Personajes

Maui de Utrera:

“Una historia de amor siempre merece la pena, incluso con una alimaña”

La cantante sevillana regresa con ‘Cariño, pásame el pan’, un disco que mezcla flamenco, humor y reflexión sobre el amor en tiempos de prisas y redes sociales

Como fan declarada de las cosas cocinadas a fuego lento, Maui de Utrera ha cuidado todos los detalles de su nuevo trabajo discográfico, ‘Cariño, pásame el pan’, un menú compuesto por 14 canciones que ya se puede degustar.

¿Cómo ha llevado las horas previas al lanzamiento del disco?
Muy nerviosa. El día previo dormí como una momia. Pero son nervios bonitos, porque hacía seis años y pico que no sacaba un disco. Hemos ido sacando singles, jugando con canciones que han ido saliendo, pero hacía mucho tiempo que no publicaba un álbum y ha merecido muchísimo la pena.

En este festín de amor, humor y flamenco contemporáneo, ¿cuánto ha tenido que ver el espectáculo ‘Domingo de vermut y potaje’?Muchísimo. La base viene de ahí, de esas seis o siete temporadas en las que venimos cocinando en este teatro ese potaje gitano de Utrera. Cada vez que sacábamos la olla, yo miraba los ingredientes y pensaba cuánto tiene que ver esto con el amor. Guisar y querer son cosas muy parecidas, tienen ingredientes comunes. Ese fue el inicio, el olor del potaje fue la inspiración, las musas estaban dentro de la olla. Pensé por qué alejarme de algo tan bonito que todavía puede trabajarse más. Ha sido una aventura chulísima escribir estas canciones, pero me faltarían vidas para seguir haciéndolo porque esta temática tiene una profundidad alucinante.

Es un disco para escuchar con calma y saborear de forma reposada. ¿Abusamos mucho del ‘fast food’ en la música?
Creo que sí. Abusamos de la ‘fast food’, tanto en la cocina como en la música. Tenemos demasiada prisa, pero no pasa nada. El otro día estuve en un mercado con un chef y él me decía que si a Andy Warhol su madre no le hubiera dado sopa de lata, a lo mejor no tendríamos esa obra tan icónica. No me parece mal con el ‘fast food’, en la música o en otras artes; mi camino es lo artesano, lo hecho a mano. Me parece bien que convivan ambos mundos, aunque creo que hay demasiado de lo otro y muy poco de esto.

El primer entrante que pudimos degustar fue ‘Mi llamita fría’, una canción que habla del amor en tiempos de redes sociales. ¿Qué visión tienes de estas relaciones tan actuales?
Es un desamor cibernético increíble, porque ella está enamorada de un invento, que es algo que nos pasa sin redes sociales también. Con las redes también la otra persona se inventa a sí misma. En el momento en el que empiezan a tener una chispa ya están mirando en Instagram qué está haciendo el otro miembro de la pareja, hay una especie de control y de hiperrealismo que acaba convirtiéndose en un surrealismo. Dónde quedan las miradas, los silencios llenos de información, el tocarse. La protagonista de esta canción está muy a gusto sola, va a mojar el pan en el huevo y al llegarle un whatsapp le hace la vida imposible. También hay tantos códigos que ya no entiendo nada: ¿qué es más emocionante, que te manden un emoji de una llamita de fuego o el de una berenjena? No sé muy bien qué me quieren decir. Prefiero la realidad.

Esa idea también sobrevuela, de algún modo, ‘Plato roto’. ¿Qué es preferible, alguien que te llene el estómago o que te llene el corazón?
A veces el corazón está en el estómago. Llevo unos días intentando meditar y no me escuchaba el latido en el pecho sino en la tripa. ‘Plato roto’ es una canción importante dentro del disco. También habla de cómo nos inventamos al otro, esta vez sin redes sociales. Si miras a una persona puedes crear el personaje que tú quieras en la mente. En este caso, la protagonista se da cuenta de que el otro es una alimaña, pero aun así decide vivir esa aventura, porque sabe que merece la pena. Todo es efímero, incluso nosotros, así que una historia de amor corta, con una alimaña, aunque tengas la certeza de que lo es, merece la pena, es un aprendizaje, seguro.

En ‘Tataki de ti’, ¿tuvo claro desde el primer momento que maridaba bien con la voz de María Peláe?
Sí. En un tanguillo japonés como este me imaginaba la voz de María desde el minuto cero. En el momento en el que cogí la libreta, se lo dije. Ella tenía claro que nos lo íbamos a pasar bien. Ella es muy amiga mía, así que todo lo que hacemos se multiplica su valor. ‘Tataki de ti’ es una canción muy feminista, defiende a la mujer muy empoderada, tomando decisiones por sí misma. Me gusta cómo lo aborda María.

Además del lanzamiento del disco, ¿por qué brinda en este momento de su carrera?
Por la vida, por la suerte de estar aquí y poder seguir creando. Me parece un milagro tener la habilidad de hacer canciones. Yo no las controlo, me controlan ellas a mí. Puedo tener método y sentarme todos los días con la libreta a escribir, pero no todo funciona, no sabes cuándo viene una canción con alma. Pero tienes que entregarte a esa aventura de no controlar lo que está sucediendo. En la vida, en general, me fascinan las cosas que no controlo. Estoy agradecida de poder dedicarme a algo que me vuelve tan loca, que me enseña tanto y que, a la vez, aporta algo a los demás.

¿A qué le añadiría un poco más de sal?
Al mundo. El mundo se volcó y cayó todo en Cádiz. Le echaría un poco de sal gorda a muchas personas y lugares del mundo para que se dejaran de tanta guerra y de tantas cosas feas. Estamos aquí solo un ratito, el planeta es una belleza y los seres humanos, todos, tenemos algo que contar y que entregar. Todos tenemos sabores distintos. Sería bueno que a todos nos cayera un poco de sal, aunque fuera del Himalaya.

¿Corremos el riesgo de cocinar el amor demasiado con Thermomix y no a la vieja usanza?
Totalmente. Vamos haciendo la vida con Thermomix, imagínate el amor así, de manual, todo aburrido, sabiendo lo que va a pasar en todo momento. ¿Dónde está la improvisación? ¿Dónde está el misterio? El amor y en la vida tiene que haber siempre un poco de ese ingrediente de la falta de control.

¿Con quién le gustaría compartir una sobremesa musical?
Me hubiese encantado que estuviera aquí mi tío Bambino. Si pudiera tener una máquina del tiempo, haría que él estuviera aquí compartiendo este momento, cantar juntos y saber su opinión de todo esto. Seguro que me diría “qué poca vergüenza”.

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