Personajes

Odile Fernández:

“No hay una pastilla que supla la falta de sueño o una mala alimentación”

La médica y divulgadora publica ‘El poder de la suplementación’, un libro con el que busca poner orden en un ámbito cada vez más popular y también confuso

Colágeno, magnesio, omega-3... Muchos de estos componentes, presentes en los alimentos, nos van siendo cada vez más familiares gracias a un torrente de información que no siempre es beneficioso. Para tratar de “poner un poco de orden”, la doctora Odile Fernández presenta ‘El poder de la suplementación’ (Planeta), un libro donde aborda una cuestión que cada vez tiene más peso en las consultas que le realizan los pacientes.

En la portada de este libro se menciona al magnesio, al colágeno o al omega-3, conceptos que antes eran un poco desconocidos para la sociedad. ¿Hemos pasado de la desinformación a la sobreinformación en poco tiempo?
S
í, totalmente. Por eso surge la idea del libro, antes era raro que me preguntaran por la suplementación, casi siempre me preguntaba la gente qué puedo comer, qué tipo de ejercicio o el estilo de vida recomendable, pero en los últimos años solo eran preguntas sobre suplementación. Hemos pasado de querer cuidarnos más a querer sustituir con el suplemento el estilo de vida. Eso me llamaba la atención, también que la gente tomaba cualquier cosa, así que pensé que lo mejor era poner un poco de orden.

Es verdad que la suplementación, a día de hoy, en la sociedad en la que estamos, con el tipo de alimentación y el estilo de vida tan estresante que llevamos, tiene mucho sentido para paliar déficit nutricionales. Pero no todo vale, ni más es mejor, ni todo lo natural es efectivo. Por eso surge el libro, para explicar que es mejor quedarnos con cuatro ideas claras que realmente sabemos por la ciencia que nos van a ayudar, a llevar un pastillero con veinte cosas que a lo mejor no son para mí.

Solemos abusar precisamente de esto último, de copiar lo que le funciona a otros...
Exacto. Nos fiamos de lo que nos ha contado nuestra vecina o alguien conocido, pero no todo vale para todo. Depende del momento de la vida en el que estemos, si somos hombre o mujer, la edad, las patologías, el momento... No es lo mismo una mujer con menopausia que un joven que hace mucho deporte; no es lo mismo una persona de 70 años que un niño que está creciendo. Por eso no todo vale para todo y la suplementación habría que personalizarla. Eso sí, hay algunos suplementos que por el estilo de vida que llevamos son básicos para todos, pero no todo el mundo necesita las mismas dosis ni tomarlo en el mismo momento del día. Hay gente para la que es más cómodo tomarlo por la noche, pero quizás sea menos efectivo.

¿Cómo de importante es introducir los suplementos dentro de nuestra rutina diaria en la sociedad actual?
C
ualquier tiempo pasado no fue peor ni mejor, solo diferente. El problema que estamos teniendo en la sociedad actual es, por un lado, el déficit nutricional en los alimentos: las manzanas de ahora no son las de hace 50 años. Aquí influye mucho el uso intensivo de los campos, el empleo de pesticidas, o el efecto de la globalización, que hace que a mí me llegue un producto que se cortó tres meses antes de su árbol en otro punto del planeta, a pesar de que la mayor cantidad de nutrientes se alcanza cuando el fruto está maduro. Después está el consumo de ultraprocesados. Mucha gente, especialmente la gente joven, consume cada vez menos alimentos frescos. Y luego está el estrés. El estrés crónico, más allá de la fatiga, también produce déficit nutricional, sobre todo de magnesio, vitamina B y vitamina D. Nuestro estilo de vida hace que pasemos mucho tiempo en interiores. Si no salgo a la calle y no me da el sol, no produzco vitamina D.

Además, no dormimos porque estamos con los móviles. Eso impide que produzca melatonina, la molécula que me hace dormir, pero que también es antioxidante y me protege frente al cáncer. Llevamos un estilo de vida poco coherente con lo que nuestro cuerpo necesita. Si no se lo damos a través de la comida y encima le estamos robando vitaminas y minerales por el estilo de vida, esto lleva a un desastre. Vivimos más años, pero no siempre con calidad de vida, estamos más cansados y nos cuesta más concentrarnos sin saber por qué. Por eso la suplementación puede tener sentido, pero siempre lo primero es el estilo de vida. No hay pastilla mágica que supla el no dormir, vivir estresado o no comer bien.

  • “No hay una pastilla que supla la falta de sueño o una mala alimentación”

La introducción habla de que este libro es un mapa para empoderarnos. No parece un tema menor cuando hablamos de nutrición.
Mi idea con todos los libros es siempre empoderar, que la gente tenga el poder de decidir. Aquí siempre recurro al pensamiento de Sócrates: “Solo hay un bien, el conocimiento; y solo hay un mal, la ignorancia”. Si yo tengo información sobre qué necesito, cuál es el mejor suplemento dentro de todos los que existen, qué formas tengo que elegir, ya estoy empoderado, ya no voy a un supermercado perdido. Ya sé qué tengo que buscar y qué tipo de suplemento necesito tomar.

Aludía al factor del estrés. Se estima que la mitad de la población de países desarrollados lo sufre. ¿Qué herramientas pueden ayudar a nuestro sistema para que sea más resiliente?
Lo primero es el estilo de vida: buena alimentación, ejercicio físico, tomar el sol y darnos todos los días un ratito para pensar cómo me siento y qué estoy haciendo con mi vida. Otra cosa importante es dejar el móvil más lejos, nos está robando la vida, es dopamina barata.

Luego, con la suplementación, podemos hacer mucho en cuanto al estrés. No me va a quitar los problemas, pero sí puede ayudar. Hay plantas, como la ashwagandha, que aumenta nuestra resiliencia, nuestra capacidad de adaptarnos al estrés. Al tomarlo durante varios meses hace que no me tome las cosas tan a pecho, que se regulen los niveles de cortisol. El magnesio también puede ayudar a llevar mejor el estrés. Cuando hay un nivel de estrés tan alto que produce ansiedad, está la lavanda, que ya la usaban los egipcios, que también reduce todos esos síntomas.

Habla también de ese eje entre cerebro e intestino y del papel clave de la microbiota. ¿Cómo describiría ese funcionamiento?
No debemos olvidar que nuestro intestino al final es el que manda. En nuestro intestino viven millones de bacterias y dependiendo del tipo de bacterias que predomine, estas van a regular no solo la absorción de nutrientes, sino también mi estado de ánimo. A través del nervio vago, hay una conexión entre esas bacterias y el cerebro. Gran parte de la serotonina, que es la molécula de la felicidad, se produce en el intestino. La presencia de esas bacterias depende de muchos factores, como el tipo de parto, si recibimos lactancia natural o artificial, cuántos antibióticos tomemos a lo largo de nuestra vida... Si a eso le sumamos una buena alimentación, muchos de los componentes de la dieta mediterránea son probióticos que alimentan a las bacterias buenas. Por eso mejorar la microbiota puede ayudar en la depresión, la ansiedad y nuestro bienestar emocional.

Pone el ejemplo de una paciente llamada Lucía que sentía que no tenía gasolina interior. ¿Tardamos mucho en escuchar las señales del cuerpo?
Sí. Vivimos en piloto automático y no nos escuchamos. En general, hemos normalizado estar cansados, llegar a la noche fundidos, levantarnos sin haber descansado y no tener energía. No tenemos tiempo ni de observarnos. Por eso animo a pararnos cada día para evaluar cómo nos sentimos. Lo bueno es que con pequeños cambios en la alimentación, tomar el sol, hacer ejercicio y algunos suplementos como la vitamina D o el magnesio podemos recuperar esos niveles de energía. La buena noticia es que no todo está perdido.

Dentro de esos factores silenciosos que perjudican nuestra salud, ¿es la inflamación la más peligrosa?
Sí, porque además la inflamación es silente. La inflamación crónica no da la cara, solo a través de algunos niveles en las analíticas, como en el ácido úrico alto. Podemos estar años con una inflamación crónica de bajo grado sin ser conscientes de ello. El problema es que esa inflamación es la gasolina que prende la llama de muchas patologías crónicas. Uno de cada seis cánceres tiene relación con procesos inflamatorios. También enfermedades cardiovasculares, diabetes o depresión. Por eso es tan importante un estilo de vida antiinflamatorio. Aquí sí que podrían ser útiles suplementos como el omega-3 o la cúrcuma.

Colágeno, vitamina D, magnesio... ¿Cuál es el gran olvidado dentro de la dieta actual?
El magnesio, porque es difícil llegar a los requerimientos con la dieta actual. Es verdad que está muy de moda y se habla mucho de él, pero sigue siendo el gran olvidado. Tendríamos que intentar aumentar nuestra ingesta de magnesio. Una forma buena de tomarlo es haciendo cacao casero.

¿Qué suplementos pueden ser especialmente importantes para los pacientes oncológicos?
Ese capítulo tenía que estar porque yo soy superviviente de cáncer, tomé suplementos durante la quimio y lo sigo haciendo 15 años después. Se ha visto que las mujeres con cáncer de mama que tienen niveles bajos de vitamina D viven menos que aquellas que tienen niveles óptimos. La vitamina D debería ser un suplemento que deberían tomar muchos enfermos con cáncer si lo necesitan.

Los omega-3 también son importantes porque aportan un efecto antiinflamatorio, al igual que el magnesio, porque la propia quimioterapia puede generar déficit. Ahora bien, no se puede dar cualquier planta o cualquier suplemento durante la quimioterapia porque puede haber interacciones. Por eso es fundamental saber qué tomar y cuándo tomarlo.

  • “No hay una pastilla que supla la falta de sueño o una mala alimentación”

También destaca la melatonina.
Se está viendo que es muy potente durante la quimioterapia y no se está utilizando tanto como debería. Mejora la calidad de vida y puede hacer que algunos tratamientos sean más eficaces. Es relativamente barata y tiene pocos efectos secundarios. Por eso abogo por que los médicos se formen más al respecto, estos suplementos no curan nada, pero sí pueden ser una ayuda.

Cierra el libro con un extenso capítulo de referencias bibliográficas. ¿Sigue percibiendo que hay gente que piensa que la suplementación no tiene base científica?
Sí,todavía hay mucha gente, incluso dentro del ámbito sanitario, que piensa que esto no sirve para nada. Por eso todos mis libros incluyen la bibliografía con la que me documento. No se trata de que lo diga yo, sino de que la ciencia nos dice que una suplementación inteligente puede ayudar.

Los bulos también están muy presentes en nuestra rutina. ¿Qué le diría a la gente para no caer en manos de falsos gurús?
Lo ideal es que la información esté contrastada y que me digan de dónde viene la fuente. Me fío más de que un médico me explique algo que de que me lo cuente una modelo, sin desprestigiar a nadie. Hay que buscar quién está detrás de la información y cuáles son las evidencias. Por eso entendía que era necesario escribir este libro, para poner un poco de orden. Abres Instagram y hay muchos reels de gente hablando de suplementación. Y sobre todo recordar una idea: más no es mejor. No hace falta tomar de todo. A veces con tres o cuatro cosas básicas es suficiente.

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