Personajes

Carmen Mola:

“Muchísima gente se ha dejado llevar por los neones del poder y el dinero”

Antonio Mercero, Agustín Martínez y Jorge Díaz regresan a la escritura conjunta bajo el nombre de Carmen Mola con ‘Los húerfanos’ (Planeta), una novela que se adentra en el crimen organizado de Marbella

La publicación de ‘El clan’ en 2024 dio pie a un paréntesis en el que los tres integrantes de Carmen Mola (Antonio Mercero, Agustín Martínez y Jorge Díaz) publicaron novelas de forma individual. Ahora regresan con ‘Los huérfanos’, una historia ambientada en Marbella.

¿Cómo ha sido el regreso al universo de Carmen Mola?
Antonio Mercero: Teníamos ganas. Efectivamente, ha habido un paréntesis. Hemos disfrutado de la borrachera de libertad que supone escribir solo, algo que ya se nos había olvidado un poco, pero también hemos echado de menos que tus compañeros te saquen las castañas del fuego tantas veces cuando te atascas.

En la vida no existen las experiencias puras, sino que todo tiene sus pros y sus contras. Nos lo hemos pasado muy bien, como siempre sucede, porque disfrutamos escribiendo juntos. Estamos encantados de tener una nueva propuesta de Carmen Mola en el mercado.

¿Cuál fue el germen de ‘’Los húerfanos’’? ¿Apareció primero la idea de ambientarla en Marbella o alguno de sus personajes?
Agustín Martínez: La primera idea era alejarnos del mundo de Elena Blanco, de la saga de la BAC y de las cinco novelas que habíamos escrito con esos personajes. Nos parecía que, desde el punto de vista de la investigación policial, ya habíamos contado todo lo que queríamos contar y deseábamos darle una vuelta.

Creo que en una de las primeras reuniones surgió la idea del crimen organizado y la referencia a las grandes películas y novelas que han abordado ese mundo. También nos parecía interesante girar la cámara y conseguir que nuestros protagonistas, en lugar de ser los buenos, fueran los malos, poniendo el foco sobre ellos. A partir de ahí comenzamos a trabajar. Después, cuando pensamos dónde viven los malos en España, inevitablemente apareció Marbella. Y allí nos fuimos.

Hasta hace unos años asociábamos Marbella con el lujo, el glamur o el mundo de los famosos y sus fiestas de verano. Ahora también se habla mucho de su rostro menos amable. Incluso se ha producido una serie de Movistar Plus+ sobre ello. ¿Cómo ha sido el proceso de documentación? ¿Han recurrido a las noticias de sucesos?
Jorge Díaz: Nosotros teníamos la imagen de esa Marbella que hemos conocido durante toda la vida: Sean Connery viviendo allí, Jaime de Mora y Aragón, Gunilla von Bismarck, Jesús Gil y todas esas cosas. Tienes una idea determinada de Marbella relacionada con los famosos, pero, al mismo tiempo, encuentras en los periódicos noticias sobre un clan, un tiroteo o el asesinato de una persona en una terraza de Benalmádena o algún otro punto de la Costa del Sol.

Ahí aparece ese conflicto que buscas siempre cuando empiezas a escribir. Tenemos conflictos familiares, pero también una ciudad que nos proporciona esa ambigüedad. Nos ofrece el lujo, la buena vida y un lugar bonito, pero, junto a todo eso, nos muestra la existencia de mafias de todo el mundo. Muchas veces nosotros decimos en broma que aquello es como las Naciones Unidas: están la Mocro Maffia, las mafias del norte de Europa, los albanokosovares, los rusos o los británicos. Cuando te preguntas dónde puedes reunirlos a todos, la respuesta es Marbella.

Por otro lado, es una ciudad estupenda, limpia y bonita, con restaurantes maravillosos y tiendas fantásticas. Tiene esas dos caras y eso es lo que nos gusta de Marbella. Si únicamente tuviera un lado malo, tampoco nos interesaría ambientar allí una historia.

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En las primeras páginas conocemos de dónde proceden ‘Los húerfanos’: un orfanato de Belfast. ¿Era clave mostrar ese origen para comprender de dónde nace su violencia, especialmente la de Trevor Strummer?
Antonio Mercero:
Sí, era fundamental. No es una violencia gratuita. Trevor no ha nacido necesariamente siendo violento, pero vive una experiencia terrible en la que él sufre violaciones y los demás padecen humillaciones y vejaciones de todo tipo.

Eso va construyendo un trío de personas rabiosas que, después de dar algunos tumbos por Belfast tras su experiencia en el orfanato, decide aterrizar en Marbella. Nos parecía que eso iba a intrigar mucho al lector: vamos a descubrir de qué son capaces estas tres bestias una vez que llegan a Marbella.

Como Carmen Mola, creemos que comenzar con fuerza es una marca de la casa. Es algo que los lectores ya esperan de nosotros. Lo hacemos siempre porque es nuestro gancho: agarrar al lector de la pechera desde las primeras páginas. Todo ese prólogo ambientado en un orfanato de Belfast, por sí mismo sórdido y terrible, nos parecía que cumplía esa función.

Tanto la Hermana Mei y, sobre todo, Laura Pastor tienen un papel protagonista. Pese a que el título está en masculino, ¿son realmente las mujeres quienes mueven los hilos de la trama?
Agustín Martínez:
Creo que las mujeres desempeñan un rol muy dominante dentro de ‘Los húerfanos’. Cuando comenzamos a plantear la historia éramos conscientes de que los relatos sobre el crimen organizado han sido tradicionalmente muy masculinos.

Si echas la vista atrás y piensas en ‘El padrino’, por ejemplo, las mujeres son completamente accesorias. Son la esposa o la novia, pero no desempeñan un papel propio dentro de la historia. También queríamos cambiar eso, mover el tablero y recolocar las piezas.

En el caso de Laura Pastor, lo tuvimos muy claro desde el principio. Ella y el conflicto con su familia constituyen uno de los gérmenes de Los húerfanos. Su punto de vista nos parecía muy interesante: es el viaje de una mujer que se encuentra en el lado bueno, porque es fiscal, hacia la oscuridad para intentar resolver el lío en el que se ha metido su madre. Nos parecía muy jugoso.

Después apareció el personaje de la Hermana Mei, que siempre fue una mujer, aunque en un principio no era china, sino italiana. Nos parecía muy interesante que la persona que moviera todos los hilos del crimen organizado en Marbella fuera una mujer.

El personaje surgió de una combinación de las cosas que nos contó la Guardia Civil y de un referente real: una mujer llamada la Hermana Ping, que manejaba una parte importante del crimen organizado en Nueva York durante los años ochenta y principios de los noventa.

Nos parecía muy interesante introducir en la novela a un personaje del que no esperas en absoluto que esté al mando de todo y que, sin embargo, sea quien maneja la historia.

Hablemos de Laura Pastor. Además de sus andanzas profesionales, tiene una parte familiar muy importante y atraviesa un arco relacionado con su padre. ¿Tenían claro todo ese recorrido desde el principio o fue el propio personaje el que les condujo hasta él?
Jorge Díaz:
Laura Pastor es la protagonista, aunque la novela sea muy coral. Casi podríamos haber llamado al libro ‘Laura Pastor’.

Siempre hemos comentado que queríamos hacer una historia de familias. Una de ellas es la de ‘Los húerfanos’, que está marcada por la violencia, la venganza y su reacción ante lo ajeno. Sin embargo, también tenemos otra familia: los Pastor. Son una familia tradicional en la que, en teoría, las relaciones se parecen a las de cualquiera de nuestras familias. Hay un padre, unos hijos y una madre que se ocupa de determinadas cosas.

Cuando Laura Pastor era joven sucede algo terrible. El hombre que había sido su referente, hasta el punto de que ella se convierte en abogada como él, jugaba con ella en la piscina y la llevaba a la playa. Sin embargo, por determinadas circunstancias, descubre que su padre es un monstruo.

Entonces quiere alejarse de él y se marcha de Marbella. Permanece veinte años fuera, construyéndose la vida que considera que debe llevar y que, en realidad, está planteada en oposición a la de su padre. Después sucede algo relacionado con su madre, a quien acusan de homicidio. Laura está convencida de que no lo ha cometido y, para defenderla, necesita regresar a Marbella y volver a relacionarse con su padre veinte años después.

Existen muchos conflictos en la novela relacionados con el crimen organizado, pero el gran conflicto personal aparece cuando Laura Pastor empieza a darse cuenta de que quizá no sea tan diferente de su padre. Ha querido construir una vida en oposición a él, pero tal vez esa no sea su verdadera vida. El viaje de la novela consiste en descubrir si Laura Pastor será al final la misma persona que era al principio o si acabará pareciéndose a su padre.

  • “Muchísima gente se ha dejado llevar por los neones del poder y el dinero”

Dentro de ese dilema, ¿qué pesa más: las raíces familiares y la sangre o el deber ético que debe mantener una fiscal?
Antonio Mercero:
La familia pesa mucho. Incluso en las familias más disfuncionales y conflictivas cuesta muchísimo alejarse del núcleo.

El sentido ético de la vida es algo que uno va aprendiendo e incorporando y, por supuesto, es fundamental. Cada persona tiene su propia brújula moral. En esta novela vemos cómo prácticamente todos los personajes contemplan cómo esa brújula se descabala.

Hay una reflexión sobre el poder, sobre la embriaguez del poder y sobre cómo la aspiración a ser poderoso puede desajustar tu brújula moral. Es el camino que recorre una persona hasta corromperse, algo que se puede trasladar perfectamente a la política española, porque está llena está llena de ejemplos.

Yo diría que las dos cosas compiten en importancia: la fuerza de la sangre y esa brújula moral que resulta fundamental conservar, pero que puede desajustarse más fácilmente de lo que pensamos.

Entre los casos que trata Laura Pastor aparece el de un testigo protegido. La novela busca fundamentalmente entretener al lector, pero ¿también querían poner el foco en la complicada realidad que viven muchas veces estas personas?
Agustín Martínez:
Un testigo protegido cuenta en España con una legislación muy pobre y apenas tiene protección. ¿Cuántas páginas tenía la ley?

Antonio Mercero: Creo que eran cuatro o cinco folios. Es algo muy básico que nunca ha sido desarrollado

Agustín Martínez: Desde el punto de vista de la honestidad, la legalidad y todas estas cuestiones, a veces exigimos a determinadas personas que se conviertan en héroes. Ya no se trata únicamente de ser decente. Estás poniéndote en riesgo y declarando en un juicio contra personas que sabes que pueden hacerte mucho daño, sin que exista a tu alrededor una protección legal y policial suficiente.

Ese es uno de los agujeros de la Justicia en España y queríamos ponerlo sobre la mesa. También planteamos una reflexión sobre la propia Justicia, que a veces resulta frustrante. Puedes pensar: “Sé lo que ha ocurrido, lo tengo todo clarísimo, pero no puedo hacer nada”.

La ley es muy garantista, y eso tiene una parte positiva, pero también puede impedirte hacer justicia de alguna forma. Debido a esa frustración, los personajes terminan tomando decisiones que los alejan inevitablemente de la Justicia y de la ley.

Uno de los personajes que se aleja de la ley es Alberto Pastor. Al comienzo, incluso su socio del despacho deja claro que no está dispuesto a avanzar por determinados caminos. ¿Hay un deseo de mostrar que tomar el atajo fácil también tiene consecuencias y exige pagar un peaje muy duro?
Jorge Díaz:
Las decisiones de Alberto Pastor, de una en una, ninguna es grave si pensamos en la pregunta anterior. Creo que es importante mostrar esa progresión. Alberto Pastor no empieza siendo malo. Empieza siendo un abogado que tiene un pequeño despacho en el que no entran casos y que conserva esa brújula moral de la que hablábamos antes.

De repente, le llega un caso en el que debe defender a un culpable. Un abogado puede defender a un culpable; es más, se le exige que lo defienda. Y consigue ganar el caso. A continuación aparece la Hermana Mei, porque ha defendido a uno de los suyos, y le propone encargarse de sus asuntos. Él piensa: “Bueno, un abogado puede ocuparse de las cosas de una empresaria”. Muy poco a poco va dando un paso más.

Si comparas al Alberto Pastor del final de la novela con el del pasado, el cambio es muy importante. Sin embargo, cada uno de los pasos que ha dado ha sido muy pequeño. Cuando ves a alguien a quien le ha sucedido algo muy grave puedes pensar que cometió un gran error. Puede ser, pero también es posible que haya cometido muchos errores muy pequeños. Alberto Pastor va dando esos pequeños pasos hasta llegar al lugar en el que se encuentra.

Podemos decir que se salta la ley, pero tampoco lo hizo de un día para otro. Todo ha sido muy paulatino.

  • “Muchísima gente se ha dejado llevar por los neones del poder y el dinero”

Dejando un poco de lado los moralismos, ¿muchas personas terminarían optando por el mismo camino que Alberto Pastor?Antonio Mercero: Muchísima gente se ha dejado llevar a lo largo de la vida por esos neones que representan tener más poder y más dinero. Por supuesto que sí. Estoy convencido.

Uno de los personajes que paga los daños colaterales es Aras. ¿Alguien en su situación podría pasar página y resistir la tentación de tomarse la justicia por su mano?
Agustín Martínez:
Sí, posiblemente, porque no todo el mundo reacciona de la misma manera ante una situación idéntica. Nos interesaba especialmente el punto de vista de Aras porque esta gran maquinaria del crimen también tiene víctimas y él es una de ellas.

Es un don nadie, un loser absoluto, un perdedor profesional al que todo le ha salido mal. Su carrera como luchador de artes marciales mixtas se truncó y, en realidad, también estaba basada en el engaño. Todo era un gran fraude. Después, cuando intenta conservar algo de dignidad, monta un desastre. Creo que por eso explota.

En teoría, sería el personaje más bestia y más animal, pero creo que no lo es. Su viaje resulta prácticamente inverso al de Laura Pastor. Al principio está muy anclado en la oscuridad y situado en el lado del mal, pero en un momento determinado decide no consumar la venganza por su cuenta y conseguir que todo avance hacia la legalidad.

Laura Pastor completa una especie de viaje y el final invita a pensar que podría protagonizar más aventuras en el futuro. ¿Puede tomar el testigo de Elena Blanco?
Jorge Díaz:
Cuando escribimos ‘La novia gitana’, planteamos una novela autoconclusiva. Presentábamos un caso y ese caso quedaba resuelto, pero después dejamos una puerta abierta por si Elena Blanco funcionaba y podíamos continuar.

Quizá por nuestra condición de guionistas de televisión, además de escritores, siempre pensamos: “Voy a crear un mundo y en él voy a incluir historias y personajes; sobre todo, voy a hacer que esos personajes evolucionen”. Eso es lo que hemos hecho.

En principio, tenemos una novela autoconclusiva, pero evidentemente hemos dejado una puerta abierta y hemos creado un mundo del que pueden surgir muchas más cosas.

Si me preguntas si habrá secuelas, te respondo: “Ojalá”. Eso significaría que a la gente le ha gustado Laura Pastor, el universo de estas tres familias y el mundo de Marbella. Si hubiera más novelas, significaría que ‘Los húerfanos’ ha gustado. Nosotros queremos que guste, pero eso no depende de nosotros. Salió a la venta ayer (NDR: esta entrevista se hizo el 10 de septiembre) y todavía no tenemos las opiniones de la gente. Tú eres periodista y las personas de la editorial ya la han leído, pero aún no sabemos qué piensa la gente que busca entretenerse con la novela o leerla en el metro mientras va de camino al trabajo.

Confiamos mucho en ella, nos parece que está muy bien y que los lectores se van a enamorar, por ejemplo, de la Hermana Mei. Pero todavía no lo sabemos. Si ahora mismo le decimos a la editorial que vamos a escribir otra, nos responderá: “Quietos, parad”. Esperamos que sí, pero no lo sabemos.

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