La escritora da un paso más en el universo literario de sus novelas protagonizadas por los guardias civiles Blecker y Cano con la creación de una ruta que recorre los escenarios reales de sus historias en San Lorenzo de El Escorial
Teresa Cardona:
“Me gusta pensar que San Lorenzo de El Escorial también puede descubrirse a través de mis novelas”
Lugar turístico por excelencia gracias a sus numerosos tesoros, San Lorenzo de El Escorial cuenta ahora con otro reclamo para ser visitado. El Ayuntamiento de la localidad, en colaboración con Ediciones Siruela, ha decidido crear unas rutas literarias basadas en las aventuras de Blecker y Cano, los guardias civiles que protagonizan una saga de novelas que llevan la firma de Teresa Cardona.
Las andanzas de Blecker y Cano encuentran ahora un nuevo horizonte en forma de ruta literaria. ¿Qué valoración hace de esta iniciativa?
Estoy muy agradecida al Ayuntamiento de San Lorenzo de El Escorial porque fueron ellos quienes impulsaron todo el proyecto. Encontraron a la persona que realizó los mapas y todo nació gracias a un vecino del municipio, Ángel Luis, uno de mis primeros lectores, que fue señalando todos los lugares por los que pasaban mis personajes y los situó en Google Maps. A partir de ahí empezó a germinar esta idea.
Tengo que decir que el Ayuntamiento ha ido respondiendo de forma fantástica. También contrataron a una guía para que esté con los grupos. La respuesta ha sido extraordinaria. Cuando se abrieron las inscripciones para el primer paseo literario, en apenas una hora se colapsaron las líneas de la Oficina de Turismo y se agotaron todas las plazas. Incluso hubo lista de espera.
Además, para mí fue una experiencia maravillosa porque la mayoría de los asistentes eran vecinos de San Lorenzo y fueron ellos quienes terminaron enseñándome muchas cosas sobre el pueblo. Al finalizar incluso tomamos un vino en uno de los bares frecuentados por los guardias civiles. Fue una experiencia preciosa.
Aunque ha vivido en otros lugares, conoce muy bien San Lorenzo de El Escorial. ¿Se siente, en cierto modo, embajadora del municipio?
Me encantaría ser embajadora, pero creo que ha habido embajadores mucho más importantes que yo, como Teresa Berganza. Lo que sí me hace mucha ilusión es que mis libros ayuden a dar protagonismo al pueblo. Cuando tienes al lado un monumento como el monasterio, muchas veces el resto del municipio pierde un poco de color. Hay edificios aquí que, si estuvieran en otro municipio, las guías recomendarían parar allí para visitarlos. Al tener el monasterio, la gente no los mira.
Gracias a las novelas hemos conseguido que algunos lectores paseen por lugares como El Plantel o descubran espacios que normalmente no aparecen en las guías turísticas. Al pasear a los guardias civiles por esas calles, tengo la posibilidad de enseñar sitios que normalmente los turistas no visitan. Sé que al pueblo le hace muchísima ilusión.
A diferencia de otros destinos muy turísticos, aquí todavía puedes comprar doscientos gramos de jamón en la plaza, ir a la panadería, al colmado o a la farmacia del casco histórico. Es un sitio excepcional y por eso me divierte tanto hacer mis libros ahí. Mis guardias civiles investigan preguntando al peluquero, al farmacéutico o al tendero. No persiguen grandes mafias internacionales ni tienen que indagar a través de internet; investigan escuchando a la gente que vive allí.
Como autora de los libros, ¿hay algún paraje de las rutas que le guste especialmente?
Me gusta mucho la zona de El Plantel, entre otras cosas, porque los padres de unas amigas siguen teniendo unas casas allí. Si tuviese que elegir un lugar al que la gente no vaya tanto es, sin duda, la Casita del Infante.Siempre cuento que fue el lugar donde almorzó la reina Isabel II de Inglaterra durante su visita a España. Es uno de los jardines más maravillosos que existen, está apenas a un cuarto de hora andando del monasterio y mucha gente ni siquiera llega hasta allí.
La ruta nace a partir de tus cuatro novelas. ¿Cree que ahora puede producirse el camino inverso y que haya visitantes que lleguen a los libros gracias a la ruta?
Estoy segura de ello. Cuando llegas a la Oficina de Turismo y te hablan de una ruta literaria, se abre la posibilidad de que alguien sienta curiosidad por ello. Creo que las novelas negras funcionan también como guías de viaje. Te enseñan cómo es un lugar, qué se come, cómo vive la gente, por dónde pasea... Igual que ocurre con Domingo Villar en Galicia o Camilleri en Sicilia, me gusta pensar que San Lorenzo de El Escorial también puede descubrirse a través de mis novelas.
Comentaba anteriormente el trabajo realizado por un vecino situando en un mapa todos los lugares relevantes en las tramas. Durante el proceso de escritura de las novelas, ¿hace usted algo similar?
No. Hay escritores de mapa y escritores de brújula. Cuando empiezo una novela sé cuál es la idea general que quiero contar y a dónde quiero ir, pero no conozco a mis personajes ni sé exactamente qué va a pasar en el siguiente capítulo. La gente a veces no lo cree, pero es algo mágico. Hasta el último tercio del libro ni siquiera sé quién es el asesino. Eso hace que, evidentemente, luego tenga que volver para atrás. Creo que eso es muy bueno, porque hace que el lector vaya siguiendo unas pistas. Durante la escritura soy la primera sorprendida por lo que ocurre.
Blecker y Cano son el hilo conductor de las novelas. ¿Le ha sorprendido ver todos esos puntos conectados en un mismo mapa?Diría que no solo Blecker y Cano, también la misma localidad. Los investigadores de todo esto son también gente del pueblo que aparece en mis libros: aparecen restaurantes reales, comercios reales y personas reales. Los guardias civiles preguntan a la farmacéutica, al peluquero, al dueño del colmado... Así funcionan las investigaciones en un pueblo, porque San Lorenzo de El Escorial tiene 18.000 habitantes. Esto me divierte y me interesa mucho más que recurrir a la ‘darknet’. Prefiero que las investigaciones se resuelvan hablando con la gente del pueblo.
¿La experiencia de la ruta literaria influirá en las próximas novelas?Estoy trabajando en una nueva entrega, quizá haga algún pequeño cambio en futuros recorridos, pero en esencia seguirá siendo igual. Los personajes continúan desayunando en los mismos bares, visitando los mismos lugares y moviéndose por los espacios que forman parte de la vida cotidiana del municipio. En esta próxima novela no tengo que modificar nada, pero quién sabe si será necesario en las siguientes.
Imaginemos que un turista se encuentra con Blecker y Cano y les pregunta por esta ruta literaria. ¿Qué cree que responderían?
Estoy convencida de que se lo llevarían con ellos. Los guardias civiles de pueblo están para ayudar; en un pueblo son muy humanos. Les indicarían dónde tomar un café, dónde sentarse a la sombra, cuál es la mejor vista del monasterio... Eso sí, siempre que no tengan un asesinato que esclarecer, porque es verdad que en mis novelas ha aumentado bastante la mortalidad de un pueblo que, en realidad, es muy tranquilo.