Personajes

Carlos Sadness:

“Escribir este libro ha sido un ejercicio íntimo y, sin buscarlo, sanador”

El artista barcelonés vuelve a explorar el universo literario de la mano de ‘El ruido de las estrellas’. En este libro mira de forma íntima a la imaginación y al arte

Algunas canciones suyas, como ‘Todo estaba bien’, cuentan por decenas de millones las reproducciones en diversas plataformas. Sin embargo, el talento creativo de Carlos Sadness no se ciñe exclusivamente a la música. El libro ‘El ruido de las estrellas’ (Lunwerg Editores) es un claro ejemplo de ello.

Para un artista con varios discos a sus espaldas, ¿qué ventana ofrece la literatura para contar algo diferente a la música?
Más que lo que puedes o no contar, es un formato que te lleva a un lenguaje diferente. El lenguaje condiciona mucho el lugar al que llegas. Yo soy bilingüe y, cuando compongo en catalán, me doy cuenta de cómo el idioma te lleva a otros espacios creativos. Aquí, usar el lenguaje de la literatura te despoja de las normas de la métrica, la rima, la melodía, la armonía. Es literalmente un folio en blanco. Me ha servido para convertir pensamientos muy abstractos, los que aparecen en la ducha, conduciendo, lavando platos o en un avión largo, en algo tangible, en un contenido real. Ha sido un ejercicio terapéutico que, sin ser yo nada místico, me atrevo a decir que ha tenido un efecto sanador.

¿Podría haber llegado a ese punto a través de la música?
No digo que no. El arte siempre es un conducto para ese tipo de necesidades. Pero, en este caso, ha sido a través de la escritura por donde lo he encontrado.

¿En qué momento decide que quiere escribir este libro?
No fue una decisión consciente. Las personas que nos dedicamos a la creatividad solemos escribir sin pensar para qué, sin un objetivo final claro. Yo iba escribiendo mucho. En un momento pensé que me apetecía hacer un libro sobre creatividad, sobre cómo la entiendes cuando eres niño y cómo esas vivencias permean en la vida adulta. Me daba cuenta de que tenía muchos textos más parecidos al ensayo, escritos que ponían palabras a sentimientos que había tenido en este proceso de soñar y alcanzar ese sueño. Juntando ambas cosas, aunque me diera mucho pudor hacerlo, el resultado era muy transparente.

¿Por qué le producía pudor?
Porque estoy acostumbrado a contar las cosas a través de canciones, que siempre tienen un misterio, se habla de verdades, pero vistiéndolas con metáforas; aquí todo es mucho más explícito. Pensé que, si asumes que eres artista, tienes que luchar contra la censura del propio pudor o del miedo a exponerse demasiado. Además, pensé que es un libro, una canción tiene, en ocasiones, un alcance mayor del que la mente de una persona humilde puede llegar a pensar, no sabes dónde puede acabar, estamos acostumbrados a ver cifras millonarias de reproducciones sin valorar que es una barbaridad. Sin embargo, me cuesta pensar que el libro lo vayan a leer un millón de personas, lo cual me salvaguarda de esa exposición.

“En las canciones hablo de verdades pero con metáforas, aquí es más explícito”

¿Ese carácter íntimo le hizo vivir el lanzamiento con más nervios que respecto a la publicación de un disco?
Sí. No soy una persona especialmente nerviosa, pero sí sentía ese reparo de “ya no hay marcha atrás, esto se va a leer”. Con un disco pasa algo parecido, pero tiene una exposición más camuflada.

En el libro rescata muchos recuerdos de su infancia. ¿Están presentes en su día a día o han brotado en este ejercicio de escritura?Algunos siempre han estado presentes, pero en ese recorrido aparecieron otros que tenía olvidados.Eso es muy valioso, porque en esa restauración de recuerdos he hallado, alrededor de ellos, otros que tenía un poco olvidados y que también tienen un valor. La infancia es un periodo finito: no habrá más recuerdos desde ese punto de vista. Sé que tendré muchos recuerdos como cantante, pero no como niño. Por eso los trato con especial devoción.

En un capítulo habla de Henri Rousseau y de su tendencia a crear sobre paisajes no vividos. ¿Se reconoce ahí?
No tanto, soy bastante autobiográfico en lo que escribo, aunque no siempre hable directamente de mí, sí lo hacen de cómo las veo. Sí que es verdad que cuando empecé a situar paisajes exóticos en canciones, muchas veces no había estado en ellos. Era una visión idealizada. Vi que lo hacía Rousseau, quien nunca estuvo en una jungla, pero pintó las suyas. Eso, lejos de parecerme atrevido, lo veo muy interesante: esa jungla es única, solo está en su cabeza y está creada a partir de ciertas ideas, que es lo que me parece más interesante de un artista, porque para conocer una jungla tal cual no miraríamos un cuadro sino que recurriría a National Geographic. Esa diferencia entre el fotógrafo, el periodista y el artista era algo de lo que yo también quería hablar, la visión subjetiva es lo que da valor al arte.

También cita a Freddie Mercury y la idea de hacer lo que uno quiere. ¿Es más difícil en el mundo artístico?
El mundo artístico y la industria artística no son lo mismo. Cumplir objetivos de la industria y ser fiel a uno mismo no siempre van de la mano, uno debe encontrar el lugar en el que se siente cómodo. Yo intento que la parte creativa no obedezca a objetivos de marketing, sí a objetivos artísticos, pero luego hay maneras de trabajar su recorrido. El arte tiene que obedecer a una pulsión humana, pero es cierto que la música que más se consume, la que hace números, responde más a una pulsión estratégica. No quiero decir que eso deje de ser arte, pero a mí no es el que más me haría sentirme realizado. Pienso que tiene que haber un poco de todo.

Aunque sea difícil de cuantificar, ¿cuánto peso tiene el instinto en su proceso creativo?
Bastante más de lo que cabría esperar. En el libro digo que casi siempre acabo volviendo a la primera idea, y es real. Esa primera primera idea, aunque sea imperfecta, que se ha construido con prisa, que no es académica, tiene una espontaneidad que luego es difícil reproducir. Eso nos pasa muchas veces en música cuando decimos que “la maqueta tenía algo”. Ese algo es el experimento, la novedad, el instinto, el impulso. Ahora, incluso grabo las primeras ideas con un buen micro, porque esa forma de decir una frase quizá no vuelva nunca.

Ese juego entre instinto y razón, ¿se da muchas veces en su cabeza?
Sí, precisamente porque a veces la razón te dice que eso que ha ideado el instinto no es perfecto o es ambiguo. Ahí comienza el trabajo de sobrepensar, que busca la perfección pero que no siempre juega a favor de la idea. Yo creo que la idea debe ganar siempre, aunque muchos otros artistas piensen que lo importante es la ejecución. Es muy personal.

Me ha llamado la atención el símil que establece entre las estrellas fugaces y las perennes. ¿Está perdiendo vigencia lo cotidiano en una sociedad tan tendente a la satisfacción instantánea?
Creo que es evidente, el libro reivindica mucho eso porque mi experiencia ha sido que las cosas que me salvan, las que me mantienen en paz o las que abrazan quién soy son las que, de algún modo, siempre están ahí, son pilares. La fama es algo que disfrutas mucho, pero que se puede ir o girar en tu contra. Pero una conversación con un familiar, un fin de semana en casa o ese viaje al pueblo de mi madre en lugar de un destino paradisíaco, me han devuelto mucho más a un lugar sano que otras cosas que son efímeras y más llamativas a priori. No hace falta ser cantante para vivir eso. Por ejemplo, todo mi entorno puede estar haciendo viajes a lugares como Bali y yo no tengo dinero y acabo yendo al pueblo de mi familia, cuando a lo mejor allí conectas con una serie de cosas que te van mantener de una manera más sana en el mundo que ese viaje que hago por cumplir una expectativa de vida. Creo en darle valor a lo que es accesible.

¿Es imprescindible ser sensible para ser creativo?
(Reflexiona durante unos segundos). Creo que sí, aunque puedo estar equivocado porque la creatividad es algo tan amplio que, para mí, lo abarca todo. Por ejemplo, yo trabajé en Publicidad, un ámbito un poco cabrón que, en ocasiones, quizás requiere de insensibilidad. Para ser insensible, primero tienes que conocer la sensibilidad. Desde luego la sensibilidad trabaja con la materia prima del arte.

El libro salió en noviembre y, unas semanas después, publicaba una canción con el mismo título. ¿Vino dada por este proyecto literario?
Sí. En la fase final del libro tenía toda esa temática en la cabeza y empecé a cantar un estribillo que acabó confirmando el título del libro. La canción nace del revuelto emocional del libro, aunque el libro es un proceso de casi cuatro años.

¿Qué tipo de feedback le está llegando del libro?
Mucho menos inmediato que con una canción, claro. Fue muy bonito y emocionante hacer firmas, porque la gente venía y comentaba cosas. Sobre todo hacían analogías con su vida y te das cuenta de que, yo cuento esto como cantante, puede ser cualquier cosa pero vivimos en un mundo que funciona de manera similar, sentimos de una manera parecida y habitamos la existencia de una manera similar, obviamente hablando de nuestra sociedad, con nuestros privilegios, porque hay gente que no puede permitirse tener preocupaciones como las nuestras. Me he dado cuenta de que personas muy dispares coincidíamos en cosas. No es solo un libro para artistas: cualquiera puede sentirse acompañado.

Habla mucho de la soledad. ¿Qué es para usted?
Mi relación con la soledad es complicada. Siempre he pensado que soy una persona a la que le gusta compartir, pero también es cierto que he desarrollado una relación con la soledad que me ha ayudado a estar en paz conmigo. El arte es refugio y, a la vez, exposición; no existiría si nadie lo recibiera. La obra está acabada cuando alguien la ve.Pensábamos que nos estábamos hiperconectando con herramientas como las redes sociales y, sin embargo, lo que hemos hecho ha sido individualizarnos más. He estado de gira, haciendo conciertos multitudinarios y, como cuento en el capítulo que se llama ‘Miraflores’, me he sentido muy solo. Ese contraste agrava mucho la sensación de soledad, no sentirte cómodo para compartir una preocupación, no compartir un éxito porque no quieres dañar al otro, no quieres quedar de prepotente... Todo eso también es una forma de soledad.

“Las redes no nos han hiperconectado, nos hemos individualizado más”

Ahora que el libro ya está en manos de los lectores, ¿se plantea escribir otro?
Después de acabarlo sentí un vacío enorme, como una falta de compañía y de falta de un lugar donde volcar todo lo que me pasaba por la cabeza. No me imagino abandonando el hábito de escribir, a lo que a veces llamo traducir, porque supone plasmar todos esos pensamientos. Obviamente ya lo hago con la música, así que una cosa compensa la otra. Cuando escribí el libro sentía que tenía muchas ganas de hacer canciones, sentía que había hablado mucho pero había cantado poco. Años atrás pasaba mucho tiempo dibujando, he perdido ese hábito, pero creo que lo he complementado con esta parte. Me encantaría volver a escribir.

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