El periodista musical repasa en ‘Discópolis Trip’ su larga trayectoria y una manera de entender la radio descubriendo artistas alejados de las listas de éxitos
José Miguel López:
“El rock no ha muerto, solo se ha vuelto más comercial y se ha estandarizado”
'Discópolis Trip' es la primera parte de sus memorias. ¿Cómo surge la idea de escribirlas?
A mí me jubilan forzosamente en el año 2021 y, después de estar al micrófono todos los días durante 44 años, ¿qué haces al día siguiente? Pensé: voy a ordenar y a escribir lo que he vivido.
Empecé a escribir y me di cuenta de que era una barbaridad de páginas, que ningún editor iba a querer mil páginas. Así que puse un tope: el 31 de diciembre de 1999, el día del 'Efecto 2000'. Ahí se para bruscamente.
Lo siguiente será la segunda parte de las memorias, que son las más interesantes, porque ya tienes una experiencia muy larga, sabes hacer mejor las cosas, viene cualquier artista al que llamas y todo es mucho gratificante. Pero, para llegar ahí, antes hay que contar otras historias.
¿Qué ha querido contar en este primer volumen?
No hay una tesis ni un intento de analizar nada, sino sencillamente contar lo que yo he vivido. Que puede ser, o no, interesante, pero los oyentes lo piden, quieren esos testimonios. A mí se me conoce principalmente por la radio, por ': 34 años de programa todos los días, de lunes a domingo. Lo que he hecho ha sido ordenar cronológicamente todas esas vivencias.
He tenido mucha suerte y he estado al lado de gente muy interesante de la que he aprendido muchas cosas. He entrevistado a artistas que me han aportado mucho. Después de tantos años, si no eres muy torpe, hasta terminas aprendiendo algo.
En este libro también hay gente que sale malparada. Después de tantos años, tengo miles de amigos, quienes conservo, quiero y cuido, pero también tengo una media docena de enemigos, y los cito en el libro.
Curiosamente, la radio no era inicialmente su objetivo profesional.
Yo quería ser periodista desde los 11 años y quería escribir. Soy de la primera promoción de Periodismo. Empecé en Radio Nacional, donde entré por oposición en 1977. Ahí no quería ir nadie por la influencia ideológica del Franquismo. Antes hice prácticas en la revista y después me fui a un periódico, .
En mi vida imaginé que iba a terminar en la radio. Para mí era un entretenimiento; lo importante era el periodismo escrito, al menos para mí. Pero la vida cambia, tú cambias y lo único que haces es adaptarte. Un buen día, el jefe de me dijo: “José Miguel, esto va a cerrar. Búscate la vida. Si estás en la radio, sigue por ahí”. Le hice caso y fíjate lo que ha llovido: 44 años. Estoy muy agradecido y feliz. Cinco años después he superado la jubilación, que es un palo.
¿Por qué 'Discópolis Trip'?
Está inspirado en ', de María José Ragué, quien lo escribió cuando estaba becada en la Universidad de Berkeley en 1968. Cuando conocí aquel libro dije: “Esto es lo mío, ser hippie”. Me gustaban Jefferson Airplane, Grateful Dead, Vanilla Fudge, The Doors... Yo quería ser hippie. Ese libro contaba todo aquello que yo quería ser, pero que en España era imposible, de hecho aquí no se publicó hasta mucho tiempo después.
Pensé que algún día escribiría un libro como aquel, contando mis experiencias, y no solo las musicales, sino toda la aportación estética, psicodélica y todo lo que significaba aquello.
El año que viene el lema de la Feria del Libro será 'Memorias'. Yo ahí tengo algo que decir.
En el libro habla de “otra radio y de otro periodismo musical”. ¿Ha cambiado tanto?
La radio convencional te da listas de éxitos. Yo tuve la fortuna de recaer en Radio 3, que es otra radio: tiene mucha menos audiencia, pero mucha más influencia.
Otros compañeros crearon la Movida; yo me sumé a ella, pero también empecé a fijarme en los ritmos étnicos, en la música africana. ¿Qué emisora ponía música africana en España en los 80? Solamente Radio El País con 'Madrid me mata'. En 'Discópolis' empecé a poner a esa música, me hice fuerte y creé una tendencia, igual que otros compañeros crearon otras cosas.
¿Qué entiende por “otro periodismo musical”?
Un periodismo que buscaba cosas diferentes. Cuando estaba en me encargaban artículos y yo decía: “Esto es rarito”. Y me contestaban: “Es que quiero eso, quiero lo rarito”.
Ese criterio lo mantuve después en la radio gracias a que era fijo en Radio 3. Nunca he rechazado a los números uno, pero no han sido mi principal criterio. Yo saco a Ismael Serrano cuando no es nadie y después llega a ser número uno. Saco a Celtas Cortos cuando no son nadie y luego llegan incluso en Los 40 Principales. Mi intención era abrir camino, como con Salif Keïta, nadie más se atrevió a difundir su música. En vez de crear otra cadena de superéxitos, he preferido dar voz a todos esos artistas.
Después de unas 3.500 entrevistas, ¿cuál es la personalidad más fascinante con la que se ha encontrado?
Es que han sido muchísimos. El que más me costó fue Robert Fripp, de King Crimson, aunque Rick Wakeman me fascinó más, incluso se atrevió a explicarme que se dedicaba tanto a la música porque había tenido varios divorcios. Carlos Cano protagonizó una entrevista demasiado emotiva. Y Salif Keïta es un encanto. Es albino y te cuenta lo que suponía aquello en Malí, cómo consiguió sobrevivir y cómo después tuvo que marcharse. Ismael Serrano me contó que la primera vez que se escuchó a sí mismo en la radio, que fue en mi programa. Salía de la Facultad de Físicas, iba conduciendo por la Avenida Complutense, puso la radio y estaba sonando él. Estaba con su novia, parado en un semáforo, y se puso como loco.
Tengo tantas anécdotas y tantos artistas interesantes... Gente muy buena. De lo contrario, me hubiera aburrido, y no lo he hecho ni un minuto.
Ha sido un gran defensor de la música africana. Ahora presumimos de la globalización y de tener acceso a más música, pero, ¿hemos dejado de mirar hacia ese continente?
Sí, hemos dejado de mirar. Y no es por voluntad propia. Dejé de apoyarla en el momento que me jubilé, pero antes ya hubo un giro. El momento culminante de la música africana fue, aproximadamente, desde 1985 hasta 2015. Pasó de ser algo minoritario a convertirse en algo que vendía mucho y estaba en todos los festivales. Llegó un momento en el que la fórmula empezó a repetirse. Los ritmos étnicos han muerto de éxito. Se han quedado y ahora se repiten. Ya no tienen tanto interés, al menos yo lo veo así.
¿Qué ha cambiado en la música desde entonces?
El rock no ha muerto, pero se ha comercializado y, sobre todo con la tecnología actual, se ha estandarizado, ya no hay gente intrépida. Hoy sigue habiendo buenos grupos de rock que funcionan muy bien, pero casi todo está dicho. Tienen que ser muy buenos para destacar utilizando un lenguaje ya conocido.
Lo bueno de aquella época era que cada disco era diferente al anterior. Los Beatles, los Rolling Stones, Pink Floyd, King Crimson... ningún disco se parecía al anterior. Ahora, desde los años 2000, es muy raro encontrar un artista que saque un disco diferente al anterior. Se busca una fórmula y se repite. Solamente artistas como Taylor Swift o Madonna son capaces de ir reinventándose, son casos únicos.
Se quiere que la gente, en vez de escuchar dos minutos, escuche treinta segundos y lo reproduzca en las redes. La música tiene una estructura, un desarrollo, una estrofa, un estribillo, un solo... Eso hay que recuperarlo. Sigo apreciando a la gente que tiene un lenguaje clásico.
¿Esa crítica se extiende a géneros como el reguetón?
No me meto con el reguetón porque hay reguetoneros que son buenos y otros que son horrorosos. Con lo que me meto es con que el reguetón esté todo el día sonando, aunque esa tendencia cambió hace unos años. ¿Qué ha pasado? Ha habido un rechazo formal, no solo por las letras.
Si pudiera volver atrás, entonces, ¿repetiría todo aquel viaje?
Sí. Ojalá pudiera repetirlo, fue muy interesante, aquella visión de 'California trip' era casi una utopía. La ingenuidad se habría perdido.