Personajes

Rubén Pozo:

“El aplauso del público es la droga más fuerte que he probado”

En el año en que cumple medio siglo de vida, Rubén Pozo publica ‘50 town’, un disco concebido como celebración, confesión y punto de inflexión creativo que presenta este jueves 15 de enero en La Sala del Movistar Arena dentro de Inverfest

Publicó disco justo el año en el que cumplía medio siglo. ¿Casualidad o fruto de algo premeditado?

Esto lo pensé cuando hice la canción que da título al disco, ‘50town’. La compuse un par de años antes porque me estaba dando la crisis de los 50. Lo veía como un palo porque, además, me sonaba muy fea la palabra cincuentón. Jugué con ello y me surgió 50town, que creo que es más adecuado porque iba a llegar a la ciudad de los cincuentones. Se me ocurrió eso, cogí la guitarra y el cuaderno y surgió la canción. Normalmente hago los discos pensando en la gente, pero ‘50town’ es mi autorregalo, me doy a mí mismo una palmadita en la espalda porque, quién lo iba a decir, 50 años y aquí seguimos, con alegría y a por lo que venga.

El disco salió el 10 de octubre. ¿Qué balance hace de la acogida?

Está teniendo mejor acogida que anteriores trabajos míos, cosa que me hace muy feliz. También estoy rodeado de un equipo fantástico, incluyendo a todos los miembros del management. Tengo una banda increíble, Los Chicos de la Curva, con los que estamos haciendo una gira de presentación que está yendo muy bien. Lo noto en los conciertos: la gente ya se sabe las canciones del disco, las celebra, las pide. Hay un chup chup especial con este disco. Igual queda mal decirlo, pero creo que es un trabajo muy bueno. Dentro de lo que hecho en mi carrera, he estado especialmente inspirado, he tenido suerte y me han venido a visitar las musas con asiduidad y generosidad.


Son diez canciones que parecen muy pensadas para el directo. Imagino que esto ha facilitado el tránsito del estudio a los escenarios.

Hay de todo, canciones que sí son muy de directo. De esto me estoy dando cuenta ahora que las estamos tocando, en lo primero que pienso es que las canciones funcionen en la grabación. Algunas sí sabía que iban a ir muy bien en directo, como ‘Efímero’ o ‘El puto amo’, pero otras las estoy descubriendo ahora. Y es una grata sorpresa ver que funcionan tan bien arriba del escenario como en el disco. Hay veces que las cosas se dan bien, incluso en aquello que no tenías planeado. De alguna manera estoy teniendo suerte con ‘50town’, aparte del regalo que me he hecho con el disco los dioses me están sonriendo desde ahí arriba. Les estoy agradecido por ello.

Aludía anteriormente a Los Chicos de la Curva, la banda que le acompaña en esta gira. Después de tantos años de carrera, además de la valía artística, ¿valora especialmente que también haya afinidad en el plano humano?

Sí, desde siempre. Me gusta tocar con músicos mejores que yo para aprender de ellos, me estimula, pero yo solo puedo tocar con amigos, si alguien toca de la hostia pero si, bajo mi prisma, es imbécil, no toco bien con él. Me tiene que apetecer tocar con esa persona, por muy buena que sea. Con Los Chicos de la Curva se dan las dos cosas: son músicos excepcionales y amigos. Es gente con la que me apetece estar, incluso para no tocar sino para tomar algo. Eso no se puede mejorar.


La canción que da título al disco transmite muchas ganas de vivir. ¿Siente que todavía queda mucho por delante?

Sí, diablos. Es una letra optimista, como se refleja en una de las frases: “a mitad de la partida y aún con vida”, asumiendo que llegaré a los cien años (ríe). También decidí titular así el disco porque los 50 me parecen una cifra redonda en cuanto a la edad, si llego a los 100 será aún más redonda pero creo que mi cabeza no estará para celebraciones. Sí que siento que queda vida por delante, aquí estamos, todavía tengo curiosidad por las canciones, mi momento favorito sigue siendo cuando me sale una canción y quiero enseñársela al mundo. Me sigue ocurriendo eso tan mágico, y no me lo esperaba, creía que a los 50 ya se habría secado la fuente de la que manan las canciones. Hago más canciones que nunca, me he quitado muchos prejuicios, disfruto más de lo que hago y, sobre todo, tengo un público que no para de crecer, personas que me han pillado el rollo, que han tomado canciones mías que han hecho parte de su vida. Me siento un tipo afortunado, no me canso de decirlo.


¿Cuánto hay de confesional en las letras de ‘50town’?

Siempre hay una parte grande de confesión, aunque luego, en las entrevistas, lo maquille y diga que no sé de qué hablo (ríe). Incluso cuando escribes ficción, se cuelan cosas tuyas, a veces consciente o inconscientemente. Es como el primer libro de Charles Bukowski, ‘Cartero’. Como él dijo en ese libro, ‘50town’ es “una ficción que no se dedica a nadie”, pero que cada cual saque sus conclusiones. Da igual, lo importante es las partes del disco que conectan contigo como oyente, no conmigo; el disco ha dejado de ser mío.

En el tercer corte, ‘Cantar’, habla de volver a lo primario: cantar por placer. ¿En algún momento de su carrera ha sentido que las preocupaciones o la presión estaban por encima de ese placer?

Totalmente. Esa canción nace por eso, dejé de disfrutar cantando. Todo se convirtió en preocupación y un trabajo difícil para mí, a pesar de que antes había sido un disfrute y algo que salía casi sin querer. En un momento esto dejó de ser un oficio divertido para ser un curro. Empecé a tener problemas para cantar porque, a la vez, estaba pensando en mil cosas. Un día tuve que reconectar con la razón por la que hago esto. Lo primero, porque es un placer. Es cierto aquello de que espantas tus males, exorcizas el miedo. Esa canción, sencilla y hecha en quince minutos, me ayudó a exorcizar todos esos demonios negativos. Ha sido muy importante para mí, es de mis preferidas del disco.


La carrera de un artista, como la vida en general, es una montaña rusa. ¿Alguna vez se ha sentido “el puto amo”?

Sí, a veces. Igual que a veces me siento en la puta mierda (ríe). No es verdad ninguna de las dos cosas. La canción ‘El puto amo’ es otro autorregalo. Una vez al mes, durante media hora, me siento el puto amo, un genio de la canción. Es otra canción que me salió muy rápido, hecha sin autocensura. Es curioso, porque en una letra que trata de glorificarme también me tiro dardos hacia mí mismo. No me dejo ser el puto amo ni siquiera en una canción que se llama así (entre risas). La canción parte de un ejercicio de composición en la que me planteo cómo sería hacer una canción de rock duro con la temática lírica que utilizan quienes hacen rap y van a batallas de gallos. Eso es lo que hice, básicamente. Nadie de mi equipo me animó a meter este tema, he hecho como 40 canciones para el disco, y esta la he metido porque he querido. Como decía antes, estoy muy liberado de prejuicios, así que me he regalado meter una canción que se llama ‘El puto amo’. Dura dos minutos y medio, y cuando acaba vuelvo a ser un tipo tímido y apocado, pero mientras suena, para hacerla bien, la tengo que cantar de verdad y lo hago con la boca grande.


En 2025 salieron dos documentales, uno sobre Buenas Noches Rose y otro sobre Leiva, en los que, en cierta medida, usted tiene presencia. ¿En algún momento se ha planteado contar su propia historia a través de un formato similar?

La verdad es que no. Me lo han propuesto y no lo veo, no lo siento, ni por el lado del gran éxito ni por la otra cara, por la del superviviente que lleva muchos años en este difícil oficio tan voluble. No siento que tenga especial que aportar al mundo. Ven a verme a un concierto y sabrás todo lo que tengo decir, te voy a explicar todo, no necesitas una voz en off. Me gustan mucho estos dos documentales que has citado y me siento halagado de salir en ambos, pero, cuando me lo han propuesto para mí, he declinado cortés y amablemente la idea. Me daría mucho corte verlo. Si eso sigue en pie, que lo haga alguien cuando me muera. Estamos en la era de los documentales por el auge de las plataformas, ya no es solo cuestión de que se oiga algo, sino que también se tiene que ver, la pujanza de lo audiovisual. Ya digo que celebro estar en esos dos documentales pero, a la vez, siento que hay una saturación de este formato. Toda carrera de éxito tiene un documental, pero también los hay sobre casos de bandas que se quedaron a las puertas, como Buenas Noches Rose. Es una historia cien mil veces contada, con diferentes nombres. Eso sí, quiero dejar claro que solo es mi visión.


¿Cómo se lleva con la nostalgia?

Me llevo bien, también con la tristeza y la melancolía. Si me pillan en casa, con lluvia fuera, dejo que entren. Me parece un disfrute acordarse de viejas amistades o relaciones sentimentales. Parece que ahora todo pasa por el presente, el buen rollo, no mostrar la vulnerabilidad. Son emociones humanas y muy disfrutables. Me encanta acompañar la tristeza de canciones adecuadas. Por supuesto, también me encanta estar alegre y disfrutarlo. No me gusta huir de mis propios sentimientos, eso sí, cada cosa en su lugar. Por eso, si me pilla en casa, viva la nostalgia, la tristeza y la alegría. He aprendido a escuchar a mi corazón, a mi alma y a mis sentimientos, a dejar que se expresen. Hay algo en la sociedad actual que no debemos estar tristes, pero es parte del corazón y el espíritu humano, surge por algo, quiere decirnos algo. Trato de escucharme y aprender de ello. Por eso me encanta escuchar a Chavela Vargas, también me encanta llorar, que es algo que no me dejado hacer en años pasados.


Parafraseando al tema que cierra el disco, ¿a qué o a quién le dedicaría su última canción?

A todo ese público que ha estado en mis años de carrera. La gente que viene a los conciertos. igual no ha conectado con el último disco y sí lo hizo con un trabajo anterior. Ese público me ha pagado una vida, me pagan mes a mes el alquiler, la cuenta en el supermercado, las facturas y, antes que todo eso, aplauden a mi banda y a mí, me permiten seguir siendo un adicto a la droga más fuerte que he probado: el aplauso. Esas personas son las más importantes, han estado al otro lado de las canciones y, aunque a veces no lo consiga, ellos y ellas siguen viniendo a los conciertos. Toda esa gente, sea mucha o poca, es la que me permite seguir haciendo mi oficio y seguir siendo un yonki de los aplausos y de la validación artística, me siguen dando mi dosis en vena de aplausos y admiración. De todo lo que he probado, no hay nada que se iguale a esto, en efectos y el monazo que pasas cuando no lo tienes.


Para cerrar, ¿qué deseo le pide a 2026?

Virgencita, que me quede como estoy. Ni más ni menos, que no toquen nada, está todo bien así. Me siento en paz conmigo mismo, con mi arte, con mi vida y con mi corazón. Les doy las gracias todos lo que hacen posible que me sienta así.

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