Personajes

Andrés Barrios:

“El arte puede encontrarse en una mirada, en un olor o en una conversación”

El pianista y compositor utrerano presenta, dentro de los Veranos de la Villa, ‘Marea viva’, disco que consolida una voz propia dentro del flamenco contemporáneo

Aún no ha cumplido los 30 años y Andrés Barrios ya está considerado como uno de los nombres de referencia dentro del flamenco contemporáneo, un género musical que aborda desde su formación clásica y como un diálogo abierto con otros estilos. El próximo 29 de julio actúa en el Claustro del Instituto San Isidro para presentar su último disco.

‘Marea viva’, su último disco, vio la luz a finales de mayo. ¿Cómo está yendo la acogida?
Está yendo muy bien y estoy muy contento. Es un álbum que hemos cocinado a fuego lento y que grabamos en directo, como se hacía antiguamente, mirándonos a las caras. Lo hicimos de una manera muy viva y creo que eso se percibe en el resultado. Cuando escuchas el disco, tienes la sensación de que está cambiando cada día, de que permanece activo y vivo.

Son diez composiciones en las que conviven la raíz y la innovación. ¿Es sencillo establecer un diálogo natural entre ambos elementos?
Trato de no ponerle puertas al campo. Intento hacer lo que vaya surgiendo de mi mente en cada momento y creo que este disco refleja muy bien esa inquietud. Es verdad que parto de un sonido con mucha raíz flamenca, pero el concepto está plenamente situado en el siglo XXI. Hoy estamos expuestos constantemente a todo tipo de músicas y mantenemos contacto con personas de muchos lugares del mundo. En mi caso, además, gracias a la música he podido viajar por numerosos países. Todas esas experiencias terminan reflejándose en el disco.

¿Cómo enriquece su creación esa experiencia internacional y el contacto con músicas y culturas de otras latitudes?
Es algo muy enriquecedor, valga la redundancia. El flamenco es una música relativamente joven, aunque sus raíces sean milenarias. El flamenco más ortodoxo, tal y como lo conocemos hoy, goza de muy buena salud, pero al mismo tiempo está en una búsqueda constante y en permanente abrazo con otras culturas.

Tener la posibilidad de conocer no solo la música, sino también a las personas de esos países, y comprobar cómo reciben y sienten el flamenco es algo muy especial. Lo que intento es que el flamenco se mezcle con esas influencias, no para que se desvirtúe, sino para que se enriquezca y siga caminando. Las cosas nunca son perennes; el agua nunca pasa dos veces por el mismo sitio, como decía Heráclito.

La crítica ha señalado que este disco refleja un momento de madurez creativa. ¿Está de acuerdo con esa valoración?
Sí. Al final son muchos años de estudio. Primero estuvo mi formación clásica: estudié piano en el conservatorio durante catorce años. Después llegaron muchos años de investigación en músicas como el jazz y también en el flamenco, en este caso de una forma más autodidacta.

Toda esa inquietud constante hace que uno vaya encontrando su propio camino. Aunque no lo busque conscientemente, el sonido que surge de mi mente y de mis manos va adquiriendo una identidad propia. Supongo que eso llega poco a poco con los años. Espero que todavía me quede mucho por recorrer, porque será una buena señal que aún haya camino por delante.

Como comenta, su formación parte de la música clásica. ¿En qué momento decidió que el piano era el instrumento con el que mejor podía expresar todo lo que pasaba por su cabeza?
Lo tuve bastante claro desde pequeño. Entré en el conservatorio con siete u ocho años y ya tocaba un poco el piano en casa. Mi padre tocaba la guitarra, pero a mí me atraía más el piano porque sentía que me ofrecía más posibilidades.

Siempre me ha interesado mucho la armonía. Cuando escuchamos una canción solemos quedarnos con la melodía, porque es lo más evidente y lo que recordamos, pero yo siempre prestaba atención a todo lo que había alrededor. Eso que no se ve o resulta menos evidente es lo que da sentido a una canción y puede elevarla a otro nivel. El piano, al ser un instrumento polifónico, me permitía desarrollar esa armonía y hacer muchas cosas a la vez.

En una entrevista reciente para El Diario de Sevilla decía que desde muy pequeño sabía que la música iba a ser su vida. ¿En algún momento vio peligrar ese sueño de poder dedicarse profesionalmente a ella?
Cuando eres pequeño y estás estudiando tienes que compaginar muchas cosas: el instituto, las clases del conservatorio, que incluyen numerosas asignaturas, y otras inquietudes propias de la adolescencia. También sientes la presión de los profesores, de los padres, de los compañeros y de todo lo que te rodea. En esos momentos puedes llegar a plantearte si eso es realmente lo que quieres.

Siempre tuve claro que la música iba a ser mi guía. Otra cosa era saber si podría dedicarme profesionalmente a ella y subsistir económicamente. Eso estaba por ver y tampoco me lo planteaba demasiado. Lo que sí sabía era que quería vivir acompañado por la música, como una compañera totalmente leal a lo largo de mi vida.

En la presentación de su actuación en Veranos de la Villa aparece una frase: “La creatividad ni se crea ni se destruye, sino que se transforma”. ¿Qué significa para usted?
La creatividad es un concepto muy amplio y adopta tantas formas como personas existen en el mundo. Podemos encontrarla en cualquier lugar. A veces estoy observando un mosaico, un cuadro o un paisaje natural y eso provoca que nazca en mí una pieza musical. El arte puede encontrarse en cualquier elemento: en una conversación, en una mirada o en un olor. Cuando contemplamos el mundo desde esa perspectiva y entendemos que todo puede ser arte, la música permanece siempre en constante crecimiento y transformación.

¿Cómo es su proceso de composición? ¿Es de los artistas que creen que la inspiración debe encontrarlos trabajando?
Intento que el trabajo sea algo fundamental. El piano es un instrumento que necesita mucha dedicación. Es como ser un atleta: tienes que mantenerte activo y al día porque intervienen los músculos y la memoria muscular.

Después está la creación. Muchas veces estoy viajando en un avión, quizá en un vuelo de catorce horas como el que he hecho a Japón, y puede aparecer una idea sin que tenga un piano delante. En esos casos utilizo el móvil para grabar un audio, escribo una partitura o anoto una letra en una libreta. Aunque la inspiración pueda surgir fuera del momento de trabajo, hay que estar atento para que no se pierda. Nunca sabes cuál será la melodía que conectará más contigo mismo y también con la gente.

El próximo día 29 actuará en los Veranos de la Villa, en Madrid. ¿Qué se va a encontrar el público que acuda a ese concierto?
Va a ser un concierto muy especial. Me atrevería a decir que probablemente sea uno de los espectáculos más grandes que haya podido hacer hasta ahora. Llevamos un elenco muy amplio de músicos y, además de instrumentos habituales en mi música, como la percusión o el contrabajo, incorporamos elementos de baile, no solo flamenco, sino también de escuela bolera y danza estilizada. También habrá violín y alguna sorpresa más que prefiero no desvelar. Va a ser un concierto lleno de energía, con artistas muy jóvenes y con muchísima pasión. Además, me gusta que el público participe, que baile, que cante y que realmente sienta que forma parte del espectáculo.

Antes de esa cita ha viajado por primera vez a Japón. Muchos artistas flamencos destacan el enorme respeto que existe allí por este género. ¿Qué referencias tiene de ese público?
En Japón todavía no había actuado, aunque sí he estado en países cercanos como Corea del Sur o China. Siempre me hablan del enorme nivel que existe allí, tanto entre los músicos como entre los bailarores de flamenco. Incluso conozco a personas que viven profesionalmente del flamenco en Japón, guitarristas o bailaores, algo que me sorprende muchísimo.

Ha actuado en escenarios de todo el mundo: Corea del Sur, China, Alemania, Estados Unidos... ¿Hay algún país o alguna experiencia internacional que recuerde de una manera especialmente intensa?
Sí, probablemente la que viví en Nueva Delhi, en la India. Me impresionó mucho porque encontré una cultura que, en muchos aspectos, me recordó al flamenco. También desde el punto de vista musical. Recuerdo que cuando interpretábamos una soleá, el público intentaba seguir el compás con las palmas. Es un ritmo bastante complejo y, en teoría, ellos no lo conocían, pero lo entendían con una rapidez sorprendente. Eso me hizo pensar que existe una conexión muy profunda entre ambas culturas, una conexión que probablemente venga de muy atrás y que todavía permanece viva.

Después de Veranos de la Villa regresará a Madrid en 2027 para ofrecer un concierto junto a la Orquesta y Coro RTVE en el Teatro Monumental. ¿Puede ser uno de los más especiales en su trayectoria?
Desde luego. Ese concierto, probablemente, va a ser el más potente que haya afrontado hasta ahora. No solo porque mis composiciones adquieren una dimensión completamente diferente al interpretarse junto a una orquesta sinfónica, con cante flamenco, baile y colaboraciones muy especiales, sino también porque hablamos de una de las orquestas más prestigiosas del panorama nacional e internacional.

Además, el concierto se grabará y se retransmitirá, lo que añade todavía más responsabilidad e ilusión. La verdad es que ya me está costando dormir de la emoción y queda un año.

Comentarios