La cantautora celebra 30 años en la música con una gira que conecta las canciones de Ella Baila Sola con su trayectoria en solitario. El próximo 19 de noviembre volverá a actuar en una sala mítica: la Galileo Galilei
Marilia:
“Cada canción habla de todos: surge de lo personal, pero acaba siendo universal”
Marilia celebra treinta años en la música con una gira que conecta las canciones de Ella Baila Sola con su trayectoria en solitario. El 19 de noviembre regresará a la Sala Galileo Galilei de Madrid con un repertorio que combina recuerdos, nuevos arreglos y composiciones de ‘Bailar conmigo’. La cantante y compositora reivindica la vigencia de ‘Mujer florero’, la necesidad de cuidarse y el vínculo que mantiene con el público: “Las canciones nos recuerdan quiénes somos”.
Está inmersa en una gira que celebra sus treinta años en la música. Ahora que ya ha ofrecido varios conciertos, ¿cómo está viviendo este aniversario?
Estoy muy agradecida y muy feliz, porque de niña soñé con hacer canciones y conectar con la gente. Verme ahora, treinta años después, celebrando canciones que han llegado a su corazón, que he compuesto o cantado, o las dos cosas, y poder seguir haciendo canciones gracias al público es algo que tiene mucho que ver con el agradecimiento de esta gira.
También con el reencuentro con amigos, con gente que ha formado parte de mi camino. Gracias a ellos estoy aquí. Creo que los he acompañado en diferentes momentos de su vida, a algunos sin darme cuenta: en momentos felices y en otros más tristes.
Siento que es un honor vernos las caras. Por eso estoy haciendo conciertos más cercanos, no solo festivales grandes, sino espacios como la Sala Galileo, donde podemos vernos cerquita. Este verano también he estado tocando en pueblitos, en una plaza, delante de un convento o dentro de una iglesia. Todo lo que sea vernos de cerca, mirarnos a los ojos y cantar juntos es un regalazo para celebrar estas canciones, que tienen mucha magia y siguen teniéndola. Hay que celebrar que estamos aquí.
¿La respuesta del público le hace apreciar todavía más estos treinta años de trayectoria?
Totalmente. A veces no somos conscientes de todo lo que tenemos. Es como la importancia de la salud: hasta que no te coges un catarro no te das cuenta.
Lo que me está regalando esta gira es ser más consciente de cómo nos ha unido la música, de su poder y de la suerte de haber escrito canciones que puedan gustarle a alguien, que lo hayan acompañado y nos hayan conectado. Hay una sensibilidad en el otro que yo noto. Cuando a alguien le gusta ‘Cuando los sapos bailen flamenco’, conectamos de una manera; cuando le gusta otra canción, conectamos de otra. La música también nos permite conocernos unos a otros, y eso es una suerte.
En marzo agotó las entradas en la Sala Galileo. ¿Qué recuerdos se llevó de aquella noche?
Me sorprendió y me emocionó muchísimo el cariño de la gente. Poder mirarnos y estar en una sala tan mítica para nuestra ciudad y para la historia de la música... He visto actuar allí a gente que adoro, desde Faemino y Cansado hasta Jorge Drexler.
También fue muy bonito poder invitar a amigos a compartir escenario, porque el camino no se hace solo. La gente venía con el corazón e hicimos juntos un viaje del pasado al futuro. Hubo personas que salieron diciendo: “No sabía que me las sabía todas”. Me encantó escucharlo. Sobre todo, estaba esa conexión de celebrar. La vida ya te pone muchas cosas por el camino y siento que tenemos que celebrar lo que nos hace sentir bien.
Aquel concierto abrió la gira y después me he dado cuenta de que hay algo muy bonito que ocurre en todos: cuando cantamos estas canciones, nos recuerdan algo nuestro, quiénes somos, algo que a veces hemos olvidado. Es un viaje por dentro. Rescatas algo tuyo que a lo mejor habías olvidado.
Volverá a Galileo el 19 de noviembre. Desafiando aquella frase de Sabina sobre no regresar al lugar donde fuiste feliz, ¿afronta este concierto de manera distinta al primero?
Sí, quiero hacer algunos cambios. De hecho, quiero incluir alguna canción nueva. Va a ser un concierto un poco largo, pero confío en que la gente venga a darlo todo y a disfrutar. Está dentro del mismo concepto: hacer un viaje desde las canciones que nos unieron, desde Ella Baila Sola hasta mi último disco, ‘Bailar conmigo’.
Dentro de este recorrido por treinta años de canciones, ¿ha recuperado alguna que le haga especial ilusión a título personal, más allá de lo que espera el público?
Sí. Luego dependerá de cómo esté ese día, pero me pasa, por ejemplo, con ‘Infinito’, que era la última canción del último disco de Ella Baila Sola. Me sentí feliz cuando la compuse y creo que aporta algo muy diferente a otras, así que me hace mucha ilusión incluirla.
A veces hago cambios de última hora y meto otra cosa. Necesito que estén esas canciones; si no es esa, será otra. También tienen que estar las que la gente puede y quiere cantar, porque me parece importante que vea ahí parte de su viaje. Están casi todas las que más han sonado y después hay algunas concesiones para los profesionales del camino, los que también se saben todas las caras B.
El concierto tiene eso de mágico: también debe ser algo personal y del presente. Además, las canciones del último disco se unen muy bien con las que la gente conoce desde hace años. Eso me está dando una sorpresa increíble y una alegría enorme.
Me gustaría hablar de ‘Mujer florero’. En su momento tuvo mucho impacto, pero, ¿ha percibido algún cambio en la forma en que el público recibe la canción en los tiempos actuales?
Es una canción que escribí con todo el cariño hacia nuestras madres y abuelas, y también con sorpresa por cómo a veces se trata de meter a todas las mujeres en el mismo molde. Sí la veo vigente. Está cantada desde la ironía y choca mucho oírla ahora, porque no estamos acostumbrados a esa claridad, a esa ironía. Hay muchas canciones que no sé si se escribirían hoy o si se verían igual.
Pero se mantiene y se sostiene en el tiempo. Cuando la toco en directo veo mucha complicidad y muchas sonrisas. Nos recuerda que hemos caminado mucho, pero también que nos queda mucho por recorrer. La canción es un espejito. Cuando volví a tocarla después de muchos años me chocó, porque la manera de contarlo es muy fuerte. A la vez, tiene mucha ironía, que fue la herramienta que utilicé para contar aquello.
Siento que todavía puede ayudar o hacer camino. Es un regalazo y un honor. No solo en España: en Latinoamérica también me han dicho mujeres que descubrir esa canción les dio mucha fuerza. Ojalá algún día ya sea algo anecdótico.
¿Cómo trabaja estas canciones para llevarlas al directo? ¿Prefiere ser fiel al sonido original o dar una vuelta con nuevos arreglos?
Lo he planteado como una celebración: respetar la esencia de la canción, pero también jugar un poco para que podamos jugar todos. No quería que fuera solamente un viaje mío. He pedido a los músicos que busquemos arreglos para traer los sonidos al presente, pero sin olvidar la esencia ni esos guiños que nos conectan con las canciones, porque había unos arreglos fantásticos.
Al revisarlas me he dado cuenta del trabajo fantástico que se hizo en su momento y creo que también está respetado. Sobre todo, he intentado jugar con las armonías. Soy muy de estar escuchándolas y quería que pudiéramos disfrutar de todo eso desde el presente. A la banda la pongo ahí a trabajar.
Antes de volver al presente, quería preguntarle por Ella Baila Sola. Se ha escrito mucho sobre aquella etapa. ¿Ha visto algo contado desde fuera que le haya chocado o dolido especialmente?
No. Siento que fue la evolución de la vida y que está bien evolucionar. Era lo que tenía que ser y ya está. Bendita evolución, porque todos tenemos que hacerlo.
Después de treinta años dedicada a la música, ¿cómo vive las dificultades de sacar adelante un proyecto artístico, esas que el público muchas veces no ve?
Esta profesión es una montaña rusa. Yo la elijo cada día y sé que soy la misma persona de ayer y de hoy, con todos esos altibajos. En todas las profesiones tenemos un montón de retos. Lo veo con amigos que han elegido otros caminos. En estas profesiones quizá aún más, porque hay una incertidumbre más grande, pero también está la necesidad de compartir, crear y componer. Tienes que hacerlo.
Además, son profesiones que ayudan a superar la timidez y los miedos. Compones una canción, pero después compartirla con la gente tiene su reto y también es una preciosidad. Vas disfrutando cada vez más y eso es lo bonito del camino. Te diría que el hecho de que haya retos hace que demos a cada cosa el valor que tiene y que la apreciemos más. Como lo que hablábamos antes: el día que te coges un catarro piensas en la suerte que tienes de no estar así todos los días.
Creo que importa más la actitud que tenemos frente a lo que pasa que lo que pasa en sí. Si lo puedes aprovechar para aprender o mejorar en algo, también tiene un sentido. Aunque ojalá no hubiera que sufrir nada.
Una de las canciones de su último disco se llama ‘Me merezco todo lo bueno’. ¿Conecta también con las dificultades del camino y con haber llegado hasta aquí?
Me merezco todo lo bueno y se lo deseo a todo el mundo. Es una canción que conecta con reconocernos que merecemos estar bien, porque a veces estás en una rueda y no te acuerdas. Tiene que ver con ese cuidado hacia uno mismo. Este disco habla mucho de que la libertad está dentro de uno mismo y ‘Me merezco todo lo bueno’ es un pasito más. De hecho, está en el disco para recordármelo. Escribí esta canción, que es como un mantra rock. Todos necesitamos recordarlo a veces.
Estamos haciendo las cosas lo mejor posible y también tenemos que cuidarnos, recoger energía y decírnoslo. No pasa nada. Era un deseo de celebración con los demás en directo, aunque después no la toco tanto. No está en todos los conciertos, sino en algunos muy especiales. Me gusta mucho recordarlo con la gente y que sea una celebración.
En treinta años todos cambiamos y evolucionamos. ¿Ha cambiado mucho su forma de componer?
Ha cambiado. Mi forma de componer es muy abierta y va cambiando. Eso es lo que me gusta: que se modifica y no está atada a un lugar o a una hora determinada. En cualquier sitio puedo ponerme a componer o tener una idea. También puedo dedicarle tiempo y que no venga nada que me guste. Requiere el espacio necesario y la apertura para que vaya evolucionando, porque nunca es igual. A veces llega una letra; otras, una música. Lo importante es darle su momento, porque para mí es muy especial y es lo que más me gusta hacer.
Hay una canción de Ariel Rot que dice: “La vida es un baile de ilusiones y el que no baile está muerto”. ¿Qué le sigue haciendo bailar hoy?
La ilusión. La ilusión, la fe y la confianza mueven montañas. A mí me sigue moviendo escribir canciones y compartirlas con la gente. El momento del concierto, cuando una canción tiene la magia suficiente para conectar con otro y significar algo para él, eso me mueve. Creo que mueve montañas y nos hace recordar quiénes somos.
Al final, cada canción habla de todos. Nace de lo personal, pero llega a lo universal. Esa conexión me ha movido desde pequeña, desde que escribí mi primera canción con once años. Estar unidos gracias a la música sigue siendo un motor.