Personajes

Pilar Castro:

“Deshumanizar a alguien más débil siempre acaba de una forma desastrosa”

La actriz protagoniza, en el Teatro Marquina, junto a Roberto Enríquez la adaptación de ‘Las amistades peligrosas’ a cargo de David Serrano. El texto, de “absoluta vigencia”, propone una mirada al abuso de poder y la seducción

Además de la temida vuelta a la rutina, septiembre también deja una buena noticia: la renovación de la agenda cultural. El 8 de septiembre llega al Teatro Marquina una adaptación de ‘Las amistades peligrosas’ con un elenco encabezado por Roberto Enríquez y Pilar Castro.

Las amistades peligrosas' ha sobrevivido como novela, obra teatral y película. ¿Dónde está el secreto de su vigencia?

Roberto Enríquez: Hay que tener en cuenta que Pierre Choderlos de Laclos solo escribió dos novelas, ambas bastante feministas, en una actitud precursora y vanguardista. Creo que lo que hace que este texto se venga representando desde 1782 es porque se trata de una radiografía de las relaciones humanas. Habla del abuso de poder de una clase poderosa frente a otra que puede no serlo, aunque incluso hay personajes de su mismo estatus que son víctimas de esa manipulación.

Eso, lamentablemente, nunca ha dejado de estar de moda, es inherente al ser humano.

Lo que da algo especial, diferente y que hace genuina a esta pieza es que resulta difícil odiar a los personajes que practican ese abuso de poder, que suelen ser seres más abyectos. Te seducen, te dejan rendido ante su inteligencia, su brillantez, su manera de romper las normas... Son como niños traviesos participando en juegos muy arriesgados, pero empatizas con su parte perversa, seductora y sexual. Como espectador te cuestionas cómo te puedes reír de algo así. Durante la función ocurre mucho: el público está con nuestros personajes aun sabiendo que están haciendo algo perverso.

Pilar Castro: También la obra tiene algo increíble, el autor habla de las relaciones amorosas de una manera diferente a través de cada personaje. El espectador siempre puede sentirse identificado en algún momento con cualquiera de ellos. Con los nuestros, al principio, te identificas por ese juego de seducción, porque resultan más atractivos, tienen más sabiduría... Pero la función propone un arco que termina en una destrucción profunda de todos y muestra cómo el amor, si no sabes manejarlo, te puede destrozar vivo.

En un momento dado, la Marquesa de Merteuil afirma que “las mujeres tenemos que ser más hábiles que los hombres”. ¿Podemos juzgar moralmente de la misma forma a sus dos personajes?

Pilar Castro: Sí, totalmente. Me ha costado mucho juzgar moralmente a mi personaje porque necesitaba comprender a esta mujer y por qué se colocaba en ese sitio, tan desconectada de sus emociones. Era la única manera que tenía de conseguir libertades que los hombres sí tenían. Lo que podía empezar siendo la conquista de unas libertades muy adelantadas a su tiempo para una mujer termina volviéndose contra ella. Se coloca en ese abuso de poder que los hombres tenían muy normalizado y en el que a ellos ciertas cosas les salían gratis, mientras que la mujer tenía que pagar un precio.

Roberto Enríquez: Creo que estos dos personajes son almas gemelas en muchos aspectos. De hecho la función con ella proponiendo un juego para vengarse de un antiguo amante. Los dos tienen un mismo código. Además, se han mostrado sus vulnerabilidades porque han tenido una relación previa. Eso sí,es muy diferente la forma que tiene de comportarse de Valmont frente a la sociedad y respecto a ella. Tiene fama de enfant terrible, de destrozar matrimonios, mientras que la marquesa podría tener exactamente la misma fama porque hace lo mismo: se mete en matrimonios y tiene amantes. Sin embargo, por ser mujer, tiene que hacerlo sin dejar cabos sueltos ni pruebas. Los hechos son los mismos, pero el modus operandi es diferente porque ella es mujer y él es hombre. Si se supiera lo mismo de ella estaría denostada socialmente, mientras que a él se le permite ser un bon vivant. Moralmente hacen lo mismo. Por eso son uña y carne.

¿Ha cambiado la impunidad de quienes ejercen el abuso de poder sobre las clases más bajas?

Pilar Castro: No, no ha cambiado, por eso esta función está tan vigente e incluso creo que ahora es un poco más cruel. Deshumanizar a un ser humano más débil siempre acaba de una forma desastrosa. Un claro ejemplo de ello es el caso Epstein. Si no hubiera una condena sería difícil creer en el ser humano.

Roberto Enríquez: No ha cambiado nada. Los personajes actuales, como Epstein o Trump, me parecen incluso más zafios. Estos personajes de 'Las amistades peligrosas' son como dos príncipes del engaño y de las emociones.

Pilar Castro: En el documental de Epstein se puede ver que tanto él como su mujer eran personajes muy atractivos, todos querían ser su amigo para asistir a sus fiestas. Todos los poderosos querían estar allí porque hacen algo prohibido, algo que es muy atrayente y que suele estar relacionado con el poder.

Del texto de esta obra se desprende que el poder, la corrupción y el dinero pueden comprar casi todo. En un mundo como el actual, con el capitalismo como gran pilar, ¿está aún más en boga esa idea?

Roberto Enríquez:
Creo que eso tampoco ha pasado de moda en ningún momento. El poder y el dinero son capaces de tapar y justificar absolutamente todo.

Pilar Castro: Lo que ocurre es que antes había más sabiduría, más inteligencia y más profundidad en los discursos y las maneras de actuar. Ahora vale cualquier cosa y todo es muy zafio. Por eso este texto es tan interesante: profundiza de una manera muy bonita y necesaria en el ser humano. Darse el gusto de estar dos horas viendo una función con todas estas reflexiones sobre la humanidad es un lujo tanto para los espectadores como para nosotros.

David Serrano, el director, prescinde prácticamente de escenografía, atrezo y vestuario de época. ¿Qué supone eso para el trabajo actoral?

Roberto Enríquez: Es una de las cosas más interesantes que tenemos entre manos. El teatro siempre tiene que ser un hecho vivo. David ha despojado la función de escenografía, vestuario de época y cualquier tipo de atrezo. Hay un juego, tenemos una dirección y sabemos qué contamos y hacia dónde vamos, pero el cómo está abierto. David nos permite y nos empuja a jugar con esas premisas. Cada día sale una puesta en escena diferente. No varía la línea de acción ni el objetivo de los personajes, pero sí cambia mucho el juego. Eso te obliga a estar con todas las antenas despiertas porque cada día es diferente.

Además, hay un juego escénico muy ágil. Una escena todavía no ha terminado cuando empieza otra, casi un juego de cajas chinas. Nosotros estamos sin un segundo para beber agua, sin un segundo de respiro, y el espectador también.

Pilar Castro: Como actor produce más vértigo porque es salir y tirarte un poco al vacío. Lo único que puede sostenerte es la palabra, el texto, el compañero y la acción del personaje. Es un reto porque tienes que conseguir que el espectador tenga la imaginación suficiente para situar la historia en el contexto que quiera.

Con toda la oferta cultural que tiene Madrid, ¿por qué elegir 'Las amistades peligrosas'?

Pilar Castro: Porque es un texto fascinante que te hace reflexionar. Pasas por muchas emociones y es un juego teatral que invita al espectador a divertirse. Pero también vas a salir del teatro cuestionándote y preguntándote muchas cosas, que falta nos hace. Es muy interesante comprobar que han pasado tres siglos y seguimos cayendo en los mismos errores, que todo se repite y que no aprendemos.

Roberto Enríquez: Yo añadiría que hay una puesta en escena de un director inteligente y un grupo de actores fabulosos. Nos la bancamos entre todos y peleamos la función hasta dejarla en los huesos. Es una joya. Además, está despojada de cualquier época para que el espectador no se distraiga con pelucas ni con vestuarios y vayamos directamente al turrón.

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