Personajes

Juan Loste:

“No quiero que la generación alfa tenga que hacer el camino inverso”

El escritor leonés presenta su nueva novela, ‘Menina a mi pesar’, una historia en la que se dan la mano sátira social, aristocracia y humor para explorar las contradicciones de una sociedad que aún arrastra privilegios del pasado

Lucha de clases, relevo intergeneracional, polarización ideológica y fracturas sociales. Estos variados ingredientes han sido usados por Juan Loste para aderezar ‘Menina a mi pesar’ (Durii Editorial), una novela que vio la luz el pasado 20 de abril.

Dice el refrán que a la tercera va la vencida. ¿Es esta tercera novela la ratificación, por si quedaba alguna duda, de que este camino literario va muy en serio?
La verdad es que sí. Aunque también tengo que decir que ya había escrito dos novelas como parte de una especie de trilogía y estaba con la tercera cuando se me cruzó ‘Menina a mi pesar’. De repente, sentí la necesidad de centrarme en ella y sacarla adelante. Pero sí, desde luego, ya se ha convertido en mi modo de vida.

Si nos vamos al punto de partida, ¿cuál fue el hilo inicial con el que empezó a tejer esta historia? ¿Alguna historia similar que conociera en la realidad?
Fue algo bastante trivial. Yo normalmente no recuerdo lo que sueño, pero ocurrió hace un par de años. Estaba en Mallorca, me desperté en mitad de la noche, como en un duermevela, recordando un sueño. Se lo conté a mi pareja antes de que se me olvidara y vi que despertaba interés. Ahí entendí que había una historia. Ha crecido bastante orgánicamente.

¿Cuánto tiempo ha pasado desde aquel sueño revelador hasta que la novela es una realidad?
Casi dos años. Estuve aproximadamente un año escribiendo, pero luego hay todo un proceso editorial: propuestas, correcciones... hasta que finalmente salió el 20 de abril, como la canción de Celtas Cortos.

La novela está narrada en primera persona. ¿Qué ha sido lo más difícil a la hora de meterse en la piel de una joven aristócrata?
No me ha costado mucho. Tengo tres hermanas, a cada cual más lista, y mi madre ha sido una excelente profesional, así que tengo mucho respeto por las mujeres. A la hora de escribir no tanta diferencia, de hecho la Menina es un personaje es bastante rebelde por la situación que le ha tocado vivir, incluso es algo “machirulo” en su forma de expresarse.

¿El vínculo con la figura de la menina surgió desde el inicio?
Fue algo que me permitió enriquecer la historia. Me interesaba esa idea de alguien que vive en un entorno privilegiado pero que, a causa de las circunstancias, no es feliz ni tiene una vida plena. Me gustaba esa Mari Bárbola, que vive en un ambiente cortesano, casi idílico, y, de repente, tiene un papel de bufona para hacerles reír. Quería jugar con el choque de que no decidimos dónde nacemos, es una pura lotería. Visto desde fuera puede parecer una persona privilegiada, pero visto desde dentro ella no se siente así. Me interesaba esa dualidad.

”No decidimos dónde nacemos, es pura lotería”

Esas miserias que existen incluso dentro de la propia aristocracia...Sí, claro. Me tuve que informar del Gotha, la biblia de los nobles, y sobre todos los organismos que tienen para regularse. Es un mundo anacrónico en una sociedad donde supuestamente todos somos iguales, tenemos los mismos derechos y obligaciones. A raíz de la Ley de Memoria Democrática me imaginé a una serie de amigos que de repente se quedan sin título, así que les toca reciclarse. Esos marqueses han pasado todas las crisis posibles y viven en un palacete del Madrid de los Austrias, aunque no tienen dinero suficiente para mantenerlo. Tirando de la picaresca española, tratan de poner el palacete al día sin apenas invertir dinero. Por eso acaban optando por algo que está tan de moda, el subarrendamiento. Hablo de ese equilibrio entre perseguir sueños y subsistir.

¿Cree que en el Madrid actual hay muchas familias como los Cervina?
Hay muchas familias que se han visto afectadas y que han tenido que reciclarse, como nos ha tocado a todos. Pero trato de no incurrir en estereotipos. Creo que la gran literatura, y no digo que la mía lo sea, no tiene causa; Shakespeare inventó al mayor villano de la literatura, Ricardo III, a quien incluso puedes llegar a comprender en algunos momentos. Los escritores no debemos ser jueces, debemos intentar entender el mundo en el que vivimos, sin justificar, solo dando instrumentos para no cometer de nuevo algunos errores. No me gusta decir a los lectores lo que tienen que pensar. No quiero que este libro se tome como propaganda, simplemente es una descripción del mundo tal y como lo veo yo. Trato de poner humor y sátira para reírnos un poco de nosotros mismos, al estilo de Berlanga en ‘La escopeta nacional’.

La crítica social está muy presente en esta historia. ¿Considera que ese tono de humor del que la ha impregnado la hace más ágil?
La hace más ágil y más llevadera. Como decía Mary Poppins, con un poco de azúcar la medicina entra mejor. No quiero ofender a nadie, me gustaría que la gente reflexionara. Los personajes son muy poliédricos, nadie es bueno ni malo del todo, todo el mundo tiene sus justificaciones y razón de ser. A medida que vas quitando capas a los personajes, vas descubriendo otros aspectos con los que puedes empatizar.

Otro tema que aborda ‘Menina a mi pesar’ es la polarización ideológica. ¿Estamos ante un camino de no retorno en este sentido, o cree que se revertirá?
Yo espero y confío en que realmente no vaya más. Pero a mí, que soy ‘boomer’ y que he pasado de la Dictadura a la Transición, no me gustaría que la generación alfa tuviera que hacer el camino inverso. Creo que es bueno hablar las cosas, alzar la voz y cada uno decir lo que piensa, pero también debemos ser conscientes de que los derechos y los privilegios que tenemos en esta sociedad de bienestar son fruto de una larga lucha también de clases. Eso tiene que estar reflejado de alguna manera.

“Los marqueses de Cervina optan por algo de moda: el subarriendo”

Ahora que lo menciona, ¿sigue vigente la lucha de clases?
Sigue, lo que pasa es que antes la lucha de clases era por títulos nobiliarios, por sangre azul... sin embargo, ahora por el neoliberalismo y por la influencia de Estados Unidos tanto eres tanto vales. Es un clasismo y cierto miedo a los pobres. Si vas a Nueva York, allí están los más ricos, pero también tienes a los más pobres viviendo en la calle. Ese contraste existe.

¿Por qué nos cuesta tanto reconocer nuestras propias contradicciones?
Siempre se dice que el hombre es el único animal que tropieza varias con la misma piedra. A nadie nos gusta que nos aleccionen y el entorno que nos rodeas va variando, así que tenemos que adaptarnos.

¿Cree que este personaje puede protagonizar otras novelas en el futuro?
De hecho sí, porque yo ya estoy trabajando en la siguiente. La Menina está muy basada en la realidad, en cosas que a lo mejor todos reconocemos. Esto es ficción totalmente, nadie tiene que sentirse identificado con nada de esto, no me refiero a nadie en concreto. Simplemente tomo estereotipos y cosas del acervo común y lo personalizo en este personaje. Igual que existe la lucha de clases, existe la lucha intergeneracional, la digital... Esto es un sistema muy binario, todo es ceros y unos, on y off, porque así es como funcionan nuestras neuronas. A medida que iba pensando en esto, se me ha ido ocurriendo una deriva hacia una menina digital con la IA, los avatares y todo ese tipo de cosas.

¿Qué sabor de boca le gustaría que dejara esta novela entre los lectores?
Me gustaría que primero hiciera reír, que entretuviera. Querría que fuera un punto para reflexionar y ver qué podemos hacer con el objetivo de no incurrir en los mismos errores que hemos cometido en el pasado.

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