Personajes

Mayte Uceda:

“La memoria puede servir para sanar heridas o para eternizarnos en la discordia”

La autora asturiana regresa con ‘Los amores paralelos’, una novela ambientada en su tierra natal, entrelazando amor, lealtad, traición y lucha obrera en el contexto convulso de los años 30

Sus anteriores novelas recorrían lugares más lejanos, como Canarias o Cuba, pero de cara a ‘Los amores paralelos’ Mayte Uceda decidió moverse por un terreno que conoce bien, su Asturias natal, para contar una historia que es “pura ficción” pero que se mueve en un contexto histórico real. Estefanía y Selina, dos hermanas que viven en el Oviedo de los años 30, ponen a prueba sus lazos familiares tras enamorarse de dos personajes antagónicos: un guardia civil y un minero.

‘Los amores paralelos’ ya es una realidad. ¿Qué sensaciones tiene ahora que el libro está en la calle?
De momento estoy a la expectativa, porque todavía no tengo la respuesta de los lectores. Fue un libro que me costó mucho desde el aspecto personal, porque soy asturiana, me costó hacerme con ese contexto complejo de la II República. Ahora estoy esperando a ver qué pasa.

Sus anteriores novelas estaban ambientadas en Canarias y en Cuba. Aquí se queda en Asturias, un territorio que conoce bien. ¿Ha sido más fácil por ello este proceso?
Hay cierta carga, en el sentido de que es mi gente. Por ese aspecto hay cierta responsabilidad. Pero la cercanía me facilitó muchísimo el trabajo. Además, tuve mineros en la familia: mi tío fue minero toda la vida, mi padre trabajó en la mina siendo un niño, incluso le falsificaron la fecha de nacimiento para poder entrar a trabajar, y mi abuelo también trabajó allí. Afortunadamente, tanto mi padre como mi abuelo pudieron salir de ahí y se fueron a la capital, Oviedo, donde encontraron otros trabajos. Algo parecido busca mi personaje masculino, Antón, quien quiere dejar la mina para ir a Oviedo a buscar un futuro más digno.

Siendo natural de Asturias, ¿ha conocido alguna historia similar a la que protagonizan en la novela estas dos hermanas?
La historia es ficción, salvo algunas anécdotas que se cuentan en la novela sobre la minería que me contó algún amigo que trabajó en ese entorno y, sobre todo, abuelos y amigas de amigos que sí vivieron esa revolución del 34. Por tanto, hay cosas que son verdad. Toda la cercanía facilitó mucho poder visitar los lugares, recorrer la cuenca minera, aunque la industria minera está desmantelada en la actualidad, pero aún quedan parajes como Pozo Sotón, que se puede visitar junto a un equipo profesional, aunque yo no me atrevía a vivir esa experiencia tan inmersiva.

Por la ambientación y por la profundidad de los personajes, ¿es este el mayor reto literario al que se ha enfrentado?
Ha sido un reto en cuanto a la documentación, porque los años 30 son un periodo muy complejo. Me resultó difícil hacerme con ese contexto, aunque solamente quisiera escribir sobre Asturias, el contexto social, político y económico era el mismo en toda España. Yo venía de escribir ‘El maestro de azúcar’, que era una novela que se desarrollaba a finales del siglo XIX y la documentación no es igual que en los años 30, los periódicos y las revistas sindicales están ahí. En ese sentido, fue más fácil acceder a la información, pero más difícil de comprender.

La novela muestra las dos caras del amor: ilusión y sufrimiento. ¿Cuál pesa más?
Creo que pesa más la última, la que conlleva el sufrimiento. Desde que las hermanas se enamoran, ambas no dejan de sufrir. Pero no quiero que se vea como una novela triste. Se sufre lo que hay que sufrir.

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¿Qué poso le gustaría que dejara en el lector?
Me gustaría que el lector se quedara con la idea de que la memoria, tanto la íntima y personal como la memoria con M mayúscula, se puede utilizar tanto para curar heridas como para eternizarnos en la discordia. Esa es una elección personal. A veces el tiempo no cura heridas, pero porque en ocasiones no lo permitimos, aunque también hay heridas tan profundas que el dolor no se va a cerrar jamás. Cuando hay heridas entre padres, madres, hijos o hermanas, creo que deberíamos hacer un esfuerzo. Me gustaría que el lector pensara en el poder de la memoria, que se puede usar para las dos cosas. Espero que esta novela sirva para suavizar heridas. Los lectores se van a encontrar personajes complejos, que no llevan un cartel de “bueno” o “malo”. Son personas que hicieron lo que pudieron en un contexto muy duro.

Hablando de heridas, se ha hablado y escrito mucho sobre las que dejó la Guerra Civil. Como buena conocedora de ese entorno en Asturias, ¿está fresco el recuerdo de aquella revolución
Evidentemente queda poca gente viva de esa época. Conocí a un señor, muy anciano, que sí que lo vivió siendo niño y me contó varias cosas, sobre todo de cuando llegaron las tropas. Este hombre falleció hace pocas semanas con más de 90 años. Eso estuvo muy presente en la generación de nuestros abuelos, pero en la generación de mi hijo no sé siquiera si se estudia porque está algo eclipsada por la Guerra Civil. La Revolución del 34 es la gran olvidada de esa etapa histórica. El contexto de la República es muy complejo y poco conocido. Para entenderlo hay que leer mucho, desde crónicas de periodistas como Manuel Chaves Nogales hasta memorias de los protagonistas, debates parlamentarios y discursos de la época. Las crónicas de esa época, que las he consultado, son muy dolorosas.

Todo ese contexto histórico está muy presente y bien descrito en la novela, pero, al mismo tiempo, hay una trama que engancha al lector. ¿Fue difícil conjugar esos dos factores?
No es difícil cuando uno hace primero la inmersión en el contexto. Pasé primero mucho tiempo asimilando aquel contexto, porque para poner a los personajes a trabajar ahí hay que dominar todo lo que les rodea. Necesitaba entender las luchas obreras, las reivindicaciones, qué pasaba en las vidas, cómo se vivía entonces en Oviedo... Había una capital muy aburguesada, con su tranvía y sus teatros, pero, a 20 kilómetros, estaba la cuenca minera donde la gente tenía una esperanza de vida inferior, con niños trabajando en las minas. Un adulto de 30 años llevaba ya 15 trabajando en la mina, así que imagina cómo estaban sus pulmones. Cuando no tienes nada que perder, cuando estás acostumbrado a sufrir, a enfrentarte a la muerte todos los días por explosiones de grisú, también da pie a unos índices brutales de alcoholismo; conozco a gente que si no bebía no entraba a la mina. Todo eso crea a personas que prefieren coger un fusil para defender una revolución obrera a estar expuesto a la muerte en una mina.

Estamos acostumbrados a que, en la ficción, cuando hay una relación sentimental, ésta palíe en cierto modo todo lo que hay alrededor. ¿Ha querido evitar cierto sentimentalismo en esta novela?
Utilicé a los personajes masculinos de los que se enamoran las dos hermanas para sentar en la misma mesa a un guardia civil y a un minero. Eran dos mundos enfrentados, los mineros asaltaban casi por norma los cuarteles, así que era casi imposible que eso terminara bien. Pero, como no me gusta que el lector cierre el libro con una sensación amarga, sobre todo cuando hay historias de amor. Por eso necesitaba salvar el final, que el lector se quedara con buen sabor de boca, incluso aunque la reconciliación entre las hermanas fuera prácticamente imposible. Fue difícil encajar todo para que, pese a las pérdidas y la violencia, no dejara ese poso amargo.

Hay otros dos elementos muy presentes en la novela: la lealtad y la traición. A nivel literario, ¿qué juego le han dado?
La lealtad y la traición es algo que solemos usar casi siempre en las novelas. En este caso están presentes a lo largo de toda la novela. Aunque podamos pensar que para la familia acomodada de Oviedo existe un recelo hacia esa clase obrera y anarquista, por el otro lado hay una clase trabajadora que mira con recelo a esa familia aburguesada que representa todo contra lo que luchan. Hay resentimiento entre los hermanos y también entre las hermanas. Si eres leal a tus sentimientos, traicionas a tu familia. En ese caso hay que escoger, hay que posicionarse, y ahí surge el conflicto.

¿Qué feedback le ha llegado de su entorno más cercano?
Lo leyó solo la familia más cercana, a quienes les dejé el manuscrito. Son muy pocos: mi madre, mi marido y poco más. Sí he pasado mucho tiempo en la cuenca minera hablando con amigos de allí, debatiendo y supervisando capítulos sobre la minería para asegurar la veracidad. Fue una buena experiencia pasear por la cuenca y ver el río Nalón limpio, cuando antes estaba negro y contaminado. Da gusto ahora pasear por esa zona.

¿Se imagina una adaptación audiovisual?
Sí, me lo imagino con todas mis novelas. Me encantaría, pero sé lo complejo que es. Esta sería más fácil que otras porque transcurre íntegramente en Asturias. Ver a los personajes convertidos en personas de carne y hueso sería una maravilla.

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