El mentalista sueco presenta ‘El arte de leer la mente’, un libro donde aborda los errores que dificultan la comunicación interpersonal y ayuda a entenderse mejor
Henrik Fexeus:
“Al mentir, decimos una cosa pero nuestro cuerpo envía señales de estrés”
Los numerosos avances en el mundo de la investigación no impiden que determinadas cuestiones relativas a nuestra mente sigan siendo una incógnita en pleno 2026. A algunos de esos interrogantes trata de dar respuesta Henrik Fexeus en un libro que se ha convertido en un auténtico fenómenos de masas: ‘El arte de leer la mente’.
En las primeras páginas del libro advierte que no hay que tomarse demasiado en serio estas teorías, pero asegura que su aplicación puede dar lugar a resultados muy interesantes. ¿Qué podemos conseguir con este libro?
El objetivo del libro es presentar técnicas que te permitan crear mejores relaciones con otras personas sin tener que utilizar, básicamente, nuevas palabras. Todas estas técnicas ya forman parte de nuestro comportamiento subconsciente, pero no las utilizamos tan bien como podríamos.
En el primer capítulo matiza qué entiende por leer la mente y expone el error que, según su teoría, cometía Descartes. ¿Cree que esa ruptura de ideas diferencia este libro de otros que hemos podido leer sobre comunicación?
Sí, es el verdadero motor del libro y, diría, de la buena comunicación en general. Hay muchísimos libros que se han centrado en los aspectos verbales de la comunicación, de la resolución de problemas o de la construcción de relaciones. Pero la verdad es que nos comunicamos con todo nuestro ser.
Nos comunicamos y enviamos señales a los demás con el tono de voz, la respiración, la postura y el lenguaje corporal. Todas esas señales se interpretan y reciben una respuesta, seamos conscientes de ello o no.
En este libro intento mostrar qué señales estamos enviando y a cuáles estamos respondiendo sin ser necesariamente conscientes. Porque esas señales que emitimos de manera inconsciente provocan una reacción en la otra persona, queramos o no, y afectan a la relación que podemos establecer con ella.
👀 Gestos, miradas, palabras y pequeñas señales pueden decir mucho más de lo que creemos.En «El arte de leer la mente», Henrik Fexeus comparte técnicas basadas en la psicología para entender mejor a los demás, comunicarte y fortalecer tus relaciones.¡Ya en librerías! https://t.co/2HufsfZqxU
— Editorial Planeta (@edit_planeta) September 23, 2026
Hablemos de un concepto clave del libro, el rapport. ¿Qué importancia tiene saber establecerlo para desarrollar una carrera profesional exitosa?
Tiene el cien por cien de importancia. Por decirlo de manera sencilla, si no has establecido ese rapport, la otra persona no te va a escuchar. Y, si te escucha, tiene muchas posibilidades de entenderte mal.
Antes de poder comunicar algo significativo, necesitas establecer una relación en la que las personas te entiendan y quieran escucharte. Para tener una buena comunicación, primero es necesario crear esa relación, ese rapport.
Desde su experiencia, ¿cuál es el principal fallo que cometemos y que impide establecer un buen rapport?
Diría que hay dos cosas. La primera es que no somos conscientes de las técnicas que utilizamos de manera subconsciente para construir o destruir ese rapport. Eso significa que podemos estar creando una mala relación cuando creemos que estamos creando una buena, porque no sabemos realmente lo que estamos haciendo.
La segunda tiene que ver con la necesidad de entender al otro: cómo piensa y cómo prefiere comunicarse. Para eso tenemos que observar mucho a la otra persona, pero no lo hacemos. Cada uno tiende a centrarse en sí mismo: me centro en mí, en mi mensaje y en lo que quiero transmitir. Pero, si hago eso, no tengo idea de cómo va a recibirlo el otro. Si no he establecido ese rapport, el mensaje no va a llegar bien.
“Aunque no seamos conscientes, las señales provocan siempre una reacción en la otra persona”
Asegura que un buen rapport nos permite influir en otra persona, pero sin controlarla. ¿Cómo se refleja esa idea en los mensajes que los políticos dirigen a la sociedad?
Creo que los discursos de los políticos siguen estando construidos para hacerte sentir determinadas emociones, porque quieren que lleves a cabo determinadas acciones. Para actuar, ya sea votar o hacer otra cosa, primero tienes que sentir algo. Todo empieza con las emociones.
Pero espero que los políticos, cuando no están dando esos discursos, sino que están gobernando y tienen que cooperar, se centren en establecer una buena relación, una buena comunicación y un sentido de colaboración entre ellos. No estoy seguro de que eso esté sucediendo. No creo necesariamente que lo hagan, pero hasta ahí no puedo llegar yo: no lo sé.
Otro de los asuntos del libro es la impresión sensorial y cómo interpretamos el mundo de manera distinta en función del sentido que utilizamos preferentemente. ¿Se puede modificar el sentido dominante?
Lo que explico en el libro es que todos utilizamos diferentes sentidos en distintas situaciones, así que vamos cambiando entre unos y otros. También hay una discusión, que planteo en el libro, sobre si la propia idea del sentido dominante es cierta o no. Lo que hemos encontrado otras personas y yo al experimentar con ello es que parece haber algo de verdad, pero resulta difícil replicarlo de manera científica. Por tanto, todavía no hay una conclusión clara.
¿Por qué lo incluyo en el libro? Aunque con esto no esté respondiendo exactamente a tu pregunta, parece que, si intentas centrarte en el sentido dominante de otra persona y adaptarte a él, consigues un buen resultado. Pero quizá se deba simplemente a que estás muy concentrado en esa persona, la estás observando y estás poniendo tu atención en ella.
La discusión sobre el sentido dominante sigue abierta; no hay una respuesta clara. Y también debo mencionar que, cuando escribí el libro, era un tema mucho más candente que ahora.
¿Hasta qué punto identificar las emociones de nuestro interlocutor nos permite anticipar cuál va a ser su reacción posterior?
Esa es, en realidad, mi definición de leer la mente: empieza por leer las emociones. Si puedes entender qué emoción está sintiendo una persona, probablemente, gracias al contexto, también puedes hacerte una buena idea de lo que está pensando.
El siguiente paso es comprender qué acción pueden provocar ese pensamiento y esa emoción. La dificultad es que, muy a menudo, cuando sentimos algo intentamos esconderlo. No queremos mostrarlo. Ese es uno de los problemas. El otro es que nos hemos vuelto bastante malos, o al menos algunos de nosotros, a la hora de identificar qué emoción está sintiendo otra persona. Entre que uno la oculta y el otro no observa bien, ahí surge el problema.
Por eso una parte importante del libro se dedica a explicar que todas las emociones llevan asociada una respuesta fisiológica. Hay una reacción en nuestro cuerpo, y una de esas respuestas son las expresiones faciales: los ojos, la boca, la cara en su conjunto.
Por mucho que intentes no mostrar una emoción, siempre habrá algo visible en el rostro. Si aprendes a identificar esas respuestas y entiendes con qué emociones están relacionadas, puedes hacerte una buena idea de lo que una persona está sintiendo, quiera mostrarlo o no. Eso, a su vez, puede ayudarte a comprender qué está pensando y, quizá, cómo va a actuar. Con un poco de suerte, puedes llegar hasta la acción y predecir ese comportamiento.
En el capítulo séptimo ofrece pautas para detectar mentiras. ¿Cuál es la contradicción más habitual entre lo que decimos de palabra y nuestra comunicación no verbal?
Depende mucho de cada persona y del contexto, pero probablemente lo más común sea decir que todo está bien mientras enviamos un montón de señales de estrés o de tensión. Por ejemplo, cuando decimos: “¿Qué quieres decir? No hay ningún problema” o “No, volví directamente a casa. No hice nada especial”. Intentamos quitarle importancia, pero al mismo tiempo emitimos todas esas señales de estrés.
Pueden ser movimientos nerviosos, hacer cosas con las manos o los dedos, tocarnos la piel para regular el nivel de cortisol o determinados movimientos musculares. Diría que lo más común es esa combinación: decir que todo está bien mientras el cuerpo emite todas esas señales. Ahí es donde puedes identificar la mentira.
También dedica un capítulo a la comunicación no verbal cuando tratamos de ligar. ¿Cuáles son las claves en estas situaciones y qué errores cometemos con más frecuencia?
El mayor error es darle a ese momento una importancia que no tiene. De repente, cuando queremos acercarnos a alguien y hablar con esa persona, lo convertimos en algo enorme.
Si intentamos hablar con ella y no quiere hablar con nosotros, sentimos que queremos morir de vergüenza porque pensamos que todo el mundo lo ha visto, que todos han visto cómo nos han rechazado. Pero nadie lo ha visto y a nadie le importa. No tiene tanta importancia como creemos.
Por eso, lo primero que tenemos que hacer, si queremos acercarnos a alguien que nos parece interesante, es que esa no sea nuestra razón para estar en esa situación. Si estás en un bar con tus amigos, estás allí para tomar algo con tus amigos. Ese es el motivo por el que estás allí. Si, además, quieres hablar con alguien, eso es un añadido, pero no debe ser lo principal.
Lo mismo ocurre si estás tomando un café o haciendo un curso de cerámica, lo que sea. La razón por la que estás allí no debería ser que quieres hablar con esa persona. Después puedes acercarte a quien quieras y hablar. Porque, si todo gira alrededor de eso, se convierte en algo demasiado grande y demasiado intimidante. Y eso te hace parecer desesperado y no funciona.
“Ser rechazado por alguien no tiene tanta importancia como creemos”
Para terminar, ¿qué ha supuesto este libro en su trayectoria personal y profesional, después de haber sido traducido a más de 35 idiomas y contar con más de un millón y medio de lectores?
Lo ha significado todo, realmente. Cuando escribí este libro, todo lo que incluí era lo que yo necesitaba saber para mi propia vida. Había estudiado estas investigaciones porque quería mejorar en la interacción social.
Pensé que quizá hubiera otras doscientas o trescientas personas a las que también les resultara útil aprender estas cosas. Pero me llevé una sorpresa enorme al ver en qué se convirtió y descubrir que había tantísima gente que también necesitaba aprender todo esto y mejorar.
Ha sido increíble la respuesta de los lectores. He recibido mensajes de todo el mundo contándome cómo utilizan estas técnicas y cuánto les han ayudado en distintas facetas de su vida. De hecho, considero que mi propia carrera profesional es el resultado directo de utilizar las técnicas de este libro. Así que sé que funciona.
Pero todavía me sorprende. También me sorprende que el libro siga vivo y continúe teniendo ese éxito. Por supuesto, eso me hace feliz, pero al mismo tiempo me entristece pensar que la gente sigue teniendo esa carencia de habilidades sociales y sigue necesitando aprender todo esto. Sería mucho mejor si ya lo supiéramos.