definitivamente. La palabra play aparece dentro de la obra primero como un cuestionamiento. La he utilizado siempre sin traducción y corresponde a las tecnologías que entraron en nuestras vidas para desplegar una cantidad de discursos, entre ellos el del odio. Es una especie de conversación donde el inglés parece un idioma que lo legitima todo, cuando en realidad los humanos somos parte de un montón de idiomas, de posibilidades de comunicarnos. Después, por otro lado, de entre todos los significados que puede tener esa palabra aparece ese juego de la escena, el juego de una pieza de teatro. Por eso en escena yo estoy jugando con una cantidad de elementos que son de radiograbadores a tocadiscos, a esculturas, a marionetas... a distintos elementos.
En la escenografía no faltan elementos multimedia. Estando en una sociedad tan polarizada como la actual, ¿le ha generado algún conflicto interno la elección de los discursos políticos por posibles miedos a críticas?
Yo no le temo a nada siempre que estoy dentro del territorio del arte. Por eso me pareció interesante trabajar en el archivo y luego ver cuáles discursos eran interesantes para poder pensar desde la escena. Nunca estoy pensando un espacio de rivalidad, traigo justamente ciertos discursos para poder pensarlos desde un espacio de reflexión.
Siendo un tema que atraviesa culturas, ¿tiene planificado llevar ‘PLAY’ a otros países?
Luego de nuestra temporada en Madrid presentaremos 'PLAY' en Buenos Aires, antes de ir a Ciudad de México. Esperamos seguir girando dentro de España por otras ciudades y provincias también, como al igual en Europa.
¿Qué poso le gustaría que dejara esta obra entre el público?
Me encantaría que el público pudiera descubrir un montón de perspectivas que desconoce. Creo que el trabajo del arte es sobre la percepción y las posibilidades de descubrirnos y descubrir a quienes nos rodean de otra manera. Ojalá que la pieza incite justamente al sentido crítico frente a la realidad que nos toca vivir. Después, por otro lado, me gustaría que generara conversación. En las primeras funciones que ya hicimos se generan muchos debates y muchas conversaciones. A través de esa conversación, en el devenir de la práctica artística, creo que podemos reelaborar la realidad en la que vivimos.