Personajes

Greta Alonso:

“Superar un trauma probablemente es más difícil que resolver un crimen”

La escritora cántabra presenta ‘El asesino de invierno’ (Planeta), un thriller ambientado en el norte de España con el que explora asuntos como la maldad humana o los traumas del pasado. Con ella ha salido del anonimato

Hasta hace pocas semanas, de Greta Alonso solo se sabía a nivel literario que sus dos obras, ‘El cielo de tus días’ y ‘La dama y la muerte’, la colocaban como una de las autoras nacionales más relevantes de la novela negra. Con la llegada de su tercer título, ‘El asesino de invierno’ (Planeta), la escritora santanderina dio un paso muy importante: salir del anonimato.

‘El asesino de invierno’ ha sido definida como su novela más oscura, personal y ambiciosa. ¿Está de acuerdo?
Sí, con las tres. Es la más oscura por el tema que trata de las mascaradas de invierno. Los cadáveres aparecen ataviados con unos sudarios que envuelven sus cabezas, a los que se han cosido trozos de corteza de árbol y de panal, además de que en los ojos hay dos bolas de ceniza. Esta imagen, que es impactante para el lector, surge de un miedo mío infantil.

Creo que es la novela más ágil que he escrito, al mismo tiempo es muy completa. La mayor dificultad que me he encontrado ha sido volcar toda la documentación y que fuera una novela dinámica y ágil, que no se volviera farragosa. Creo que lo he conseguido. Hay un giro que la hace diferente en el género, creo que es lo que llamó la atención en la editorial y lo que destaca respecto a otras novelas. Estoy muy satisfecha. Le decía a la editora que siempre he sentido el síndrome del impostor, pero con esta novela me ha ocurrido. Estoy muy segura de mí misma y muy orgullosa.

¿De dónde surge esa oscuridad que atraviesa la novela?
Las mascaradas se celebran en el norte de Europa desde tiempo inmemorial, se cree que provienen de los celtas, eran unos cultos ancestrales a la luz porque se celebraba después del solsticio, eran una forma de exorcizar todo lo malo, una especie de catarsis.

También está la oscuridad en el mal, un tema que siempre me ha generado interés y, a veces, me ha inquietado. Me llama la atención que hay un tipo de maldad que no es instrumental, es decir, no persigue conseguir algo, es un tipo de maldad que se practica casi a modo de disfrute, sin obtener nada a cambio, puro sadismo. Por eso la novela es más oscura que las anteriores que he escrito.

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Ha mencionado también que es una novela muy personal. ¿En qué sentido?
Parte de la trama se desarrolla en 1987. Ahí he recurrido a recuerdos personales, era muy pequeña pero tengo algunos recuerdos las manifestaciones de aquellas épocas por la reconversión industrial, hubo mucha gente que perdió su empleo y altercados entre policías y manifestantes. Todo ello me impactó mucho de niña, al igual que el drama de la heroína, porque en mi ciudad hubo muchas familias que perdieron a sus hijos por la droga. A esto hay que añadir que uno de los personajes, Palmira, vive en una buhardilla parecida a la que vivía yo. He volcado muchas vivencias y recuerdos.

La novela se sitúa en Tesalia, una ciudad ficticia. ¿A qué responde esa idea?
Tenía claro que, como en otras novelas, iba a seguir en el norte, en Cantabria; tengo claro que soy una autora del norte. Son personajes distintos y una trama independiente respecto a las anteriores novelas, pero quería seguir en esa zona. Creé una ciudad ficticia que se llamara Tesalia que engloba rasgos de ciudades que me apasionan con otros inventados. Es una mezcolanza de Torrelavega, que es donde vivo; Reinosa, donde tuvieron lugar los altercados del año 1987; Santander y, además, Gijón y Bilbao. Los lectores van a identificar, por tanto, lugares que existen realmente y otros que son totalmente ficticios, que han surgido únicamente de mi imaginación. Hice esto por diversión, tenía el interés de crear un escenario nuevo. He disfrutado mucho, la ciudad ha sido un personaje más.

¿Cuál fue el punto de partida de la historia?
Una noticia que leí hace años. Me impactó muchísimo y comencé a hacerme preguntas como, por ejemplo, si eso podría ocurrir en Cantabria. A partir de ahí construí toda la trama. Tenía claro el final desde el principio y todo lo que escribí fue para llegar a ese desenlace. Creo que ha quedado redondo el final. Hay un giro evidente, cuando los lectores empiezan la novela no ven, en absoluto, adónde se va a llegar. Este final, basado en hechos reales, hace que nos cuestionemos cosas sobre la sociedad en la que vivimos, quizás deberíamos empezar a pensar si todo es realmente como nos lo están contando, o si hay algo más.

¿Ha sido, por tanto, más fácil escribir la novela por el hecho de tener en mente ese final?
Siempre tengo el final pensado, sé dónde quiero llegar. Además, conozco algunas de las escenas intermedias. Aun así, soy autora de brújula, es decir, aunque tenga claros los hitos de la novela, me dejo llevar, a los personajes no les defino desde el principio, les voy conociendo a medida que escribo, lo que hace que me sorprendan. Creo que eso hace que la novela sea más rica y fluida. Lo mismo ocurre con la trama: tengo una serie de puntales, pero van surgiendo ideas.

¿Cómo de complejo ha sido introducir otra novela dentro de este libro?
Ha sido retador, porque ya llevaba muy avanzada la novela y, de repente, tengo que introducir otra, que es la que está ambientada en el año 87. Sí que ha habido momentos en que me costaba irme del 2024 al 87, porque la forma de trabajar de los grupos policiales es totalmente distinta, en 1987 todo era mucho más arcaico, no había prácticamente medios, era una sociedad muy diferente, no había teléfonos móviles. Una anécdota: el personaje vive en una buhardilla y no hay un portero automático para poder llamar, tampoco ascensor. Todo esto son complicaciones que yo recordaba, porque esto fue así en mi infancia. Ha sido bonito, pero, al mismo tiempo, complicado. Lo he disfrutado mucho.

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Uno de los protagonistas, Martín Benot, hace un viaje no solo físico, también a su niñez.
Es un gran personaje precisamente por esto, porque vemos su infancia y notamos un contraste entre el Martín niño y el Martín adulto, vemos que algo se ha perdido en el camino. Era un niño lleno de ilusiones, idealista, se creía que era un héroe, podía con todo, se levantaba con ganas de comerse el mundo; y vemos que ahora es un hombre que está frustrado, ha ocurrido algo, no quiere volver a Tesalia, vuelve porque no tiene más remedio, su madre ha fallecido, acude al funeral, encuentra el cadáver y le piden que se quede a investigar el caso. Él preferiría largarse rápidamente a Madrid, no tiene ninguna intención de permanecer más tiempo de lo necesario. Vemos que hay algo que no encaja, cómo aquel niño como puede haber acabado siendo esta persona. Hay un motivo, una causa,algo que ocurrió cinco años antes que iremos viendo. Esto también a muchos lectores les va a hacer plantearse hasta qué punto estamos siendo fieles a nosotros mismos, a nuestro yo de la infancia, y cómo nos vamos perdiendo por el camino, nos vamos diluyendo, a veces por acontecimientos, por manipulación externa también de la gente que nos rodea, por negarnos a tomar decisiones que pueden ser dolorosas a corto plazo y que serían necesarias para ser fieles a lo que realmente queremos ser. Hay un mensaje para el lector de cara a enfrentarse a lo que uno deba para superarse a sí mismo y volver a su esencia.

¿Qué es más difícil, resolver un crimen o superar un trauma?Probablemente superar un trauma. A Martín Benot le cuesta mucho superarlo, pero el esclarecimiento del asesinato le ayuda a superar el trauma, van de la mano los dos acontecimientos. También es un mensaje importante: si tenemos un trauma no nos podemos quedar parados. No tengo que esperar a estar bien para hacer cosas; al contrario, hago cosas porque así a lo mejor consigo estar bien. Eso es lo que hace un poco el personaje, no se detiene en ningún momento ni vuelve a Madrid, se queda en Tesalia aunque esté sufriendo, permanece y al final acaba descubriendo quién es el asesino de invierno.

Es ingeniera química, pero también ha estudiado Psicología. Aunque no haya ejercido como tal, ¿le ayuda esa formación a la hora de dar profundidad a los personajes?
Más que la formación, es mi interés y mi curiosidad. Investigo mucho cuando escribo, así que, si describo a un personaje que es un psicópata, me encanta leerme libros sobre esta materia para ver cómo funciona su cabeza, de dónde proviene este rasgo de personalidad, si es innato o adquirido. Desde niña he tenido mucha imaginación, siempre me ha gustado fabular. Esto no tiene nada que ver con mi formación como psicóloga, sino con una curiosidad innata. También empatizo mucho. Todo ello es lo que me facilita crear personajes e historias, más que la formación académica.

También hay una reflexión sobre la máscara, tanto literal como simbólica.
Me he documentado mucho con bibliografía de Caro Baroja. Me interesaba más el origen que las descripciones. Hay influencia celta, también algo de influencia griega y romana, incluso la gente del paleolítico también utilizaba máscaras para invocar la caza o la salud cuando había alguien enfermo en la tribu. Es inherente al ser humano cubrirse el rostro para transformarse en otra persona y para hacer cosas que no haría siendo uno mismo. La máscara sirve para atreverse con prácticas que no se hacen habitualmente.

¿Ha querido también jugar con ese símil entre los monstruos que tenemos en la infancia, que son imaginarios, y los monstruos reales a los que nos enfrentamos cuando somos adultos?
Totalmente. En el desenlace vemos que hay personajes que han estado con máscara durante toda la novela. Nosotros no conocemos realmente a las personas que nos rodean, conocemos solamente una parte de la verdad e incluso a veces no queremos ser conscientes de la verdad, preferimos vivir un poco anestesiados. En este sentido hay un poco de crítica social desde el punto de vista de que mucha gente en Tesalia podía haber descubierto esto mucho antes, lo podía haber intuido, y han preferido mirar a otro lado. Esa complicidad silenciosa que se suele dar cuando ocurren hechos como este, también en la vida real.

En su perfil de Instagram ha ido recorriendo algunos de los sitios inspiradores de la novela. También hay un código QR al final del libro con las playlist de Spotify. Parece que esta historia da pie a un universo multimedia.
La música es muy importante en toda la novela para Martín, sobre todo, y para Palmira. Es la música que yo escuchaba cuando escribía. Yo, hay veces que tengo que escribir en silencio, no sé cómo funciona mi cerebro, pero a veces lo necesito, y otros días necesito música. Hay capítulos que si no es con música no soy capaz de escribirlos. El ritmo de la música me impone también a veces el ritmo de la escritura.

Ha dado el paso de salir del anonimato como autora. ¿Cómo lo ha vivido?
Primero puse mi foto en Instagram y fue bastante liberador. Estaba temblando cuando pulsé la tecla de compartir, pero mucha gente me ha felicitado, personas de mi entorno que no lo sabían. Me he quitado un peso de encima. Estoy satisfecha porque había hecho muy grande un miedo que no lo era tanto. El mundo literario lo tenía sacralizado, tenía la sensación de que los autores eran casi personajes mitológicos, y yo me agobié muchísimo cuando Planeta me ofreció comprar la primera novela. He tenido que dar el paso porque yo misma estaba viviendo a medias, no me estaba atreviendo a enfrentarme a algo que realmente no es para tanto y de lo que me tengo que sentir orgullosa. Ya con la segunda novela no lo pasé bien, me pareció penoso no enfrentarme a esto, a hablar de mi novela, de algo que yo he creado. He dado el paso y, por ahora, estoy satisfecha. Ha sido el paso acertado.

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