Quince años después de entrar en la industria musical, la promotora y empresaria se ha convertido en uno de los nombres de referencia del sector en España
Patri Aragoneses:
“Disfruto organizando conciertos, esa energía trepidante me da la vida”
Los datos de 2025 no engañan: por cuarto año consecutivo, el sector de la música en vivo en España alcanzó una facturación de récord. A esas cifras contribuyen muchos artistas, pero también otros nombres un tanto anónimos para el público sin los que es imposible entender este ecosistema. Un claro ejemplo de ello es Patri Aragoneses. Esta profesional de la industria musical celebra los 15 años de trayectoria con ARA Music.
El 2026 supone un año muy especial para usted porque celebra quince años en la profesión. Si echa la vista atrás, ¿qué balance hace de todo este camino?
No me lo creo, la verdad. A veces miras hacia atrás y piensas: “Todo esto lo he andado”. Ha sido un camino muy divertido. La base siempre ha sido agradable, afable; la industria me ha mostrado muchísimo cariño y apoyo. A grandes rasgos, un diez. Luego está el estrés, el sacrificio, los fines de semana trabajando, las Navidades, la Semana Santa... pero todo empezó con un sueño, con un “voy a probar”. Y cuando miras atrás dices: “¿Dónde me ha llevado la vida?”.
Aludía a ese reconocimiento por parte de todos los que conforman este mundillo. ¿Es lo que más orgullo le genera?
Sí, justamente. Aquí hacemos management, editorial, producción con marcas, eventos privados, producción de conciertos, le sacamos el jugo a eso que llaman 360º, y vas conociendo a muchísimas personas; se va forjando un gran cariño con todos los artistas. Siempre destaco a Los Secretos, los siento como mis padres, les tengo muchísimo cariño. También se crea una amistad con los técnicos, los equipos de sonido, la carga y descarga, la prensa, las discográficas... Todos formamos parte del mismo engranaje e intentamos que esas jornadas de trabajo sean agradables. Si te enseño mi teléfono de trabajo, hay más de 5.500 contactos. Lo bonito es que en la fiesta del 15 aniversario haya venido gente de todos los ámbitos, desde carga y descarga hasta discográficas, pasando por ticketeras, incluso con algunas que no he trabajado. Al final es un reconocimiento a todos aquellos que han formado parte de este camino durante 15 años.
¿Qué ha sido más difícil, abrirse camino o mantenerse?
Llegar. Eso sí, mantenerse durante la pandemia tampoco fue nada fácil. A mí me salvó no tener deudas ni préstamos, de lo contrario, hubiera sido complicado tener que pagar cuotas sin haber ingresos. Hubo momentos muy complicados: tuvimos ERTE, tuve que asumir muchos gastos de mi bolsillo, llegué a quedarme prácticamente sola en la oficina... Costó muchísimo volver a levantarlo todo.
En una industria tan cambiante como la musical, ¿cómo de importante es saber reinventarse?
Reinventarse es imprescindible. Soy creativa a la hora de dar una vuelta a lo que estoy haciendo, siempre que me guste. Sinceramente, la industria de ahora no me gusta demasiado. Me tengo que amoldar y resignar por cómo están las cosas. La realidad es que no me gusta la manera actual de consumir la música o de trabajar la carrera de un artista. Sacar una canción para que se haga viral y que el artista se convierta en cabeza de cartel de un festival para tener un éxito efímero, a mí no llama la atención, la verdad.
¿Cuánta responsabilidad tiene la propia industria en ese cambio y cuánta el público?
Es como el huevo y la gallina, no sé qué fue antes. Desde luego, no he contribuido a que esto fuera así, al contrario, he tratado de volver a la fórmula de antes, pero al final la ideología de la industria es la de un negocio, todos tenemos que sacar un beneficio. Creo que para llegar a este punto en el que estamos han jugado un papel clave las redes sociales, que han configurado una sociedad un tanto surrealista, hay gente que entiende que se puede vivir a través de una pantalla. Yo no lo comparto, pero si todo el mundo lo quiere, acaba siendo así. Por ejemplo, me quito el sombrero con el proyecto de Bad Bunny, aunque no lo comporto y no lo entiendo. Si tanta gente lo apoya, por algo será, quizás la que está equivocada soy yo, tengo que respetarlo. Lo que definitivamente no puedo entender es al artista que quiere viralizarse, hacerse famoso por otras razones, estar en todos los sitios posibles y, luego, cuando desaparece al poco tiempo, no asumir las consecuencias. Me parece un problema bastante generalizado.
Al comienzo de la entrevista aludía al concepto 360º que aportan desde su empresa. ¿Es complicado hacer entender a un artista que este trabajo también es necesario, además del talento que ellos mismos tengan?
Depende muchísimo de la persona. Tengo la suerte de que hay artistas, como una chica con la que llevamos trabajando internamente más de un año, escuchan, confían y entienden que tú llevas muchos años en esto. No me parece correcto que a un artista, sea grande o pequeño, se le consienta la equivocación; me parece un error. Si yo veo que voy a poner el sello a una carrera y que ese artista se mueve por unas líneas equivocadas, yo prefiero apartarme, por mucho dinero que genere ese artista, no quiero que mi imagen esté asociado a eso porque los artistas van y vienen.
Ha trabajado con artistas consagrados y noveles y, también, de diferentes estilos. ¿Hay una pauta común a la hora de trabajar con ellos?
Ha sido muy dispar todo lo que hemos tenido. Trato de trabajar con artistas más comerciales, no puedo trabajar con grupos o solistas que hagan rap, heavy, ópera o flamenco porque no es mi nicho, aunque me encanten. Mi día a día no puedo dedicarlo a descubrir un mundo en el que no estoy; si alguien me elige es porque tengo una gran experiencia. No es lo mismo tratar a una artista consolidada que ya suena en la radio a otra emergente que empieza en redes sociales. Lo que sí se debe mantener es el respeto, que éste sea de verdad y mutuo, en ambas direcciones.
La promoción musical ha sido tradicionalmente un ámbito muy masculinizado. ¿Se considera una pionera?
También hay compañeras empresarias, aunque quizás yo tenga más visibilidad por estar en el centro de Madrid. Si me preguntas si soy pionera, tengo que decir que doña Rosa Lagarrigue llegó a esto hace mucho tiempo. Hay muchas compañeras más, como Virginia Bezares, de Promociones Iregua, tiene su propia empresa y es promotora de grandes artistas. No es justo que tenga menos visibilidad simplemente por el hecho de estar en La Rioja. Hay muchos casos de directivas, cada vez más. Esto está cambiando hasta el punto de dar la confianza directiva a la mujer. Estoy convencida de que pronto aparecerán mujeres empresarias en este sector.
¿Cuáles son las claves para un buen liderazgo?
Educación, honradez, sinceridad y profesionalidad. Tengo mucha suerte, yo soy así, si tuviera que fingirlo, esto no saldría igual. Puedes tener un momento de gloria ocultando tu personalidad, pero, tarde o temprano, sale a relucir. Para ser un líder hay que mostrar seguridad pero sin avasallar ni imponer. Al final diriges un equipo muy grande y tienes que encontrar el equilibrio entre ser cercana y mantener el rumbo del proyecto.
¿Considera, por tanto, clave que haya un buen ambiente laboral?
Se nos da bien. Intento formar equipos que encajen entre ellos. Hay personas que se han ido a otras empresas y siguen viniendo aquí a visitarnos, incluso se van de vacaciones juntos. Me gusta pensar que hemos construido una pequeña familia. Creo que eso también forma parte del éxito de una empresa.
Hablemos de otros eventos, como la coordinación de la programación de La Sala del Movistar Arena. ¿Qué aporta ese espacio a Madrid?Hay otras salas con un aforo similar, pero la marca Movistar Arena tiene un posicionamiento internacional muy fuerte. Es un espacio que me va bien por varias razones, la primera porque me pilla cerca de casa, pero también porque hemos hecho una familia. Todas las semanas tenemos conciertos y entre técnicos, seguridad y servicio de limpieza es prácticamente como si fuéramos una empresa en sí misma. El trato es genial. Es una suerte tener un trabajo recurrente que no suponga una inversión tan gigante y constante como los de los conciertos que hacemos con Soda Stereo, Antonio Orozco, Pastora Soler... Para nosotros es una segunda casa.
También lleva adelante ‘Dabuti’. ¿Lo considera uno de sus proyectos más especiales?
Es mi ojito derecho, le he cogido un cariño especial. Nació después de la pandemia, inspirado en una fiesta que conocí en Ibiza. Quería recuperar ese ambiente de disfrutar la música de los 80 y los 90 por la tarde, sin necesidad de salir de madrugada. Me enamoró el ambiente y la energía, la gente va de otra manera, con la única intención de disfrutar. La respuesta ha sido increíble. Primero lo hicimos en Florida Park, una vez al mes, pero cuando abrió La Sala del Movistar Arena lo trasladamos allí porque me gustan más ese tipo de espacios. El público ya se ha hecho al cambio y ya no se entiende el ocio de Madrid sin Dabuti. Tenemos mucho vendido de cara a septiembre y diciembre.
¿Dónde se imagina dentro de otros quince años?
Espero seguir viéndome aquí, quizás algo más tranquila. Soy feliz tal cual estoy, no tengo la ambición de ir, por ejemplo, a Estados Unidos a trabajar. Disfruto organizando conciertos a Diana Navarro, Pasión Vega, Antonio Orozco, Taburete... Como todo es tan variopinto, cada día surge algo, y esa energía trepidante me da la vida. A mí no me apetece hacer un Bernabéu o un Metropolitano porque no lo voy a disfrutar, al contrario, lo voy a sufrir. Me dedico a esto para ser feliz, no para sufrir.