La actriz dirige y protagoniza, junto a Eva Ugarte y Angy Fernández, ‘Las irresponsables’, una comedia que cuestiona los impulsos que acostumbramos a reprimir
Marta Poveda:
“Tenemos derecho a poner en duda los convencionalismos”
Después de varias representaciones en Argentina y Cataluña y una adaptación cinematográfica, Marta Poveda sentía que el texto de ‘Las irresponsables’ aún podía encontrar una nueva vida sobre las tablas. El resultado final a un largo proceso de trabajo se puede ver ya en el Teatro Maravillas.
¿Cómo afrontan esta cita en Madrid?
Deseándola. Necesitamos al público porque nunca sabes si una comedia funciona hasta que lo tienes delante. Después de un proceso de ensayos en el que hemos intentado ser lo más rigurosas posible y, a la vez, divertirnos todo lo posible, porque, si no te diviertes haciendo comedia, no tienes nada que hacer, necesitamos ya la respuesta del público.Las comedias empiezan a funcionar a partir de la décima o la decimoquinta representación. Necesitamos al público para seguir creciendo.
Parten de un texto que se ha representado tanto en Argentina como en Cataluña y que también ha tenido una adaptación cinematográfica. ¿Qué añade este montaje que se ve en el Teatro Maravillas?
No hemos querido empaparnos de las demás propuestas porque nos parecía que el texto era lo suficientemente interesante como para dejarnos arrastrar por él. También existe un respeto máximo hacia todo lo que se ha hecho anteriormente y creo que siempre es conveniente partir de cero.
Seguramente, si ahora veo otros montajes, encontraré coincidencias, pero, cuando un texto es bueno, y Javier Daulte a mí me fascina, me flipa, creo que el propio texto es suficiente.
En esta propuesta, la trama parte de una ruptura amorosa. ¿Se puede hacer humor de una crisis sentimental?
Por suerte, sí. Se puede hacer humor de todo, que no nos digan lo contrario. De hecho, eso es la comedia. Siempre se dice que es tragedia más tiempo o tragedia más partitura. Relativizar esos momentos en los que creemos que estamos a punto de morirnos siempre es saludable. Creo que se puede hacer humor y que es bueno para la cabeza.
En la obra se formula una pregunta que comienza a cambiarlo todo: “¿Eres capaz de hacer algo horrible?”. ¿Cree que mucha gente saldría impune de esta respuesta?Hay gente que sale impune. Lo vemos cada día en los medios de comunicación. Cometen actos verdaderamente horribles y no paran de salir impunes. De hecho, me parece que la mayor lacra de esta sociedad es precisamente la impunidad.
Creo que el tipo de salvajada que proponemos en esta obra tiene que ver con otra cosa: con romper un poco lo sistemático y aquello que nos han enseñado que tenemos que cumplir. La función juega con una delgada línea roja para potenciar la comedia, pero para mí el verdadero fondo es: ¿qué sucede si te detienes y dejas arrastrarte por lo que te han dicho que tienes que hacer? En ese caso, considérate impune porque tienes derecho a hacerlo.
“El texto era lo suficientemente interesante para dejarnos arrastrar”
¿Se trata entonces de romper los convencionalismos o, al menos, de ponerlos en duda?
Como mínimo, de ponerlos en duda. Me parece muy lícito que quien quiera conservarlos, seguirlos y sea feliz con ellos lo haga, pero hay mucha gente que no somos felices así. Yo, por ejemplo. Para una vida que tenemos, intentemos ser consecuentes.
Además de actuar, ejerce como directora de la obra. ¿Qué ha sido lo más complicado a la hora de llevar a buen puerto esta comedia? No sé si su ritmo frenético es uno de los elementos que más han tenido que trabajar.
Sí, el ritmo frenético y construir una partitura lo más rigurosa posible. Es música pura. Esta es una función de acumulación. Si no eres consciente de que la bola de nieve se hace cada vez más grande y está a punto de caer por el precipicio, no tienes función. Es importantísimo asumir que lo que hace que resulte hilarante es que estamos en peligro constantemente. Como directora, si me olvido de eso, la estoy cagando.
¿Hay algún aspecto de su personaje en el que se reconozca?
Sí, en su cinismo. Soy una cínica. Quizá menos que Fabi, pero el cinismo es una buena protección.
Una amiga, una hermana y la protagonista de una ruptura sentimental. Entre esas tres mujeres existe una gran amistad. ¿Podemos incorporar también a la obra el concepto de sororidad
Sobre todo existe reconocimiento. Sí hay algo sistemático por el hecho de que las mujeres históricamente hemos sido marginadas, maltratadas o asesinadas. Eso es algo que, por sistema, nos une.
Pero aquí hay otra cuestión interesante: somos amigas y hermanas, pero, ¿nos queremos realmente? Vamos a aprovechar este momento de crisis para decidir si queremos seguir siendo amigas porque ahora estamos poniendo verdaderamente las cartas sobre la mesa. Nos estamos desnudando de verdad.
En este momento vamos a decidir si queremos seguir siendo amigas y queriéndonos o si es mejor distanciarnos. Creo que eso también es muy interesante para la vida. Puedes tener una relación con una hermana o un hermano y descubrir que te hace mucho daño. Quitártelo de encima me parece que está muy bien. Con los amigos también cumplimos determinadas etapas y existen momentos en los que dices: “Quizá esto se ha acabado”, como sucede con las parejas.
No sé si es un tópico eso de que un amigo lo es para siempre. A veces las cosas se rompen, te quedas con todo lo que fue fantástico y, de repente, cumples los cuarenta y puede aparecer una relación de amor con una amiga o un amigo que no imaginabas. Eso también hay que aprovecharlo.
Aunque lógicamente es una obra para todos los públicos, quienes estamos en torno a los cuarenta podemos reconocer cuestiones vitales que quizá no nos habíamos planteado en otros momentos.
Sí, me parece que está bien porque a estas edades existe algo extraño. No sé si te ocurrirá, pero lo veo también a mi alrededor. Somos una generación que tiene un poco del síndrome de Peter Pan. No me parece malo, porque quizá tenga que ver precisamente con esa ruptura del sistema: “¿Por qué tengo que convertirme de repente en ese señor o esa señora que me dicen que debo ser?”.
A lo mejor es un momento en el que me replanteo toda mi vida y decido si dejo mi trabajo o no, si me divorcio o continúo con mi pareja, si quiero seguir sola o si me planteo en torno a los cuarenta si puedo ser madre o no, cuando hormonalmente todo resulta mucho más complejo. Es un buen momento, sobre todo, para pensar que todavía queda mucho por delante.
“Quizás sea un tópico eso de que un amigo
lo es para toda la vida”
Se habla muchas veces de la dificultad de la comedia para conectar con los espectadores y provocar sus risas. ¿También sienten cierto vértigo con este texto?
Creo que para que exista humor tiene que haber dolor. Es la manera más directa e intensa de empatizar con el público. Como se planteaba al comienzo de la entrevista, ¿se puede hacer humor partiendo de una situación dolorosa? Creo que esa es la forma de unir al público y al elenco. Si hemos conseguido que empaticen y nos abren esa puerta, nos dan la oportunidad de jugar. Para eso, el público es muy generoso.
¿Qué pregunta o reflexión le gustaría que se llevaran los espectadores que acudan al Teatro Maravillas?
¿Qué pasaría si un día lo peto todo? ¿Qué sucede si un día lo reviento todo? Me gustaría que se llevaran esas preguntas.